El Espejo cap 12 por Ricardo Zamorano

Estaba muerto. La esperanza reflejada en su rostro se rompió en mil pedazos, como el cráneo al pisarlo, mil pedazos que se le clavaron en el corazón. No lloró. Agarró la sábana y le cubrió por completo. Después salió de la habitación. Lo que había impedido que sacara el mapa de la mochila para tratar de orientarse y ver si había alguna otra ciudad o pueblo cerca, lo que le había dado esperanzas y hecho olvidar la horrible situación de la que acababa de escapar, había sido distinguir en el horizonte un rectángulo acabado en una cruz recortado contra el velado cielo. De inmediato supo que debía regresar con el viejo cura y quedarse junto a él. Era la única persona que le quedaba, la única buena que conocía, y allí dentro estaría seguro. Era un lugar oscuro y grande, un lugar en el que sería difícil encontrarle si las personas que ya no eran personas irrumpían en él. De modo que anduvo durante unas horas, mientras el día se oscurecía y la temperatura bajaba. La carretilla pesaba, y los brazos protestaron, pero él no se detuvo, siguió y siguió caminando entre coches oxidados y algún que otro cadáver que […]

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El Espejo cap 11 por Ricardo Zamorano

Algo se escurría por su frente. Algo húmedo. En un principio pensó en sudor. Luego recordó el momento en que sintió la saliva de Nando entrellándose contra su frente. Eso pensó entonces; ahora, al palparlo y comprobar sus dedos, Ayna pudo ver lo que era en realidad. Sangre. Aquel último ataque de tos debió desgarrar algo en el interior del hombre, y los secos y graves espasmos que acababan de sustituir a los gritos enfurecidos primero y desesperados después de Nando, lo confirmaban. Ayna los escuchaba amortiguados a través de la puerta, pero el sonido era horrible, y demasiado cerca de su oído como para que Nando se encontrara aún de pie. El chico imaginó que su captor se había sentado contra la puerta —como había hecho él—, encorvado, incapaz de detener la tos. O aún peor: podía estar a cuatro patas, expulsando sangre por la boca, agarrándose el pecho en un intento por calmar el dolor que debía estar sufriendo. Ayna había tenido ataques de tos en alguna ocasión debido a la sequedad ambiental, y aunque habían sido breves, un dolor agudo, apagado, se posaba sobre el pecho. Así que no quería imaginar el sufrimiento de Nando. «¿Y qué? […]

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El Espejo cap 10 por Ricardo Zamorano

—¿Yo? —Había entendido bien, pero necesitaba ganar tiempo. Lejos de paralizarle de nuevo, aquella confesión de Nando —que en parte esperaba—, inyectó en los músculos del nuevo niño una intensa dosis de adrenalina. Se trataba de ese recién adquirido instinto de supervivencia que se activó tras ser consciente de la muerte de sus padres. La mente se le aclaró, el miedo quedó en segundo plano, y fijó la mirada en su única oportunidad de escapar. —¿Ves todos esos montones de huesos? —Nando dio un paso hacia él—. ¿Y todas esas bridas rotas? Estás en nuestra despensa, Ayna. Ayna, sentado en el suelo y sin quitar ojo de su arma, extendió una pierna, arrastrándola por el suelo. —¿Y por qué guardáis los huesos con… la comida? —Era una pregunta horrorosa, pero tenía que distraer su atención. —Por cautela, chico, por eso. —Guardó silencio, y cuando volvió a hablar, su voz adoptó el balbuceo del sollozo; Ayna aprovechó ese cambio emocional para impulsar su trasero con el pie de la pierna recién extendida—. Fue idea de Mila. Como casi todo. Antes de que la enfermedad se hiciera con ella, no era lo que se dice la mujer más avispada del mundo, pero […]

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El Espejo cap 9 por Ricardo Zamorano

Un grito. Eso fue lo que le despertó. Un alarido ronco y profundo que le hizo estremecerse hasta tal punto, que sus dientes entrechocaron. En primer lugar, sus ojos se abrieron, sobresaltados. Entre la niebla que sigue al despertar, el grito era solo eso, un horrible sonido inarticulado, pero luego se incorporó exaltado por la oscuridad y la extrema desorientación, y un nuevo aullido atravesó la negrura para filtrarse en sus oídos, lo cuales, al igual que el resto de los sentidos, habían disipado la niebla onírica. Ahora percibía un «¡NOOOO!» desgarrador. Y sabía a quién pertenecía la voz. No era difícil para alguien que solo había escuchado prácticamente la de cuatro personas. De pronto recordó al viejo y moribundo cura, el cual había quedado relegado a un segundo o tercer plano durante la historia de Nando. «Quizás tú encuentres a alguien con quien hablar por las noches…» Sí, había encontrado a alguien, y ese alguien era Nando y su mujer, aunque bueno, Mila no habló nada, solo se limitó a mirarle con una inquietante constancia. «Una inquietante constancia que te obligaba a retirar la mirada. ¿Por qué?» Como un destello, potente y cegador, esas palabras estallaron en su mente. […]

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El Espejo cap 8 por Ricardo Zamorano

—¿Sabes quién soy? —preguntó Ayna completamente estupefacto—. ¿Me conoces? —Eres famoso… bueno lo fuiste, y solo durante un breve periodo de tiempo. Ayna, tú eres la única persona que se curó de verdad. Tú eres la única persona a la que el cáncer no solo no recayó, sino que no le llegó a afectar. Ayna no se lo podía creer. Estaba muy asombrado con las palabras de Nando. Apoyado sobre sus codos, quería hacerle miles de preguntas que se agolpaban en su cabeza, pero estas se quedaban atascadas en la garganta. —Tú madre fue la única mujer de las pocas que recibieron la vacuna que pudo tener un hijo. —El fuego era ahora una débil llama que apenas alcanzaba el metro de altura. El frío y la oscuridad empezaban a absorber el agradable calor. Ayna, sin retirar la vista del perfil de Nando, quien volvía a mirar la decadente lumbre mientras jugueteaba con el palo como un niño, se tumbó con la cabeza sobre la mochila y se hizo un ovillo—. Las demás mujeres, que no llegaban a la docena, ni siquiera podían quedarse embarazadas. La cura afectaba de algún modo a la concepción. Sin embargo, la enorme barriga de […]

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El Espejo cap 7 por Ricardo Zamorano

—Bien, Ayna —empezó a decir Nando—. Tus padres te contaron muchas cosas del mundo antes que este, pero parece que te contaron pocas cosas sobre este. —Mi padre me habló de las personas que ya no son personas. Aquellas palabras de su padre debían haber conseguido que la alarma se disparara y el nuevo niño reapareciera, trayendo consigo la imagen de su padre tumbado en la cama, débil y sin pelo, diciéndole cosas, enseñándole, pero no fue así. Como anteriormente, la alarma se activó, sí, sin embargo, Ayna estaba tan concentrado en lo que le iba a revelar el hombre, que apenas se percató. —¿Personas que ya no son personas? —preguntó Nando, y rió…, para dar paso a la tos, una tos salpicada de gotas rojas. A Ayna le costó pronunciar lo siguiente. —Sí… Personas que… que se comen a otras… personas. Esta vez, Nando no rió; todo lo contrario. Su semblante anaranjado se cubrió de sombras. —Y supongo que te dijo que tuvieras cuidado. Que no te fiaras de nadie —comentó con extraña solemnidad. Ayna asintió con la cabeza. Ni siquiera todo aquello logró hacer ver al antiguo niño que acababa de contradecir el consejo de su padre. —Pues, […]

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El Espejo cap 6 por Ricardo Zamorano

—Ven, siéntate aquí, chico —le decía el hombre conforme le empujaba del omoplato—. Tendrás frío. Ayna se dejó llevar. Se sentó cerca del fuego, de modo que veía a la mujer de perfil; esta no le quitaba los ojos de encima, unos ojos inexpresivos pero muy brillantes: las llamas dibujaban unos puntitos naranjas en las pupilas que obligaron al chico a retirar la mirada de ellos. El hombre no se sentó; dio media vuelta y fue hacia la carretilla. El antiguo niño lo vio por el rabillo del ojo, pero no le prestó atención. Él estaba mirando el fuego sin verlo. Delante de sus ojos llorosos de nuevo estaban sus padres; esta vez no había podido evitar que los recuerdos se filtrasen en su mente. Eran recuerdos de cuando aún el mundo no era del todo peligroso —siempre lo había sido, pero todavía quedaban los suficientes suministros—. Eran  recuerdos llenos de luz, una luz mucho más intensa que la de la hoguera. Sin embargo, de repente, uno más oscuro intentó abrirse paso. Pudo ver fugazmente a su padre tumbado ya en la cama, calvo, y sin fuerzas. Y justo cuando le iba a decir algo, el hombre habló, y el […]

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El Espejo cap 5 por Ricardo Zamorano

Y la encontró, vaya si la encontró. Pero no bajo las estrellas. Fue a las afueras de la ciudad. Anochecía. Le había llevado lo que quedaba de día llegar hasta el cartel con el nombre de la localidad tachado con una línea roja. Lo mismo que ocurría con el sol, ocurría con la luna y las estrellas, por lo que las noches eran totalmente oscuras (no se veía nada de nada ni siquiera a unos centímetros de distancia), y el consejo de buscar a gente bajo la luz de las estrellas se hacía imposible de seguir. Antes de que el mundo se tiñera de negro en su totalidad, Ayna salió de la carretera desesperanzado y buscó en la cuneta un sitio donde pasar la noche. Ya no había hierba verde; no llovía, y el calor por el día era fuego puro, por lo que lo que quedaba de ella era un seco y amarillento recuerdo. Recuerdos. La palpable oscuridad, el silencio que hay en ella, hacía que el sentimiento de soledad se intensificase, y que el cerebro se llenase de imágenes, imágenes dolorosas que no quería volver a ver. Experimentó un poderoso impulso de levantarse y regresar a la iglesia. […]

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El Disfraz por Elena Saavedra

Andrea cantaba con el coro de su instituto mientras alzaban la bandera de EEUU en el estadio de fútbol. Su voz podría ser casi igual de hermosa que su dulce rostro. Sus ojos castaños miraban con un extraño brillo al resto de sus compañeros mientras una sonrisa maléfica se escondía en sus labios. Aquel año sus compañeros la habían golpeado, insultado y menospreciado; pero aquel día llegaría su venganza en forma de bomba. Andrea siempre había aparentado ser débil pero aquello sólo era en realidad un disfraz. En su interior era un monstruo y aquel monstruo había estado demasiado tiempo encerrado… Andrea terminó de cantar la canción y todo comenzó a arder. Los gritos inundaron el estadio y entonces Andrea pudo al fin quitarse su disfraz, dejando ver así al mundo su verdadero yo.  

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El Espejo cap 4 por Ricardo Zamorano

Los pasos resonaban dentro de aquella gran sala de suelo de mármol. Pensó que nunca había visto nada igual en su vida, aunque en realidad, nunca había visto nada en su corta vida. Tan solo el interior de aquella casa que ya no era suya y lo que alcanzaba su vista. Siguió avanzando hasta el altar, dejando unos viejos bancos de madera a cada lado. Estaban desvencijados y viejos, pero aun en su mejor momento, tampoco debieron ser gran cosa. Sin embargo, al llegar al altar, no pudo evitar dejar escapar un «oh». Allí todo era dorado y brillante. Estaba limpio, y la luz que se colaba a través de las vidrieras confería a aquel espacio sagrado una atmósfera irreal. Se acercó a una gran mesa donde estaban expuestos algunos objetos, los más brillantes de entre todos, y extendió el brazo para coger una copa de oro con piedras verdes engarzadas. —¿Eres creyente, muchacho? ¿O un ladrón? —susurró una voz desde alguna parte. El niño buscó con la mirada para encontrar a quien le había hablado. Era la primera vez que oía a alguien que no fueran sus padres. Se estremeció, una amalgama de sorpresa, esperanza y miedo recorrieron su […]

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