La Revolución de Elena Saavedra Siles

En una noche oscura, un misterioso hombre recorría las calles más invisibles y sombrías de París. Acababa de terminar la revolución, era 1789,  un año que nadie olvidaría. El aire todavía olía a pólvora, sangre y muerte. ¿De verdad había acabado todo? Todas esas vidas perdidas… ¿En serio compensarían a un mejor futuro?  El hombre se tambaleaba cansado y angustiado por la batalla. Las risas de los niños no se oían en la calle. Sostenía sobre una mano una botella de ron, ya vacía, y en la otra, una daga. Sus ojos estaban inyectados en sangre; en su mente pasaban imágenes de muertos y en sus oídos aún resonaban sus gritos. ¡Por la República! Había gritado y defendido todo ello por su pueblo. El que fue un soldado noble… Sí había traicionado al rey. Estando a su lado sólo había dado la espalda a su familia, a sus amigos. Había traicionado al pueblo, a sus seres queridos y a él mismo al servicio del tirano. ¿Y ahora traicionar al tirano? Honor. Había entrado en el ejército por el honor. Quería ser un noble, rico y respetado por todos. No volverían a reírse de sus ropas remendadas y su poco dinero […]

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El Sastre de Elena Saavedra Siles

El Sastre Era un día de otoño cuando iba en mi moto a unos90 Km. / h por una carretera segundaria del oeste de Estados Unidos en Texas. Estaba conduciendo a casa de mi hermana, Dafne, cuando vi una sombra que huía hacia el bosque. Me llamó la atención así que paré la moto y la saqué de la carretera. La dejé al lado de un árbol cercano a la carretera y dirigí mi mirada hacia el suelo. Entonces vi restos de sangre que iban a parar a la cuneta de la carretera y en ella había una bolsa de basura. Olía putrefactamente y yo me acerqué a abrir la bolsa, entonces vi algo horrible. Vomité en el árbol y me horroricé al ver la cabeza sin ojos de un ser humano. No sabía si era hombre o mujer puesto que estaba completamente descompuesta y algo calcinada. Deprisa llamé a la policía, pero no había cobertura y entonces miré a mis espaldas.Una sombra me golpeó con algo y quedé inconsciente. Estaba almorzando cuando oí gritos. Mi presa, un hombre de unos 40 años aproximadamente seguía desangrándose. Lo que más me gustaba de la carne humana eran las tripas. He de […]

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