Amor por J.D. Arias

Amor, de los demonios el peor De cuan caos eres creador, Repartiendo dolor a todos sin razón Con la excusa de la satisfacción. Hermoso jubilo esclavizador Hermoso hombre embustero Hermoso hombre esperanzado Hermosa amiga en la que has de confiar. Odio sientes con fervor Odio sin compasión Al intruso Al desertor. Con líneas rojas te has de castigar Mientras en la noche sollozas Con culpa te has de juzgar Viendo aquello que nunca vas a alcanzar. Cuan bello y traidor haz de ser Para prometerme el bien De la forma más fría y retorcida, Que solo tu haz de ver.

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Ahora silbaba el viento por Fran Rubio Varela

Resiste resiste… ¿no has visto tus días detrás de ti? Ellos siempre caminan detras, sin sombras pero con memoria y te detienes cerrando los ojos, el ruido ataca tus oídos, como deseas que te acaricie el silencio. Añoras un poco de paz roto ya por la carrera, y el público ya no aplude, y la música ya no es dulce, ¡Que calvario amar al violin roto! Sus dulzuras velaron los océanos de muchas desdichas, pero sus acordes ya han roto contra la roca. Maestro orgulloso de sonrisa siniestra, y sin embargo llega un tiempo en que se le ama con el alma. Y es que dónde ya no reina el deseo dónde sólo queda lucir sin la mascara ¿quien desea al sol de su quebrada? Siempre quiso librar a su corazón del vértigo de sentir, siempre en la sombra de su guarida guardada por gigantes de pétreos semblante. Sus rodillas no rozaron la hierba y ahora sacuden el barro y en su pecho la piedra agrietada cae entre jirones de despecho. ¿Como esto a él? si su trono era de oro… Si ahora silba el viento las hojas caerán silenciosas y tediosas entre la risa de lo irremediable. Ahora llora […]

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Quiero conocerte por Fran Rubio Varela

Queriendo escapar me encontré de la mano de la nada,  y me descubrí siendo poeta del silencio,  servidor de su tinta invisible,  hilando sentimientos que tejieron mis universos.  Y de la nada surgieron mis mareas y sus océanos,  nacieron mis cumbres borrascosas y la nieve destellante.  En el tobogán de cada palabra mi estómago  daba vuelcos de ojos entornados,  y la nada fue la pirueta del bailarín entregado a una amor que quería crecer.  Cuanto público hubiera amado soñar su baile,  pero su baile eran palabras de uno mismo,  regueros de locura heridos de sensibilidad,  amores que siempre callan y guerreros de paz.  No lamento ser lo que soy, Mi único lamento es haberme desconocido tanto.  Y yo que era adorador del tiempo, y ahora el tiempo descabalga de su esfera en medio de mi nada.   Cuantos besos de silencio perdí en el bullicio de mi ceguera, y ahora que soy medio tuerto encuentro su aroma  y la saliva de su esencia.  Quise conocer todas las verdades  y ninguna conocí  hasta ser corazón de su heraldo,  y cuanto amor llevaba mi nombre,  y cuanta ternura nacía en el olvido de mi mente. Pero ahora ya soy nada desnuda  y soy […]

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Lo que fuiste por J.D. Arias

Heme aquí, otra vez, tratando de encontrar refugio y seguridad en letras que mi monitor representa con la ayuda de códigos basados en unos y ceros. Acomodando palabras delante de otras para formar un sentido que saque peso de mi corazón —y quien sabe, tal vez llorando un poco—, aquellos conjuntos de palabras que dicen los demás, son de calidad, mientras que para su creador no son más que amasijos sin forma, disgustos que no logran llenarlo, pero nada lo hace. No. Porque él no se lo permite. Regreso a este hechizo, a este rito milenario que han hecho un centenar de personas quebradas, a las que la vida les ha dado miles de golpes y que con ello crearon cuervos que revolotean por la estancia con su incesante sentencia que pesa en el corazón y en el alma, “nunca más” acusa, y vaya que duele y desquicia, aquel maldito cuervo no se va, solo repite cosas en tu oído para adelantar la locura que ya de por sí, te profieres. No sé lo que me has hecho, no sé porque me he comportado de tal forma a lo largo de estas semanas. Pero he aprendido, que no hay peor […]

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La historia perfecta por Ana Centellas

LA HISTORIA PERFECTA Te despediste de mí y juraste que volverías. Desde la ventana, semioculta tras la vaporosa cortina que intentaba proteger la intimidad del que fue nuestro dormitorio, te vi alejarte caminando por nuestra calle. Aún no había amanecido por completo y una densa niebla cubría nuestro barrio en aquella desafortunada mañana del mes de enero. Con una mochila colgada al hombro como único equipaje, tus pasos se fueron arrastrando con lentitud hasta adentrarse en la penumbra que derramaba la fría bruma. Cuando quise darme cuenta te había perdido de vista y nunca supe si fue debido a la niebla o a las lágrimas que empezaban a empañar mis ojos. Juntos habíamos escrito una historia que quizás no fuese perfecta, pero era la nuestra y, para mí, la mejor que hubiese podido imaginar, porque la habíamos escrito entre los dos. Nada más me importaba que no fuese estar a tu lado. Nunca quise vivir en un cuento de hadas ni evitar todas las preocupaciones que pudiésemos llegar a tener, porque siempre presentí que a tu lado, los dos juntos, podríamos con todo. Me sentía invencible y esa sensación era maravillosa. Invencible, feliz y, sobre todo, enamorada. Siempre pensé que […]

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El brillo de una mirada por Fran Rubio Varela

  Canturrea cansado, eso le permite mantenerse despierto, aunque hoy la noche no da para mucho mas que eso, cantar sin ganas.La negrura de la noche le rodea, mira cansado en la distancia unas luces, apenas si se distinguen pero él las conoce bien.Mira la luna como otras tantas noches, la luna llena nunca le trae suerte, el lo sabe desde hace mucho.¿Porque esta noche iba a ser diferente? Un suspiro se escapa por su boca, en silencio maldice su suerte, vuelve a mirar a la luna, a veces piensa que ella le odia, sera porque nunca quiso creer en su influjo.Por lo menos hoy esta en calma.Muchas veces mientras espera, la piensa, su dulce María.Antes los ojos de su dulce María brillaban y los suyos tambien, cuando aterrizaban juntos sobre una risa tonta. Ahora él se daba cuenta, aunque ella lo callaba, el desencanto en su mirada, seguía siendo su dulce María, pero ese brillo ya no era el mismo, rutina, espera y sueño… se estaba muriendo en su vida.Tal vez hubiera tenido que prometerle la luna y haberse vendido al diablo…tal vez. Pero nunca pensó que hiciera falta, él solo quería una vida tranquila junto a ella , […]

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Vientos del corazón por Fran Rubio Varela

Rezaba el viento con la primera hoja de otoño. Verte era mirar al sol… Dormía la marisma con su primer reflejo de luna. Verte era soñar al ruiseñor… La cima blanca de nieve lejana donde el grito nunca acaba. Verte era rocío de mañana… Vestido de gasas blancas sereno el cielo azul. Verte era promesa… Una onda camina, espejos de agua de cristal. Verte era el misterio… Polvo seco pasos lentos, mojados de barro. Verte era cualquier distancia… Abanicos coloreando aire, sombras de media tarde. Verte era espera paciente… Ojos que miran de la nada ensimismados. Verte era fuente y arroyo… Sudor de frente arrugas y piel transparente. Verte era destino… Fuegos consumiendo sombras, aire que nace. Verte era saber… Tormento, gloria despertar, sentir sin respirar. Verte era el suspiro… Ruido, silencio, hermanos inquebrantables. Verte era ser.

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Carta a mi amor del colectivo por Joaquin A. Stringa

Estimado amor imposible: Tal vez la sorprenda esta misiva pero hay un sentimiento dentro mío que ya no quiero aguantar. Quiero que sepa que para mi usted es, y será, mi amor imposible. Seguro estará asombrada tras la lectura de este primer párrafo pero quiero decirle que busco lo contrario de lo que imagina. Con esta carta no pretendo noviazgos, ni casamientos, ni relación alguna. Lo único que deseo es que usted continúe siendo mi amor imposible. Procuro con esta misiva que todo siga como hasta ahora. Quiero que nos crucemos en la parada del colectivo sólo por azar. No me interesa acordar ningún día ni horario para compartir el viaje. Cuando no la veo por unos días disfruto mucho más cuando, de casualidad, la encuentro. Y por el contrario, si usted y yo dejáramos de cruzarnos, seguramente, ya no me interesaría tanto volver a verla. Tampoco pretendo conocer de usted más datos de los que saltan a la vista. Sé que viene de algún lado (no me interesa saber cual) vestida de jogging, noto que siempre que sube al colectivo manda un mensaje de texto, y la despido en silencio al bajarse en la segunda parada después de doblar […]

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Lección de vida por Sara Ramirez

Si de la vida algo aprendemos, bien al principio, bien al final, es que lo importante es «Ser feliz». Ser feliz, contigo mismo, con el mundo, disfrtutar del día a día, de hoy. Y reír, reír sin parar; alegrar a los demás. Dibujar sonrisas en los rostros, sonrisas sinceras y nada más. Y amar, amar sin fin; querer a los demás. Porque si de la vida hay que aprender, bine en juventud, bien en vejez, es a no valorar en cantidad lo material. «Tempus Fugit» solían decir los clásicos; disfruta el hoy, el ahora; sé feliz. El destino es un vaivén que viene y va. «Hakuna Matata», sin el pasado olvidar; de él aprender para el hoy valorar. Nuestras raíces no se pueden modificar. Porque si la vida algo se aprende, bien al nacer, bien en las agonías, es a ser feliz contigo y con los demás.

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Campanadas por Fran Rubio Varela

Las campanas sonaban todas, se habían vuelto locas. Sonaban sin razón aparente ante el asombro de la gente , parecían haber sido embrujadas, los campaneros desesperados no sabían como pararlas, ellas teñian los pueblos y sus plazas de su peculiar sonata. Había un pasaje que hablaba de que habrían fanfarrias sonando desde el cielo el día que  avisaran de un gran cambio. Pero en este mundo ya nadie se acordaba de ellas, ni siquiera se sabía ya que era una fanfarria, así que las campanas asumieron tan elevada labor sonando todas al unísono. Pero la gente, ésta gente de ahora ya no se sorprendía ni se maravillaba de nada. Se pusieron como siempre que sucedía algo inusual a buscar la respuesta más lógica o si no la encontraban, a buscar aquella que más se les acomodara para sus intereses … Y mientras las campanas sonaban más fuerte. Las gentes, muchas de ellas empezaron a alejarse de los campanarios y las plazas, en cambio otros optaron por soportar el estruendo del bronce. Aquellos que volvieron al campo empezaron a recordar lo que era una flor, y la dulce sensación del aire  limpio en sus rostros,vieron jilgueros cantar  y se maravillaban ante […]

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