Duelos por Ana Gutiérrez Expósito

PIEDAD ANTE LA MUERTE

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Cada tarde, cuando el sol poco a poco se va apagando, hay una sensación de soledad que no deja de rondarme ni un solo segundo.

Entre los tristes cipreses aún se pueden observar multitud de tumbas que no reflejan una muerte sino una vida que ya ha llegado a su fin.

Al alzar los ojos hacia ellas, me quedo quieta. Inmóvil. Casi sin respiración. No siento miedo sólo la calma del silencio.

Cada día cuando vuelvo, hay un hueco completado. Otra vida entregada al cielo. Y sin demora me pregunto:” ¿Cómo es posible esto?”. Hoy estás aquí, pero un solo segundo puede cambiarlo todo. En un solo segundo dejas de existir, ya no hay nada que quede de ti. Tu voz se apaga, tus ojos se cierran, tu corazón enferma y deja de latir. Lo que un día fuiste queda sellado detrás de una pared o inmerso bajo la tierra. Ya te has ido para siempre. Y es que morir me provoca tanto respeto..

Hoy vives, estás aquí, piensas que serás eterno. Pero al final te das cuenta de que sólo eres polvo capaz de formar una figura para después, volver a destruirse.

Cada vez que miro al horizonte estando tan cerca de la muerte, no puedo dejar de pensar en otra cosa más que en la cantidad de personas que día a día se van sin dejar ni rastro, en el negocio de la muerte, en la frialdad de enterrar a quién un día lo fue todo. En una palabra, en el silencio que ronda cada tumba después del barullo que hubo en vida.

Es como si pudiera sentir ese dolor entregado en cada lápida, ya que, un nombre inmerso en mármol, una fecha y unas flores, jamás podrán representar el valor de una vida sellada por la muerte.

Quizá no seamos conscientes de lo que supone la vida hasta que no nos veamos cara a cara con la muerte. De lo que supone el silencio entre todas esas personas que ya han muerto…. Y es que detrás de cada lápida, de cada ángel sin alas mostrando piedad ante vidas rendidas, se esconden millones de historias de hijos, sobrinos, tíos, abuelos, abuelas, madres, padres que obligan a derramar unas lágrimas, que, al caer, parece que van a abrir una Nada en cada mejilla… Al final la muerte siempre actúa. Aunque el alma termina venciendo la partida. Pero no es motivo suficiente para no estremecerse ante la pérdida de alguien que quieres, y que sin dejar rastro, inicia su recorrido hacia una nueva vida

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