Daniela último cp por Gelo Fernández de la Reguera

Capítulo 11
Como se supo después de unos meses, cuando por fin salió adelante el juicio, Adal y los demás se comerían unos cuantos años a la sombra. Rivas, en menor medida, pues solo consiguieron hallarle como cómplice en el tema del tráfico de órganos, e inductor del asesinato de Alejandro. Por fin, justicia. La noticia fue celebrada por todos por todo lo alto. Aunque algunos pensaron que cuando salieran de la trena, irían a buscarles. Falsa alarma, según el Padre de Pizarro. Tras el tráfico de órganos de Adal se encontraba la historia de un traficante fracasado. Uno que intentaba controlar el cotarro pero no había tenido ningún éxito, lo mismo que su padre. Cuando salieran de la cárcel estarían más pelados que el culo de una cacerola. Sorprendentemente, entre todas las condenas, se hallaba la de una chavala, de 15 años, de origen colombiano. Carolina Cárdenas. A la acusación de la fiscalía de menores se le unió la de los padres de Berta, que contaron con la ayuda de uno de los abogados de Sanli, el padre de Çakir, cuando él le contó de qué iba todo este embrollo. Aunque al principio no pudo más que echarle una buena bronca por haber puesto su vida en peligro, y la de sus amigos, pero no pudo, por otro lado, estar orgulloso de haber criado así a su hijo, sabiendo que había criado a un héroe. Sin embargo, para Yaiza y Rebeca, y el resto de personas que alguna vez hubiera tenido el mínimo contacto con ella, la historia pasó completamente desapercibida. A ellos no les importaba en mayor o menor medida lo que hubiera pasado antes de entrar en la casa. Para ellos, lo importante era que una de las culpables de la historia era ella, Carolina. Y que fue una de las que menos pena tuvo que soportar en el centro de menores. Por eso, cuando salió, estaba sola.
Aquel domingo por la mañana, Çakir se había vuelto a presentar en casa de Carolina. Llamó al timbre y le pidió entrar. Tenía que hablar con ella. Ella aceptó contenta. Pero después de dar dos vueltas a la llave de la puerta, comprobó que Çakir no venía solo, sino con Yuri.
–         Buenos días. – Saludó ella.
–         Buenos días – contestaron ambos.
–         ¿Qué queríais? –preguntó.
–         Venimos a despedirnos. – Dijo Yuri.
–         ¿A despediros? –
–         De ti… para siempre…  – dijo Çakir
–         Y de parte de Berta – Yuri
–         ¿Qué queréis decir? – Preguntó ella.
–         Sabemos que fuiste tú quien les abrió la puerta. Aprovechaste que se quedaba a dormir en tu casa para ir a abrirles la puerta cuando entraron. – Dijo Yuri, al borde de la ira.
–         ¡Eso no es cierto! El viernes estuve toda la noche en casa, sin salir. No me enteré de nada hasta que vinieron aquí sus padres a contárnoslo, por la tarde.
–         Eso no es cierto – Dijo Çakir – Tú estabas en tu casa, y por la noche, fuiste a la suya. Hiciste que Berta abriera la puerta y entonces entraron ellos. Y cuando volviste a tu casa, no cerraste la puerta, como tantas veces te dice tu madre. Lo comprobé cuando vine por la mañana
–         Berta es mi amiga. ¿cómo podría hacerle yo eso? – Dijo ella, intentando defenderse.
–         Por mantener la casa. – dijo Çakir . – Cuando vinieron esos chavales a por mí, empecé a comprenderlo. Para empezar no te pega el papel de celosa. Y te asustaste cuando leíste la nota. Ahí supe que sabías algo del asunto. Y cuando Adal nos dijo que una amiguita mía acababa de delatarnos, lo comprendí todo. Les vendiste a Berta a cambio de que no os quitaran esta casa. Adal es tu hermano.
–         No… – dijo ella, llorando. Çakir la había delatado y la había descubierto – No fue mi culpa, lo juro. Me dijeron que solo se llevarían un riñón. Os lo juro.
–         Mira… – Dijo Yuri – No quiero volver a saber nada más de ti. Pero en mi puta vida.
–         Lo hice para protegeros – se lamentaba ella, gritando – Pensaba que si la quitaban uno os replantearíais seguir con todo esto. De verdad, no pensaba que la iban a matar.
–         Ahórratelo. Ahora estás sola. – Dijo Çakir.
–         No, Çakir. Por favor. No te vayas. – dijo ella, intentando buscarle la mano.
Çakir se la quitó de encima de golpe. Mostró su gesto más despreciable hacia ella, y ella no se movió. Estaban ya todos los cabos atados. Comenzaron a bajar las escaleras mientras Carolina se quedaba sola. Sola en la puerta de su casa. Miraba las paredes de dentro pensando en el precio que había tenido que pagar por ellas. En ese momento se sintió como una estatua allí en medio plantada, como un algo que incansablemente trataba de formar parte de la vida de Çakir, aunque lo cierto es que ya no era nada para él. No era nada. Descubrió entonces que el dolor que se siente cuando alguien se te muere para siempre no es ni comparable con el dolor que se instala en uno mismo cuando alguien se te muere en vida y debes aceptar que aunque siga vivo, respirando, oliendo, comiendo y hablando con más personas, ya no formaba parte de ella. Que aunque estuviera muerto en sí, no hay siquiera una tumba donde poder hablarle, no hay un lugar donde invocar su ausencia, no hay resquicios ni retazos de lo que fue en su vida, porque ya no era nada. Nada.
Los dos amigos siguieron bajando las escaleras mientras escuchaban los lamentos de Carolina. No era para nada un llanto como el de Yuri la noche anterior. Lloraba por perder de esa manera al turco, y seguramente también a sus amigas, que ya se habrían enterado de toda la historia. Lloraba por haberse quedado sola. Y sola seguiría. Cuando por fin llegaron al piso de abajo, Daniela estaba allí esperándoles. Confiaba en que ya no hubiera más problemas.
–         ¿Cómo ha ido todo? – Preguntó ella.
–         Bien. Aquí, el  turco, tenía razón con sus deducciones.
–         Si… yo y mi terquedad, no, checo.
–         Si… sobre todo eso. Y la mía.
–         ¿Y ahora qué? – Preguntó Daniela.
–         Ahora… más te vale que me le cuides bien. Se lo merece, ¿va? – le dijo Yuri a Daniela.
–         Si, tranquilo. Le cuidaré muy bien – dijo ella, acercándose a él. – lo mismo que él ha cuidado de mi.
–         Eso espero.
–         ¿Y tú, checo? –
–         No te preocupes por mí, turco. Estaré bien. Tardaré en olvidar a Berta, pero eso es todo.
–         Procura caminar a la sombra… no sea que te dé un golpe de calor, como el otro día. –
–         Tranquilo… cuando llegue a casa me echaré en mi tumba… digo, me tumbaré un rato… y se me pasará.
–         Ah… vale… – dijo Çakir.
–         Tú disfruta, que ahora si tienes con quien. –
–         Hijo de puta… – dijo Çakir riéndose. – Pero échate de verdad, no sea como anoche, que no me hiciste caso.
–         Ya ves… yo y mi terquedad.
Yuri comenzó a caminar, siguiendo el consejo del turco, a la sombra. Al poco ya estaba doblando la esquina para recorrer toda calle castilla. Su paso era lento, pero eso no le impedía pensar al turco que tarde o temprano se recuperaría. Aunque estaba herido de amor, más daño le hacía la herida que él mismo se había hecho. Çakir y Daniela se fueron hacia el paso de cebra para recoger el coche, e irse a casa de Tania, a darle algo que siempre había sido suyo. Iban contentos de que todo hubiera acabado bien por fin. Antes de subir al coche, se dieron un beso. Un beso de los que saben a “hoy empieza todo”.

Fuente: www.historiasdeacoma.blogspot.com.es

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