Cambios de paradigma por Ana Gutiérrez Expósito

Hay algunos que dicen que todo lo que quieres no se puede conseguir porque siempre hay que decantarse por algo. Siempre hay que decidir. ¿Y si te dijera que no decido, sino que simplemente lo hago? ¿Y si tienes la opción de crear tu vida en función de lo que pienses? ¿Y si te digo que las ideas no eran casualidad. Que estaban en ti por algo? Y si te digo que nos vamos. O más bien, que me voy. Y si te digo que nunca es tarde para cambiar de rumbo. ¿Y si te digo que me doy la vuelta pero que no me retracto, que cruzo y que todo lo que conozco queda al otro lado del charco? ¿Y si te digo que todo no al mismo tiempo y sì, quizá, a lo largo? ¿Y si te dijera que lo intento, gano y fracaso? ¿Y si te dijera que los ojos hablan de lo que calla el silencio amargo?…

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Una segunda oportunidad por J.E.M. Celeste

“Un sueño solo puede triunfar sobre la realidad si se le da la oportunidad.” Stanislaw Lem, escritor polaco. El sonido chirriante de la puerta apagó toda la algarabía que los inquilinos del lugar emitían. Un hombre de unos treinta y cinco años de edad que vestía con unos trekkings, pantalones de montaña gris oscuros y una camiseta azul con el logotipo del refugio, entró cogiendo con su mano derecha una correa que un agitado perro, blanco como la nieve, mordía como queriendo jugar con ella. Lucas llevaba cinco años como voluntario en la perrera y sabía perfectamente el lamentable estado en el que llegaban. La heridas físicas sanan con el tiempo, pero las psicológicas son las más costosas de curar, pues para alcanzarlas tienes que ser capaz de penetrar en el corazón lacerante del enfermo. El paciente carácter del joven permitían con el tiempo llegar hasta ese organo dañado y rescatar lo que quedase de él. Al percibir el miedo del cachorro, se agachó poniéndose a su altura y con un suave susurro lo intentó calmar. —Tranquilo, compi. Yo sé que eres un buen chico, pronto encontrarás a alguien que también lo sepa ver —dijo mientras acariciaba su cabeza—, pero […]

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Un amor para recordar por J.E.M Celeste

Coloqué su taza de chocolate caliente sobre la mesa. Mis ojos se posaron sobre ella, no podía dejar de observarla, la volvía a tener a mi lado. Su mirada, aún perdida, se posó sobre la mía. «Aún no me ama», pensé para mis adentros. Pero lleno de un optimismo que había vuelto a asentarse en mi ser, me dije: «si una vez conseguí conquistar su corazón, ¿Por qué no podría volver a hacerlo?». Me senté frente a ella. Le di un pequeño sorbo al humeante chocolate recién hecho; su olor, su sabor me trasportaban a través del tiempo. Siempre al mismo momento. Al día en que todo mi mundo se esfumó por completo para dar paso al suyo. —¿Quieres que te cuente una historia? —le pregunté. Sus inocentes ojos se posaron en mi. Expectantes. «Es como una niña», pensé. Mientras asía su taza con una mano y con la otra acariciaba la cabeza de Vida, nuestra atolondrada perra, afirmó animosa con su cabeza. Suspiré «¿me siento preparado?», dudé, por un momento, de lo que iba a hacer. Pero no era un relato doloroso o triste, sino que fue la historia que cambió por completo mi vida, sin duda y aunque […]

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Nostalgia por J.E.M. Celeste

La ciudad se había despertado presidida por la radiante luz del sol. El cantar de los pájaros sobre las ramas de los arboles hacía las veces de despertador para los más madrugadores. Todo en aquel día parecía perfecto. Había soñado demasiadas veces con él, todo estaba planeado hasta el último detalle en mi mente. Todo menos un extraño sentimiento que crecía silenciosamente en mí interior. No había pegado ojo en toda la noche debido a la presencia del imponente traje que acechaba frente a mi cama. Ese vestido era como la tentadora portada de un buen libro: su belleza exterior era admirable a simple vista, pero todas las experiencias y aprendizajes que aguardaban en su interior eran mil veces mejor que su fachada. Tardé hora y media en desayunar, peinarme con la ayuda de mi madre y de la importuna histeria de mi hermana pequeña y, finalmente, vestirme. «Estoy lista», pensé al mirarme al espejo de pie que había en el dormitorio de mis padres. Me sentía preparada, o eso creía. —¿Mamá, dónde están los zapatos? —dije mientras miraba mis pies cubiertos con unas zapatillas hechas de toalla rosas. Por un segundo me imaginé saliendo así de casa, media sonrisa […]

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Las campanadas por Mar Ball

Las campanadas por Mar Ball Sonaron las campanas durante horas. Me pregunté quién era el muerto. Por quién doblaban las campanas de esa forma. No debía ser un pobre diablo porque llevaban demasiado tiempo sonando,y ya me resultaba insoportable. Harto de escuchar ese sonido monótono y constante, bajé a la calle para saber quién era ese muerto tan importante. Algunos paseantes ni me miraron cuando yo les pregunté por el muerto. No me importó, tan solo quería saber por qué persona teníamos que estar soportando ese ruido espantoso. Cada vez se volvía más intenso, se te metía en la cabeza y tenías la sensación de que en cualquier momento te iba a reventar. A veces, mientras avanzaba en mi búsqueda, tuve que pararme y sujetarla entre mis manos, me explotaba la cabeza. Mis pensamientos se volvían furia, ira, no lograba entender por qué imbécil sonaban las campanas de aquella manera. Estaba muerto pero lo odiaba. Pensaba que si lo tuviera delante lo mataría pero ni eso podría hacer. Ya estaba muerto. Intenté avanzar por las calles para llegar a la iglesia y que dejasen de tocar, de una vez, esa maldita música infernal, pero avanzaba muy lentamente. La gente, el tráfico, […]

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La pesadilla por Mar Ball

No puedo dormir. Lo intento pero no puedo. Odio ese momento, el momento del descanso lo llaman y yo no puedo dormir. La noche se vuelve eterna, inacabable, insoportable. Los minutos se quedan colgados en el reloj, y por más que lo miro sus agujas no se inmutan, entonces voy a todas las habitaciones de la casa donde hay uno, pero el tiempo se ha parado, zarandeo el reloj, pego la oreja en él para ver si funciona, tic-tac, tic-tac. No es el tiempo lo que se ha parado. El cansancio, a veces, creo que es mi aliado y cierro los ojos por puro agotamiento y entonces es peor. La pesadilla se repite una y otra vez, y me despierto sudando y temblando, intento buscar algo que me haga saber que estoy en casa, en mi casa, pero los nervios me traicionan durante unos minutos hasta que consigo calmar mi respiración y mi entorno se vuelve amable. No quiero dormir. Me da miedo sentirme atrapada en un sueño que me destruye, que me hace sentir tan pequeña, tan débil y no tengo fuerzas para luchar, me quedo paralizada como si mi cuerpo fuera de plomo, como si toda la culpa […]

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Querida Ana por Adelina G.N

Ana no quería alardear en aquella ocasión de la vida pudiente que llevaba con su recién estrenado marido… Víctor descansaba en aquel ataúd que la compañía funeraria le había adjudicado, un simple féretro sin ninguna señal de poderío del cual podía presumir cuando lamentablemente le llegó su final. Era penoso ver a la viuda llorar desconsolada mientras los familiares acudían a darle el último adiós al difunto. Frotándose las manos y no por el frío, lamentablemente. Ana sabía que el hambre de dinero era lo único que les acercaba al bueno de Víctor, que siempre había sido muy bondadoso con los más necesitados, pero desde que decidieron vivir juntos las cosas habían cambiado. Aquello era lo que mis primos me contaron cuando sus quejas por Ana me llegaban con aquellas llamadas telefónicas que no tenían fin. Bueno me presentaré, soy Eric el hermano del fallecido, digamos el apestado, la oveja negra de la familia, pero que gracias a la herencia de nuestros padres, no me había hecho falta reunirme con él asiduamente. Yo vivía mi vida y Víctor hacía de igual modo con la suya. Aunque nos llevábamos bien, él por su parte y yo por la mía. En esta […]

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Pequeña asesina por Adelina G.N

En un paraje verde lleno de vida después de las lluvias, estaba Mercé, paseaba con su cesta colgada del brazo, recogiendo aquellas setas que nacían escondidas. Anduvo unos metros encontrando algo que no tenía explicación. Una gran llanura se abría delante de ella pero, en el centro un gran socavón deslucía el paisaje, escuchaba un silbido extraño y aquel ambiente frío no era el de siempre. Aún con el sol fuera sus manos y su rostro se helaban por momentos. Sé acerco recelosa a la circunferencia que humeaba una niebla grisácea, preguntándose en todo momento ¿qué diablos era aquello? Al momento se dio cuenta de que aquel humo era una especie de gas que le irritaba los ojos. Asustada se retiró de allí y sentada debajo de un árbol, seguía preguntándose. Volvió a escuchar aquel sonido, nunca antes había oído algo similar, estaba clavado en sus sienes, quería que cesase pero, persistía. Sujetándose la cabeza con las dos manos y tapando sus oídos a la vez, Mercé se acurrucó en el suelo, viendo uno de aquellos hongos justo delante de su nariz. Algo le pedía que cambiase de postura y destapando sus orejas recogiese, aunque distinto, uno de aquellos boletus […]

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Creador de sonrisas por Adelina G.N

Piero era sin duda un artista, toda su vida había estado rodeado de arte, sus máscaras lucían hermosas en el carnaval, eran obras maestras, inconfundible, su sello de identidad que estaba representado por la amplia sonrisa que dibujaba en cada una de ellas y en cualquier acontecimiento que requiriese ocultar el rostro de quien la llevase. Aquella mañana terminando un encargo que tenía, pensaba en su pronta jubilación, sus ojos se entristecen, habían sido tantos años trabajando en aquello que le hacía feliz que no imaginaba su vida sin aquella tarea, que también hacía feliz a tantas otras personas. Sus máscaras sonrientes ocultaban de un modo u otro, todas las penas y adversidades, momentos trágicos y a veces amoríos infieles, pero siempre con una gran sonrisa. La noche se acercaba a Piero aún le quedaba mucho trabajo, su descuido no había sido otro que aquel pensamiento triste que tuvo durante el día, demasiada tristeza tenía, que ahora, observando su encargo sentado en aquel taburete, con una de sus obras en la mano, veía como todas llevaban una mueca de tristeza… Y comenzó a tener una conversación con él mismo… Todo en la vida tiene un principio y un final, una […]

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Terroríficamente erótico por Adelina G.N

La historia que os contaré ha sobrevivido a mi locura, una demencia que adquirí aquella noche en la que el pánico reventó mis arterias, debido al miedo que mi sangre contenía a consecuencia de los hechos allí ocurridos… Todo comenzó alrededor de las once de la noche, cuando conseguimos apartarnos del grupo con el que habíamos ido a visitar el Palacio de la Sangre, una excursión que contaba con la visita, cena y pernoctar donde tantos asesinatos habían dado nombre al lugar citado… La gentileza de la entidad bancaria, al ingresar una gran suma de dinero, no agradaba demasiado a la mayoría de parejas que reunidas entorno a aquella mesa de estilo medieval, poco a poco iba levantándose y subiendo a sus habitaciones para pasar una pre noche de bodas. Eso mismo hicimos nosotros, Felipe improvisando un ligero dolor de cabeza me pedía que abandonaramos tan apático comedor y en el que la cena fue lo único apetecible que sirvieron. De camino a la habitación, mi novio no dejaba de manosearme el trasero, el vino sangre de toro que nos sirvieron nos había chispado un poco, estaba segura de que ninguno de los dos aguantaría, que perderíamos los papeles allí […]

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