RESURRECTION por Ana Gutiérrez

Nunca he contado tan detallada mi propia experiencia del después. Qué se vive o qué se siente, los estadios que te acompañan y, sobre todo, cómo se sale. Aún muchas veces me hago esa pregunta e intento responderla, porque no sé dar una respuesta clara. Recuerdo que no fui a terapia. Como mucho fui cinco veces. No quise continuar algo que a mí no me beneficiaba. A veces, tener que repetir y repetir sin objetivo, es muy cansado. No quería victimizarme más cada vez que contaba lo mismo, porque cuánto más lo decía, más me daba cuenta de lo que me había ocurrido. Y cuánto más lo pensaba, más rabia me daba. Mi objetivo era ir hacia adelante. No seguir encerrándome en que había sido eso que tanto vemos en las noticias y que, a partir de ese momento, a mí también me correspondía. La etiqueta de haber sido “mujer maltratada”. Recuerdo que la psicóloga me lo repetía una y otra vez. Cómo olvidar cada vez que me lo decía. Y cómo detestaba que me lo dijera. Aunque mi historia correspondiese con esa etiqueta. Cómo me pesaban todas y cada una de esas letras desde la m hasta la a. […]

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DESPEDIDA por Ana Gutiérrez Expósito

Algún día, con el ondear de mi cabello y mientras miramos al horizonte hallando sin buscar, encontraremos una razón que sea suficiente para dejar de echarnos de menos y entender que sólo hay una manera única de amar: dejar que, por separado, igual que los pájaros, surquemos otros cielos para dar tregua a la libertad Sabes que fuimos como las olas que un día vienen y al instante se van. O como el viento que hoy nos mece y mañana se olvida de volar Ambos sabíamos que en algún momento, tendríamos que devolver nuestras cartas al mar, para que quiénes se quieran de verdad las encuentren y cuenten el secreto de que, por siempre, repetiríamos la misma historia una y otra vez más.. (Ana GE Robles ©)

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“See” por Ana Gutiérrez

Desde entonces sólo sé que no volví a mirar igual. Me escondí de lo que no quise ver y me inmiscuí en la inmensidad de lo invisible haciéndole honores al mar. Descubrí un mundo paralelo, un nuevo mundo sobre el que volver a caminar. Desde entonces cambié el rumbo de lo que quise ver con los ojos físicos para comenzar a mirar con otro tipo de ojos. Unos ojos que no vienen dados, sino que se construyen con los pálpitos del alma. Ojos que se convierten en miradas que carecen de significado y se llenan de sentido. Miradas que parecen ancestrales y que pueden hacer sentir todo un río de sensaciones sin calma.  Y es que al final nadie está demasiado perdido si sabe hacia dónde mirar. Sólo se necesita encontrar la chispa que haga jugar a la pupila mientras el iris comienza a brillar

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S E N S E S por Ana Gutiérrez

Para fortalecerte primero tienes aprender a caer para saber lo que es levantarte, perder todo lo que tenías y ver que el mayor fracaso no es haber caído, sino nunca haberlo hecho. Porque es cuando estás abajo, el momento adecuado para alzar la vista al cielo y ver que, detrás de tu traspiés, hay un nuevo comenzar. Hay un nuevo sol esperándote para que te subas a lo alto y desde el horizonte, seguirte alumbrando. Y volarás sin retorno atrás.  Y es una vez que has alzado el vuelo cuando te das cuenta de que no hay mayor temor que el de nunca haber fracasado, nunca haber perdido y nunca haberte desarmado, porque si no hubiera ocurrido, no sabrías ver la fuerza que en realidad hay en tu ser.   

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En blanco y negro por Ana Gutiérrez

Buscamos en la vida el eco de nuestro refugio interno. Sin retorno, sin demora, sin respiración, sin tiempo. Y corren rápidas las hojas. Rompen fuertes las olas. El viento. Los cinco elementos. Y miramos al pasado como si nos estuviésemos mirando en un espejo. Y retrocedemos. Con su especial y esencial vértigo. Es ahí cuando conectamos con nuestros recuerdos olvidados sin importar que recordar nos vaya a dar demasiado miedo. Y como el brillo de un relámpago, sin demora, los recuerdos recorren cada recodo de tu yo pasado como si irrumpiera en ti un inmenso estruendo. Y al regreso, mientras tú no estabas, las horas de este espacio modifican los colores por el blanco y el negro. Y ya no nos reconocemos. Pero aprehendemos. Quizá a no voltearnos más. O tal vez, a no dejar nunca de querer hacerlo. Y es que, una vez que te has ido y has experimentado nuevamente el calor del fuego, aunque te haya quemado, da demasiado respeto tener que saber reconducir nuevamente el vuelo..

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Cuando regresemos a casa por Ana Gutiérrez

Una tarde de septiembre, cuando el sol poco a poco iba escondiéndose detrás del horizonte y mientras mi cansado cuerpo descansaba sobre la aún caliente arena, de pronto noté como si alguien me empujara. Como si alguien me diera alas para poder volar. Como si pudiese flotar. Sentía un inmenso calor. Aunque al mismo tiempo, tenía la sensación de no tener temperatura. Era como si estuviese sin estar. Me sentía tan extraña… Intenté mirarme las manos y los pies pero no entendía su forma. Daba saltos en el aire, traspasaba hojas, palmeras…Ya no podía acariciar la tierra como antes. Ni juntar mis manos para sentir el frescor del agua. Ahora sólo podía caminar sobre ella sin hundirme, y traspasar la arena sin llegar a sentir nada. Cuando me giré para intentar estabilizarme y mantenerme de pie, pronto entendí lo que había ocurrido. Pude ver mi pálido y delgado cuerpo que yacía sereno cual movimiento de un mar en calma, mientras los rayos de aquel inmenso sol aún iban proyectándose sobre lo que quedaba de mí. – He muerto- me dije. Y lentamente, abandoné aquel hermoso lugar. Aún me costaba sostenerme en pie. ¿Qué clase de cuerpo era aquello? ¿Cómo es que […]

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