Peste Negra por R.J Frometa

¡Oh tierra maldita! La peste negra ha regresado y con ella arrasa todos los que se cruzan por su camino, que desgraciadamente son todos los habitantes de la República Dominicana. Todos sufren, mueren y el dolor es tal, que muchos terminan quitándose la vida mucho antes que la epidemia los atrape; para morir con dignidad. Pero esperen un segundo. ¿Qué es esto? Los políticos y los magnates, ricos del país que se alimentan con la miseria del pobre, mayoría de la isla, se están escondiendo de la muerte tras sus vagas seguridades. Estos murieron de tantas maneras más horribles que sus subordinaros. Porque los monstruos terminan yéndose monstruosamente. —Presidente, ¡Presidente! —    ¿Qué desea mi estimado vice-presidente? —Se ha enterado de lo que ha pasado afuera. ¡No hay ni un ser vivo! ¡Todos los ciudadanos han muerto! —No se preocupe. Los más importantes yacen aquí. Con los dispositivos internacionales y más tecnológicos, al mismo tiempo que todas las medicinas y demás se encuentra en el palacio. La mano derecha del jefe en comando se fue; pero no tan lejos, pues la habitación aunque grande, estaba abarrotada de una enorme mesa de caoba, que anteriormente funcionaba como un gabinete donde se reunían […]

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Una Vida Abortada por R.J Frometa

Me estoy empezando a desarrollar. Sumergido en éste mundo extraño, me formo para ser algo que desconozco. Espero ser algo precioso. Oigo un extraño sonido, que según alguien se llaman lágrimas. Pertenecen a alguien, que dice llamarse Mujer. Alguien habla muy alto, supuestamente allá afuera le dicen gritar. La persona que hace esto, responde bajo el nombre de Hombre. Supuestamente están «discutiendo» sobre la vida que la Mujer lleva dentro. ¿Me pregunto quien será? Afuera, hay otro lugar llamado Tierra. ¡Debe ser muy precioso! Ya me lo imagino lo grandioso que será los habitantes. Han pasado un tiempo ya, la Mujer no ha parado de llorar —supe que se llamaba así, lo que ella estaba haciendo— todo este tiempo. Clama una y otra vez el por qué tuvo que pasarle el desastre. Entonces escuchó otras voces insistiéndole que debe eliminar a la persona que lleva dentro de sí. ¡Pobre individuo, quien sea que esté dentro de ella! Los días transcurren y la Mujer, que he escuchado es algo «joven», decide llevar acabo un supuesto aborto. ¡No sé que será eso, pero por las lágrimas que tan falsamente parecen brotar; no debe ser nada malo! Voces se oyen. He desarrollado algo […]

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El Sabio en la Creación por R.J. Frometa

—Y a todo lo verde que está a tu alrededor le llamaras «Hierba». A estas otras especies pondrás y los catalogarás bajo el nombre de «animales», porque les animará hacer muchas cosas. Adán no podía caber en su asombro. Parado desnudo junto al extraño sabio, vestido con ropas de hermosos colores. Ambos se hallaban de pie en una ladera. —Sabio, ¿Cómo llamaré a este animal? —Perro. De la especie canina. Todos los que se parezcan a él, pertenecerán a esa clase de familia. — ¿Qué me dices de…? De repente, el primer hombre en la tierra cayó en el suelo, y entró en un sueño profundo. El extraño se asustó y empezó a mirar nerviosamente a su alrededor. —Oigan, ¿Qué ha pasado? —En ese mismo momento, el costado del caído empezó a abrirse— ¿Qué rayos? —Una costilla empezó a salirle del cuerpo. El despierto se desmayó. Al recobrar la conciencia, dos personas le miraban curiosamente. — ¿Qué? ¿Qué ha pasado? —Te dormiste. ¿Estás mejor? —Sí, eso creo. —Le presentó a mi compañera, dada por el creador. Carne de mi carne… — ¿Carne de tu…? —echó una mirada al costado del muchacho. Estaba cerrado— ella salió de ahí. —Así es —contestó […]

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Papel de celofán

  Dame, musa esquiva, un cuento para mi niña; dame un cuento precioso para darle la bienvenida. Que mi pluma no tiemble cuando lo escriba, que las lágrimas no resbalen y emborronen la tinta. Porque me han dicho que mi niña es especial, y por eso, aún más quiero, contarle un cuento singular. Que sea el cuento que ella se merece, con los colores del arco iris y del día cuando amanece. Porque, para mí, ha de ser ella la más bella, cual si fuera princesa o sirena. Para mí, ha de ser ella la más dichosa; la heroína sin par, valiente y generosa. Para mí, ha de ser ella la luz de mis ojos, en esta oscuridad de deseos rotos. Por eso no quiero un cuento cualquiera: quiero el amor maternal, envuelto, para ella, en papel de celofán, con un hermoso lazo rojo del que mi niña pueda tirar para abrir un regalo que pueda guardar toda la vida… y un poco más.

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Nuestra Burbuja de Linda Patiño

Quería esconderme bajo la firme esperanza de que el tiempo acallara nuestro alineamiento. Quisiera que quisiera fuera un quiero y que la imagen de ti no se evapore de mis ojos, ni esta noche ni las que vendrán. Discutes contigo mismo… Siento que voy directamente bajo tu anhelo; a caerme en un abismo de lo que no fue, de lo que no es, y al parecer, aún no será. Los pedazos de esta tierra no se ven. El mar nos confunde, llevándonos con la corriente y alejándonos… Y ¿qué sucede si nadamos juntos; si construimos una burbuja de amor que nos saque de este mar de intrigas? Agua y sed… no. Es diferente… ¿Es pecado querer estar con quien se quiere? La máxima tortura de la culpabilidad se diluye tan sólo con aspirar un poco más allá; tan sólo, con husmear en nuestros sentimientos. La línea divisoria entre lo debido y lo querido se ha tornado en una cuerda loca que sujeta nuestros brazos al rodearnos. ¡Qué es esta sensación! ¿Cómo tu pócima hace tanto efecto? cada dosis que nos nace compartir hace que la inyección de cariño penetre, atolondrando, el cerebro, mientras que reímos con ese peculiar sentido sarcástico […]

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Notas

La rutina, como nuestro espacio personal y pecera inmersa en el mar que tenemos tan asumida, puede resultar ser una fuente inesperada de sorpresa para bien o para mal, cuando al cruzarse con la de otra persona queda súbitamente deshilada, dejando ver esas aceras y vías férreas que la tejen. Quizás para dejar constancia del ruido que hace el engranaje de mi mente preso en mi cabeza, a modo de registro de los sucesos y singularidades que en ella ocurren, como un sismógrafo, plasmo en papel ese eco. Porque existe. Vibrante. Solo anotaciones concebidas para su aborto casi inmediato. Para tantear la antesala a la vida. Concepciones sin madre, y con un padre roto. No soy más que lo que ves, lo que ves mas mis entrañas por supuesto, que cubiertas bajo esta lona palpitan y reptan. Se enfrían y hierven, se ahuecan y llenan de plomo, hundiéndose en mí, condensadas en un segundo ombligo bajo el plexo, aún unido a las angustias de mi madre y al mal genio paterno, con el crujir de este parqué antiguo y el insoportable quejido de las bisagras. No hay silencio en la casa ni pausa en la escalera, porque ya tengo que […]

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Barcelona de Elena Siles

En la noche de Barcelona las calles se inundan de sombras de aquellos que un día fueron nuestros hombres. Las cenizas son lo único que queda del recuerdo de la fuerza de esta ciudad. Las serpientes y las ratas  nos inundan la ciudad junto a los cerdos y orangutanes, más que personas son animales. Demonios con rostro inmaculado gobiernan nuestras ciudades, la labia del demagogo conduce a los pobres corderos; que ingenuos, caminando hacia la boca del loco. El hábil zorro nos muestra una agradable sonrisa y acudimos como polillas a la luz. Sin ser conscientes de nuestro engaño si quiera. Cando por fin nos damos cuenta no hacemos absolutamente nada porque somos demasiado cobardes como para luchar por aquello que realmente nos importó en un tiempo atrás. Ese es el espíritu tan valiente que posee esta nación. Intentamos gritar nuestros derechos, pero los peces gordos se hacen los sordos y nuestra voz sin ninguna intención se queda en el aire y se deja al olvido. No podemos ir como si todo lo que sucede se fuera arreglar por arte de magia. Los cuentos de fantasía hace tiempo que terminaron, por mucho que intentes no ver la realidad va  aseguir […]

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Tragada por la tierra de Elena Siles

Ya no duelen estas heridas sobre mi cuerpo. Ya no me afectan tus palabras en mi mente Cuando mi sangre corra como un rió sobre estos recuerdos los borrará dejando sólo el rastro rojo de su paso. Borrará tu sarcástica sonrisa de tu rostro y te hará ver el mío. ¿Ves el lila de mi piel? ¿Crees que voy a seguir llorando y temiéndote como si yo fuera una delicada flor a la que pisoteas porque es la única manera de sentirte hombre? No más. Nunca más sufriré en soledad. No más lágrimas por algo que jamás lo mereció. Ya no duelen tus golpes e insultos. Ya no duelen estas heridas sobre mi cuerpo. Ya no me pesan mis desencajados y rotos huesos. Ya no más lágrimas sobre mi rostro. Salí libre el día que pude salir de este infierno y lo hice sola, como también me enfrenté a ti, supe que valía mucho más y también sola tuve que enterrarme. Me llamo Monique, mi madre me llamaba Moni, tenía 28 años cuando me amordazaron, violaron, golpearon y me asesinaron, y quedé olvidada bajo la tierra. Maldito sea el día en el que olvidaron mi nombre, sólo así confirmaron que […]

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Migajas de Pan de Elena Siles

Mario un chico de unos 14 años corría por las calles de Madrid, España; para evitar que la “benemérita” le aprehendiera. De Mario dependía el sustento de víveres para toda su familia que estaba compuesta por su madre y su hermana mayor, Mercedes; los demás miembros habían muerto de hambre o por la bebida, a esto último es referido a su padre aunque él nunca lo había considerado así.  Su madre era costurera y con lo poco que ganaba podían mantener la casa y pagar las facturas mínimas para que no le embargaran la casa, pero no tenían ni para ropa ni para comer; y Mario desde los 10 años, desde se murió su padre, se encomendaba la misión de conseguir comida para su familia, su hermana mayor con lo que podía conseguir como prostituta conseguía el dinero para ropa. Pero siempre faltaba comida, ya que Mercedes no conseguía apenas dinero. Mario sabía que algún día su hermana moriría de tuberculosis o asesinada por alguno de sus clientes. Últimamente había estado buscando trabajo en las fábricas para dejar de robar, claro que es complicado conseguir trabajo cuando un dictador gobernaba el país a base de mano férrea. Mario consiguió definitivamente […]

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Ojos que no ven de Elena Siles

En  la calle San Juan se había producido un peligroso incendio. Los bomberos habían podido rescatar a todas las personas, supuestamente, del edificio en llamas. Se derrumbó parte del edificio dejándolo totalmente inaccesible desde fuera y dejando la puerta bloqueada a excepción de un hueco muy pequeño.  Entonces se escuchó un grito era mi hermana -¡Mi hermana pequeña aún está  en el edificio!-grité y me llevé las manos hacia la cabeza. Corrí hasta un bombero y le miré seria con mis ojos azules-¡Hagan algo!- grité desesperada al ver la vida de mi hermana en peligro- ¡Mi hermana está atrapada ahí adentro! ¡Tienen que salvarla! -Tranquilícese joven- me respondió el bombero- Yo también quiero salvarla, pero ninguno de mis hombres puede introducirse por ese hueco. Además cuando rompamos el cristal el fuego saldrá y les quemará. -¡Yo lo haré!- dije decidida, el bombero intentó detenerme, pero de nada le sirvió; yo estaba decidida a intentar salvar a mi hermana. Cogí carrerilla y salté hacia el cristal, rompiéndolo con mi cuerpo y entrando en el edificio; pero tal y como había dicho el bombero, el fuego saltó a mi cara y me quemó los ojos. Sentía todo un dolor impresionante, pero a […]

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