12 Noches por Leila Bula

NOCHE 1: MANGATA

La luna brillaba en el cielo en la noche de gala, y así, esplendorosa, se reflejaba en el Gran Lago Escarlata, el viento batía las hojas de los árboles alrededor de la vereda y un bote se posaba a 10 metros del muelle en el momento en que un gran reloj marcaba las 11:12 p.m. en una cabaña cercana.

El sonido que acompañaba la velada estaba compuesto por el cantar de animales nocturnos y una melodía suave de ukelele, pronto, versos encantadores le siguieron, provocando, en conjunto con la luz de la luna llena reflejada en el agua, un aura de romanticismo que concedió un brillo a un par de ojos cafés, al que pronto se le unió una sonrisa que ya no podía ser ocultada.

Tres canciones después, y mientras el bote formaba pequeñas ondas que movían la mangata(*), en la misma habitación en la que se escuchaba el “tic tac” de aquel gran reloj, una voz elegante se elevó sobre otras.

¿Dónde esta Emilia? Quisiera pasar un rato con ellaera un tono firme y potente, aquella voz era la de un joven de unos 20 años, alto, de buen rostro, con una mirada profunda y risos dorados, tenía una presencia que le hacía aparentar más edad.

Debe estar en el balcón que da al lago, esa es una buena idea, es momento de que empiecen a conocerse mejor fue una voz femenina la que respondió la pregunta, también elegante, en un tono de extrema simpatía.

La buscaré, con permiso las palabras se perdieron entre los murmullos que iniciaron, nuevamente, una vez el muchacho salió de la habitación, la noche aún era joven.

Las notas de aquel ukelele en el lago, cesaron por un momento en que la pareja se susurraba deseos de una vida que pudieran sentir como propia, habían sido adoctrinados como peones en un gran tablero de ajedrez, un juego del que no entendían aún su magnitud. Siempre sujetos a cumplir ordenes, su pequeña escapada suponía un gran acto de rebeldía, pues, empujados por el amor y en medio de la mangata en esta noche de gala, surgía en ellos la fuerza y convicción para enfrentar a sus familias y tomar sus propias decisiones.

Haciendo justicia a su trascendencia, este hecho era analizado por una joven de nombre Leonor, quien llevaba observando el panorama desde el balcón de la cabaña hacía casi dos horas, aunque las personas de su entorno la subestimaban, era una joven muy astuta, hábil en el ajedrez, y a un paso delante de los demás en este juego a gran escala. Sin dejar de mirar hacia el lago, dado sus sentidos y capacidad de percepción, Leonor habló justo cuando aquel joven de risos dorados estaba a punto de entrar a una habitación aledaña.

Excusarte diciendo que buscarás a Emilia, no es suficiente para escabullirte sin problemas, Damian las palabras sonaron lo suficientemente alto para ser escuchadas, con cierto toque de malicia, provocaron una expresión de sorpresa en el rostro del veinteañero, quien inquieto salió al balcón.

¿Cóm…? ―, la sorpresa, guiaba al muchacho y el viento, rosaba las mejillas ruborizadas de la jovencita de ojos cafés en el lago, estaba mucho más cerca de lo que se le permitía, y más lejos de lo que deseaba, de aquel músico nocturno que la acompañaba, ¿qué tanta fuerza puede dar un amor?

Eres más obvio de lo que crees, querido , las palabras de Leonor fueron las que interrumpieron la pregunta del muchacho, ella aún tenía la mirada puesta en la pareja del bote, en esta noche todos parecen estar distraídos con algo, decirles que harás lo que les conviene, parece una buena idea, pero para que funcione se necesita de astucia y más atención.

Las palabras golpeaban al muchacho, Leonor lo sabía y encontraba cierta satisfacción en ello, le fascinaba el silencio en el que se encontraba el joven.

Damian, contrariado por su orgullo herido y un par de hojas puestas en un mueble, algo <<demasiado>> conveniente. Leonor, llevando la delantera en este <<juego>>.

No eres tan listo como piensas siguió hablando la joven luego de un par de segundos y estas tan distraído como ellos.

La mirada de Leonor se posaba en Damian al tiempo que las palabras terminaban de ser liberadas, esta se había girado justo en el momento indicado, cuando la pareja del lago concretaba un beso, cuando el joven de risos dorados tomaba las hojas.

¿Eso crees? el joven cortó el silencio con una sonrisa, mostrandole las hojas a Leonor.

Por supuesto, eso en realidad no es lo que buscas la chica le sonrió con suficiencia, disfrutando mucho la situación, la conmoción tomando el rostro del muchacho al comprobar lo que le decía.

Ahora, deberás de darle algunas explicaciones a alguien que viene hacía acá, mucha suerte con eso.

Damian apretó un poco el puño y regresó las hojas a su lugar intentando, inútilmente, esconder cierta furia, emoción que no pasó desapercibida a la persona que se encontró cuando abandonó el balcón. Leonor, fue mucho más elegante, regresó su vista al lago, tuvo la última palabra.

Y así, en esta noche de gala, con una escapada romántica que deja una huella oculta, un peón manipulado siendo interrogado, y otros movimientos estratégicos, una mente maestra comienza una ultima y gran jugada, se inaugura un jaque mate.

**Mangata: reflejo de la luna en el agua

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