El Grimorio Árabe por Asilo Oscuro

 

Son muchas las historias que en el mundo se cuenta por generaciones para advertir o prevenir a las personas para no cometer acciones que los lleven a la perdición. De hecho, muchas de las leyendas urbanas se basan en eventos que nunca ocurrieron o marcaron a una población, sin embargo los registros de estas narraciones no dejan de ser parte del folclor popular. Entonces ¿para qué creer en esos espíritus, apariciones o historias que no dejan de ser más que fantasía?

El arqueólogo británico Lord Craft pensaba lo mismo cuando dio inicio a la expedición más grande sobre el Medio Oriente en busca de respuestas sobre los diferentes pueblos de Mesopotamia. Sus conocimientos sobre el pueblo asirio en cuanto a la cultura, lenguaje e historias, le había otorgado el reconocimiento a nivel mundial. Había recibido un telegrama de su profesor sobre una región donde se presentaban brutales muertes sin sentido. Pese a la violencia de los pueblos, ninguna de las personas podía dar razones reales sobre las docenas de cuerpos que parecían brotar desde lo más profundo de la tierra. Y es que el callejón norte de la ciudad de Mosul parecía un río carmesí, donde los peces eran pedazos de humanos que desembocaban en la puerta de la biblioteca.

Se cuenta que el último solsticio de  invierno Craft, se quedó hasta oscurecer en el Templo de Nínive. Inmerso en sus excavaciones, encontró un pequeño bulto debajo de una escultura de un Asakku. El hallazgo fue una sorpresa para él cuando descubrió que un extraño libro estaba envuelto en él. Su tapa, rústica, en cuero negro con herrajes y un ojo brillante color ámbar, era una tentación para la lectura, pero imposible de abrir.

La noche cobijaba los pobladores y dormían plácidamente mientras al interior de la excavación Craft buscaba respuestas ante su más grande  hallazgo. Caminaba lentamente hacia la salida cuando se escuchó un grito ensordecedor haciendo temblar la tierra. Las estatuas empezaban a caer, por lo que la huida fue inmediata. Toda la ciudad comenzó a sentir un fuerte terremoto, la gente salía despavorida en su ropa de dormir y algunos desnudos. Las calles se rompían como el cascarón de un huevo y un líquido espeso rojo brotaba por ellas, haciendo que el caos se apoderara de la noche.

La mañana siguiente, eran miles de cuerpos apilados sobre las ruinas de las edificaciones que no soportaron el fuerte sismo. Lord Craft, decidió suspender la expedición mientras la ciudad volvía a la normalidad. El barco arribó más pronto de lo que se esperaba y las personas que sobrevivieron, subieron con el firme propósito de no regresar. Craft sentía una fuerte presión en el pecho mientras se alejaba de la destrucción y pensaba en el valor arqueológico del libro, sin que mirar atrás.

La densidad de la niebla se incrementó a la llegada de la embarcación. La lluvia parecía haber sido la más fiel compañera de los viajeros y la única en recibirlos, como si nadie deseara que Craft pisara de nuevo su tierra. La primera parada en el museo para exhibir su hallazgo fue infortunado pues ni el profesor, ni los grandes estudiosos parecían interesarse en el libro, ya que dijeron que era algo que cualquier árabe loco había dejado allí para los incautos. Craft que conocía de las obras falsas no daba crédito a estas afirmaciones y por el contrario, sabía que pese a ser un libro muy bien elaborado, no era algo que hubieran hecho juguetones tramposos. La fuerza que lo ató desde el primer momento y ese deseo desbordado por conocer el contenido, era producto de sus bastos estudios en las culturas antiguas, no de un capricho orgulloso. No obstante, el hecho de no poder abrirlo, no le permitía demostrar lo que su corazón se empeñaba en señalarle.

Tal vez por eso, lo llevó a la casa de su prometida, la cual vivía con sus doce hermanas, un mayordomo y el ama de llaves. Los padres de estas jóvenes habían salido de viaje por toda Europa, como parte de los negocios (aunque la madre solo había ido por la desconfianza infinita que le producía su esposo), sin importar dejar a sus hijas. El favor era muy simple, lo guardaría allí mientras él iba a descansar un poco en la casa de sus padres, pues a ellos les incomodaba y molestaba todas las cosas que él conseguía en sus travesías.

La medianoche llegó y con ella, trece gritos de jóvenes vírgenes, herrajes ensangrentados y una presencia maligna que recorrió toda la mansión. El mayordomo alcanzó a arañar la puerta mientras el ama de llaves salía disparada por una ventana de las habitaciones superiores. Los vecinos nunca se percataron de lo ocurrido, ni siquiera de los gritos silenciosos que solo se nombran en las obras del descendiente del antiguo Lord, el cual cuando regresó al otro día encontrando el espantoso retrato de sangre. Tomó su libro bañado en el espesor rojo sin quererlo abrir, para abordar el primer barco a la nueva colonia británica, lejos de donde lo conocían.

Desde esa noche se habla del grimorio árabe como un libro de rituales, donde están ocultos los más íntimos secretos que solo pueden producir la locura y la muerte, que sus herrajes son abiertos con la sangre de las vírgenes, que nadie conoce su paradero, que las ceremonias invocan seres de ultratumba o dioses de pueblos más antiguos que el asirio, de las riveras del mar y que solo puede mirarse a través de los relatos del tataranieto del Lord Craft, quien en América cambió su apellido para desaparecer del mundo y que doscientos años después, escribiría «Que no está muerto lo que yace eternamente, y con eones extraños incluso la muerte puede morir».

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