Déjà vu por Ana Centellas

Déjà vu Agosto de 1986. Con solo ocho añitos, Miriam se refugia bajo la sombrilla blanca y azul de sus padres. El día es especialmente caluroso y la playa está llena de gente. Siente calor. Demasiado calor. Necesita refrescarse y el deseo de meterse en el agua es muy fuerte. Observa a sus padres, que charlan animadamente con una pareja vecina. Piensa que es mejor no molestarlos y, sin decir nada y sorteando a los demás turistas, consigue llegar hasta la orilla y meterse en el mar. El agua está fresca y la sensación que percibe Miriam es de intenso alivio. El sol incide con fuerza sobre el agua, creando unos destellos que aquel día le parecen mucho más bonitos que nunca. Hay poco oleaje y el mar ofrece un cariñoso vaivén que, poco a poco, la va atrapando y se deja llevar. Tan ensimismada está con las sensaciones que el mar provoca en ella que pierde la noción del tiempo. Cuando al fin decide salir del agua, la ligera corriente que antes la mecía la suelta en un lugar desde el que no divisa la sombrilla blanca y azul de sus padres por ningún sitio. Miriam se pone de […]

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Abril por Ana Centellas

Aún recuerdo el momento exacto en el que, acurrucados bajo las sábanas que hacía unos instantes habían sido testigos mudos de nuestro amor, decidiste cambiarme el nombre. Nuestra respiración todavía estaba desordenada, inhalábamos el aire con esfuerzo, como si acabásemos de ser arrollados por un tsunami desolador, y pequeñas gotas de sudor permanecían remanentes en nuestros cuerpos, ansiosas por mezclarse de nuevo en el crisol en que ambos nos convertíamos cuando nos dejábamos llevar por la pasión. —A partir de ahora te llamaré Abril —dijiste, en un cálido susurro que me erizó la piel al instante, sin dejar de mirarme a los ojos, perdido en ellos como si hubieses sido víctima de un embrujo. Una vergüenza súbita se apoderó de mí tan pronto como pronunciaste aquellas palabras y, sin ni siquiera preguntarte el motivo de aquella decisión, la asumí y me acurruqué contra el calor de tu pecho, al amparo de aquel dulce ronroneo que surgía de tus adentros y del que, desde aquel momento, me sentiría una parte importante. Abril. Desde aquel día me llamaste Abril. Y yo me sentí la lluvia que nos cubría a los dos cada mañana, que limpiaba nuestros cuerpos y refrescaba nuestras mentes cuando […]

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La gota fría por Ana Centellas

La gota fría El día había amanecido soleado y con una temperatura bastante agradable. Parecía que el agobiante calor de los últimos días estaba dispuesto a conceder una tregua después de haber azotado con maestría. Sin embargo, durante el comienzo de la tarde, enormes cúmulos se arracimaron en el cielo. Eran gigantes, oscuros, amenazantes. Tenía toda la pinta de que iba a caer el diluvio universal o, al menos, algo parecido. Laura veía en el televisor las noticias del mediodía mientras picoteaba con distracción las aceitunas de una ensalada. Una de ellas captó su atención, lo que hizo que el tenedor quedase suspendido en el aire durante un instante, sin alcanzar su destino. Gota fría. Era la predicción meteorológica para los próximos días. Miró el cielo a través de la ventana y comprobó que las primeras gotas de lluvia ya habían comenzado a caer. Continuó comiendo de su ensalada como si aquello no fuese con ella, como quien está acostumbrado a este tipo de adversidades. Dedicó buena parte de la tarde a cuidarse. Tomó un baño relajante y se arregló con esmero. Se puso el vestido blanco que venía utilizando desde hacía años en aquella misma fecha, el que él […]

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Pensamientos erráticos por Ana Centellas

Vagan mis pensamientos entre nubes de algodón y parece una ironía que esas nubes, en apariencia tan dulces, son las mismas que le impiden a mi mente ver el sol. Cómo quisiera bajarlos de esa nube prodigiosa por la que corren y saltan, vuelan, giran y planean. Llaman a otros pensamientos, que raudos van a su encuentro, y juntos danzan en rueda, se enredan y crecen, crecen… Forman una inmensa bola de aspecto multicolor y sobre mi cabeza vuelan y parece que salieran en busca del mismo cielo. Se me deshacen las nubes, se trocan en mariposas que con miles de colores convierten todas las nubes en finos rayos de sol. Se dibuja una sonrisa de medio lado en mi cara y, arropada por sus alas, dejo a la mente morir. Todo se me torna blanco, es hora de dejar de huir. T

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El mensaje por Ana Centellas

EL MENSAJE Le encantaba la sensación que él le provocaba por las mañanas, hasta el punto de que cada noche se quedaba dormida esperando con ilusión el momento de despertar. Apenas abría los ojos, el estómago le daba un vuelco en su posición como si se acabase de precipitar al vacío desde la cima de una enorme montaña rusa, para a continuación liberar decenas de mariposas que revoloteaban a sus anchas por él. Las suaves caricias que le prodigaban con sus alas llegaban incluso a tocarle el alma y esto producía que un escalofrío recorriese su cuerpo entero, dejándole la piel como si se encontrase en un campo nevado en lugar de envuelta en el cálido edredón que cubría su cama. Estiraba su cuerpo con la intención de sacudirse de encima el estremecimiento y tendía su mano hacia el teléfono móvil que reposaba sobre la mesilla de noche, con una falsa apariencia de candor, como si no guardase con celo el auténtico motivo de su sonrisa cada mañana, esa sonrisa que ya se mostraba desde el instante mismo de abrir los ojos al nuevo día. Aún dedicaba unos segundos en recrearse en esa fascinante sensación de bienestar antes de desbloquear […]

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La historia perfecta por Ana Centellas

LA HISTORIA PERFECTA Te despediste de mí y juraste que volverías. Desde la ventana, semioculta tras la vaporosa cortina que intentaba proteger la intimidad del que fue nuestro dormitorio, te vi alejarte caminando por nuestra calle. Aún no había amanecido por completo y una densa niebla cubría nuestro barrio en aquella desafortunada mañana del mes de enero. Con una mochila colgada al hombro como único equipaje, tus pasos se fueron arrastrando con lentitud hasta adentrarse en la penumbra que derramaba la fría bruma. Cuando quise darme cuenta te había perdido de vista y nunca supe si fue debido a la niebla o a las lágrimas que empezaban a empañar mis ojos. Juntos habíamos escrito una historia que quizás no fuese perfecta, pero era la nuestra y, para mí, la mejor que hubiese podido imaginar, porque la habíamos escrito entre los dos. Nada más me importaba que no fuese estar a tu lado. Nunca quise vivir en un cuento de hadas ni evitar todas las preocupaciones que pudiésemos llegar a tener, porque siempre presentí que a tu lado, los dos juntos, podríamos con todo. Me sentía invencible y esa sensación era maravillosa. Invencible, feliz y, sobre todo, enamorada. Siempre pensé que […]

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Claustrofobia por Ana Centellas

CLAUSTROFOBIA Ramiro era un hombre que nunca había demostrado tener miedo a nada. Se atrevía con todo y raro era el fin de semana que no dedicaba a practicar algún deporte de riesgo. Incluso fue el que demostró mayor entereza el día que, estando en el interior de una sucursal bancaria, sufrió en sus carnes un atraco con armas de verdad. Pero Ramiro tenía un secreto que no se había atrevido a confesar a nadie y que, hasta el momento, durante los más de veinte años que llevaba vividos, había sido capaz de ocultar a la perfección. No era algo anormal, pero en su interior le causaba una terrible vergüenza admitirlo. Quizá por eso, para compensar esa carencia que sentía, era tan arriesgado en los demás aspectos de su vida. Ramiro padecía una tremenda claustrofobia. Por supuesto que había tenido momentos en los que había visto peligrar su secreto. Él se dio cuenta cuando era muy pequeño, una tarde de lluvia en la que pasó horas encerrado en un armario mientras jugaba al escondite con su hermano mayor y este se olvidó de él. O quizá su fobia fuese la consecuencia de aquella experiencia, no estaba del todo seguro. Con […]

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Sin glorias por Ana Centellas

SIN GLORIAS Conocía la pista de atletismo como si de la palma de su propia mano se tratase. Eran años ya los que había empleado en los duros entrenos en ella. Tal era el conocimiento que había desarrollado del lugar, que era capaz de identificar en cada curva la zona exacta en la que la pisada era más firme, en qué lugares había más posibilidades de resbalar e incluso el emplazamiento exacto de aquellos pequeños baches que se habían ido modelando mes tras mes de un inagotable trotar sobre la pista. Aquella mañana el día lucía resplandeciente. Parecía querer mostrar el mejor de los presagios para aquella especie de bautismo que se iba a celebrar. No había nube alguna que cubriese el cielo, como si todas se hubiesen batido en retirada para permitir festejar aquel día a aquellos que ya habían partido más allá de su altura. Gustavo miró hacia arriba, mientras cubría con una mano sus ojos desprotegidos del brillante sol de principios de primavera, e imaginó el rostro de su padre observándole con orgullo. Si por alguien estaba allí aquel día era por él. Él fue el que le hizo amar aquel deporte, el que le había llevado […]

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«Doce descendientes para conquistar el mundo» por Olga La Fuente, Dagmar Sola, Asilo Oscuro, Ikormar, Nefelibata, Informatico Farero, Manel_SaO, William Rilley, JJ Kastle, Alicia Brunskill, MoraMoriles2, Ana Centellas, Puri RV, Eidsei y InannaStM

«Doce descendientes para conquistar el mundo» @Olga_Lafuente El frío invadió la estancia principal de una humilde casa de la Meseta Ibérica cuando la puerta se abrió de una patada. Tres soldados armados entraron en la sala donde un matrimonio y su hijo pequeño celebraban la Nochebuena. Agarraron a la madre y se la llevaron en volandas … hasta una camioneta que se perdió en la oscuridad Mientras, en el Ministerio de Guerra de Berlín recibieron una conferencia de Madrid —La última de las descendientes ha sido hallada, mañana partirá en tren dirección Francia —Perfecto –contestó el oficial alemán —¿Quieren al niño? —No, no sirve, está mezclado. Y colgó. Un capitán de las SS entregó una nota al suboficial, su destinatario era Josef Menguele —Es la última de las descendientes –dijo el capitán—, en un par de generaciones, tendremos un ejército de vikingos arios que conquistará el mundo   @DagmarSola Años atrás, cuando el primero de los llamados descendientes alcanzó la edad adulta, fue cuando todo comenzó a ponerse en marcha. Se había resistido a hacerles caso y tuvieron que inculcarle su deber. Al final, fue él mismo quien programó a los siguientes.   @AsiloOscuro No había sido una tarea sencilla. […]

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Zona de confort por Ana Centellas

ZONA DE CONFORT «No quiero ir al trabajo». Esa era la frase que Susana repetía cada mañana, todas, sin excepción. Álvaro le daba un abrazo con las pocas fuerzas que le proporcionaba un descanso de menos de cinco horas. «Tranquila, cariño», le repetía cada día. Susana había sido una joven inquieta, con grandes sueños. Soñaba con hacer grandes cosas, con cambiar el mundo, con ser alguien en la vida, como si no fuera ya suficiente con ser ella misma. Un brillante expediente académico a sus espaldas le daba la energía necesaria para elevar a lo más alto sus sueños de grandeza, aquellos que nunca llegaron a concretarse en nada. Cuando conoció a Álvaro, este también tenía enormes sueños por cumplir. Tal para cual, aunaron sus sueños en uno solo, superlativo, sin detenerse a considerar si aquel era o no un imposible. Tanto Susana como Álvaro comenzaron bajando sus expectativas a un nivel que les permitiese comenzar sus vidas, unos inicios humildes podrían ser la base perfecta para un sueño a gran escala como el suyo. Pero pasaron los años y la rutina se apoderó de ellos. Se estancaron en una zona de confort que a ambos parecía adecuada, suficiente para […]

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