La historia perfecta por Ana Centellas

LA HISTORIA PERFECTA Te despediste de mí y juraste que volverías. Desde la ventana, semioculta tras la vaporosa cortina que intentaba proteger la intimidad del que fue nuestro dormitorio, te vi alejarte caminando por nuestra calle. Aún no había amanecido por completo y una densa niebla cubría nuestro barrio en aquella desafortunada mañana del mes de enero. Con una mochila colgada al hombro como único equipaje, tus pasos se fueron arrastrando con lentitud hasta adentrarse en la penumbra que derramaba la fría bruma. Cuando quise darme cuenta te había perdido de vista y nunca supe si fue debido a la niebla o a las lágrimas que empezaban a empañar mis ojos. Juntos habíamos escrito una historia que quizás no fuese perfecta, pero era la nuestra y, para mí, la mejor que hubiese podido imaginar, porque la habíamos escrito entre los dos. Nada más me importaba que no fuese estar a tu lado. Nunca quise vivir en un cuento de hadas ni evitar todas las preocupaciones que pudiésemos llegar a tener, porque siempre presentí que a tu lado, los dos juntos, podríamos con todo. Me sentía invencible y esa sensación era maravillosa. Invencible, feliz y, sobre todo, enamorada. Siempre pensé que […]

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Claustrofobia por Ana Centellas

CLAUSTROFOBIA Ramiro era un hombre que nunca había demostrado tener miedo a nada. Se atrevía con todo y raro era el fin de semana que no dedicaba a practicar algún deporte de riesgo. Incluso fue el que demostró mayor entereza el día que, estando en el interior de una sucursal bancaria, sufrió en sus carnes un atraco con armas de verdad. Pero Ramiro tenía un secreto que no se había atrevido a confesar a nadie y que, hasta el momento, durante los más de veinte años que llevaba vividos, había sido capaz de ocultar a la perfección. No era algo anormal, pero en su interior le causaba una terrible vergüenza admitirlo. Quizá por eso, para compensar esa carencia que sentía, era tan arriesgado en los demás aspectos de su vida. Ramiro padecía una tremenda claustrofobia. Por supuesto que había tenido momentos en los que había visto peligrar su secreto. Él se dio cuenta cuando era muy pequeño, una tarde de lluvia en la que pasó horas encerrado en un armario mientras jugaba al escondite con su hermano mayor y este se olvidó de él. O quizá su fobia fuese la consecuencia de aquella experiencia, no estaba del todo seguro. Con […]

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Sin glorias por Ana Centellas

SIN GLORIAS Conocía la pista de atletismo como si de la palma de su propia mano se tratase. Eran años ya los que había empleado en los duros entrenos en ella. Tal era el conocimiento que había desarrollado del lugar, que era capaz de identificar en cada curva la zona exacta en la que la pisada era más firme, en qué lugares había más posibilidades de resbalar e incluso el emplazamiento exacto de aquellos pequeños baches que se habían ido modelando mes tras mes de un inagotable trotar sobre la pista. Aquella mañana el día lucía resplandeciente. Parecía querer mostrar el mejor de los presagios para aquella especie de bautismo que se iba a celebrar. No había nube alguna que cubriese el cielo, como si todas se hubiesen batido en retirada para permitir festejar aquel día a aquellos que ya habían partido más allá de su altura. Gustavo miró hacia arriba, mientras cubría con una mano sus ojos desprotegidos del brillante sol de principios de primavera, e imaginó el rostro de su padre observándole con orgullo. Si por alguien estaba allí aquel día era por él. Él fue el que le hizo amar aquel deporte, el que le había llevado […]

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“Doce descendientes para conquistar el mundo” por Olga La Fuente, Dagmar Sola, Asilo Oscuro, Ikormar, Nefelibata, Informatico Farero, Manel_SaO, William Rilley, JJ Kastle, Alicia Brunskill, MoraMoriles2, Ana Centellas, Puri RV, Eidsei y InannaStM

“Doce descendientes para conquistar el mundo” @Olga_Lafuente El frío invadió la estancia principal de una humilde casa de la Meseta Ibérica cuando la puerta se abrió de una patada. Tres soldados armados entraron en la sala donde un matrimonio y su hijo pequeño celebraban la Nochebuena. Agarraron a la madre y se la llevaron en volandas … hasta una camioneta que se perdió en la oscuridad Mientras, en el Ministerio de Guerra de Berlín recibieron una conferencia de Madrid —La última de las descendientes ha sido hallada, mañana partirá en tren dirección Francia —Perfecto –contestó el oficial alemán —¿Quieren al niño? —No, no sirve, está mezclado. Y colgó. Un capitán de las SS entregó una nota al suboficial, su destinatario era Josef Menguele —Es la última de las descendientes –dijo el capitán—, en un par de generaciones, tendremos un ejército de vikingos arios que conquistará el mundo   @DagmarSola Años atrás, cuando el primero de los llamados descendientes alcanzó la edad adulta, fue cuando todo comenzó a ponerse en marcha. Se había resistido a hacerles caso y tuvieron que inculcarle su deber. Al final, fue él mismo quien programó a los siguientes.   @AsiloOscuro No había sido una tarea sencilla. […]

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Zona de confort por Ana Centellas

ZONA DE CONFORT «No quiero ir al trabajo». Esa era la frase que Susana repetía cada mañana, todas, sin excepción. Álvaro le daba un abrazo con las pocas fuerzas que le proporcionaba un descanso de menos de cinco horas. «Tranquila, cariño», le repetía cada día. Susana había sido una joven inquieta, con grandes sueños. Soñaba con hacer grandes cosas, con cambiar el mundo, con ser alguien en la vida, como si no fuera ya suficiente con ser ella misma. Un brillante expediente académico a sus espaldas le daba la energía necesaria para elevar a lo más alto sus sueños de grandeza, aquellos que nunca llegaron a concretarse en nada. Cuando conoció a Álvaro, este también tenía enormes sueños por cumplir. Tal para cual, aunaron sus sueños en uno solo, superlativo, sin detenerse a considerar si aquel era o no un imposible. Tanto Susana como Álvaro comenzaron bajando sus expectativas a un nivel que les permitiese comenzar sus vidas, unos inicios humildes podrían ser la base perfecta para un sueño a gran escala como el suyo. Pero pasaron los años y la rutina se apoderó de ellos. Se estancaron en una zona de confort que a ambos parecía adecuada, suficiente para […]

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Mi último escrito por Ana Centellas

MI ÚLTIMO ESCRITO Sábado. Llevo toda la semana sumida en la desidia y ni una sola palabra coherente ha conseguido escapar de mi cerebro aturdido por el calor. Solo me quedan dos días para enviar mi colaboración con el más importante de mis clientes y aún no he sido capaz de escribir nada. ¿Estaré perdiendo facultades? ¿Será la edad? ¿O tan solo será este maldito calor del mes de julio que mantiene atrofiada mi capacidad creativa? Espero que sea esto último porque si no, estoy perdida. Sí, como lo oís, literalmente perdida. Jamás me había ocurrido algo así y mi parte victimista no puede evitar regodearse en la desesperación y centrarse en un único pensamiento: ¿por qué a mí? Bueno, no seamos tremendistas. Aún quedan dos días, cuarenta y ocho horas completas para poder realizar mi trabajo como de costumbre. ¿Desde cuándo mi pensamiento es tan negativo como para llegar a decir «solo quedan dos días»? No, aún quedan dos días. Mucho mejor. Mi mente parece despejarse ante esta idea. Seguro que un café la ayuda un poco con la tarea. Cinco horas. Ya han pasado cinco horas desde que me senté frente a mi fiel máquina de escribir. Cinco […]

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El último acto por Ana Centellas

EL ÚLTIMO ACTO Todo el mundo empezó a aplaudir en cuanto terminó la función. Había sido todo un éxito y el teatro al completo estallaba en aplausos. Se llegaron a escuchar incluso silbidos y vítores, algo que no solía ocurrir entre el público tan formal y educado que acudía a aquel tipo de funciones. La compañía de ballet había ejecutado una actuación soberbia. Pero, sobre todo, fue el último acto el que había causado semejante sensación en el público. Álex y Natasha, los bailarines principales, habían danzado de manera magistral en solitario sobre el gran escenario, con una compenetración y una agilidad extraordinarias. Natasha parecía volar con la ligereza de una pluma para ir a caer con sutileza en las fuertes manos de Álex, que la sostenían como si realmente el peso de aquella fuera mínimo. La ejecución había sido tan buena, tan sincronizada, tan bella, que había mantenido al público cautivado durante los casi quince minutos que había durado aquel último acto, en los que no se había escuchado ni siquiera el sonido de las respiraciones, que parecían suspendidas, como si de una gran apnea colectiva se tratara. La música y el movimiento de los bailarines eran lo único […]

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Hojas de otoño por Ana Centellas

HOJAS DE OTOÑO Corría un mes de octubre en el que el otoño había hecho acto de presencia en su máxima expresión. Cada mañana, después de la noche, las aceras de la ciudad aparecían cuajadas de hojas secas que los árboles, acunados por la suave brisa nocturna, habían ido dejando caer de manera lenta pero firme. Casi podría decirse que aquel otoño los árboles de la ciudad donde vivía Nerea habían arrojado más hojas secas que las que ellos mismos tenían, o al menos esa era la impresión que causaban. De nada servía que los servicios de limpieza se afanasen por recoger y mantener las aceras despejadas porque, noche tras noche, un nuevo manto dorado cubría la ciudad. Una de aquellas tardes, Nerea, melancólica, soñadora, pensante, se asomaba a través de los cristales de su habitación para ver el lento caer de las hojas cobrizas. Faltaba menos de una hora para que la noche hiciese acto de presencia y el espectáculo ya era hipnótico. Con lágrimas en los ojos, recordaba ojerosa la ruptura con Marcos hacía solo tres días. Con la mirada perdida tras los cristales de su cuarto, mientras miraba sin ver el vaivén de las hojas desde las […]

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Manteniéndome a flote por Ana Centellas

MANTENIÉNDOME A FLOTE Floto. Siento mi cuerpo flotar, liviano, sin equipajes, sin cargas. No tengo palabras para describir esta sensación; sé que parece imposible, pero no es ni siquiera comparable con la experiencia de volar en avión, es algo mucho más intenso. Podría equipararla a lo que debe sentir una medusa bajo las aguas del océano. Siento las pulsaciones del movimiento, como si mi cuerpo se expandiese y contrajese para poder avanzar. El silencio que me rodea es absoluto, no puedo escuchar ni el más mínimo ruido. Parece que me hubiera quedado sorda de repente. Tampoco soy capaz de articular palabra, sorda y muda en un océano inmenso donde floto dentro de las aguas. La sensación es maravillosa, no podría describirla de otra manera. Es como si, de un momento a otro, hubiera conseguido alcanzar la calma que tanto he ansiado durante toda mi vida. La paz que puedo percibir es intensa, muy intensa, extraordinaria. Me siento bien, mejor de lo que nunca antes me había sentido. Debo de estar inmersa en un plácido sueño, mientras floto, floto, floto… No quiero despertar, no quiero abandonar este sosiego que alcanza todos los rincones de mi alma y de mi maltrecho corazón. […]

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Momentos de reflexión por Ana Centellas

  MOMENTOS DE REFLEXIÓN Mientras camino por la solitaria playa en este mes de enero, me asaltan las dudas, que parecen estar escondidas debajo de cada fino grano de arena de esta infinita costa que se extiende ante mí. Siempre me ocurre lo mismo, cuando estoy en soledad, esa soledad querida, buscada y necesitada en la que todos nos refugiamos en algún momento, parece como si algún mecanismo se activase en mi mente y comienzo a cuestionarme todo. Las dudas vienen con el viento, que juguetón enreda mis cabellos y hace que me suba la cremallera de la chaqueta para que no se cuele por ninguna rendija más. Pero sí consigue colarse en el interior de mi cuadriculada mente, poniendo patas arriba lo que hacía solo unos minutos parecía estar en completo orden. Y es entonces cuando me asaltan las dudas, desorganizadas, posesivas, amenazantes. Reconozco que me hace bien sentirme así de vez en cuando. Hay veces que me encierro en mi dormitorio, en silencio, y llegan como un murmullo lejano que poco a poco se escucha con mayor nitidez en mi cerebro. Otras, salgo al parque que hay cerca de mi casa. Esto me gusta hacerlo especialmente en los […]

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