Caníbales cap 3 por Andrés Pons García

Capítulo 3

Tres Años antes:

En la universidad general de Madrid se procede a la entrega de títulos entre vitorees de familiares y amigos, el joven Vicente irradia  felicidad cuando se acerca a por su titulación. Años de estudios y sacrificio tienen al fin su recompensa.

Sus padres aplauden con gran orgullo, su padre también periodista que ejerce en una pequeña radio local se imagina que su hijo conseguirá mayor popularidad.

Su madre también en la profesión la ejerce en un par de revistas donde tiene su pequeña columna de cotilleos femeninos.

Ambos cuando obtuvieron sus titulaciones soñaban con cuotas más altas, de todas formas siempre llegaron con gran holgura a fin de mes y disfrutaban de su trabajo y de su matrimonio, con eso les bastaba.

Un día grande ver como su hijo continuaría con la saga familiar, tal vez con más popularidad por su gran talento.

Cuando el joven periodista recoge su titulo se dirige con un discurso realmente extraño nada de los tópicos agradecimientos, su discurso lleno de rabia ensalzaba las verdaderas cualidades que deben tener los periodistas, un ser que debe ser intrépido buscando nuevos retos que se convirtieran en noticias novedosas dentro de la sociedad.

Estallaba con gran pasión afirmando que se sentía cansado de leer las mismas noticias rosas de siempre, las habladurías de los políticos, los temas deportivos dichos en mil ocasiones.

Prometía descubrir nuevas formas de investigación.

Un murmullo que se convertía en pequeños abucheos con el paso de la intervención

Siendo cortado de forma tajante, sus padres sin embargo aplaudían al joven rebelde con pasión.

Tras llegar al lujoso apartamento del centro de la ciudad los tres periodistas se encuentran en una charla muy animada:

Ambos progenitores observan con orgullo a su hijo:

Don Vicente toma la palabra:

–       Los dejaste a todos con la boca abierta –Afirma rotundamente.

–       ¡Nuestro hijo es muy grande! Exclama con gran satisfacción doña Bárbara, nos sentimos orgullosos de ti.

El joven observa con sorpresa a sus progenitores casi sin parpadear, no sabía si pensar que le tomaban el pelo o simplemente se volvieron locos.

Todavía le costaba olvidar los silbidos con los que fue despedido, al parecer eso no les importaba demasiado a sus padres.

–       Perdonad -Interrumpe el joven periodista.

–       ¿Es que no escuchasteis los abucheos? Creía que estaríais muy enfadados.

Su padre se sienta a su lado en el sofá y empieza a hablarle con voz acompasada.

–       Veras hijo, tu madre y yo tenemos como sabes más de la cincuentena, el tiempo no paso en balde, ya nos puedes ver.

–       Estamos gordos yo incluso calvo, nos cuesta ver bien, necesitamos gafas nuevas cada año, perdimos la fuerza de esa juventud que tu posees.

–       Cuando empezamos queríamos comernos el mundo, cambiar el periodismo para siempre pero los años pasan y te sitúas placidamente en tu envoltorio de dinero fácil, te dices a ti mismo que solo es temporal sin darte cuenta te levantas un día con los huesos cansados, la mente vacía donde la conformidad pudo contigo.

–       Al verte tan rebelde, con la valentía que nosotros no tuvimos me sentí muy orgulloso.

–       Quiero que experimentes otras formas mientras puedas, quiero verte alcanzando grandes y revolucionarios reportajes para que los abucheos se vuelvan en aplausos. No olvides no obstante que a lo mejor conoces a una chica, decides casarte y te pierde el dinero del mediocre periodista de cotilleos o de televisión basura, simplemente te encontraras renunciando a lo que pensaste en un principio.

–       Nuestra vida no se puede planificar y mucho menos nuestro trabajo.

El joven comprobó al fin todo lo que sus padres escondían, sus sueños dorados totalmente destrozados por el tiempo.

El debía vengar la memoria a el le tocaba cambiar los esquemas, le tocaba realizar lo que sus padres no fueron capaces, el amor, las novias podían esperar. Ni le interesaban las relaciones amorosas, ni perder el tiempo con romances. Su romance debía ser la profesión, el poder contar cosas.

Se levanto con decisión-   Hoy mismo en estos momentos voy a ver a una pequeña editorial que se dedica a editar una pequeña revista sobre sociedades desconocidas, quiero escribir sobre nuevas culturas.

–       Descubrir nuevos parajes de nuestro mundo, viajar y contar mis experiencias, se que es arriesgado pero quiero lanzarme de cabeza a por ellos.

–       Espero que me apoyéis.

–       Sabes que te apoyamos, contesta con una sonrisa doña bárbara.

Al día siguiente se encontraba en los despachos de “Nuevas Culturas”, se encontraba nervioso al encontrarse en el edificio donde publicaban su revista favorita muy poco vendida, todo el mundo prefería comprar las típicas revistas de corazón. El edificio es bastante vetusto con apenas cuatro despachos donde organizan los artículos, solo cuatro periodistas en plantel demostraban sus sospechas que la pequeña editorial estaba a punto de desaparecer.

–       El editor jefe lo hizo pasar a un pequeño despacho amueblado con un par de sillas de madera y un escritorio de corte bastante antiguo.

Se encontraba con un hombre de cuarenta y tantos con pelo rizado, de tez muy morena con profundos ojos oscuros, un maduro bastante apuesto de complexión fuerte y bastante alto.

Con voz grave le hablo claramente desde el primer momento-       Aquí no vas a ganar dinero, como tu mismo puedes ver estamos a un paso de la quiebra, bastante hicimos con mantenernos casi una década con gran trabajo.

–       Intentamos mantenernos pero las ventas no nos dan ni para cubrir los gastos mínimos, si quieres trabajar aquí bienvenido pero no esperes ni dinero ni fama, seguramente aguantaremos unos meses más y después nos buscaremos el pan por otros lugares. Ni te servirá mucho para el curriculum aunque al menos supongo te servirá de aprendizaje.

–       Te pagaremos el transporte a un lugar exótico, es todo la comida correrá de tu bolsillo, esperamos artículos escritos con pasión, la calidad no esperamos demasiado, de todas formas nadie nos compra, si estas de acuerdo puedes firmar el contrato por seis meses y te llamaremos en breve.

Sin pensarlo firmo el contrato que le llevaría al infierno-  ¿Sabe? No me interesa el dinero, solo quiero trabajar en algo útil,  admire el trabajo de su revista desde que la descubrí en sus primeras publicaciones.

–       Siempre admire como se desmarcaban de lo habitual.

–       Bueno chico –corta tajantemente el decepcionado editor.

–       Yo también pensaba como tu, con el tiempo me pregunto el ¿Por qué? Tengo dos hijos a los que alimentar  que crecen sin poder darles casi nada.

–       No nos alimentamos del aire, pero creo que nos vendrá bien un poco de sangre fresca como la tuya.

–       En su momento esta revista tuvo su reconocimiento, nos llego cierto éxito, disfrutábamos con nuestro trabajo y vivíamos de forma saneada.

–       Todo pasó, nuestros mejores profesionales fueron tentados y por supuesto atrapados por mejores sueldos de otros medios, poco a poco la cosa empezó a caer. Supongo que sabes como es eso.

Tras despedirse el periodista camina alegremente por la vía madrileña, debería sentirse decepcionado, tenía que ser realista y pensar que trabajaría para una empresa totalmente acabada.

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