El Espejo cap final y epílogo por Ricardo Zamorano

Estuvo bastante tiempo ahí tirado. Incluso se durmió durante unos minutos, hasta que el frío de la noche lo despertó. Nada más abrir los ojos, recordó lo sucedido en la casa de aquel hombre y se preguntó porqué se había asustado tanto. ¿Tal vez había sido por la situación en general? ¿Por aquellos esqueletos clavados en palos? ¿Por aquel mensaje escrito en la nevera mediante arañazos de un bolígrafo? ¿Por el hecho de ver por primera vez a una persona colgada de una cuerda? Todo ello tenía que ver, en parte, de eso estaba seguro, pero lo que de verdad le había hecho gritar y salir corriendo de allí era el haber comprendido que esa persona se había quitado a sí misma la vida. El hombre echó a andar hacia ninguna parte, perdido en sus pensamientos. Durante los últimos dos años, había visto muchos cadáveres, muchas personas muertas, ¿pero cuántas de ellas habían muerto y cuántas se habían matado a sí mismas? Para él, todas esas personas habían muerto por la enfermedad. Pero el hombre de la casa de los espantahombres no. Ese hombre se había rodeado el cuello con el extremo de una cuerda, había atado el otro a […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 15 por Ricardo Zamorano

Ayna dejó de ser Ayna en el preciso instante en que vio la fuente de aquella explosión. El antiguo niño abandonó al fin al nuevo niño, al prematuro hombre, rompiendo así ese fino hilo que le unía con su familia y su nombre. La constante que mantenía su pasado vivo acababa de morir. La carretilla había quedado inservible. La rueda no había podido soportar la alta temperatura del infierno que despedía el pavimento y la había desgarrado. Había estallado liberando la presión del aire de un modo repentino, produciendo aquel estallido que alarmó al hombre de once años. De pronto, el llanto cesó, y por un momento, el niño que ya no era un niño se preguntó por qué lloraba. Segundos después lo recordó, y casi que le pareció ridículo. Se puso en pie. Alzó El Espejo frente a él. —¿Y ahora qué? Hay mucha comida. —Alguien con un oído muy agudo habría detectado aún un pequeño temblor en la voz; aunque el hombre no era consciente de ello—. No podemos dejarla aquí. Pero al mirar a los ojos de El Espejo, sus ojos, esos oscuros soles tristes pero inteligentes, la realidad le golpeó como una fuerte ráfaga de viento. […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 14 por Ricardo Zamorano

La noción del tiempo era algo que después de dos años en un mundo paralizado y en compañía de un espejo, Ayna había perdido casi por completo. No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba caminando; sin embargo, sí sabía que no era mucho, y ya se había visto obligado a detenerse cuatro veces. Había logrado acumular suficiente comida, más de la que le hubiera entrado en la cesta de la carretilla formando una montón que consiguiera mantenerse en equilibrio, por eso, una vez hubo comprobado aquello, llegó a la conclusión de que era absurdo regresar a la iglesia cada vez que la carretilla se llenaba tras buscar y buscar en las casas y en las escasas tiendas y supermercados. Estos lugares apenas tenían algo que valiera la pena. En una ocasión pensó en cambiar la carretilla por un carrito, como el que tenían quienes le intentaron convertir en comida, pero precisamente recordar a estas dos personas fue lo que le hizo cambiar de idea. Aunque también era por algo mucho más profundo: había cogido cariño a la carretilla. De algún modo, le ligaba a sus padres, a su vida anterior, y no sentía la necesidad de desprenderse de ella. La […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 13 por Ricardo Zamorano

Ayna caminaba en busca de comida bajo aquel cielo enfermizo y amarillo. Habían pasado cuatro semanas, cuatro semanas en las que se había dedicado —naturalmente— a sobrevivir evitando morir de hambre o sed. Cuando se despertó al día siguiente tras haberse quedado dormido sobre el banco de la iglesia, decidió establecer un plan. La luz que entraba por los ventanales de la iglesia no ofrecía mucha visibilidad, ya que si a los colores de las vidrieras se les sumaba la mugre de estas, la iluminación se reducía a una pobre luz grisácea. De modo que Ayna abrió una de las puertas con cautela, observando el exterior, y se situó en el umbral conforme extraía el mapa de la mochila. Haciendo un esfuerzo inmenso, pues no entendía muy bien los mapas, identificó el templo. Una pequeña cruz rodeada de una maraña de líneas y formas geométricas. Sintió un ligero vahído al percatarse de que el lugar en el que estaba era tan solo una pequeña parte de un conjunto de ciudades y pueblos. La pequeña ciudad en la que se hallaba estaba al sur de la enorme capital, la cual ocupaba el centro del mapa y llegaba casi a los extremos […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 12 por Ricardo Zamorano

Estaba muerto. La esperanza reflejada en su rostro se rompió en mil pedazos, como el cráneo al pisarlo, mil pedazos que se le clavaron en el corazón. No lloró. Agarró la sábana y le cubrió por completo. Después salió de la habitación. Lo que había impedido que sacara el mapa de la mochila para tratar de orientarse y ver si había alguna otra ciudad o pueblo cerca, lo que le había dado esperanzas y hecho olvidar la horrible situación de la que acababa de escapar, había sido distinguir en el horizonte un rectángulo acabado en una cruz recortado contra el velado cielo. De inmediato supo que debía regresar con el viejo cura y quedarse junto a él. Era la única persona que le quedaba, la única buena que conocía, y allí dentro estaría seguro. Era un lugar oscuro y grande, un lugar en el que sería difícil encontrarle si las personas que ya no eran personas irrumpían en él. De modo que anduvo durante unas horas, mientras el día se oscurecía y la temperatura bajaba. La carretilla pesaba, y los brazos protestaron, pero él no se detuvo, siguió y siguió caminando entre coches oxidados y algún que otro cadáver que […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 11 por Ricardo Zamorano

Algo se escurría por su frente. Algo húmedo. En un principio pensó en sudor. Luego recordó el momento en que sintió la saliva de Nando entrellándose contra su frente. Eso pensó entonces; ahora, al palparlo y comprobar sus dedos, Ayna pudo ver lo que era en realidad. Sangre. Aquel último ataque de tos debió desgarrar algo en el interior del hombre, y los secos y graves espasmos que acababan de sustituir a los gritos enfurecidos primero y desesperados después de Nando, lo confirmaban. Ayna los escuchaba amortiguados a través de la puerta, pero el sonido era horrible, y demasiado cerca de su oído como para que Nando se encontrara aún de pie. El chico imaginó que su captor se había sentado contra la puerta —como había hecho él—, encorvado, incapaz de detener la tos. O aún peor: podía estar a cuatro patas, expulsando sangre por la boca, agarrándose el pecho en un intento por calmar el dolor que debía estar sufriendo. Ayna había tenido ataques de tos en alguna ocasión debido a la sequedad ambiental, y aunque habían sido breves, un dolor agudo, apagado, se posaba sobre el pecho. Así que no quería imaginar el sufrimiento de Nando. «¿Y qué? […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 10 por Ricardo Zamorano

—¿Yo? —Había entendido bien, pero necesitaba ganar tiempo. Lejos de paralizarle de nuevo, aquella confesión de Nando —que en parte esperaba—, inyectó en los músculos del nuevo niño una intensa dosis de adrenalina. Se trataba de ese recién adquirido instinto de supervivencia que se activó tras ser consciente de la muerte de sus padres. La mente se le aclaró, el miedo quedó en segundo plano, y fijó la mirada en su única oportunidad de escapar. —¿Ves todos esos montones de huesos? —Nando dio un paso hacia él—. ¿Y todas esas bridas rotas? Estás en nuestra despensa, Ayna. Ayna, sentado en el suelo y sin quitar ojo de su arma, extendió una pierna, arrastrándola por el suelo. —¿Y por qué guardáis los huesos con… la comida? —Era una pregunta horrorosa, pero tenía que distraer su atención. —Por cautela, chico, por eso. —Guardó silencio, y cuando volvió a hablar, su voz adoptó el balbuceo del sollozo; Ayna aprovechó ese cambio emocional para impulsar su trasero con el pie de la pierna recién extendida—. Fue idea de Mila. Como casi todo. Antes de que la enfermedad se hiciera con ella, no era lo que se dice la mujer más avispada del mundo, pero […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 9 por Ricardo Zamorano

Un grito. Eso fue lo que le despertó. Un alarido ronco y profundo que le hizo estremecerse hasta tal punto, que sus dientes entrechocaron. En primer lugar, sus ojos se abrieron, sobresaltados. Entre la niebla que sigue al despertar, el grito era solo eso, un horrible sonido inarticulado, pero luego se incorporó exaltado por la oscuridad y la extrema desorientación, y un nuevo aullido atravesó la negrura para filtrarse en sus oídos, lo cuales, al igual que el resto de los sentidos, habían disipado la niebla onírica. Ahora percibía un «¡NOOOO!» desgarrador. Y sabía a quién pertenecía la voz. No era difícil para alguien que solo había escuchado prácticamente la de cuatro personas. De pronto recordó al viejo y moribundo cura, el cual había quedado relegado a un segundo o tercer plano durante la historia de Nando. «Quizás tú encuentres a alguien con quien hablar por las noches…» Sí, había encontrado a alguien, y ese alguien era Nando y su mujer, aunque bueno, Mila no habló nada, solo se limitó a mirarle con una inquietante constancia. «Una inquietante constancia que te obligaba a retirar la mirada. ¿Por qué?» Como un destello, potente y cegador, esas palabras estallaron en su mente. […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 8 por Ricardo Zamorano

—¿Sabes quién soy? —preguntó Ayna completamente estupefacto—. ¿Me conoces? —Eres famoso… bueno lo fuiste, y solo durante un breve periodo de tiempo. Ayna, tú eres la única persona que se curó de verdad. Tú eres la única persona a la que el cáncer no solo no recayó, sino que no le llegó a afectar. Ayna no se lo podía creer. Estaba muy asombrado con las palabras de Nando. Apoyado sobre sus codos, quería hacerle miles de preguntas que se agolpaban en su cabeza, pero estas se quedaban atascadas en la garganta. —Tú madre fue la única mujer de las pocas que recibieron la vacuna que pudo tener un hijo. —El fuego era ahora una débil llama que apenas alcanzaba el metro de altura. El frío y la oscuridad empezaban a absorber el agradable calor. Ayna, sin retirar la vista del perfil de Nando, quien volvía a mirar la decadente lumbre mientras jugueteaba con el palo como un niño, se tumbó con la cabeza sobre la mochila y se hizo un ovillo—. Las demás mujeres, que no llegaban a la docena, ni siquiera podían quedarse embarazadas. La cura afectaba de algún modo a la concepción. Sin embargo, la enorme barriga de […]

Seguir leyendo

El Espejo cap 7 por Ricardo Zamorano

—Bien, Ayna —empezó a decir Nando—. Tus padres te contaron muchas cosas del mundo antes que este, pero parece que te contaron pocas cosas sobre este. —Mi padre me habló de las personas que ya no son personas. Aquellas palabras de su padre debían haber conseguido que la alarma se disparara y el nuevo niño reapareciera, trayendo consigo la imagen de su padre tumbado en la cama, débil y sin pelo, diciéndole cosas, enseñándole, pero no fue así. Como anteriormente, la alarma se activó, sí, sin embargo, Ayna estaba tan concentrado en lo que le iba a revelar el hombre, que apenas se percató. —¿Personas que ya no son personas? —preguntó Nando, y rió…, para dar paso a la tos, una tos salpicada de gotas rojas. A Ayna le costó pronunciar lo siguiente. —Sí… Personas que… que se comen a otras… personas. Esta vez, Nando no rió; todo lo contrario. Su semblante anaranjado se cubrió de sombras. —Y supongo que te dijo que tuvieras cuidado. Que no te fiaras de nadie —comentó con extraña solemnidad. Ayna asintió con la cabeza. Ni siquiera todo aquello logró hacer ver al antiguo niño que acababa de contradecir el consejo de su padre. —Pues, […]

Seguir leyendo