El corazón de Jenízaro último cap por Gelo

Capítulo XIV. Almudena García Lavín

Ciertamente, después de todas las explicaciones habidas y por haber, poco había que hablar ya. Por si esto fuera poco, tanto la tía, como la madre, llamadas por Marimar y por el comisario se habían presentado momentos después en la comisaría. La verdad es que verse una a la otra presentadas como la madre fue un lío mayúsculo. Sobre todo para la pobre Marimar, que no acababa de enterarse de cuál de las dos era la madre.

Al poco rato Lara pasó a disposición judicial, después de que se levantara el sobreseimiento de ambos casos. Esto dejaba a todos los de la banda de Rafa en libertad, sin cargos, y sin nada que decirla, salvo dedicarla una mirada de asco. Bruno, en cambio, no pudo contenerse, y la escupió a la cara. Los mayores se quedaron allí, pues aún había muchas cosas que hablar, y francamente, ni Çakir ni ninguno de los chicos allí presentes tenía la menor intención de quedarse allí a resolverlo, oídas todas las partes.

 

Tanto el turco como el checo, que desde que su amigo había iniciado el discurso había permanecido ante él guardando un respetuoso silencio, acompañados de los hermanos Baraja y compañía. El espectáculo que les esperaba a la salida era abrumador. Todo el personal que hasta hacía escasa media hora estaba guardando el riguroso luto en el tanatorio estaba ahora en frente de las verjas. A la cabeza de todos estaba el padre de Cristian. Era el que les esperaba al lado de las verjas. No entendía que hacía Çakir saliendo de allí como si nada. Al verle con sus amigos, lo entendió menos. Realmente, nadie allí entendía nada. Menos lo entendieron cuando Çakir se acercó al padre de Cristian, después de que un guardia les abriera la puerta.

 

–         Lo siento… siento haber llegado tarde, señor. – se disculpó el turco.

–         ¿Pero queé…?

–         Por favor, acompáñeme. – le dijo el guardia.

 

Y mientras el padre de Cristian se alejaba hacia el interior del recinto, Çakir se iba con los demás hacia el final de la calle Castilla. Si la gran mayoría se iban contentos porque había desaparecido la posibilidad de pasar una larga temporada a la sombra, el turco se marchaba cabizbajo. Le removía el pensamiento y la conciencia y todo lo que se pudiera remover dentro de él el hecho de que no había hecho lo suficiente. No había hecho nada.

 

–         Çakir, ¿qué te pasa?

–         Es por todo, Yuri. Me he dado cuenta demasiado tarde de todo… ¿sabes? Si me hubiera tomado todo esto un poco más en serio, si hubiera estado ahí, nada de esto hubiera pasado. Todo esto se podría haber evitado. Todo.

–         No es cierto. Todo esto ha pasado porque tenía que pasar. Era una bola de nieve. Es como una gran mentira que ha ido creciendo y creciendo. Y mientras crecía se ha llevado por el camino a Sergio y a Cristian. Pero ambos sabían a lo que se exponían, los dos, cuando conocieron a Lara.

–         Yo ya conocía a Lara. Debí haberles prevenido. A ambos.

–         No hubiera servido de nada. Les tenía engatusados. Hubiera sido más fácil convencer a esa pared de ahí que se dejara caer.

 

A pesar del esfuerzo de Yuri, la moral del turco estaba bastante baja. Le había bastado una media mañana para resolverlo todo. Si se lo hubiera tomado con la misma seriedad dos días antes…

No encontró consuelo ni si quiera entre sus amigos cuando se enteraron de ello. Ni en Halil. Ni en Daniela cuando fue a verle esa noche a casa. Ni en Goyo al día siguiente cuando fue al instituto. Los que el lunes le tachaban de asesino ahora lo idolatraban como un héroe. Todos, sin excepción.

Pero su desánimo pesaba más que el de aquel que cumplía la condena, pues en el fondo de sí seguía sintiéndose culpable. No como colaborador. Quizás como encubridor. Ni si quiera eso. El mal se había impuesto. Incomprensiblemente se acordaba de un viejo proverbio que su padre le había enseñado de pequeño. No sabía si era o no uno de tantos que su padre le había enseñado a él antes de que él se los enseñara a Çakir. “Para que el mal triunfe basta que los buenos no hagan nada”. ¿Sería cierto? Era cierto, pues todo había pasado por culpa de su negligencia.

Así pasaron dos días hasta que llegó por fin el viernes. Poco a poco se había ido convenciendo a sí mismo de que no podía seguir así. Eso unido a la charla de Sanli, su padre, que le tuvo una hora entera colgado del teléfono el día anterior. Le explicó que tenía motivos de sobra para no haber intervenido antes, que dadas las circunstancias de aquella larga historia, era gracias a él posible que se hubiera encontrado a Vega; que de no ser por él, Sergio nunca habría recibido la autopsia, ya que se pensaría que se habría suicidado y estaría demás. Además, gracias a él, cuatro inocentes se habrían librado de pagar por un delito que no cometieron.

Las palabras de su padre, unidas a la promesa de regresar pronto a casa le animaron bastante. Sobre todo a acabar con el asunto de lo de las fotos de Martina. Néstor, conocida la identidad de quien era la persona que había encargado las fotos, la tal Almudena García Lavín, y recibió órdenes expresas de Çakir de localizarla. Esa tarea le llevó más que una simple tarde. Concretamente desde el martes, cuando lo comentó en el instituto, hasta el mismo viernes. Estaba bastante perdido teniendo en cuenta que nadie había oído hablar de ella. Ni Martina, ni Daniela, ni ninguna de sus amigas. Ninguna. Ni si quiera aparecía registrada en la base de datos de ningún instituto de Santander. La única forma de rastrearla era la de su cuenta de Tuenti.

Y la sorpresa fue mayúscula cuando Çakir, el viernes en su casa, mientras se arreglaba, recibía un mensaje de Néstor. La había descubierto por completo. Había accedido a su cuenta y había visto todas sus fotos. Y sus amigos agregados. Tan solo uno: Cristian Prat. “No es más tonto por qué no se entrena” seguía pensando el turco mientras su amigo le ponía en situación.

Colgó a su amigo antes de que éste tuviera tiempo de decirle de que no se iba a alegrar nada de lo que iba a descubrir a cerca de aquella chica. Se puso unos pantalones medianamente decentes y se fue a su cuarto con la espalda todavía mojada después de la ducha. Se conectó a internet desde su ordenador, y se metió en el tuenti de aquella chica. Estaba bloqueado al público, de forma que su foto principal era lo único que se veía. Contando que era un gato, no daba ninguna pista a cerca de la auténtica identidad de la chica. Cuando vio las fotos de su perfil, encontró menos todavía. Tan solo eran quince. Lo peor es que menos la del gato, las otras catorce le resultaban tremendamente conocidas.

 

Daniela aparecía en las restantes fotos. Aparecía en un pueblo, a juzgar por el aspecto montañoso del fondo en las que salía ella, con un cielo azul propio de un caluroso verano, pero no estaba sola en ellas. En la mayoría de ellas aparecía con un jambo de metro ochenta, más cuadrado que Çakir, con ojos claros y con otros tantos detalles que cualquiera de los que estéis leyendo esto y tengáis el sexo del turco os tomarais como un claro insulto a vuestra hombría. Lo peor de todo ello era que en una de ellas, estaban besándose. Y las fechas de todas ellas eran bastante comunes. Se habían hecho en dos días de verano. Curiosamente, dos días en los que Daniela, recordaba Çakir, había estado en el pueblo, con su madre.

 

–         Néstor – dijo Çakir al llamarlo – Néstor, coge el puto teléfono… ¡Néstor! – Dijo cuándo lo descolgó.

–         ¿Qué pasa?

–         ¿Estas fotos también están trucadas, no?

–         No… no lo están.

–         ¿Cómo qué no?

–                Yo mismo las miré. Son reales… ¿Çakir? ¿Çakir estás ahí? ¿turco?- Estaba, sin estar. Era lo que menos pensaba encontrar. Una infidelidad de Daniela. Técnicamente no era una infidelidad, ya que en ese tiempo no eran novios ni nada parecido. Se habían liado, pero nada más. Pero eso no evitaba que se sintiera muy dolido. Muchísimo. – Las han enviado desde un ordenador en Torrelavega, pero no sé si le conocemos o no – Para entonces Çakir ya no prestaba atención a nada de lo que le decía su amigo.

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