“Sólo una palabra” por Sara Ramírez

Porque, al final, todo se resume al “AMOR”. Esa palabra de cuatro letras tan compleja, esa palabra o ¿más que palabra? Esa sensación, esa emoción, ese…, ese sentimiento tan indescriptible, tan, mediante palabras, indefinible. “Amor”, algo tan difícil de explicar. No sólo difícil de explicar, hasta siendo complicado de expresar, porque su expresión no se puede comprender, no forma parte de la humana razón, no forma parte de una explicación. “Amor”, ¿pero qué es el amor? ¿Entre dos personas? ¿Entre dos hermanos? ¿Entre amigos? ¿Entre desconocidos? E incluso…, ¿hacia uno mismo? Cada cual responde, cada cual medita, y, cada uno, interpreta; porque al final de la vida, al final del camino, descubrimos que “todo”, todo se resume en “AMOR”.

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El último acto por Ana Centellas

EL ÚLTIMO ACTO Todo el mundo empezó a aplaudir en cuanto terminó la función. Había sido todo un éxito y el teatro al completo estallaba en aplausos. Se llegaron a escuchar incluso silbidos y vítores, algo que no solía ocurrir entre el público tan formal y educado que acudía a aquel tipo de funciones. La compañía de ballet había ejecutado una actuación soberbia. Pero, sobre todo, fue el último acto el que había causado semejante sensación en el público. Álex y Natasha, los bailarines principales, habían danzado de manera magistral en solitario sobre el gran escenario, con una compenetración y una agilidad extraordinarias. Natasha parecía volar con la ligereza de una pluma para ir a caer con sutileza en las fuertes manos de Álex, que la sostenían como si realmente el peso de aquella fuera mínimo. La ejecución había sido tan buena, tan sincronizada, tan bella, que había mantenido al público cautivado durante los casi quince minutos que había durado aquel último acto, en los que no se había escuchado ni siquiera el sonido de las respiraciones, que parecían suspendidas, como si de una gran apnea colectiva se tratara. La música y el movimiento de los bailarines eran lo único […]

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Había soñado por Fran Rubio

Y era ese aire, que creaba magia. Hubiera podido sentirse hada, diferente a nada de este mundo. Hubiera podido elegir cualquier nube, en cualquier cielo, cualquier arcoiris naciente entre la lluvia. Aquél aire todo lo permitía, era magia pura para respirar… Era alma de sol y canción de luna. Era camino de estrellas y caricias de gigantes. Pero ella quiso ser lo que siempre había soñado. Ella solo ansiaba ser mariposa entre las flores…

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“Familia” por María del Rocío

Familia, raíz de tierra firme nutrida en corrientes subterráneas, en aguas diáfana y claras y de luz solar. Familia, árbol de corteza cebil, sólido tronco, cause de ramas hermanas tan a dispar, tan afín. Familia, leche materna, entrañas hermanas, sangre de mi sangre, fusionado por el verbo amor. Familia, médula sublime senos de miel, útero bendito escencia de quién soy…

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“See” por Ana Gutiérrez

Desde entonces sólo sé que no volví a mirar igual. Me escondí de lo que no quise ver y me inmiscuí en la inmensidad de lo invisible haciéndole honores al mar. Descubrí un mundo paralelo, un nuevo mundo sobre el que volver a caminar. Desde entonces cambié el rumbo de lo que quise ver con los ojos físicos para comenzar a mirar con otro tipo de ojos. Unos ojos que no vienen dados, sino que se construyen con los pálpitos del alma. Ojos que se convierten en miradas que carecen de significado y se llenan de sentido. Miradas que parecen ancestrales y que pueden hacer sentir todo un río de sensaciones sin calma.  Y es que al final nadie está demasiado perdido si sabe hacia dónde mirar. Sólo se necesita encontrar la chispa que haga jugar a la pupila mientras el iris comienza a brillar

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Escucha por Ana Centellas

En el dormitorio de María las sábanas están revueltas. Una suave luz encendida en una mesita que alumbra desde un rincón es la única fuente de iluminación. Colores tenues se filtran por la persiana entreabierta, luces doradas de sol que se cuelan juguetonas a través de las cortinas rosadas, anuncian que ya es de día. Sobre la cama desecha, dos cuerpos desnudos descansan, enredados, descuidados. Cubriendo el torso de ella, el fuerte brazo de él. Sobre las piernas del hombre, las delicadas piernas de la mujer. El descanso de dos amantes ajenos a todo cuanto acontece a su alrededor, dormidos, soñando, muy probablemente, el uno con el otro. El cuerpo de dos amantes con edad sin precisar. María se despereza. Uno de los rayos de sol, con ganas de jugar en la mañana de sábado, atraviesa las cortinas, iluminando su dormitorio con una luz casi mágica. Los tonos dorados del sol se funden con el rosado de las cortinas que, sumado a la tenue luz que proviene del rincón, envuelven la habitación de una sensual calidez. Una sonrisa se dibuja en su rostro cuando ve a su compañero a su lado, como cada día. Más que a su lado, formando […]

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“Vos” por María del Rocío y Pablo Carvajal

Vos, que te habías hecho un horizonte. Un horizonte, sin camino, sin ruta, sin paso que hiciera en ti una hondura, un tajo, un abismo. Vos que de tan lejana eras pasado o serás mañana. Vos, que te haces del viento llegando al todo, a la nada, qué invisibles fronteras traspasas. Vos qué tomas, vos qué largas. Vos, ni alma ni cuerpo, ni de aquí, ni de allá pero siempre dentro. Anidando mi abismo, despuntando mi cumbre. Vos, que eres todo: Agua, fuego, tierra, luz, sueño, añoranza. Vos qué de ser tanto, eres mi nada. Vos, agonía y paraíso. Fuente, Averno, sombra que ampara, astro qué luce, quema y mata. Vos. Vos, que eres nada eres mi todo!

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