El corazón de Jenízaro cap 12 por Gelo

Capitulo XII. La verdad de los traidores

Salió del despacho de Goyo. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Estaba realmente hecho un lío. Ahora resultaba que realmente, todos tenían un móvil para matarle. ¿Por qué lo negaron entonces? ¿Realmente sus coartadas eran reales? ¿Había bastado volver a ponerles en el punto de mira para que se rajaran? Y si realmente había sido uno de ellos ¿a qué venía matar a Cristian? Ya habían desaparecido todas sus sospechas cuando dijeron que tenían coartadas. ¿Por qué estaba Sergio en ese marrón? ¿Por qué tuvo que arriesgarse el asesino a cometer otro asesinato? “Flipante”. No se le ocurría otra cosa

Antes de volver a clase, se dio cuenta de que aún tenía las llaves de Cristian y su móvil en sus bolsillos. Volvió a examinarlo minutos antes de entrar a clase. ¿Qué querría decir Lara con eso de que sus padres no se habían dado cuenta? ¿Tenía algo que ver con la muerte de Cristian? a quinta hora, tendría la oportunidad de preguntárselo. Y sin embargo, a esa hora Lara no estaba. Parecía ser que la policía había estado en su casa y se había enterado de que su hija ya no era virgen. La iba a caer una bronca de las que marcan época. Podría preguntárselo al día siguiente. Saliendo a las dos y veinte, el ambiente era parecido al del día anterior. Muchas caras largas. Parecía como que el instituto entero se arrepentía del tratamiento que le habían brindado a Cristian durante todo el curso. Y ahora todos hacían penitencia de ello con un sufrimiento interior.

 

–         Ahí sigue su moto – Apuntó Pizarro – Parece que no le dio tiempo a repararla.

–         Es verdad – dijo Salva – Todavía le falta un retrovisor.

 

¿Un retrovisor? Çakir abrió los ojos como si fueran a salirse de sus órbitas. Se le iluminó la bombilla. Se fue disparado hasta la entrada del instituto. Su objetivo, encontrar a Marimar. Y lo antes posible. Estaba bajando la cuesta del otro lado, hacia la parada de taxis del río de la pila, donde aparcó su coche hace unos días.

 

–         ¡Marimar! ¡Marimar!

–         Çakir, ¿Qué te pasa?

–         La moto que viste salir del complejo. La noche en que Cristian fue asesinado. ¿Qué aspecto tenía?

–        Era como la de Cristian. Vamos… no era demasiado nueva que digamos.

–        ¿No te fijaste en algo más? Alguna señal, algo que la distinguiera. Lo que fuera… creo que tengo algo.

–        Pues no, a ver… era de noche, y yo sin mis gafas… pero una moto normal. Negra, un tubo de escape, un manillar, dos retrovisores, dos ruedas… muy parecida a la que traía Cristian… y a la de Sergio. Pobrecillos.

 

“No puede ser…” pensó dentro de sí. Se le iluminó la sonrisa. Se despidió de Marimar y volvió con el grupo. Se le veía algo más contento. Confirmado. No había sido Cristian. Pero sino había sido Cristian. ¿Quiénes quedaban? Si supuestamente alguien había matado a Sergio, solo podía ser alguien que hubiera estado en el instituto el día anterior. Por la tarde, cuando encontraron el cuerpo. “Un momento. Si supuestamente alguien mató a Sergio, es obvio que no pudo ser un suicidio. Pero si el ahorcamiento no funciona como suicidio, sino como asesinato, significaría que alguien tuvo que colgar de ahí a Sergio. Entonces… ¿cómo lo hizo para colgarlo de allí sin que opusiera la más mínima resistencia?

 

Fue disparado al baño donde supuestamente se había producido el delito. Miró a su alrededor buscando algo que no debía estar, dentro de aquel estrecho excusado. Arriba, abajo, derecha, izquierda… nada. Tan solo las cañerías dobladas, señal de donde se colgó la cuerda que acabó con su vida. Miraba de derecha a izquierda. Tenía que haber algo… ¿pero qué? Probó a mirar dentro del retrete, sumergiendo la mano hasta donde más pudo. Nada. Miró dentro del retrete, por el lado de la cadena. Tampoco había nada fuera de lo normal. La recompensa le esperaba detrás del retrete, cuando se agachó y empezó a dar palos de ciego por detrás. Había algo que no debía estar. Efectivamente. Una pastilla. Concretamente una pastilla para dormir. Halil las usaba cuando estaba estresado, y por eso reconoció la marca. “mierda” pensó.

 

Salió del baño y se fue a la sala de estudios. Confiaba en llegar a tiempo.

 

–         ¿Goyo?

–        ¿Qué ocurre, Enis?

–         Tienes aquí las fotos de Sergio.

–         Si, las dejaron aquí. En lugar de eso se llevaron la carpeta con los trabajos de geografía. Les he llamado para que vengan a buscarla, pero de momento no han llegado.

–        Déjame verlas. – Çakir se la cogió literalmente a Goyo, mientras este le decía que no podía verlas. El hizo caso omiso. Miraba fijamente al cuello de la víctima. “No hay señales de violencia, ni el cuello está rojo. Ni si quiera está la cabeza está separada del cuerpo… ¡Cuando le pusieron en la horca, Sergio ya estaba muerto!”

–         ¡Enis, haz el favor de darme esas fotos!

–         Lo siento Goyo…

–        ¡Y hablando de Geografía, ni tu ni Cristian me habéis entregado el trabajo! – dijo, bastante enfadado por ambos gestos – Cristian tiene escusa, pero me parece que te va a volver a quedar para este año.

–        No, Goyo, espera… lo tengo aquí.

 

Sacó el mapa por fin, y por fin pudo dedicarle un poco de atención. Por fin. Y lo más curioso es que había algo curioso en el mapa. Algo llamaba especialmente la atención. Contenía algunos puntos redondeados, otros señalados con un triángulo, en unos puntos muy concretos. Hizo memoria de lo que había aprendido el primer trimestre. Se sorprendió a sí mismo. “Eso es” se dijo

 

–        ¿Me lo entregas o qué? – dijo Goyo.

–         Mmmm. Me tengo que ir, Goyo. Mañana te lo entrego.

–        Mañana será demasiado tarde. – le gritó mientras él se iba corriendo a reunirse con sus amigos. Le esperaba en la entrada del instituto, un poco impacientados

–        ¿Dónde has ido, tío?

–        Tenía pipí, papá – se rió de la pregunta.

–        A ver, ¿vamos o no?

–        Si, vamos. Pero tengo que hacer un recado con mi hermana. Así que avisadme por la tarde, ¿vale?

–         ¿Por la tarde? – Preguntó Ulises.

–         Si… avisadme por la tarde. Cuando estén sus padres. Para poder darles el pésame.

–         Te avisaremos. Nos vemos esta tarde entonces.

 

El grupo se despidió. Se fueron cada uno por su lado, hacia sus casas. Tan solo Nazli permaneció al lado de su hermano. No recordaba que esta tarde tuvieran nada que hacer.

 

–         ¿Un recado esta tarde? Que yo sepa hoy tenemos la tarde libre, hermanito.

–        No del todo. Yo no… tendrás que echarme una mano.

–        Tiene algo que ver con lo de ese chico… ¿verdad?

–        Verdad.

Comieron tranquilamente, en compañía de Halil, sin mencionar nada del tema. Cuando acabaron, se fueron a la habitación de Çakir. Nazli estaba especialmente exaltada. Lara le había hablado muy bien de su hermano, y ya conocía su fama. Ahora iba a vivir una de esas aventuras con él. Mientras Çakir daba vueltas a su habitación, esperando a que sus amigos lo llamaran, su hermana esperaba intrigada a que le explicara cual sería su papel.

 

–        ¿Y qué se supone que tengo que hacer yo?

–         Esperarme abajo y avisarme si ves que llegan sus padres o algo parecido. – le dijo su hermano.

–         ¿Abajo donde? – Preguntó Nazli, esperando algo más.

–        Vamos a ir a casa de Cristian. tengo que confirmar quien es el asesino.

–         ¿Confirmar? ¿Es que ya sabes quién es?

–         Realmente, no sé quién es. Pero sé que estaba buscando algo. Y si consigo encontrarlo, quizás descubra quien es.

–        ¿Por eso les has dicho a tus amigos que te avisen cuando lleguen sus padres? Para poder entrar con más calma.

–        Y para tener tiempo de encontrar lo que creo que debería encontrar. Espero….

–         ¿Vamos a ir luego al tanatorio entonces?

–         Si… aunque sea, quiero ser sincero con ellos. Quiero darles el pésame.

–         Luego me ha dicho Lara que si quedaba con ella. ¿Puedo?

–        Sí, claro. Ella es la que te ha contado todo eso de mi, ¿no?

–         Sí. Te admira mucho. ¿Por qué no sales con ella en vez de con Daniela? – Preguntó Nazli

–         Porque yo amo a Daniela.

–        Ya…

 

Con esa respuesta bastaba. Además, le admirase lo que le admirase Lara, Daniela le admiraba mucho más. Confiaba en que algún día lo entendiera. También confiaba en que algún día, ella lo entendiera. Incluso confiaba en que algún día, ambas llegaran a llevarse bien. Tuvo que echar esa imagen de su cabeza en cuestión de segundos. Visto lo visto, era más probable que los turcos volvieran a plantarse en las puertas de Viena antes de que esas dos se llevaran bien. Pero mientras tanto, había que estar a lo que se estaba.

 

A las cinco de la tarde, por fin llamaban al teléfono. Era Salva. La primera fase del plan estaba ya realizada.

 

–         Acaban de llegar, turco. Y visto el ambiente que hay, van a tardar bastante en marcharse. ¿Vas a tardar mucho en venir o qué?

–        ¿Ya me echáis de menos, cabrones?

–         Nos lo ha preguntado Lara.

–         ¿Está allí? – Preguntó Çakir

–        No, tío. Nos la hemos encontrado de la que veníamos frente al instituto. Bueno, en frente no, entrando.

–        ¿No va a ir al tanatorio? Qué chavala…

–        No se… yo la he visto con su tía, la del sábado.

 

Bajaron al coche y salieron en dirección a casa de Cristian. Çakir conocía el portal, pero desconocía cuál era el número. Dejó el coche frente a la puerta, en la acera de en frente, con Nazli adentro, atenta. Miró en los buzones buscando cual sería el número de Cristian. Era un tercero de tres pisos. Y solo había dos puertas por piso. Sería muy difícil que lo pillaran. De modo que abrió la puerta y entró en aquella casa como Pedro por su casa. No tuvo demasiados problemas para averiguar cuál era el cuarto del triste. Estaba todo perfectamente colocado. Una cama con baldas repletas de libros encima. Un armario con ropa y más libros. Y un escritorio con más libros. Un ordenador más o menos viejo, con un escáner. Estaba encendido, pero no le prestó demasiada atención. Miró en los cajones, debajo de las alfombras. Lo revolvió todo, pero no encontró nada que pareciera sospechoso ni digno de ser escondido. Estaba limpio e impoluto. Tan solo encontró su diario. Estaba sujeto con un candado, pero no tardó demasiado en encontrar la llave en el propio llavero. Recordó la fecha del mensaje de su móvil. Buscó esa página.

 

“Querido Diario. Lara se ha mostrado muy contenta con mi trabajo. Parece ser que la falsificación de sus notas fue un éxito. Sus padres no se han enterado. Supongo que eso hará que interceda por mí en las peleas de cara al futuro. ¿Sabes? A veces pienso que el que la gusta soy yo, pero que no se atreve a decirlo por miedo a Vega”

 

“No es más tonto porque no se entrena”, pensó Çakir para sí. Entonces, Cristian la había falsificado las notas. “Por eso estaba tan bien con ella. Por eso intentaba defenderle, por agradecimiento, no porque realmente quisiera llevarse bien con él. Por eso iba ahora con su tía a la… ¡¡mierda!!” Çakir continuó leyendo el diario. No había muchas más cosas que interesaran, ni nada acerca de Lara. Se adelantó hasta la vuelta de las vacaciones, en las fechas señaladas. Buscó en aquel viernes, durante la pelea.

 

“Querido diario. Hoy he estado a punto de pegarme con Vega, mi fiero archienemigo. Pero el muy pringado no ha tenido bemoles a presentar batalla contra mí, por lo que no ha ocurrido a la cita. Me hubiera gustado enfrentarle para salvaguardar el honor de Lara. Me parece que también lo ha hablado con sus amigos, pero no estoy seguro. La verdad es que a veces diría que se odian mutuamente entre ellos. Como si tuvieran miedo de Vega. ¿Quién sabe?”

 

¿Lara le había contado también a Cristian que Vega la había forzado? Pero si ella misma le había dicho que no había hablado del tema con nadie por vergüenza. Pero… entonces… ¿Cuántas personas conocían de la violación? El día de eso, dijo que tan solo lo sabían Sergio y los que habíamos estado en Torre, y nos lo agradeció por no decirlo. Pero de Cristian no dijo ni pío.

 

“Lo sabía” Se dijo. Cogió el teléfono y llamó a Leandro.

 

–         ¿Leandro?

–         ¿Quién es?

–        Soy Çakir. Ya sé quién es el asesino.

Esto puede interesarte también

Deja un comentario