Cuando ya a nadie le sirves por Versos Alejandría

En el momento en que una persona cumple una determinada edad deja de serle útil a los de su alrededor. Hasta que llega el día en que deciden que ya no es necesario aguantarle por más tiempo, ya que según su criterio solamente es una carga o una molestia como se le prefiera llamar, para ellos. Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí, en este lugar al que muchos ya se refieren como “hogar”. Lo que sí sé a ciencia cierta es que este geriátrico hace las veces de punto de encuentro entre amigos, viejos conocidos y familiares; y otras tantas como la casa de quien en la suya propia está falto de cariño o ya no puede valerse por sí mismo. Para la desgracia de mis compañeros de fatiga y para la mía propia, la gran mayoría, por fortuna, no tiene problemas de salud. Pero nos rodean otro tipo de dilemas: los de carácter afectivo. En mi caso ya no acierto a recordar cuantos días, meses o años llevo aquí. Mis dos hijos David y Silvia un buen día decidieron que su padre ya no podía vivir solo y claro está, ellos dos tampoco se podían hacer cargo de […]

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¡Te quedas sin postre!

Javier miró con recelo el plato que su madre acababa de dejar sobre la mesa… ¡Ag! Cómo todos los martes Mamá preparaba la misma comida: judías verdes. En su casa no existía manera alguna de que Javier comiera aquella comida tan «suculenta y nutritiva como sabrosa», al menos eso le decía cada semana su madre. La pobre mujer ya había probado todos los métodos habidos y por haber, pues para ella cualquier invento sería perfecto si invitaba a comer a Javier. «-¿Nunca has jugado con Javier a «¿qué viene el avioncito?» -No. Contestaba ella a una de sus vecinas. -¡Inténtalo! ¡Verás cómo funciona ese truco tan antiguo! Los niños quieren ver el avión y comen por esa boquita ¡que da gusto!» Sin embargo a Javier tampoco le gustaban los aviones y comenzó a llorar cuando vio a su madre jugando con la cuchara imitando el sonido de aquellos pájaros de metal gigantes que había visto volar una vez; y tantos otros cuentos se había inventado…   -No hagas eso. ¡Conmigo no te sirve de nada! Javier observó el aparente enfado de su madre y repitió la misma acción: abrió la boca y asomó la lengua; pero antes de que se […]

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El regalo de cumpleaños

Se acercaba mi cumpleaños  y, solamente yo sabía cual quería que fuese mi regalo. Habría de ser un regalo muy especial, no como el de todos mis amigos, no. A mí, ese tipo de regalos no me gustaba; más bien, ni siquiera me interesaba. Yo quería algo más, un regalo que sí mereciese la pena. Mi idea era clara, pero mi parcial mutismo, en referencia a él, hacía que todos los de mi alrededor me estuviesen preguntando sin parar: -¿Te gustaría un videojuego?-me preguntaba Papá incesantemente-¿El de tu primo Pablo? -No-el mismo monosílabo procedía de mi boca una y otra vez ante mis abuelos, amigos y resto de familiares. Lo que no conseguía entender era por qué todo el mundo solamente se fijaba en las tiendas de electrónica. -¿Una bicicleta nueva, cariño?-se interesaba Mamá. Y mi respuesta: otra vez no. ¿Pero tan difícil resultaba hallar mi regalo? ¡Pues no sería por lugares especializados en la ciudad! Porque había bastantes… A mi entender no era nada difícil. Y es que nadie había caído en que  lo que a mí me gustaba era especialmente lo que ellos parecían haber olvidado. Lo único que yo quería era: ni más ni menos que un […]

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El cuidador de palomas

Había una vez un niño que cada día veía a una tórtola que se posaba en la copa de un árbol junto a su casa. El pequeño la observaba desde la ventana de su salón porque ella siempre descansaba en el mismo lugar. Desde allí parecía mirar con interés todo lo que sucedía en los alrededores del edificio y, también, miraba con curiosidad al pequeño que no dudaba en saludarla y dedicarle bonitas palabras de vez en cuando; ya que para él  era muy importante que no le pasara nada malo. Un día el niño exclamó asombrado: «¡está lloviendo y la palomita va a empaparse! ¡Resguárdate pronto,  sino te mojarás!» La paloma le contestó: «me gustaría mucho, pero no sé a dónde podré ir». -Alguna ventana estará bien. Afirmó el niño. -Pero tus vecinos no querrán que me acerque a sus casas. No les gustan las aves sobre las ventanas. El niño asintió. –Tienes razón, palomita. ¡Pero puedes quedarte en la mía! ¿Quieres? -¡Muchas gracias! ¡Eres muy amable! -De momento puedes quedarte aquí; pero tendré que buscaros un hogar. Debéis de estar un poco cansados de vivir siempre en la copa de un árbol. Si al menos tuvierais un nido… […]

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El veraneante

Un verano llegó al pueblo dispuesto a disfrutar de los tres meses que se presentaban ante él. Las playas no se encontraban lejos, por lo que podría darse un chapuzón cada mañana y pasear por las antiguas e históricas calles por las tardes; sin embargo cuando se bajó del coche en la plaza le dio la sensación de que allí era un extraño. Su familia vivía a dos pasos del centro en una casa antigua que un famoso constructor había reformado no hacía mucho tiempo. Muchos veranos habían pasado allí viendo amanecer y ponerse el Sol cada jornada y habían escuchado el canto de los pájaros desde el jardín, cuyo muro incluía parte de la muralla del lugar, cosa que solo el abuelo sabía pero nunca había llegado a encontrar. Ahora le tocaba a él participar en esa actividad y conocer bien el paraje que había visto nacer a los que habían venido al mundo antes que él. -Te llevaremos el equipaje a casa. Le ofrecieron. Él afirmó mientras miraba con curiosidad cada palmo de acera y posaba la vista en cada persona que tomaba un café, charlaba o se fijaba en el horizonte en las cafeterías de aquella calle […]

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Mario

Mario era un niño al que le encantaba acercarse al parque todas las tardes. Para él no había camino mejor que el que se dirigía al lugar de juegos y distracciones por excelencia para cualquier crío. Aquel era un sitio mágico, sobre todo a su temprana edad, ya que solamente contaba con cinco años y no había dejado de ir cada día desde que había cumplido los dos. Las únicas excepciones, que sus padres recordaban con cariño, eran las vacaciones fuera de allí y un par de ocasiones en las que por unas fiestas familiares no les había sido posible llevarlo a jugar. Cuando ya estaba cansado de moverse en los balancines y de saltar, Mario se acercaba al estanque de los patos y los saludaba mientras muchos padres llevaban en cuello a otros niños más pequeños que él y les enseñaban los animales con cariño. «Mira, hija, estos son los patitos. ¿No son muy bonitos?» decían muchos. «¿Te gustan?» insistían otros cuando sus infantes comenzaban a llorar enfurruñados o indicaban con sus diminutos dedos que querían irse al tobogán. Pero lo que realmente le gustaba a Mario era observar los pavos reales cuyas coloridas y llamativas plumas quería todo […]

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A correr con caballos

Por Alejandría Había una vez un pueblo al que todavía no había llegado ningún automóvil; sin embargo la fiebre de la compra de coches ya había comenzado a expandirse por todo el país… ¡Y cómo no! ¿A quién no le gustaba la idea de motorizarse y, por tanto, poder desplazarse más rápido que en carro de caballos o a pie? Este era un hecho muy goloso (naturalmente), pero en aquel lugar nadie parecía haberse animado tanto, hasta el momento, como para desembolsar la cantidad de dinero que costaba un vehículo «de esos que anuncian por ahí y que aparecen en los periódicos», como decían muchas personas. A pesar de ello todo el mundo sabía que el día en que vieran un coche paseando por la zona y haciendo ruido no tardaría mucho en llegar. Un día uno de los hombres más ricos del lugar trajo un automóvil desde la capital; y en el pueblo comenzaron a agolparse a la puerta de los bares y tiendas y bajo la sombra de los lato árboles cercanos para comprobar que aquel «trasto» funcionaba tal y como se comentaba. ¿Y si aquel apartado rincón de provincias se convertía en una ciudad? -¡Vaya cómo luce! […]

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El niño que no podía reír

Mi nuevo relato para niños: Esta es la historia de Jaime Mínguez el niño que no podía reír. Jaime siempre estaba muy triste porque pensaba que jamás podría reírse. Cuando veía a todos sus amigos o familiares pasándoselo bomba a causa de la gracia de algún chiste él se quedaba pensativo en un rincón y diciéndose para sí mismo “¿por qué no yo puedo reírme? Todos los hacen pero yo no puedo. ¿Podré reírme algún día?” Cuando tenía unos diez años y cansado de que nadie pudiera darle una solución para su problema se decidió a preguntarle a su familia –yo no me acuerdo: ¿me reí alguna vez? Le preguntó a su madre un día muy disgustado. -No hijo. Al menos tu padre y yo nunca te hemos visto. Así que Jaime se fue tan triste y desconsolado como había venido. Sus profesores lo vieron tan triste que les dijeron a sus padres que conocían a un cómico tan cómico, tan cómico que podía hacer reír a la persona más sosa y apagada del planeta. La familia de Jaime muy preocupada por la extraña apatía del niño le pidieron consejo al cómico, y éste les dijo: “quédense tranquilos; porque yo […]

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Tardes de café

No ha sido la primera vez y supongo que tampoco será la última, que revivo las tardes de domingo de mi infancia y la hora de salir del colegio cada mediodía, pues era entonces cuando más feliz me sentía caminando junto a mi padre por un céntrico paseo, hasta que llegábamos a un café tan mayúsculo, imponente y glorioso como antiguo. Era este café y no otro, el preferido por mi padre para alejarse de la presión durante un rato, ya que la molestia más cercana era solamente el ruido provocado por el gentío que vivía en las calles colindantes y, al igual que nosotros, salía o entraba de los establecimientos, volvía a casa para tomar el almuerzo y permitía que los niños jugaran en la plazoleta, ajenos al complejo y acongojado mundo de los adultos. No había un día que fallase nuestra sesión del aperitivo. Tronara, nevara e incluso si el mismo cielo estuviera a punto de derrumbarse sobre nosotros, puesto que había estado lloviendo durante días y días. Aunque, de todos modos, siempre disfrutábamos más cuando hacía calor y no precisábamos del gran paraguas de mi padre que nos servía de cobijo, para evitar que nos empapáramos más […]

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