DESPEDIDA por Ana Gutiérrez Expósito

Algún día, con el ondear de mi cabello y mientras miramos al horizonte hallando sin buscar, encontraremos una razón que sea suficiente para dejar de echarnos de menos y entender que sólo hay una manera única de amar: dejar que, por separado, igual que los pájaros, surquemos otros cielos para dar tregua a la libertad Sabes que fuimos como las olas que un día vienen y al instante se van. O como el viento que hoy nos mece y mañana se olvida de volar Ambos sabíamos que en algún momento, tendríamos que devolver nuestras cartas al mar, para que quiénes se quieran de verdad las encuentren y cuenten el secreto de que, por siempre, repetiríamos la misma historia una y otra vez más.. (Ana GE Robles ©)

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Soñando con un Ruiseñor por Fran Rubio

SOÑANDO CON UN RUISEÑOR. Mis pobres rodillas…no se si ya lo soportaran, pero lo hacemos, corremos hacia ese árbol, ¿lo ves?. Está en el centro del valle, es simplemente majestuoso, creo que es un roble milenario. Las gentes del lugar dicen que lo guarda un deva sagrado y que bajo él y su fresca sombra sólo hay paz y dicen también que allí las amapolas son más rojas y mas suaves que en ningún otro lugar, pero eso tú ya lo sabías verdad?, Y a su lado, casi acariciando sus raíces hay un arroyo de agua muy clara, que allí parece que duerma , como su bella amante, entre solo un murmullo y que cuando la luz llega, brilla como un llavero de soles. Tengo ganas de refrescar los pies allí, te apuntas?, aunque seguro que andará algo fria, no debemos tenerlos demasiado tiempo dentro. Después, después simplemente escucháremos el silbar del aire entre sus hojas. Dicen también que cuando suena fuerte no es el aire, si no las hadas y los elfos que cantan la llegada de la luna y el tiempo para sus bailes de alas finas y su luz de plata, ¿no los ves? Ya estamos cerca, […]

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“Legado” por Fran Rubio Varela

Su corazón se escogía al mirarlo, viéndolo consumirse así tan despacito. Siempre trataba de regalarle una sonrisa cuando él lo miraba, pero sabía ciertamente que la tristeza en sus ojos no podía ocultarla. Y él lo sabía también. Por eso el le devolvía otra mirada de infinita ternura, la que habitaba en su cuerpo menudo, en el universo de su interior. Abrazandola la consolaba como siempre, siendo su fuerza y le deslizaba uno de aquellos poemas suyos sobre sus oidos que tanta suave paz la aportaba, y seguidamente le seguía diciendo; – ¿Recuerdas Cariño? , recuerdas cuando aquella tarde en la playa te cante?… pues sigues siendo mi canción y siempre lo serás y no importa donde esté yo, no hay estrella lo suficiente alejada a la que no llegue nuestra canción, tu sólo taraerala y yo te escucharé.- Entonces unas lágrimas rebeldes se hacían prisionera la una de la otra empapando sus juntas mejillas. Aquella maldita enfermedad quería llevárselo y a que engañarse, lo estaba consiguiendo, a pesar de que él se había aferrado con uñas y dientes a esa vida que se le recurría. Y ella lo había acompañado en cada sesión de radio y quimio , en […]

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Hojas de otoño por Ana Centellas

HOJAS DE OTOÑO Corría un mes de octubre en el que el otoño había hecho acto de presencia en su máxima expresión. Cada mañana, después de la noche, las aceras de la ciudad aparecían cuajadas de hojas secas que los árboles, acunados por la suave brisa nocturna, habían ido dejando caer de manera lenta pero firme. Casi podría decirse que aquel otoño los árboles de la ciudad donde vivía Nerea habían arrojado más hojas secas que las que ellos mismos tenían, o al menos esa era la impresión que causaban. De nada servía que los servicios de limpieza se afanasen por recoger y mantener las aceras despejadas porque, noche tras noche, un nuevo manto dorado cubría la ciudad. Una de aquellas tardes, Nerea, melancólica, soñadora, pensante, se asomaba a través de los cristales de su habitación para ver el lento caer de las hojas cobrizas. Faltaba menos de una hora para que la noche hiciese acto de presencia y el espectáculo ya era hipnótico. Con lágrimas en los ojos, recordaba ojerosa la ruptura con Marcos hacía solo tres días. Con la mirada perdida tras los cristales de su cuarto, mientras miraba sin ver el vaivén de las hojas desde las […]

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Manteniéndome a flote por Ana Centellas

MANTENIÉNDOME A FLOTE Floto. Siento mi cuerpo flotar, liviano, sin equipajes, sin cargas. No tengo palabras para describir esta sensación; sé que parece imposible, pero no es ni siquiera comparable con la experiencia de volar en avión, es algo mucho más intenso. Podría equipararla a lo que debe sentir una medusa bajo las aguas del océano. Siento las pulsaciones del movimiento, como si mi cuerpo se expandiese y contrajese para poder avanzar. El silencio que me rodea es absoluto, no puedo escuchar ni el más mínimo ruido. Parece que me hubiera quedado sorda de repente. Tampoco soy capaz de articular palabra, sorda y muda en un océano inmenso donde floto dentro de las aguas. La sensación es maravillosa, no podría describirla de otra manera. Es como si, de un momento a otro, hubiera conseguido alcanzar la calma que tanto he ansiado durante toda mi vida. La paz que puedo percibir es intensa, muy intensa, extraordinaria. Me siento bien, mejor de lo que nunca antes me había sentido. Debo de estar inmersa en un plácido sueño, mientras floto, floto, floto… No quiero despertar, no quiero abandonar este sosiego que alcanza todos los rincones de mi alma y de mi maltrecho corazón. […]

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“See” por Ana Gutiérrez

Desde entonces sólo sé que no volví a mirar igual. Me escondí de lo que no quise ver y me inmiscuí en la inmensidad de lo invisible haciéndole honores al mar. Descubrí un mundo paralelo, un nuevo mundo sobre el que volver a caminar. Desde entonces cambié el rumbo de lo que quise ver con los ojos físicos para comenzar a mirar con otro tipo de ojos. Unos ojos que no vienen dados, sino que se construyen con los pálpitos del alma. Ojos que se convierten en miradas que carecen de significado y se llenan de sentido. Miradas que parecen ancestrales y que pueden hacer sentir todo un río de sensaciones sin calma.  Y es que al final nadie está demasiado perdido si sabe hacia dónde mirar. Sólo se necesita encontrar la chispa que haga jugar a la pupila mientras el iris comienza a brillar

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