Cómo escribir teatro

En varias oportunidades me han pedido que les dé alguna fórmula para escribir un texto teatral, a veces me han dado a leer algunos y me preguntan ¿qué le parece?
Generalmente trato de ser lo más imparcial posible y darle una opinión y algunas sugerencias acerca de cómo mejorar la escritura de su texto.
Motivado por eso, incluyo esta pequeña guía de escritura dramática, para intentar solucionar algunas interrogantes al respecto.
La definición que nos da el diccionario del término “Dramaturgia” es: Arte de escribir una pieza dramática.
Aclarando un poco más el panorama: Arte de escribir una historia factible de ser representada teatralmente. Esto es lo que la diferencia del cuento o la novela, en este sentido, al que escribe obras de teatro se le denomina Dramaturgo.
Pero ¿qué es drama?
La respuesta es simple: La representación de un conflicto. Si en la historia narrada, no lo hay, no es una pieza dramática y carece de todo interés. Pero también debemos aclarar algo que es motivo de confusión repetidamente: el término drama se refiere a la representación teatral, no a su carácter. Aquí confundimos muchas veces drama con un suceso triste o potencialmente abrumador.
El drama se divide en comedia y tragedia. La comedia nos presenta conflictos que terminan generalmente en forma festiva o inusitada, en cambio la tragedia es más seria y su temática termina siempre en un desenlace fatal.
Vamos a revisar ciertos conceptos antes de meternos de lleno a escribir nuestra obra teatral.
Una obra esta dividida en actos y éstos a su vez en cuadros y los cuadros en escenas:
Un acto tiene una duración de entre veinticinco a treinta minutos, y aunque la mayoría de las actuales son de un acto, las clásicas suelen serlo de tres y hasta de cuatro actos de media hora cada uno en promedio. Los actos se separan mediante la cerrada de telón y con un intermedio de cinco a diez minutos generalmente.
Un cuadro es una especie de acto corto y se marca el siguiente cuadro mediante un apagón o una música. Normalmente se desarrolla en un ambiente diferente, y se indica por medio de un cambio de escenografía esto distingue la división entre cada cuadro.
La escena depende de la entrada y salida de los personajes que intervienen y su duración es menor que la de un cuadro.
Al igual que en la narrativa, en las obras dramáticas existen personajes, seres creados por el dramaturgo, que cobran vida al momento del montaje, ellos dicen sus parlamentos y, a través de sus palabras, nos cuentan la historia.
Básicamente, pueden considerarse cuatro tipos de personajes:
1.- El Protagonista:
Es el personaje principal, el más importante.
Es quien representa a una de las fuerzas que normalmente existen en la obra dramática, y que se encuentran en conflicto. Es el personaje al que se suele llamar “el bueno” Es un personaje con el cual el público se identifica, al presenciar la obra.
2.- El Antagonista:
Es también un personaje importante, y representa la fuerza opositora, está en contra de que el protagonista logre sus fines. Dicho de un modo familiar, el antagonista es “el malo” de la historia. Generalmente, no estamos de su lado, no queremos que triunfe.
3.- Personajes Secundarios:
Son aquellos que no representan una de las dos fuerzas en conflicto, sino que dan su apoyo a una de ellas. Esto no quiere decir que el término “secundarios” les resta importancia, lo que pasa es que no son los directamente implicados en el conflicto, pero su presencia es esencial
4.- Personajes Alegóricos:
Constituyen la representación de cosas abstractas, son personajes simbólicos, a los que se les dan las características de aquellas cosas a las que representan; por ejemplo, La Naturaleza, o El tiempo, etc.
Los parlamentos son los textos o párrafos que dicen los actores. Estos parlamentos pueden estar expresados mediante un diálogo -una relación de dos personas que se comunican, en la que una habla y la otra le escucha y viceversa- o mediante un monólogo, en el que una persona habla para sí mismo. Distinto de esto es el aparte, en el que un personaje habla como pensando en voz alta y que los demás personajes no lo escuchan, es como si hablara nada más que para el público.
Las acotaciones, son las indicaciones que hace el autor acerca de cómo debe de realizarse el montaje, forma de hablar de los personajes o movimientos de éstos. Generalmente van entre paréntesis y en mayúscula.
Otro punto importante a considerar es la “credibilidad” del personaje. El autor debe darles vida, corporeidad, claro que sólo en el papel, pero si no lo hace, ni el actor ni el director sabrán interpretarlo adecuadamente. Para esto es necesario utilizar el “Estudio tridimensional del personaje”, esto es, el personaje analizado desde tres ángulos: físico, social y sicológico.
Veamos:
ESTUDIO TRIDIMENSIONAL DEL PERSONAJE
ASPECTO FISICO:
1. Raza, Sexo y edad.
2. Altura y peso aproximado, contextura.
3. Color del cabello, ojos y piel.
4. Rasgos fisonómicos, detallar su retrato.
5. ¿Tiene algún defecto o anormalidad física?
6. ¿Cómo es su voz, tiene alguna característica especial?
7. ¿En qué estado de salud se encuentra?
8. ¿Cómo se viste habitualmente?
9. ¿Cómo camina, cuál es su postura habitual, tiene algún gesto o tic?
ASPECTO SOCIAL:
1. Nacionalidad.
2. ¿En qué país vive?
3. ¿En que ciudad o pueblo vive? Aspecto de su casa.
4. Estrato social al que pertenece.
5. Lugar que ocupa en la colectividad.
6. Sociabilidad, ¿Está de acuerdo con el medio que le rodea?
7. Ocupación. ¿Está de acuerdo con su trabajo?
8. Educación. Cantidad y calidad.
9. Vida familiar, relación con sus padres.
10. Estado civil, relaciones familiares.
11. Estado financiero. ¿Le alcanza para vivir?
12. Religión. ¿Es creyente, convencido o indiferente?
13. Viajes. Lugares en que ha vivido.
14. Ideas políticas. ¿Pertenece a algún partido político, por qué?
15. Pasatiempos. ¿Qué hace en su tiempo libre?
16. Aficiones deportivas.
ASPECTO PSICOLOGICO:
1. Vida sexual. ¿Le ha creado algún problema?
2. Las normas morales por las que se guía, ¿corresponden a su religión?
3. Actitud hacia la vida, filosofía personal.
4. ambiciones, ¿Qué espera conseguir, cual es su objetivo vital?
5. Contratiempos y desengaños. ¿De qué índole?
6. ¿Es sanguíneo, colérico, melancólico o flemático?
7. Complejos e inhibiciones. ¿Qué los ha motivado?
8. Carácter: Extrovertido, introvertido, teorico, estetico, etc.
9. ¿Alguna anomalía psicopática como fobia, alucinación, manía?
Con esta pauta, nuestro personaje será bastante “real”.
Entremos, entonces, a la parte literaria en sí, pero antes de empezar, es necesario tener en cuenta ciertos detalles gramaticales:
Una coma nos da un tiempo cortísimo para cambiar la entonación del texto, un punto, un silencio más prolongado, es aquí donde habla el otro personaje.
Tres puntos representan un texto cortado por el actor que representa al antagonista o viceversa
Una pausa representa un silencio breve, esta se marca como una acotación, indicando si es una pausa corta o larga, también como acotación va el silencio prolongado.
No olvidemos tampoco los signos de admiración y de interrogación. Son muy importantes, así como las figuras retóricas, nos ayudan a darle variedad a nuestra escritura.
Ahora que sabemos la forma en que se divide una pieza teatral, y conociendo lo necesario de gramática. ¿Estamos listos?
Casi, casi…
No quiero seguir sin antes advertir lo importante que es el conocimiento de factores conexos a la trama. Me explico: si en la obra se tratan asuntos médicos, es importante estar al corriente de todos los aspectos técnicos de la medicina; las palabras que normalmente usa un médico, ya que ellos hablan una jerga especial, lo relacionado con el instrumental, los medicamentos, etc. Lo mismo si se trata de temas legales, aquí la cosa se complica un pòquito mas, por cuanto los abogados utilizan términos antiguos y en muchos casos retóricos, como el famoso «otro si digo» cuando se trata de añadir alegatos a un expediente, igual sucede con temas religiosos o políticos.
Con este conocimiento, se logrará hacer más creible al personaje, haciendo que se exprese en forma mas natural, ya que generalmente un médico no habla de «operarlo de la garganta«, sino de «practicarle una laringotomía».
¿Quedó claro?
Veamos la segunda parte:
En la estructura dramática se sigue el esquema de:
• Presentación.
• Trama.
• Conflicto.
• Clímax.
• Desenlace.
Ahora, tomemos en cuenta un punto que sirve a los intereses de nuestro drama a escribir: El Triangulo Argumental.
En toda obra dramática debe haber un protagonista, un antagonista y un objetivo.
Este alguien, busca o pretende algo al cual se le opone otro.
Por ejemplo: Romeo y Julieta (protagonistas) pretenden casarse (objetivo) pero se opone la familia (antagonistas).
Sin embargo, para darle fuerza a estos tres puntos del Triangulo Argumental, es necesario tener claramente definido el “por qué” de cada uno, o sea el porqué de las cosas, Lajos Egri, llama a esto la premisa. Si no tenemos clara la premisa de nuestra obra no podremos avanzar mucho.
Entonces nos planteamos una pregunta que siempre funciona como base para nuestro “conflicto”:
• ¿Qué pasaría si…”
Aquí, las posibilidades de respuesta son infinitas y de ellas salen los temas para nuestra obra dramática.
Voy a utilizar algunas preguntas que han servido de base para obras que he escrito:
• ¿Qué pasaría si, estoy en la disyuntiva, ante una enfermedad incurable, de sopesar que me sale más barato, un tratamiento a largo plazo o un entierro? (Jaque Mate)
• ¿Qué pasaría si, un sindicalista va a un mitin, pero entre los policías encargados de la represión del mismo está su hijo? (El mitin)
• ¿Qué pasaría si, después de la destrucción del cementerio por un terremoto, una mujer se lleva a casa el cráneo de su padre, pero los hermanos también se lo reclaman? (Domingo por la mañana)
Una vez que se tenga esto bien claro, ya nos podemos aventurar a escribir nuestro drama.
Y para darle inicio, tenemos varios métodos:
• A partir de un conflicto específico
• A partir de una resolución
• A partir de que el protagonista logra llegar a un punto decisivo en su vida.
• A partir de que algo vital en la vida del protagonista, está en peligro.
Además, es necesario para una buena escritura, (al margen de la cuestión ortográfica):
• Tener la premisa clara
• Esbozar el argumento completo
• Esbozar los caracteres.
• Iniciar la obra con fuerza.
• Intercalar escenas de humor para bajar la tensión.
• Diálogos cortos.
• Utilizar la fantasía e imaginación.
• Evitar el estatismo
• Utilizar un reparto corto.
Con estos datos ya podemos lanzarnos a escribir nuestra “opera prima”, y como complemento a esto yo recomiendo:
• Práctica, mucha práctica.
• Tener claro el mensaje o la premisa del mismo.
• Leer el texto tantas veces sea necesario, para corregirlo, aunque sea en una coma.
• Leerlo y realizar una posible eliminación o adición de personajes.
• Volver a leer y realizar posible eliminación o adición de escenas.
• Una lectura mas para realizar eliminación, modificación o adición de diálogos
• Realizar una reescritura total final.
La experiencia me ha demostrado que no hay fórmula mágica para escribir una pieza teatral, pero al menos, lo consignado en estas líneas ayudan mucho.
 
Fuente: www.entretachosybastidores.blogspot.com.es

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