El Hotel (Capitulo 6) por R.J Frometa

Lindsey se hallaba patinando con su scooter por toda la casa, mientras cantaba una de las más conocidas canciones de Justin Beiber. El sonido de las ruedas rodando en el suelo, era el único sonido que se escuchaba. Entonces oyó un sonido, como de algo que se rompía. Miró la puerta.

—Te dije que no hicieras ruido —susurró una voz masculina no lo suficiente bajo para no ser escuchado.

—¡Cállate o nos oída!

La pequeña dejó su patineta a un lado y lentamente se fue acercando a la puerta. Se mantuvo observando la puerta, en especial el número. 237.

«¿Será como en la película El Resplandor?», pensó.

Trató de abrirla, pero le fue imposible. Sin dejar de voltearse varias veces a mirar la puerta, sospechando que algo estaba pasando, tomó la patineta, y siguió su camino.

—¡Eres un maldito idiota! ¿Por qué tuviste que hacer ruido? —espetó la misma voz de antes, ya cuando la pequeña se encontraba bien lejos.

—Lo siento, señor.

 

 

*  *  *

 

 
Yacía sentado en la sala junto a Schdmit, escribiendo la nueva historia en mi portátil. Estaba bien concentrado, no me gusta que me molesten cuando estoy en un momento de inspiración…

—Hola chicos.

Daisy vino desde la cocina donde se encontraba. En ese preciso instante, estaba terminando el capitulo.

—¿Han trabajado mucho?

Miré a mi compañero que en ese momento empezó a roncar.

—¿Creo que “Han” es mucho?

—Entiendo. Estaba viendo la televisión y dijeron que iba a nevar.

Me froté los ojos, bostecé y me quedé mirando a mi esposa.

—¿Ah sí?

—Sí.

Ella siguió mirándome, bien alegre.

—¿Qué quieres que haga?

—Pues no lo sé, ojala no lo hiciera.

—Querida, aunque quisiera, no soy Jesucristo. No puedo cambiar el tiempo.

—Podemos ir con las niñas a jugar afuera.

—No puedo.

—¡Oh vamos, no seas tan aburrido!

—No soy aburrido, es que, como vez, tengo trabajo y la ayuda que debería tener está durmiendo como un maldito angelito.

La sonrisa se le borró del rostro, y tristemente respondió:

—Sí, claro. Entiendo. Tal vez te traiga unos emparedados y pueda leer algo de lo que tienes escrito.

En ese momento, mi cansancio e irritación tomó lo mejor de mí e hice algo que realmente me arrepiento.

—Daisy, déjame explicarte algo. Cada vez que vienes aquí, interrumpes mi concentración. ¡Estás destruyéndome y debo volver a comenzar a escribir otra vez el maldito capitulo! —estrellé mi mano contra la mesa, rompiendo de esa manera el silencio. Nigel apenas se inmutó— ¿Entiendes?

—Sí…

—¡Cada vez que vengas aquí y escuches el sonido de las putas teclas, significa que estoy trabajando y no puedes entrar! ¿Crees poder entenderlo?

—Claro…

—Bien, ¿entonces por qué no comenzamos ahora y te vas a la mierda?

Lágrimas cayeron de sus ojos, y se fue con cabizbaja a la cocina. Yo iba a regresar a lo mío, cuando…

—Así mismo dijo Jack Nicholson en El Resplandor.

—¿De qué estás hablando?

—Escuché un sonido allá arriba, en la puerta 237. Había alguien detrás.

—Es imposible, sólo somos nosotros.

—Sólo estoy informando lo que…

—¡Me importa un comino! A veces pienso que eres una maldita paranoica esquizofrénica.

Lindsey se me quedó mirando.

—Por lo menos no soy un pendejo —siguió su camino antes de que pudiera decirle algo.

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