Ama del Delito- Rubén Falgueras Pradas

Ama del delito.

Camino por las aceras húmedas, podridas y asquerosas de una ciudad cuyo nombre me dan ganas de vomitar. No es por falta de ganas definiros como es la ciudad en la que estoy, pero la odio tanto como ella me odia a mí que no os diré nunca su nombre y por el momento no os diré el mío.
El camino es estrecho hasta que consigo alcanzar una de las muchas puertas que hay en ese vecindario, pero que para mi es la mejor de todas las que han podido construir.
La puerta del Cabaret Andreas.
El lugar está más animado que de costumbre. Las camareras, ligeras de ropa sirven a borrachos, fracasados como yo, que no han conseguido nada que valga la pena contar.
Me siento cerca de la Barra donde Andreas, el jefe y barman del local, me mira con la cara de un padre afectuoso de su hijo al fallar en un negocio y me sirve mi bebida favorita. Whisky con cola, de la cual no hago mezcla, bebiéndomelas por separado.
Cuando ya estaba a punto de pedir la cuarta, se abre la luz de un foco, mostrándonos un escenario.
Si algo se caracteriza Andreas; es saber que nos levanta la moral.
El viejo zorro había contratado a las bellezas más importantes de la ciudad y siempre nos muestran a sus vedets para animar el cotarro.
Pero hoy no me anima nada.
Hasta que…Una hora después. Se hizo el silencio y vi como las demás chicas se retiraban y algunos mozos ponían en el centro del escenario un viejo piano.
No entiendo de instrumentos musicales, pero a primera vista me parecía caro. Entonces apareció.

Una chica que apenas habría cumplido los veinte años. Una belleza inocente, vestida con un vestido transparente que mostraba su belleza que jamás había visto. La belleza de una inocente, caída en un mundo de diablos.
Se sentó delante del piano y comenzó entonar una música que jamás he escuchado en la radio o en internet.

Temblando, camino por la ciudad
Para este barrio llegar
Y vengo dispuesta a darte el precio que debo pagar
Calles oscuras, faro apagados
De la luz de los corazones que has robado
Que inconscientes caen en tu seno.
Coleccionas almas y ellos jamás te reclaman

De pronto aumenta el ritmo de las teclas del piano.

Chica del placer,
Mentiroso como el Ayer
Ama del delito
De lo que se esconden en tu pecho
De los que exploran en lecho.
¡Es increíble! Toda la canción habla sobre la vida que lleva, pero lo hace con una voz tan melodiosa y frágil que hace que la escuches sin poder evitarlo.
Cuando deja de cantar, se oyen unos tímidos aplausos, pero yo aplaudí muy fuerte, llamando su atención y al hacernos contacto visual ella me sonríe.
¡Maldita sea, es un autentico Ángel!
De pronto Andreas me dice que ya esta bien por hoy y no me sirve más whisky. Concuerdo con él y me levantó de la silla donde me había quedado sentado todo este tiempo y salgo de su Cabaret.
Al salir noto como el aire se ha congelado de pronto, así que me aferró con mucha fuerza a mi abrigo. Apenas he dado unos pasos fuera cuando oigo los gritos de alguien.
Normalmente, habría echo caso omiso. En esta zona es normal que algunos flirteen o intenten llevarse alguna de las vedets consigo. Pero esta vez no era algo rutinario.
La pobre ángel, que hacia mas de media hora que cantaba en el piano, estaba siendo acosada por los típicos hombres que se creen que por unos cuantos fajos de billetes tienen lo que quieren.
No es una pelea silenciosa, oigo como le agarran del cuello y le rasgan su vestimenta, tanto exterior como interior.
¡No es de mi incumbencia! Es lo que hubiera dicho antes…
Pero en ese momento renació el monstruo que hay en mi, y en pocos segundos estoy a la vera de esos hombres. A uno le aplasto la cabeza en una pared mientras que al otro esgrimía una navaja dispuesto apuñalarme. Hace un paso certero hacia delante y consigue clavarme cerca de los riñones.
Pero una rabia que me ciega, hace que no sienta el dolor en mis caderas, y le agarro la cara con mis dos manos y empiezo apretar con fuerza hasta que le rompo el cuello, como a una gallina.
Los dos cuerpos están en el suelo, recogiendo la peste de esta ciudad asquerosa y corrupta.
La pequeña ángel me mira con miedo, pero de pronto se aferra a mí como si fuera su única esperanza. Me miró a los ojos y me dijo esto:
-Me llamo Ángela.
Abraza con fuerza mi brazo mientras comprueba mi herida, no es muy profunda, pero me la tendré que desinfectar y tener unos largos puntos.
Entonces Ángela me lleva al ambulatorio más cercano y ella responde por mí. Cuando salimos, yo estaba apoyado en ella y no se como llegamos al apartamento donde vivo y ambos nos tumbamos en mi cama.
No hacemos nada solo descansamos de una larga Jornada nocturna de esta maldita ciudad llamada Libertad. O como lo llaman otros; a Ciudad de los Cobardes.
¡Ah; pequeña Ángela! ¡Mi Ama del delito!
Tú has conseguido que no sea un cobarde, solo con una canción y un grito de socorro. Me hiciste valiente.
¡Oh, Ángela! ¡Tú haces que valga la pena vivir!

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