El pecado de amar por J.D. Arias

Fue aquella madrugada del 28 de julio cuando el padre Alix sintió el repentino calor abrazador, sus pulmones trabajaban forzosamente por extraer un poco de oxigeno de todo el humo que inundaba la habitación. Se acercó a la ventana viendo la mayor representación de terror que pudo tener en su vida, todo envuelto en las llamas. Sin embargo, los sucesos que llevaron a la tragedia del 28 de julio comenzaron a gestarse desde mucho tiempo atrás. En el pequeño pueblo de Green Rose, no muy lejos de Belltown y aún más cerca de Daleville, un claro ejemplo de lo que son los devotos que se mueven sólo bajo la luz que Dios les mostró en sus escrituras, eso fue lo que los llevo a hacer lo que hicieron, despiadados e ilusos, pensaban que todo iba acorde a lo que la naturaleza había planteado y no permitirían que eso se quebrantara, pasara lo que pasara. En aquella sociedad en donde todas las familias se reunían a rezar el rosario a las 6 en punto sin falta, donde la iglesia era el recinto sagrado donde todos los domingos se llenaba con todas las personas del pequeño pueblo y las directivas de los […]

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Amor por J.D. Arias

Amor, de los demonios el peor De cuan caos eres creador, Repartiendo dolor a todos sin razón Con la excusa de la satisfacción. Hermoso jubilo esclavizador Hermoso hombre embustero Hermoso hombre esperanzado Hermosa amiga en la que has de confiar. Odio sientes con fervor Odio sin compasión Al intruso Al desertor. Con líneas rojas te has de castigar Mientras en la noche sollozas Con culpa te has de juzgar Viendo aquello que nunca vas a alcanzar. Cuan bello y traidor haz de ser Para prometerme el bien De la forma más fría y retorcida, Que solo tu haz de ver.

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Un árbol por J.D. Arias

Todo parece indicar que mi existencia es similar a la de un árbol, uno en medio de un bosque donde se escuchan distintos sonidos, unos más fuertes que otros. Unos, minucias como el batir de las alas de un insecto, otras, alaridos de animales agonizantes o de dos especímenes llenos de ira que no hacen más que luchar entre sí. No me des chance de irme del tema. Soy un árbol aparentemente fuerte, que lleva creciendo durante años y que ahora, si lo quisiera, podría dar frutos ―lo cual, evidentemente, no se atreve ni a imaginar―, un árbol que está a medio camino entre los más ansíanos y los más jóvenes, que se cree fuerte, pero aun no le da por completo la luz del sol. Un objeto estático en el paisaje, que pasa desapercibido como algo que debe estar allí, y que, ante todo, no sabe cómo ha logrado desarrollarse con los años, supone que ha hecho lo que se le da naturalmente, algunos de esos humanos con batas dirían que hace un complejo procedimiento químico y molecular con el que extrae energía del sol y bla bla bla… No, el árbol no es consciente de ello, solo, lo […]

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Lo que fuiste por J.D. Arias

Heme aquí, otra vez, tratando de encontrar refugio y seguridad en letras que mi monitor representa con la ayuda de códigos basados en unos y ceros. Acomodando palabras delante de otras para formar un sentido que saque peso de mi corazón —y quien sabe, tal vez llorando un poco—, aquellos conjuntos de palabras que dicen los demás, son de calidad, mientras que para su creador no son más que amasijos sin forma, disgustos que no logran llenarlo, pero nada lo hace. No. Porque él no se lo permite. Regreso a este hechizo, a este rito milenario que han hecho un centenar de personas quebradas, a las que la vida les ha dado miles de golpes y que con ello crearon cuervos que revolotean por la estancia con su incesante sentencia que pesa en el corazón y en el alma, “nunca más” acusa, y vaya que duele y desquicia, aquel maldito cuervo no se va, solo repite cosas en tu oído para adelantar la locura que ya de por sí, te profieres. No sé lo que me has hecho, no sé porque me he comportado de tal forma a lo largo de estas semanas. Pero he aprendido, que no hay peor […]

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La cabaña por J. D. Arias

Escribo esto mientras mi corazón retumba dentro de mi tórax. Tengo miedo de esa cosa. Sé que no estoy loco, eso me persigue a cada momento y me ha agobiado tanto que ni siquiera puedo escribir esto sin mirar, a cada momento, la puerta y la ventana. Sé que se está acercando, no lo puedo soportar más, por eso quiero que tú sepas lo que me está ocurriendo y así por lo menos alguien no me recordará como el loco encerrado en su casa, donde ni siquiera allí está seguro. Todo comenzó hace unos meses, cuando por fin habían llegado mis anheladas vacaciones. Me habían ofrecido un viaje a la región costera del país, un viaje con todos los compañeros de trabajo. No me lo pensé demasiado, odio los climas calurosos, el simple hecho de tener demasiado calor por culpa del ambiente, siempre me vuelve iracundo. Además no quería pasar todo mi tiempo con esas personas, ya era suficiente verlos la mayoría del año. Con lo que termine eligiendo el lugar de siempre, mi cabaña en las montañas, rodeada por un hermoso bosque y justo en frente de ella se halla una laguna; me encantaba ese lugar, el silencio y […]

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Turno de guardia por J. D. Arias

El estridente ruido lo despertó, no sabía en qué momento se había dormido y esperaba que nadie se hubiera dado cuenta, ya le habían hecho dos anuncios y si completaba otro, le despedirían. El chico se acomodó en la silla, le dolía la nuca como un demonio, movió la cabeza hacia un lado y el cuello le traqueó, se acomodó la gorra, se estregó los ojos con el fin de despertarse, buscó a tientas sus gafas que terminaron en el suelo. Se levantó de la silla y cogió el manojo de llaves, salió de la cabina con el fin de saber porque el perro chillaba como loco, se retorcía para huir de su cadena y solo entonces correr lo más lejos que pudiera. ¿Qué te pasa muchacho? –le preguntó al perro que dejó de ladrar para comenzar a llorar. El perro se resguardó al lado de un muro y continuó llorando mientras veía atentamente la entrada a la construcción. Volvió a la cabina por la lámpara y vio el despertador que estaba sobre el escritorio, estaba completamente oscuro, luego comenzó a parpadear en ceros, ahora no sabía qué hora era. El tiempo había empeorado y comenzó a llover, las gotas […]

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En el acantilado por J. D. Arias

El sol ya se había perdido en la inmensidad del horizonte, había pasado como siempre y ella miraba aquel precioso naranja que se torna en violeta y termina en la inmensa oscuridad. A lo lejos, en las laderas de las montañas las casas comenzaban a encender sus luces al igual que los edificios de la patética ciudad, le daba gracia que las cosas siguieron su curso en un ambiente que se ve hermoso pero que por dentro te da miedo cada esquina. Miró hacia abajo, donde la vegetación ocultaba la horrible caída hacia la nada y ella estaba parada justo al borde, viendo el cielo y esperando a ver las pocas estrellas que un cielo ciudadano puede otorgar. Deja de decir estupideces. Esta es mi historia y este es mi punto de cambio, no permito que un extraño la cuente. Si quieres saber por qué estoy aquí, debes escuchar mi parte. Se sentó al borde del acantilado mientras las primeras gotas de lluvia comenzaron a mojarle el cabello. Todo esto es estúpido, creamos casas y pensamos que estamos seguros. Oh, ¿estás perdido? Tranquilo, ahora yo soy la que controla este mundo que estás leyendo, no un estúpido creador que prefiere […]

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Maldición por J. D. Arias

Devora Williams estaba sentada en el centro de la habitación, le temblaban las manos sobre su caminador al frente de ella, la vejez la había arrasado, el alzhéimer la estaba borrando de a poco, sin embargo, por sobre los recuerdos que hacían dejado su memoria, aun permanecía uno, tétrico y escabroso, el recuerdo del suceso que la confinó a ese lugar, luego de que se salvara por poco de la cárcel, aunque ella no sabía qué hubiera sido peor. Pocos conocían la historia de esa anciana calva, los rumores decían que a sus treinta años la esquizofrenia la descontroló y terminó por quitarse todo su pelo, pero no era más que un rumor, la realidad fue mucho más adversa. Fui el único que pudo sacarle el recuerdo por completo, sin dejar detalles que volvieran la historia en no más que un rumor. Hace un año me propuse recolectar las historias de los recluidos en el psiquiátrico Ashford como una forma de inspiración para sacarme del bloqueo de escritor en el que caí hace dos años. Descubrí que Devora no era mala persona, que solo había terminado haciendo cosas horrendas por fuerzas mayores a ella, por cosas que aún no logramos […]

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La lluvia por J.D. Arias

Corría en medio de la tormenta, estaba completamente empapado y con cada paso que daba sus pies se mojaban a un más, sentía que sus zapatos habían dejado de ser lo que eran para convertirse en agua. Al poco tiempo pudo resguardarse bajo techo. Las gotas persistían en su cara debido a su pelo mojado, sentía frío, mucho frío. Veía como el agua llegaba desde la calle a su derecha que se elevaba un poco, se salía de las canaletas a sus lados. La calle parecía un riachuelo, el agua avanzaba por cualquier lugar, encontraba un obstáculo, se arremolinaba y continuaba por su paso a lo largo de la calle. El cielo se había convertido en no más que una masa grisácea, todo donde miraba estaba gris acompañado del incesante sonido de la lluvia, que golpeaba los tejados y las ventanas de las casas a su alrededor, el líquido discurría por estos y bajaba a la calle para sumarse al camino. El viento era un silbido incesante, que se llevaba las partículas de agua y lo continuaban mojando aun estando bajo techo. ¿Cómo era posible que tal tormenta se generara de la nada? Se peguntaba. Su cuerpo temblaba incesantemente, le […]

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