Caníbales cap 8 por Andrés Pons García

Capítulo 8

Al día siguiente si lo que sea que habita en ese lugar no lo encuentra y decide empalarlo deberá encontrar comida para sobrevivir.

–       ¡Bien periodista! La situación es la siguiente, veamos.

–       Te encuentras en un lugar que desconoces.

–       Al parecer no estás solo.

–       Ojalá lo estuviera.

–       Tienes jodidas cabezas humanas como adorno al complemento de la selva.

–       Estoy perdiendo la jodida y creo que puedo perderla literalmente.

De nuevo rompe en carcajadas, sin duda el humor negro le puede ayudar a tapar el enorme terror que siente. Con sus pensamientos llega de nuevo al principio, toda la playa se divisa tras las rocas en una vista hermosa que sin duda no puede apreciarla con tranquilidad.

Las carreras y el largo caminar casi acaban con su resistencia, de todas formas a pesar del peligro que supone bajar no piensa quedarse en ese lugar, tiene decidido que en la playa sus desconocidos enemigos no se aproximan.

Con gran inseguridad va logrando descender con enorme esfuerzo, cuando subió le pareció que aquello no estaba tan alto.

Casi besa la arena cuando al fin toca suelo, el sol se esconde cuando recuerda que el reloj lo perdió en el accidente.

Evidentemente la hora en la que se encuentra se antoja el menor de sus problemas.

Varias cuevas se encuentran amontonadas a la derecha de las piedras que acaba de descender, se empieza a preguntar si en el interior no se puede encontrar serpientes u otros seres poco deseables

Ante la elección de quedarse al descubierto decide que prefiere enfrentarse a las serpientes que a un grupo de psicópatas que empalan a los habitantes del lugar.

Cuando penetro en el interior un olor como de algo podrido le golpeo de lleno en el rostro, sus ojos no se acostumbraban a la oscuridad, recordó que necesitaba un fuego si no quería pasarlo realmente mal.

Las voces lo despertaron de sus pensamientos, sonaban desde las entrañas de la cueva, sale con gran velocidad del lugar.

Escondiéndose entre dos grandes rocas afiladas situadas a la izquierda de las cuevas, en esos momentos solo le queda rezar para que no lo descubran, su cuerpo esta bajo mínimos y no podría correr muy lejos.

No sabía que esperarse, su cabeza imaginaba a seres inhumanos o una tribu como los filmes de terror de bajo presupuesto.

Salvajes vestidos con taparrabos con lanzas afiladas y ojos ensangrentados o tal vez gigantes de dos metros con cuatro ojos.

Lo que menos se imaginaba es que del interior de aquel lugar surgieran dos jóvenes. Chico y chica ataviados con camisetas y pantalones cortos, charlaban animadamente mientras se sonreían picaramente.

Ambos medirían poco más de 1,80 de estatura, no debían pasar por mucho de la veintena, tenían la pinta de auténticos modelos publicitarios.

La chica poseía un cuerpo perfectamente moldeado, una larga melena dorada y un rostro angelical de enormes ojos verdes, en no le iba a la zaga con otro cuerpo esterilizado, unos brazos y torso esculturales, pelo largo también dorado y una larga barba aunque bien cuidada, sus ojos azules resultaban penetrantes.

¿De verdad esos jóvenes podían ser los responsables que lo que había presenciado?

Esto resultaba de locos, tenían la pinta de los típicos surferos guapos de series adolescentes.

Lo malo es que estos surferos al parecer se dedicaban a matar alegremente y colgar las cabezas de sus victimas.

De todas formas vivían en el medio de la nada, ¿Cómo cojones presentaban un aspecto tan saludable?

Consiguió captar algunas de sus palabras y comprobó aumentando su incredulidad que hablaban un español perfecto.

Su mente no pudo divagar más cuando el sueño le llego apoyado en aquellas rocas, las pesadillas no cesaron.

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