El Legado de los César cp4. Elena Saavedra Siles

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Capítulo 4

[Aparecen en escena Eros y Michelle. Cambio de decorado: casa de Michelle.]

Eros- Mi dulce Michelle, estás más espléndida que nunca. Me han dado la gran noticia

Michelle– ¿Quién os lo dijo primero?

Eros– Pues, me dijo el César que actuaríais en el coliseo. He venido enseguida para felicitaros

Michelle– Muchas gracias coronel

Eros– Oye, suenan rumores de que me quieres como pareja. ¿Es cierto?

Michelle– ¿Rumores?

Eros– Algunos criados me han confesado que has dicho que desearíais casaros conmigo

Michelle– Bueno coronel, yo soy una mujer desde luego con muy buen gusto

Eros– Gracias por el cumplido, desde luego nunca creí que os interesara yo. Bueno después de todo soy Eros Valverdi, conocido por ser un mujeriego. Pensáis vos que podré algún día conocer a una única mujer que ocupe mi corazón. Es un gran halago por vuestra parte, pero si me caso quiero serle fiel a mi esposa y esa es una cualidad que aún no poseo.

Michelle– Yo os daría lo que ninguna otra mujer os ha dado, aunque claro hasta que no podréis probarme jamás lo sabréis.

Eros– Espectacular. Sin duda me habéis dejado sin aliento. ¿Qué os parece si vamos a cenar?

Michelle– ¿Ahora mismo?

Eros– ¿Y por qué no? ¿Qué nos lo impide?

Michelle– Nada supongo, ¿pero no lo veis algo precipitado?

Eros– Querida hablando de vos podría estar un año entero cortejándoos y sería aún demasiado precipitado. Y yo no quiero perder más tiempo. Quiero conocer a la voz de los ángeles en persona. Con vuestro permiso os llevaré al mejor restaurante de Roma.

Michelle– Será todo un placer aceptar vuestra invitación coronel.

Eros– Por favor llamarme Eros, no quiero que se me mire por mi cargo sino por lo que soy

Michelle– ¿Y qué sois?

Eros– Ahora mismo en este instante soy un hombre muy afortunado.

Michelle– Eros, jamás pensé esa faceta tuya romántica

Eros– ¿Cómo pensabais sino que iba a cortejaros? Voy a decir tales poemas que ni el mejor de mis versos podrá sorprenderos lo suficiente hasta escuchar el próximo

Michelle– ¿Y esa insistencia?

Eros– Querida mía, si yo estoy con mujer siempre la conquisto. Y pienso conquistaros a vos

Michelle– ¿Y se puede saber porqué? ¿Qué me hace a mí tan especial?

Eros– Vuestra voz, vuestra elegancia, vuestra fuerza, vuestro encanto y vuestra belleza. Sois la mujer más increíble que jamás había conocido y en cuanto finalice esta velada mi amada pienso poseer una nueva compañera a mi lado, un gran recuerdo y un merecido beso

Michelle– No habléis antes de tiempo.

Eros– Cuando me decís esas cosas me digo que vuestra belleza también está en vuestras palabras, aunque reconozco que me ciegan tus encantos femeninos, querida.

Michelle– Con un par de piropos no me vais a conquistar, yo no soy como ninguna de la otras mujeres que en ataño conociste.

Eros– No, pero al menos consigo que esbocéis una sonrisa, y eso querida, es uno de los regalos más bonitos que me podríais dar jamás. Aunque aún me queda probar vuestros labios.

Michelle– Jajajajaja. Eros, sois todo un bribonzuelo

Eros– Nací siendo todo un galán. Pero ante todo soy vuestro caballero, por esta noche

Michelle– ¿Sólo por una noche?

Eros– Eso depende de vuestra respuesta.

Michelle– ¿Y que respuesta sería la esperada?

Eros– Esta, sin duda sería vuestra mejor correspondencia- (Eros besa a Michelle en los labios con pasión) – Lo que no hay duda es que eres una gran mujer.

Michelle– Pues aquí tenéis mi respuesta – (Michelle besa a Eros en los labios)

Eros– Me alegra vuestra respuesta, vayamos al restaurante, nos están esperando.

Michelle– ¿Ya habías reservado mesa antes de venir?

Eros– Con mi nuevo rango, siempre me están esperando.

Michelle– En eso tenéis mucha más razón de la que pensáis.

[Eros y Michelle salen del escenario. Aparecen en escena Priscila y Augusto. Cambio de decorado están en la casa de Augusto. Hay cosas de color oro. Están sentados en lo que podría ser una cama. Todo está decorado al más puro estilo romano]

Priscila– Amor mío. Has estado todo el día afuera. ¿Qué sucedió?

Augusto– Entre Eros, Atlanta, Michelle y el ejército me han tenido de un lado para otro. He intentado decirles que debía de regresar a tu lado, pero ellos ni caso.

Priscila– Mi querido César, debéis estar agotado. ¿Deseáis algo?

Augusto– Estar a vuestro lado.

Priscila– Digo que si queréis alguna bebida o algo más.

Augusto– No, no deberás moverte más. Estás embarazada, del que será mi sucesor. No debes causarte ni un solo esfuerzo amada.

Priscila– Estoy embaraza, pero no inválida y se te ve tan agotado

Augusto– Yo me recupero con tus besos- (Augusto la besa en los labios).

[De repente entra un mensajero con muchas prisas. Viene ahogándose de la carrera]

Augusto– ¡Márchate!

Mensajero– César, siento molestaros, pero os entrego una noticia muy importante

Augusto– ¡Más le vale!

Mensajero– Selena ha sido secuestrado y me temo que Julio también.

Priscila– Querido. ¿Quiénes son?

Augusto– Vuelvo enseguida, esto es un asunto de estado.

Priscila– Adiós esposo mío.

[Priscila se marcha de la escena. Augusto va a parte con el mensajero para hablar con él]

Augusto– Gracias por la noticia. ¿Sabe mi esposa algo?

Mensajero– No se lo puedo confirmar, desde luego por mí no se va a enterar. No le contaré nada a nadie mi gran César.

Augusto– Mi querida hermana secuestrada. Mañana reúne a las tropas, debo de acudir junto a mi esposa. Puede marcharse.

Mensajero– ¡Ave César!

[El mensajero se marcha. Entra en escena Augusto. Priscila está en la cama. Él se tumba en la cama junto a ella. Priscila está llorando porque piensa que su marido la vuelve a engañar con otra mujer, Augusto intenta convencerla]

Augusto– ¿Qué te sucede amor mío? ¿Por qué lloras?

Priscila– Por que creía que el día del nombramiento de Eros Valverdi habíamos conectado y que se acabaría lo de engañar y mentir. Que seríamos fieles el uno al otro, como un matrimonio feliz y que me querías de verdad.

Augusto– Y es lo que va a pasar. Priscila yo te quiero. Acaban de hacer prisionera a mi hermana Selena y su hijo Julio.

Priscila– ¿Y su marido? A tu historia le faltan unas cuantas cosas.

Augusto– Su marido murió en la guerra se llamaba Agmadeón.

Priscila– Había comenzado a confiar en ti…

Augusto– Oye, yo te soy fiel de verdad. Todo lo que te he dicho es la verdad. No sé como convencerte de lo contrario. Sé que te he hecho mucho daño, pero eso se acabó.

Priscila– ¿Y cómo sé que es verdad?

Augusto– Puedes investigarme lo que te de la gana porque estoy diciendo la verdad

Priscila– Lo siento, es que había parecido… otra cosa.

Augusto– Lo sé, hasta yo mismo dudé por un instante.

Priscila– Te quiero.

Augusto– Yo también te quiero amor- (Augusto besa a Priscila en los labios)

[Se cierra el telón. Cambio de decorado. Es una calle, o un restaurante. Hay una mesa y dos sillas. Se abre el telón. Aparecen en escena Eros y Michelle cogidos de la mano. También hay un camarero. Se sientan en las sillas que hay junto a la mesa]

Eros– Hace una noche preciosa, será que se habrá contagiado de vos.

Michelle– Jajajajajaja. Jamás pensé que serías tan romántico Eros Valverdi.

Eros– Tengo mi ases. Casi todo el mundo me juzga mal. Pero tranquila, porque habrá muchas más sorpresas. Es mi deber conquistaros

Michelle– ¿Y piensas  conquistarme con halagos y una linda cena?

Eros– Y un baile, eso no me lo arrebataréis

Michelle– ¿Un baile? Ni siquiera hemos pedido la cena.

Eros– Camarero dos platos sugerencias del chef. Ponga música. Ven a bailar Michelle

Michelle– ¿Ahora mismo?

Eros– Por supuesto – (Se levanta y le tiende la mano)- Concédeme este baile.

Michelle– Está bien, le concederé un baile.

[Se levanta Michelle y empieza a sonar una música romántica, un vals. Comienzan a bailar]

Michelle– Bailas muy bien

Eros– Tengo a una gran maestra a mi lado que me guía

Michelle– Tonterías, te mueves solo. Bailas fantásticamente

Eros– Gracias, espero que la cena sea igual de agradable porque no había venido antes a este lugar. Es mi primera vez en un restaurante romántico

Michelle– ¿De verdad?

Eros– Todas mis citas fueron en bares y no salieron de allí, algunas en la propia calle.

Michelle– Pues las mías siempre fueron elegantes

Eros– Porque eres una mujer elegante y te mereces lo mejor.

Michelle– Espero que no hayamos pedido pescado, lo detesto.

Eros– Creo que hemos pedido pasta, después de todo estamos en Roma.

Michelle– Cierto, mis viajes a Hispania me han descubierto una cocina que jamás imaginé que existiera. Aunque debo de reconocer que me encanta el cerdo.

Eros– Por supuesto. Ese país es sin duda, un lugar maravilloso para vivir. ¿Os gustaría ir?

Michelle– ¿A Hispania? ¿Contigo? ¿Viajar a solas los dos?

Eros– Pues claro. Yo os invitaría puesto que sería por nuestra luna de miel

Michelle– ¿Habla Eros Valverdi de matrimonio?

Eros– ¿Y porqué no? Eres una mujer espectacular

Michelle– Gracias, es un gran cumplido que el mismísimo Eros Valverdi me pida matrimonio

Eros– No me deis las gracias, os la debo dar yo, tan solo porque me dejéis el privilegio de vuestra presencia, majestad

Michelle -¿Ahora me consideráis una reina?

Eros– Bueno, sois la reina de mi corazón, de ello no hay duda alguna

Michelle– Pues entonces sois vos un ladrón, porque acabáis de robarme el mío.

Eros– Solamente quería regalaros el mío nada más conoceros mi lady. Yo os quise conquistar

Michelle– ¿Querréis conquistarme?  Como se nota que llevas un soldado en tus venas.

Eros– Será porque serví como soldado, y ahora que soy coronel sirvo para Roma, para el César y para la que será mi futura esposa.

Michelle– ¿Y quién es la afortunada?

Eros– Yo soy el afortunado de tenerte amada- (Eros besa a Michelle)

[Paran de bailar. La música termina. Aparece el camarero con la comida, la pone en la mesa y se marcha del escenario. Eros y Michelle se sientan en la mesa]

Eros– Ya ha llegado la comida. ¿Os gusta?

Michelle– Me encanta, creo que está delicioso. Es pasta, como no.

Eros– Así es Roma. ¿Sabéis por que amo a Roma tanto?

Michelle– Sorpréndeme

Eros– Pues porque aún sigue existiendo el arte tan bello como lo es tu voz, la belleza que eres tú y la grandeza de espíritu, y corazón como las tienes tú. Por eso amo a Roma, porque en Roma te pude conocer, porque en Roma te pude besar por primera vez y porque en Roma podremos estar juntos, y así tú te convertirías en mi esposa.

Michelle– Es el primer día juntos y me hablas de matrimonio. ¿Tan seguro estás de tu decisión?

Eros–  Contigo no podría ser de otra manera. Sólo puedo prometeros como mi compañera, pues aún no compré los anillos de compromiso

Michelle– ¿Y qué posees ahora?

Eros– Un anillo de prometida- (Eros acude junto a Michelle y se arrodilla delante de ella. Muestra el anillo)- Puedo daros este anillo que llevo desde el día que te oí cantar por primera vez pues supe que algún día pediría vuestra mano en matrimonio. Michelle, mi amada, dulce, espléndida y bella Michelle. ¿Aceptarías ser mi esposa?

Michelle– Sí- (Michelle se pone el anillo)- Me queda perfecto

Eros– Será el destino que desea tanto como yo nuestra unión- (Eros se levanta junto a Michelle) – ¿Qué opinas de mi obsequio querida?

Michelle– Es un anillo precioso. Ahora estoy nerviosa por la boda.

Eros– Os dejaré que llevéis la boda, pero quiero que mi hermana sea vuestra dama de honor.

Michelle– Será todo un placer. Debo de avisar a mis familiares. ¡Me caso! Y tengo la suerte de que sea un gran hombre. Será una gran noticia y yo me convertiré en la señora Valverdi

Eros– Y yo tendré a una mujer maravillosa a mi lado. Cuando te conocí supe que querría estar a tu lado, pero nunca me  imaginé que aceptarías ser mi esposa- (Eros besa a Michelle)

Michelle– Pues claro que acepto, eres mi hombre.

Eros– Te llevaré a casa, empieza a hacer frío.

Michelle– Será un placer ir de vuestro brazo.

[Michelle y Eros salen de escena. Se cierra telón. Cambio de decorado, casa de Eros. Se abre telón. Aparecen en escena Héctor y Atlanta están sentados en una cama. Visten con ropas ligueras, pero están vestidos y tapados con una manta]

Héctor– Ni siquiera me has dejado llevarte a un buen restaurante

Atlanta– No era necesario, hemos cenado de maravilla

Héctor– Es cierto, eres una gran cocinera

Atlanta– Gracias, me enseñó mi madre. ME dijo que algún día me haría falta; ahora ya sé porqué me lo dijo con tanto ímpetu

Héctor– Jajajajaja. Tu madre era una mujer muy sabia.

Atlanta– Sí, algo tenía que heredar de ella

Héctor– Heredaste también sus ojos, por lo que veo en los cuadros. Pero tú lo tienes más bonitos sin embargo. Tienes los ojos más bonitos que he visto en mi vida

Atlanta– Tú tampoco estás mal, tienes un gran talento con la espada…

Héctor– Jajajajaja. Gracias por esta maravillosa noche, pero hoy mismo te invito a comer.

Atlanta– No puedo. El César Augusto celebra un almuerzo para celebrar el próximo nacimiento de su hijo que será el próximo emperador.

Héctor– ¿Y esta noche?

Atlanta– Ceno con mi hermano y su prometida. Pero te puedes unir, aunque lo veo algo…

Héctor– Precipitado. Entiendo.

Atlanta– Sí, lo lamento.

Héctor– ¿Cuándo podré verte de nuevo?

Atlanta– Después del ruedo

Héctor– Te invito a comer

Atlanta– No sé si podré comer después del ruedo, la sangre me da escalofríos

Héctor– ¿Una cerveza? ¿O un buen vino? Vamos, ¿aceptarías una cita conmigo?

Atlanta– Acepto esa cita encantada, espero que no me decepciones.

Héctor– ¿Te decepcioné la esta noche?

Atlanta– La verdad es que incluso me sorprendiste.

Héctor– ¿Sorprendida? ¿Qué esperabas? Jajajajaja. Aún no has conocido todo lo que te puedo dar, te podría dar muchas más sorpresas.

Atlanta– Jajajajaja. ¿Y porqué no me las das ahora?

Héctor– Que mala eres, me estás tentando. No tientes, que si vuelvo a la ataque no sé si podré dejarte marchar al almuerzo.

Atlanta– No pasa nada por llegar algo tarde.

Héctor– Yo intentaría que no llegaras, así estarías a mi lado

Atlanta– Pues yo me ocuparé de que termines pronto tranquilo, puedo ser bastante persuasiva.

Héctor– Yo ya te he avisado – (Héctor sonríe y besa en los labios a Atlanta)

Atlanta– Mira si ya subió.

Héctor– Jajajajaja. Por supuesto, está preparado para la acción

Atlanta– Pues no esperes más.

[Héctor acaricia el rostro de Atlanta y justo cuando va a besarla llaman a la puerta. Eros que está algo cansado entra en la casa y se dirige a un lado, como si estuviera en otra habitación]

Atlanta– Mierda mi hermano. Vístete. ¡Corre!

Héctor– ¿Pero es que me vas a dejar así? ¿Por qué no vamos a tu habitación?

Atlanta– No pienso hacerlo delante de mi hermano. ¡Vístete!

Héctor– Vale, pero me debes un día entero para mí. Nos vemos después del ruedo

Atlanta– ¡Corre!- (Atlanta se pone su vestido pomposo y se peina como puede)

[Héctor coge sus cosas y sale corriendo del escenario. Eros regresa al salón y se sienta en el sofá destrozado. Resopla. Se levanta y comienza a coger sus cosas]

Eros– Menuda noche que tuve ayer.

Atlanta– Sí, yo también tuve una noche movida. Intenté ir hacia esa persona, pero Héctor se quedó hasta tarde. Siempre tan cabezota.

Eros– Ese hombre siempre me ha caído bien. Pues yo a parte de ser el enamorado perfecto de la señora Valverdi, Michelle. Tuve que dar todo de mí por la noche y no he dormido nada

Atlanta– Entiendo. No te dejaron dormir.

Eros– Qué vitalidad tiene esa mujer. Estoy destrozado.

Atlanta– Mi pobre hermano, el solterón de toda la vida y ahora está prometido.

Eros– Y con una mujer fantástica, pero sigue siendo una artista y ya sabes como son las artistas, siempre llamando la atención con todos sus virtudes, por así decirlo

Atlanta– Haber cuéntame

Eros– Se puso un traje que no se le veía todo de milagro y luego lo vi todo.

Atlanta– Jajajajaja. Eso te pasa por bocazas a al final te tocó una persona igual a ti

Eros– No he estado con tantas mujeres, bueno sí estuve con muchas. Pero Michelle no es como las demás te lo garantizo. Ella es completamente diferente

Atlanta– No me dirás ahora que te has enamorado de ella

Eros– Hermana, soy Eros Valverdi, jamás me enamoraré de una mujer, tengo amor para todas

Atlanta– Ese es mi hermanito, pero te gusta, ¿verdad?

Eros– Sí, lo reconozco, me gusta muchísimo.

Atlanta– Haber si es verdad eso de que el amor a primera vista existe.

Eros– Me caso con ella porque así han sido mis órdenes, aunque debo de reconocer que he salido muy bien parado. Es inteligente, muy guapa, sexy y tiene una voz preciosa.

Atlanta– Te has enamorado, se te nota en la cara

Eros– Estoy enamorado de una persona, pero no de la persona con la que me caso

Atlanta– Vaya, vaya. El que decía que nunca se enamoraría

Eros– Me has pillado hermanita

Atlanta– ¿Y cómo se llama?

Eros– No puedo decírtelo, lo siento. Ahora seré un marido feliz y fiel. Y esa es la imagen que quiero dar y va a ser así. No quiero casarme con una persona y serle infiel. Además Michelle es un gran partido como esposa, no es precisamente tradicional

Atlanta– Entonces tal para cual

Eros– Sí, sin duda. Bueno coge lo que te falte, vamos al almuerzo con Michelle.

Atlanta– Ya estoy lista. Vayámonos.

Eros– De acuerdo. Michelle te va a encantar, es una mujer fantástica

[Eros y Atlanta salen de escena. Se cierra el telón. Cambio de decorado. Decorado de la celda de Leandro. Aparece en escena Leandro, está encadenado al taburete sobre el que se sienta]

Leandro– Mi querido Eros, cuanto temo que tu muerte sea por mí. Temo que por mi culpa ya no tenga ninguna razón yo para luchar. Tú ahora mismo eres lo único que me merece la pena. Sé que no lo entenderás, pero yo te amo. Amo por todo lo que has luchado, por todo lo que eres, porque me has salvado la vida, porque salvaste la vida de mi hermano a pesar de todo… Sin duda lo que más me duele es que me hayas mentido. Yo pensaba que yo podría ser correspondido. Me dijiste que jamás amaste a ninguna mujer y sin embargo ahora te casas. No entiendo nada de lo que sucede por tu mente, primero quieres ayudarme y ahora te apartas de mí. Sé que debes de ocultar todo esto, pues sino nada de lo que hemos planeado serviría de nada.  Pero es que a mí no me sirve. No sé si saldré vivo de aquí, pero quiero que sepas que te quiero. Que te quise nada más conocerte y aún no sé porqué. Y yo ya no entiendo de razones para amarte, supongo que el amor más lógico es aquél que no tiene lógica. (Leandro intenta levantarse sin éxito) Sólo sé que deseo estar a vuestro lado, deseo salir de esta celda, deseo aunque parezca blasfemo, deseo besar tus labios. Un hombre que ama a otro hombre que cosa más detestable. ¿Verdad? Pero yo no puedo evitar amaros Eros Valverdi, por muchas mujeres que pudieran pasar por vuestros brazos yo sé que no es a una mujer a quién entregarás a tu corazón, sino a un hombre, como hice yo. Y aspiro a que yo, un simple esclavo, pudiera ser algún día ese hombre. Quizás el día menos esperado de todos; el destino por fin me dé una oportunidad para estar a vuestro lado, pero mientras tanto esperaré.

[Se cierra telón. Cambio de decorado. Una mesa y cuatro sillas, se supone que es un bar. Aparecen en escena Atlanta, Eros, Michelle y un camarero]

Camarero– ¿Qué desean?

Atlanta– Yo una copa de vino de la casa. Y un chuletón bien hecho.

Eros– Lo mismo.

Michelle–  Yo quiero el chuletón, pero por favor tráigame sólo un vaso de agua.

Camarero– Como deseen.

[El camarero se marcha y trae los platos. Los deja y se marcha de nuevo de la escena]

Atlanta– Bueno Michelle, háblame de ti.

Michelle– Pues soy una cantante famosa, tengo 20 años y soy de Siena.

Atlanta– Una encantadora ciudad. ¿No eres de Roma entonces?

Michelle– Nací en Siena, pero he vivido en muchos sitios. Siena, Pisa, Florencia, Roma…

Atlanta– ¿Te consideras entonces más del imperio que de Roma?

Michelle– Roma es el Imperio querida. Soy romana, pero como no nací en Roma, no seré ciudadana de Roma hasta que me case con tu hermano. Aunque prácticamente ya era de la familia del César. Me contrata para todas sus fiestas. Así es como conocí a vuestro hermano, ¿no lo recordáis? Tú también estabas presente.

Atlanta– Sí, si que lo recuerdo. Jamás olvidaré ese día.

Michelle– ¿Os gustó mi actuación?

Atlanta– Por supuesto, eres una gran artista.

Eros–  Chicas no saquéis las uñas.

Michelle– Yo jamás me pelearía con mi próxima dama de honor

Atlanta– ¿Seré vuestra dama de honor?

Michelle– Por supuesto, me parece lo más adecuado. Además te sentará genial el vestido que te tengo pensado. ¿Qué color prefieres rosa o verde? Yo creo que te iría mejor el rosa

Atlanta– Estoy de acuerdo, el rosa es mi color preferido.

Michelle– Algún te enseñaré mi armario, te quedarás de piedra.

Atlanta– Será todo un placer

Eros– Mujeres os odiáis y os amáis al mismo tiempo, no os entiendo.

Michelle– Son cosas de mujer.

Atlanta– Sí, cosas de mujeres.

Eros– Indirecta captada, no entrometerme.

Michelle– Tu tienes mi permiso para entrometerte todo lo que quieras en mi armario, aunque no sé si será necesario llegar hasta él.

Eros– Michelle amor mío, que está mi hermana delante.

Michelle– Perdona,  es que se me va la vista y la lengua.

Atlanta– Será mejor que os deje solos, yo ya her terminado de comer. Me marcho a la casa de Augusto, seguramente Priscila ya estará preguntando por mí.

Michelle– Adiós querida, puedes venir a verme cuando quieras.

Atlanta– Algún día de estos quedaremos para hacer cosas de chicas. No te preocupes. Adiós.

[Atlanta sale de la escena con prisas]

Michelle– Estaba deseando que se marchara para tener más intimidad

Eros– Michelle compórtate, estamos en un lugar público.

Michelle– De acuerdo, vayamos a dar un paseo.

Eros– Está bien- (Eros dejó dinero sobre la mesa)- Ya está pagado todo.

(Michelle se levanta de la silla junto a Eros) – Mi querido Eros, ¿no hace un día precioso?

(Eros camina junto a Michelle)- Por supuesto, no hay lugar a dudas.

Michelle– Eso es porque estoy a vuestro lado

Eros– Mi querida Michelle, la única estrella presente sois vos.

Michelle– Gracias.

Eros– No tienes que dármelas, pero por favor si quieres que estemos solos, sé algo menos descarada. Mi hermana se tendrá que haber quedado sin palabras sin duda

Michelle– Tienes razón, me he pasado. Pero es que después de la última noche no tengo ninguna duda de que durante nuestra luna de miel es posible que no salgamos de la posada

Eros– Jajajajaja. Mi querida Michelle siempre tan apetitosa.

[Eros y Michelle se van a besar, pero aparece en escena el César]

Augusto– Hola, a mis dos amigos enamorados. Mi querida Michelle siempre tan resplandeciente y mi amigo Eros, siempre tan caballero.

Eros– ¿Y vuestra esposa?

Augusto– Me temo que vuestra hermana ha solicitado su presencia. Y se han ido juntas a elegir el vestido de Priscila para vuestra boda. Dicen que de camino también mirarían para Atlanta, tu hermana. Por lo visto es vuestra dama de honor

Michelle– Es mi dama de honor. Ahora que lo pienso yo no tengo traje de novia. ¡Dios santo!

Eros– Puedes ir con ellas, tranquila.

Michelle– Muchas gracias amor mío. Volveré a veros mañana en el ruedo.

Eros– ¿Y porqué no esta noche?

Michelle– Pues porque actúo en la casa del jefe del consejo. Es su cumpleaños y yo soy la cantante de la fiesta. Tranquilo amado mío, mañana mismo estaré a vuestro lado

Eros– De acuerdo, márchate con mi hermana y Priscila de compras.

Michelle– Gracias amor mío. Adiós. ¡Ave César!

[Michelle se va corriendo de la escena]

Augusto– Sabes, el jefe del consejo está algo mayor, pensaba jubilarle dentro de unos meses.

Eros– ¿Es una pequeña indirecta para que yo ocupe su cargo?

Augusto– Bueno… Verás necesito sangre nueva para mi Imperio. Tú eres un gran siervo de Roma, sin lugar a dudas.

Eros– Sería todo un placer ser vuestra mano derecha.

Augusto– Os daré vuestro cargo en cuanto matéis al esclavo, si es que sobrevive al ruedo.

Eros– Sí claro. Estoy a vuestras órdenes César.

Augusto– Me alegro. Será un evento inolvidable el día de mañana. Debes hacer que gane.

Eros– Por supuesto, ahora mismo me marcho para prepararlo.

Augusto– Así me gusta, un hombre leal y fiel a su patria. Pues si dejaras libre al prisionero sería claramente una traición al Imperio. Y eso. No sucederá. ¿Verdad?

Eros– Yo soy un humilde siervo de Roma, del Imperio y de ti mi César

Augusto– Madera de esclavo, descansa recluta. No estamos en un campo de batalla, por ahora

Eros– A sus órdenes, ahora me dispongo a dialogar con el prisionero.

Augusto– Sino gana mañana serás restituido de tu cargo.

Eros– No le fallaré César.

Augusto– Bien, no olvide que o pierde el último ruedo, o lo matará usted mismo

Eros– Cumpliré con todas sus órdenes.

Augusto– Eres un gran amigo, serás un gran jefe del consejo. Ahora márchate.

Augusto

[Salen de la escena Eros y Augusto. Cambio de decorado. Celda de Leandro. Leandro aparece en escena. Eros aparece unos momentos más tarde]

Eros– Buenos días Leandro, soy Eros.

Leandro– ¿Cómo has conseguido que los guardias ya no me vigilen?

Eros– No es cosa mía, sino del César. Dice que así podrás entrenarte para los ruedos

Leandro– Me han dicho que hasta han pagado al perdedor, le han prometido que no lo matarían. ¿Por qué están tan empeñados en que gane yo?

Eros– Porque eres el único verdadero hombre libre de aquí y porque el día del pasado ruedo te ganaste el corazón del pueblo. En las calles no se habla de otra cosa.

Leandro– Bueno y de tu próxima boda

Eros– Sí. Es lo que tiene ser soldado, a pesar de que te asciendan, sigues siendo soldado para el resto de tus días. Sigues recibiendo órdenes, pase lo pase siempre te dan órdenes.

Leandro– ¿Te ordenaron casarte? Pareces tan feliz que pensé que era decisión tuya

Eros– Ya te dije que no puedo amar a ninguna mujer.

Leandro– Exacto, has amado a muchas. Amas a muchas mujeres al mismo tiempo

Eros– No, no lo entiendes. Yo no puedo amar a las mujeres. Si estoy a su lado es porque es la única manera de mantener mi posición y de seguir vivo. Si no cumplo alguna de las órdenes me matarán. Siendo soldado jamás puedes tomar decisiones por ti mismo.

Leandro– ¿Y dijiste que no te importaría morir por la causa?

Eros– Y no me importa, pero si muero antes de poder salvarte también morirás tú y eso no me lo podría perdonar en mi vida. Eres un gran hombre Leandro.

Leandro– Tuve a mi hermano como ejemplo, no es un mérito mío.

Eros– Sí, si lo es. Porque a pesar de todo lo que te está sucediendo, sigues luchando

Leandro– Ahora ya tengo algo por lo que luchar, a alguien más concretamente

Eros– Ella es muy afortunada

Leandro– Me sucede la misma anomalía que a ti, no amo a las mujeres.

Eros– No es ninguna anomalía, ni es ningún pecado amar a alguien sólo porque los demás no lo vean bien. Verás siempre habrá alguien que no lo vea bien, ya sea por sus ideales como por envidia. Hay personas, que como yo, han sido obligadas a casarse. Tal vez ella jamás encontraran a su alma gemela y ello les reconcome cuando ven a personas que como nosotros a pesar de todas las contradicciones de la vida hemos encontrado a esa persona especial.

Leandro– Desátame, voy a empezar a entrenar para los ruedos.

Eros– ¿No dices nada a lo que yo te dije? – (Eros le desata)

Leandro– No, mi amor tiene un rango completamente diferente al mío, aunque él me amara, que lo dudo seguiría separándonos no sólo ser hombres, no sólo la sociedad, los ideales del Imperio, sino también nuestras clases. Yo soy de la más baja estirpe humana, un hombre honrado como al que yo amo jamás amaría a un hombre como yo.

Eros– Lo último que hay que perder es la esperanza. Tal vez sólo sea cuestión de intentarlo

(Leandro se levanta y se coloca a varios milímetros de Eros)- ¿Y si fueras tú ese hombre?

Eros– ¿Yo el hombre al que amas? ¿Y porque ibas a amarme?

Leandro– Aún no lo sé. Quizás sea una locura amarte, pero sería más locura no amarte

Eros– Mi querido amigo, si yo fuera ese hombre me sentiría muy halagado.

Leandro– Pero no me amas, ¿no es cierto?

Eros– ¿Qué os hace pensar eso?

Leandro– ¿Y qué motivos tenéis para amar a un esclavo como yo?

Eros– Ninguno. Salvo que es el hombre más valiente que he visto en mi vida. Eres un hombre fuerte, ingenioso, inteligente, un gran hombre. Sin duda una buena elección.

Leandro– ¿Y si me amas cuál es el pero?

Eros– Pero no puedo, pero no puedo haceros tal daño de amaros y luego dejaros. Pero no puedo arriesgarme que nos descubran pues nos matarían a ambos y yo he venido para salvaros. No sólo porque tuviera una deuda con vuestro hermano sino porque nada más veros supe que algún día pronunciaría estas palabras.

Leandro– Pues que le den al Imperio, a los ideales de los romanos, que le den al César, mandemos a tomar por saco a todos los obstáculos que nos impiden estar juntos

Eros– ¿Y si la muerte me encuentra? Te haría daño, y no quiero eso

Leandro– Yo te amaré de todas formas igual aunque no estés a mi lado. El daño, será el mismo. Te diré una cosa. Si el destino nos unió. ¿Por qué iba a separarnos? No tenemos nada más que mirar por nosotros. Dime. ¿Podré estar a tu lado?

Eros– Me he quedado sin palabras

Leandro– Pues dime qué es lo que sientes y el resto ya se verá

Eros– Sabéis lo que siento por vos.

Leandro– Nos amamos mutuamente, que le den al resto.

Eros– Lo extraño es que tenéis toda la razón.

Leandro– Será porque el destino estará de nuestra parte.

Eros– Esto es una auténtica locura. ¿Lo sabes verdad?

Leandro– Es una locura amarte, al menos que te ame locamente, y es así como lo siento.

Eros– Yo también.

Leandro– Pues deja de buscar excusas.

Eros– No tengo nada más que decirte. Salvo que sí, que pienso arriesgarme. Probablemente sean los últimos meses de mi vida, qué más dará lo que piensen por un momento seré feliz.

Leandro– Me alegra oír por fin esa respuesta, llevo esperándola mucho tiempo.

Eros– Yo llevo esperando demasiado tiempo dejarme amar de verdad

Leandro– Pues ya no vas a tener que esperar más – (Leandro besa a Eros en los labios)

Eros– Debo irme. Entra para el ruedo, debe no notarse demasiado el intercambio.

Leandro– De acuerdo. Cuídate. Ven mañana.

Eros– Debo volver, soy yo quien saldrá al ruedo.

Leandro– Nos veremos mañana.

Eros– Sí. Oye no te creas nada de lo que digan si lo hago es para poder seguir viéndote

Leandro– Yo te creo, tus ojos dicen la verdad de que amas, cuando te he besado lo he visto.

Eros– Sí. Me he quedado en shock. Aún me ha costado asimilarlo

Leandro– Eros, déjate llevar por una vez. Aunque sea sólo una vez.

Eros– Volveré mañana- (Eros se acerca a Leandro y con mucha timidez le besa)- Adiós

Leandro– ¿No te ha costado tanto verdad?

Eros– No, es bastante fácil besar a la persona que realmente amas.

Leandro– ¿Qué sucede?

Eros– Que me cuesta asimilar que esto es real.

Leandro– Tranquilo, tenemos tiempo. No hay porqué ir deprisa. Yo esperaré

Eros– Si pudiera me quedaría contigo

Leandro– Lo sé pero tienes que irte.

Eros– Sí. Tengo que irme. Adiós Leandro

Leandro– Adiós. Regresa mañana. Te estaré esperando.

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