Dos microrrelatos de terror (de José Antonio Herrera).

Microrrelato «Unos pasos en la noche». El rayo iluminó el cielo, en medio de las negras nubes. El trueno rompió el silencio de la noche. La tormenta estalló y se inició el diluvio. Una sombra se reflejó en la pared de piedra de las escaleras del castillo; parecía estar ascendiendo por la curvada escalinata, hacia los aposentos del Lord. El sonido hueco de unos pasos acercándose al umbral de su estancia despertó a Lord Velton, y el terror se apoderó de él: sabía quién se acercaba… Y sabía lo que quería.   Microrrelato «Edward» (inspirado en la vida real de Edward Mordrake). Aún recuerdo el día que nació mi pequeño: Edward. La partera me miró con el terror reflejado en el rostro cuando me puso a mi pequeño en los brazos. Y entonces lo vi: Edward tenía algo extraño; tenía dos rostros. No podía creer lo que estaba viendo. Mi hijo había nacido con un segundo rostro en la nuca. Era un rostro de mujer. Ese segundo rostro podía gesticular, llorar e incluso gritar. Lloré por él pero, en contra de los consejos de todos, me negué a sacrificarlo. Era mi hijo y yo iba a criarlo. El pobre Edward […]

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Bang! por Pamela Díaz

Llevo caminando durante varios minutos desde que salí de casa y en ningún momento me he sentido nerviosa. Hasta ahora. Me detengo de golpe cuando lo veo fuera del local, con la espalda apoyada contra la puerta y fumando un cigarrillo. Aprieto las manos en dos puños rígidos y, sin más vacilaciones, voy directa hacia él. —Dime dónde está —exijo saber, firme, pero lo único que obtengo a modo de respuesta es una densa nube de humo en mi rostro—. Dime dónde se encuentra —insisto. —Será mejor que te largues de aquí, muchacha —responde en tono gélido, como si no me conociera; como si hace menos de un año no hubiera estado follándome casi todos los días de la semana. —Eso lo decidiré yo. —Matt te ha dejado en paz. ¿No es eso lo que querías? Ahora, si no quieres meterte en problemas, vete muy lejos y rehace tu vida. Ya es muy tarde para eso. A estas alturas es imposible empezar de cero, pues he estado inmersa en la oscuridad más absoluta durante muchos años. Y para colmo he vuelvo a revivir mi permanente e insoportable pesadilla en los últimos cinco meses. Aunque nadie pueda percatarse, tengo demasiadas cicatrices invisibles tatuadas […]

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Y como una idiota… vuelvo a ti por Pamela Díaz

Al segundo de despertar la mayoría de las personas van al baño a hacer sus necesidades; algunos ni se molestan en encender la luz, mientras que otros prefieren tomar un baño caliente para relajar el cuerpo. Sin embargo, como yo no soy normal, lo primero que hago —porque lo necesito—, es coger mi reloj de pulsera, ponérmelo a toda prisa y colocarlo junto a mi oreja. La tensión en mis hombros disminuye al escuchar el inconfundible sonido de las agujas del reloj. Me calma oír el constante tictac. Un sonido que hace que recuerde que he superado otro día y que tal vez, solo tal vez, pueda superar otro más. Me ducho, luego me visto con lo primero que pillo y recojo mi melena en una cola de caballo. Sin perder tiempo mirándome en el espejo agarro el rotulador rojo que yace encima de la cómoda y, a continuación, voy hasta la pared donde el calendario está colgado. Tacho la casilla con el número treinta de noviembre y, mentalmente, me doy ánimos para terminar la jornada y empezar el nuevo mes con buen pie. No desayuno en casa, ya que tengo más posibilidades de caer en la tentación si permanezco encerrada entre estas cuatro paredes. Salgo a la calle y enseguida aprecio […]

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A correr con caballos

Por Alejandría Había una vez un pueblo al que todavía no había llegado ningún automóvil; sin embargo la fiebre de la compra de coches ya había comenzado a expandirse por todo el país… ¡Y cómo no! ¿A quién no le gustaba la idea de motorizarse y, por tanto, poder desplazarse más rápido que en carro de caballos o a pie? Este era un hecho muy goloso (naturalmente), pero en aquel lugar nadie parecía haberse animado tanto, hasta el momento, como para desembolsar la cantidad de dinero que costaba un vehículo «de esos que anuncian por ahí y que aparecen en los periódicos», como decían muchas personas. A pesar de ello todo el mundo sabía que el día en que vieran un coche paseando por la zona y haciendo ruido no tardaría mucho en llegar. Un día uno de los hombres más ricos del lugar trajo un automóvil desde la capital; y en el pueblo comenzaron a agolparse a la puerta de los bares y tiendas y bajo la sombra de los lato árboles cercanos para comprobar que aquel «trasto» funcionaba tal y como se comentaba. ¿Y si aquel apartado rincón de provincias se convertía en una ciudad? -¡Vaya cómo luce! […]

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Una pequeña pero dulce historia de amor por Elena Siles y Eduardo Yoly

Una pequeña pero dulce historia de amor Ella estaba esperando otra vez la luz, en esa esquina que tantos recuerdos le traía. No entendía bien que hacia ahí, pero sabía que algo necesitaba que suceda. Pasaban las horas, el mismo frio de siempre y esa briza que le producía escalofríos. Él la esperaba sentado en un banco, después de tanto tiempo por fin se conocerían en persona. Hasta ese momento, sólo la conocía a través de los mensajes y las descripciones de sus amigos. Pero nada más verla superó todas sus expectativas. Sus piernas temblaban, no sabía que pensar. El momento había llegado. Ella se acercó y con voz muy tímida le dijo “hola”. Él se levantó y la observó a los ojos como los que miran por primera vez al mar. Quedó ese instante congelado, mirándose entre ellos. Ella tenía el pelo negro azabache y los ojos azules como el cielo. Su melena negra y lisa le llegaba hasta los pechos. Su piel era blanca y tersa, pero muy delicada. Ella era delgada y bajita, pero tenía pechos grandes comparados con su constitución. Él era apenas más alto que ella, ojos marrones y una sonrisa como de los que […]

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Chiquilla inocente por Vería Venus

He visto algo que no debía y no puedo hacer nada, tan sólo escribir esto. Si te sientes identificada, por favor, llama al 016 o pide ayuda, no estás sola. Muchacha, ¿no lo ves? Eres un juguete, un objeto, un hola y adiós. Eres un beso vacío, una lágrima sin fondo, un aparato reproductor. Eres y no eres su pareja. Dices que el te quiere, que ha cambiado, que no nos preocupamos pero, muchacha, yo lo he visto. He visto como te cogía del brazo, como te decía esas palabras sin un tupido velo, como tu amiga exclamaba que hoy ya te llevabas la paliza. Inocente, ¿no ves que te han quitado la inocencia? Has perdido el mejor tiempo de tu vida, lo has arruinado por estar con gente como él. Eres algo que se comparte como si fuera el vídeo juego que cuando ya se lo pasan te dejan tirado. No sé sobre ese tema, pero seguro que de ti se han aprovechado hasta niveles que no quiero ni imaginar. Todo porque no te quieres, todo porque te dejas que te lo hagan… Chiquilla, ¿por qué no te quieres? Todo hombre en su sano juicio enredaría sus dedos entre […]

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No me odies por Vería Venus

No me odies por no amarte, no me odies por no desearte. No me odies por no querer tenerte, no me odies por no querer besarte. Lo siento, pero esas mariposas que hacían piruetas en mi estómago han sufrido todas golpes mortales por tantos saltos. No siento esa felicidad propia, no me llena ya estar en tu boca. Pero es que… antes nuestras manos estaban vacías y las llenábamos y ahora que están llenas las vaciamos, ¿no lo ves? Esta relación está muerta, está sepultada. Querrás revivirla, amor, querrás que mis te quieros vuelvan a ser sinceros pero no eres Jesucristo y yo menos. Se podría decir que se nos agotó el amor de tanto usarlo como en la canción, que amar tanto ha hecho que dure poco, que ha sido como un fuego fugaz: fue bonito mientras duró. Se puede decir miles de cosas, millones pero nunca se puede decir que esta relación está viva y coleando. Se nos acabó los te quieros, las conversaciones y los besos. Las promesas de una relación eterna se las llevó el aire. Los besos que me quieres dar se quedarán con las ganas. Tus abrazos ya no abrazarán mi cuerpo, sino mi […]

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El niño que no podía reír

Mi nuevo relato para niños: Esta es la historia de Jaime Mínguez el niño que no podía reír. Jaime siempre estaba muy triste porque pensaba que jamás podría reírse. Cuando veía a todos sus amigos o familiares pasándoselo bomba a causa de la gracia de algún chiste él se quedaba pensativo en un rincón y diciéndose para sí mismo «¿por qué no yo puedo reírme? Todos los hacen pero yo no puedo. ¿Podré reírme algún día?» Cuando tenía unos diez años y cansado de que nadie pudiera darle una solución para su problema se decidió a preguntarle a su familia –yo no me acuerdo: ¿me reí alguna vez? Le preguntó a su madre un día muy disgustado. -No hijo. Al menos tu padre y yo nunca te hemos visto. Así que Jaime se fue tan triste y desconsolado como había venido. Sus profesores lo vieron tan triste que les dijeron a sus padres que conocían a un cómico tan cómico, tan cómico que podía hacer reír a la persona más sosa y apagada del planeta. La familia de Jaime muy preocupada por la extraña apatía del niño le pidieron consejo al cómico, y éste les dijo: «quédense tranquilos; porque yo […]

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Los Rayos Opuestos, por Alma Escritora

Había una vez un rayo de luna. Su plateada forma revelaba que había brillado tantas noches como le correspondía y, aunque su intensidad variara, nunca se había rendido ante la oscuridad. Tocaba ya a su fin su última noche y era ésta en verdad hermosa. El cielo despejado estaba cuajado de estrellas que impacientes esperaban la llegada de su hermano estelar, mientras este pacientemente observaba con nostalgia y cariño el lugar que había ocupado durante su vida y  repasaba cautelosamente el mundo que dejaba atrás. La hora de partir se aproximaba, y ello se reflejaba en el horizonte, que tímidamente comenzaba a clarear. Pensaba que, pese a todo lo que había observado a lo largo de su vida, verdaderamente se trataba de un mundo hermoso. Había contemplado en él seres de toda clase y condición, existencias que aunque presentaran diversas formas no recorrían un camino distinto del suyo, y de esta forma siempre había visto a aquellos seres como compañeros de viaje, con los que a veces conversaba. Eran otros rayos de luna, unos fugaces, otros radiantes, casi cegadores. Algunos habían reparado en su presencia e incluso habían llegado a forjar lazos entre ellos, otros, simplemente pasaban de largo sin […]

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El Mejor Traje, por Alma Escritora

Se levantó con el sonido del despertador, como cada mañana, antes de que el propio sol hubiera amanecido. Las calles aún estaban entumecidas por la lluvia de la noche y la quietud se veía cruzada por el quejido de las rejas de los comercios, del descorrer de cerrojos y del alzar de persianas. Pero sus ojos se resistían a abrirse a todo eso y, entrecerrados como estaban, apenas sí le permitían vislumbrar el camino hasta el cuarto de baño. Desayunó con calma, acompañando el masticar de sus tostadas con el tic tac del reloj. Retrasaba lo inevitable, pues en algún momento llegaría el momento en el que tendría que vestirse. Apuró hasta el último instante antes de dirigirse a su ropero, contemplando el interior como si se tratara de un complicado acertijo. El día al que debía enfrentarse era especialmente complicado, no podía llevar cualquier cosa. Su jefe ya llevaba un tiempo  presionando a su plantilla para que aumentara la producción, como si gritando se trabajara más deprisa. Raro era el día que no se llevaba una reprimenda y salía de mal humor de trabajar, deseando llegar a casa lo antes posible. Pero ese día no iba a poder hacerlo, […]

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