Había soñado por Fran Rubio

Y era ese aire, que creaba magia. Hubiera podido sentirse hada, diferente a nada de este mundo. Hubiera podido elegir cualquier nube, en cualquier cielo, cualquier arcoiris naciente entre la lluvia. Aquél aire todo lo permitía, era magia pura para respirar… Era alma de sol y canción de luna. Era camino de estrellas y caricias de gigantes. Pero ella quiso ser lo que siempre había soñado. Ella solo ansiaba ser mariposa entre las flores…

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El fantasma del mar por Maria H.L.

El fantasma del mar Suave calma, brisa acariciadora, murmullo gracioso de las olas cuando me avistan. Céfiro hechizante… Adoran mimarme con sus cosquillas, pretenden salir de su monotonía, ansían juguetear conmigo, me presienten desolada al bañarlas con mi mirada Me rugen alborozadas: “préndate de nuestro dios Poseidón Y encamínate a nuestra calma, aléjate de la orilla donde mora tu leyenda compuesta de versos y lágrimas, arropados de nostalgias y celestes ensoñaciones…”

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Cuando ya a nadie le sirves por Versos Alejandría

En el momento en que una persona cumple una determinada edad deja de serle útil a los de su alrededor. Hasta que llega el día en que deciden que ya no es necesario aguantarle por más tiempo, ya que según su criterio solamente es una carga o una molestia como se le prefiera llamar, para ellos. Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí, en este lugar al que muchos ya se refieren como “hogar”. Lo que sí sé a ciencia cierta es que este geriátrico hace las veces de punto de encuentro entre amigos, viejos conocidos y familiares; y otras tantas como la casa de quien en la suya propia está falto de cariño o ya no puede valerse por sí mismo. Para la desgracia de mis compañeros de fatiga y para la mía propia, la gran mayoría, por fortuna, no tiene problemas de salud. Pero nos rodean otro tipo de dilemas: los de carácter afectivo. En mi caso ya no acierto a recordar cuantos días, meses o años llevo aquí. Mis dos hijos David y Silvia un buen día decidieron que su padre ya no podía vivir solo y claro está, ellos dos tampoco se podían hacer cargo de […]

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Hojas de otoño por Ana Centellas

HOJAS DE OTOÑO Corría un mes de octubre en el que el otoño había hecho acto de presencia en su máxima expresión. Cada mañana, después de la noche, las aceras de la ciudad aparecían cuajadas de hojas secas que los árboles, acunados por la suave brisa nocturna, habían ido dejando caer de manera lenta pero firme. Casi podría decirse que aquel otoño los árboles de la ciudad donde vivía Nerea habían arrojado más hojas secas que las que ellos mismos tenían, o al menos esa era la impresión que causaban. De nada servía que los servicios de limpieza se afanasen por recoger y mantener las aceras despejadas porque, noche tras noche, un nuevo manto dorado cubría la ciudad. Una de aquellas tardes, Nerea, melancólica, soñadora, pensante, se asomaba a través de los cristales de su habitación para ver el lento caer de las hojas cobrizas. Faltaba menos de una hora para que la noche hiciese acto de presencia y el espectáculo ya era hipnótico. Con lágrimas en los ojos, recordaba ojerosa la ruptura con Marcos hacía solo tres días. Con la mirada perdida tras los cristales de su cuarto, mientras miraba sin ver el vaivén de las hojas desde las […]

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“See” por Ana Gutiérrez

Desde entonces sólo sé que no volví a mirar igual. Me escondí de lo que no quise ver y me inmiscuí en la inmensidad de lo invisible haciéndole honores al mar. Descubrí un mundo paralelo, un nuevo mundo sobre el que volver a caminar. Desde entonces cambié el rumbo de lo que quise ver con los ojos físicos para comenzar a mirar con otro tipo de ojos. Unos ojos que no vienen dados, sino que se construyen con los pálpitos del alma. Ojos que se convierten en miradas que carecen de significado y se llenan de sentido. Miradas que parecen ancestrales y que pueden hacer sentir todo un río de sensaciones sin calma.  Y es que al final nadie está demasiado perdido si sabe hacia dónde mirar. Sólo se necesita encontrar la chispa que haga jugar a la pupila mientras el iris comienza a brillar

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¿Los Amigos Cambian? por Slendy

  Cuando llamas a una persona “Amigo” es porque te cae bien y pasas buenos ratos con el o ella. Se sienten comodos al hablar de cualquier tema y a veces comparten las mismas ideas, y es ahi donde puede comenzar una gran amistad. No es nada malo socializar y conocer nuevas personas, pero cometemos el error de llamar “Amigo” o “Amiga” a esa persona que solo conociste en un determinado tiempo y luego no vuelven a tener contacto por dias, meses y hasta años, tanto tiempo de que cuando te lo vuelves a encontrar ya no es la misma persona de antes. Es lo que causa el distanciamiento y la lejania de tus amigos, pero ademas de eso, hay otros casos mas extremos en donde tienes una gran amistad de años con tu “mejor amig@” que estan en tu mismo colegio y en tu mismo salon, pero por causas imprevistas te separan de el o ella al llegar a la secundaria. Y te quedas separado por una pared o un piso de esa persona. Al principio no hay ningun cambio en la conducta de las 2 personas, pero al pasar los dias y meses te das cuenta que ya […]

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“Porque todo llega” por Fran Rubio

La coraza del tronco, protege aquella savia, se alimenta de un sol y cada noche respira, encaramandose a cualquier universo. Quien necesita anclarse a una estrella si solo cerrando los ojos se puede volar mas allá del abrazo de esta luna. De tu lánguido abrazo, solo recuerdo el calor de tu cuello en él había promesas tan reales vestían y con alas se adornaban. Quien las ólvidara, si a ese nido no se ha de volver, aquella gaceta lo escribió una mañana, una historia sin fin, pero con su punto final. Y las acacias en cada primavera visten de nuevo su esplendor, porque todo llega sobre las mareas del mar, que es profundo y de vida se llena. En cada suspiro todo se escribe, todo camino gusta de su piedra preferida, pero ahí esta su estrella, una a la que llamaban fugaz pero que siempre enciende con su destello, el arcoiris de un ser.

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S E N S E S por Ana Gutiérrez

Para fortalecerte primero tienes aprender a caer para saber lo que es levantarte, perder todo lo que tenías y ver que el mayor fracaso no es haber caído, sino nunca haberlo hecho. Porque es cuando estás abajo, el momento adecuado para alzar la vista al cielo y ver que, detrás de tu traspiés, hay un nuevo comenzar. Hay un nuevo sol esperándote para que te subas a lo alto y desde el horizonte, seguirte alumbrando. Y volarás sin retorno atrás.  Y es una vez que has alzado el vuelo cuando te das cuenta de que no hay mayor temor que el de nunca haber fracasado, nunca haber perdido y nunca haberte desarmado, porque si no hubiera ocurrido, no sabrías ver la fuerza que en realidad hay en tu ser.   

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