El Legado de los César cp5. Elena Saavedra Siles

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Capítulo 5

[Eros y Leandro salen de escena. Se cierra telón. Cambio de decorado. Casa de Eros. Sale en escena Eros muy preocupado]

Eros– ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¿Por qué tuve que decirle que sí? Me estoy volviendo completamente majareta. Me matarán y luego lo matarán a él. Le he puesto en grave peligro al besarle yo. Estoy loco. No tendría que haberle correspondido. Tendría que haberme ido sin más de allí. Y sin embargo no pude un impulso me llevó hasta sus labios. Pero es que sigo sin entender porque le amo. He engañado a todos a quienes conozco para que crean lo que no soy y todo para poder algún día sacar a Leandro de su celda y escaparme con él, y todo ello porque le amo. Pero es que sigo sin saber porqué le amo tanto. No tiene nada de sentido, después de estar con tantas mujeres y resulta que mi media naranja es él. Amé antes a hombres, pero jamás pensé que mis sentimientos pudieran hacerse tan fuertes. ¿Cómo se puede amar tanto a una persona sin apenas conocerla? Cuando he besado sus labios… He notado como se detenía el tiempo. Pensé que todo lo que podría hacerme feliz ya lo tenía, que no sería tan importante dicha persona para mí.  Sin embargo… No puedo explicar todo lo que pasa por mi mente, todo la sangre que ha corrido por mis venas por ello, por amar. Cuando era joven me mandaron a una misión en el ejército. Mi misión era eliminar por completo al enemigo. Entre los enemigos descubrí a un hombre que decía ser un ciudadano de Roma, Agmadeón. Resulta que era de nuestro propio pelotón y que lo habían capturado. Había perdido sus papeles, pero por suerte el oficial le reconoció. Tras poner todo en orden descubrí el porqué no amé nunca totalmente a una mujer, pues porque me gustan los hombres. Al principio no conseguí aceptarlo, pero Agmadeón me abrió los ojos. Había vivido una mentira durante toda mi vida y no lo supe hasta conocí al hermano de Leandro. Agmadeón no me correspondía, pero hubo otros hombres que si me correspondieron y fueron bastantes. No me afectó que no me correspondiera, tenía otros amantes bastantes entregados. Claro está que siempre quise a Agmadeón, quizás por eso cuando conocí a su hermano Leandro me enamorase de él, pero lo que nunca entendí es porqué si amo a Leandro no amé de igual manera s u hermano. Cuando quizás Agmadeón era mucho más hombre y mucho más valiente que Leandro y sin embargo mi corazón ahora el pensar en que no pudiera ser correspondido me volvería loco. Lo que más me duele es tener que esconderme de lo que soy y de lo que siento por culpa de la sociedad de mis tiempos. ¿Por qué no puede un hombre amar a otro hombre? ¿Acaso es un crimen amar a otra persona? Ven con tan malos ojos que dos hombres se unan como que un esclavo sea libre, a pesar de haber nacido hombre a igual que ellos. Por qué tanta envidia y dolor. Porqué tanta insistencia en meter las narices dónde no se nos corresponde, de husmear en la vida de los demás. Pero a mí, qué me puede importar lo que haga una persona, mi vida es mi vida. Vivir la vida de otro es vivir una mentira. ¿Y porqué entonces nos empeñamos tanto en hacer daño a los demás? Con todas las contradicciones y obstáculos de la vida, nosotros no hacemos otra cosa que ponerle más obstáculos a la felicidad. Si yo pudiera amar a quién por quien soy y como soy en cada segundo, esa sería mi mayor alegría. Sin embargo debo de esconderme y aparentar lo que no soy, porque la muerte puede ser la más pequeña de mis preocupaciones.

[Eros sale de la escena se cierra telón. Cambio de decorado. El ruedo. Aparecen en escena Atlanta, Priscila y Augusto. El espectáculo está apunto de empezar]

Atlanta– ¿Quiénes pelean hoy en el ruedo?

Augusto– No me sé los nombres de los esclavos. Sólo sé que mi predilecto saldrá el último. Así mantendremos al público enganchado al espectáculo. A casi todos le pareció bien los cambios de las normas del ruedo.

Atlanta– Mire César ya aparece los dos primeros contrincantes. Están muy débiles.

Augusto– Es una balanza más a mi favor para que hoy destaque mi predilecto.

Priscila– Eres un gran gobernante esposo mío. Sin duda sabes como contentar a la gente

Augusto– Bueno tengo experiencia para poder saciar sus peticiones, después de todo yo también soy un ciudadano de Roma.

Priscila– Y también sabes muy bien como saciarme a mí.

Augusto– Eso es más bien instinto. Experiencia porque os conozco, y sé dónde exactamente os guste que os besen.

Priscila– Querido, sino estuviéramos en público diría que estás insinuándote

Augusto– Indirecta captada por lo que veo.

Priscila– Querido, que nos pueden ver. ¿Qué pensará el pueblo?

Augusto– Me da igual lo que piense la gente, te quiero y no pienso esconderlo

Atlanta– Sí, desde luego. Lástima que esa norma no puede adherirse a todos.

Priscila– ¿Qué insinúas?

Atlanta– Que no todos tienen la suerte de ser correspondidos

Priscila– Es uno de los sucesos de la vida.

Atlanta– Sí, pero para mí no. Yo sí soy correspondida.

Augusto– No me digas. ¿Quién es el afortunado?

Atlanta– Por ahora no es nada oficial. Pero tengo que reconocer que es todo un caballero

Augusto– Vaya me alegro por ti Atlanta. Por cierto, ¿dónde está tu hermano?

Atlanta– Con su prometida.

Augusto– El amor, es así de exigente, y yo que deseaba que no se perdiera el ruedo

Atlanta– Me temo que no irá a ninguno

Priscila– ¿Ha cambiado de opinión quizás?

Atlanta– Se casa dentro de poco, estará agobiado con la preparación de la boda. Me dijo que probablemente no podría acudir a ningún ruedo, pero me ha comunicado que hubiera deseado estar con nosotros y que lamenta tener que excusar su ausencia.

Augusto– Entiendo. Dile que si no acude a al menos a un ruedo sospecharé de traición.

Atlanta– Es poco probable que no acuda a ninguno, pero se lo diré.

Priscila– Querido no seas así, el pobre hombre se va a casar dentro de muy pocos meses.

Augusto– Supongo que tienes razón querida. Mira ya salen los primeros en luchar

Atlanta– Es sin duda un gran combate.

Priscila– ¿Querido como es posible que con tantos esclavos, en el ruedo sólo se celebre 4 combates?

Augusto– Mañana y pasado mañana se celebraran otros 4 combates. Dentro de una semana los que hayan quedado en este ruedo se enfrentarán entre sí  Así sucesivamente hasta combinar los 3 ruedos diferentes en una gran final. Los 4 guerreros que sobrevivan celebrarán un último ruedo en el cuál sólo podrá salir uno victorioso. Finalmente el gran vencedor deberá de enfrentarse contra uno de mis leones y si consigue ganar le será devuelta su libertad a los ojos del público.

Priscila– Pero vos no le dejaréis libre.

Augusto– No lo sé, falta mucho tiempo para eso. Depende de quién sea el que gane el último ruedo, depende de mi estado de ánimo… Pero probablemente no le deje vivo

Priscila– Ese es mi marido siempre tan sabio.

Atlanta– Me han dicho que estás embarazada, enhorabuena

Priscila– Gracias. Miren ya ha terminado todas las demás peleas, ahora sale el que mi marido ha elegido.

Augusto– No sé porqué el pueblo se siente identificado con él, así pues, si no quiero revuelos será él quien gane a los demás luchadores, o al menos eso espero. Es la tarea que le impuse a tu hermano.

Atlanta– Quizás eso explique aún más su ausencia. Estará con el esclavo dándole sus últimos consejos.

Augusto– Es cierto, no había pensado en ello.

Atlanta– ¡Ya empieza!

[Se cierra telón. Salen de la escena Atlanta, Priscila y Augusto. Salen en escena Leandro y Eros. Están en la celda de Leandro. Eros tiene una bolsa llena]

Leandro– No deberías de salir al ruedo. Debería ser yo quién salga.

Eros– No estás preparado. Sólo has entrenado un día. No te dejaré salir, te matarán.

Leandro– ¿Qué pasará con el resto de esclavos?

Eros– He construido un túnel hasta un establo próximo al anfiteatro.

Leandro– ¿Cómo podrán huir si se les conduce directamente a los leones cuando pierden?

Eros– Tengo esta bolsa llena de cadáveres, uno por cada hombre que se supone que ha muerto en el ruedo. Los leones han sido alimentados previamente con carne de vaca, estarán tan llenos que no harán ni un rasguño al esclavo. Verás tu misión es conducir a cada esclavo desde la jaula de los leones hasta el establo y dejar los cadáveres en la jaula de los leones en su lugar. Luego cuando hayan terminado todos los combates deberás de regresar a cambiarte por mí y entonces dirigirte a tu celda.

Leandro– ¿Y si alguien nos ve?

Eros– Estaremos muertos antes de que nos demos cuenta. Pero pensemos en positivo.

Leandro– Es cierto, ahora ya nada nos impide estar juntos.

Eros– Debo de irme al ruedo. Si no regreso dile a mi hermana que el testamento está debajo de mi almohada. No lo dudes, sino soy yo quien regresa huye

Leandro– Pero el resto de hombres morirán.

Eros– Si yo no venzo hoy, todo habrá acabado, y si nos descubren corre hasta el túnel y no mires atrás. Tampoco me esperes. Tú debes de salir vivo de ésta.

Leandro– Sabes muy bien, que no me marcharé sin ti.

Eros– Debes de hacerlo. Yo voy a morir de todas maneras Leandro, pero tú puedes vivir

Leandro– No digas eso. Aún no sabes nada acerca de tu enfermedad, puedes vivir.

Eros– No lo sé, sinceramente no lo sé

Leandro– Ten esperanza, por una vez en tu vida. Ten esperanza de ser feliz

Eros– Yo ya soy feliz Leandro. Estoy contigo y eso lo mejor que todo.

Leandro– Prométeme que regresarás sano y salvo.

Eros– Sabes que no puedo prometerme tal cosa.

Leandro– Por favor, necesito agarrarme a algo sino no te dejaré marchar.

Eros– Si me amas me dejarás marchar. Te quiero – (Eros besa a Leandro)

Leandro– Yo también, por favor regresa a mi lado.

Eros– Adiós Leandro

[Se cierra telón. Se abre telón. Aparecen en escena Augusto, Priscila, Atlanta, Eros y su contrincante, un esclavo. Están en el ruedo. Eros y el esclavo están combatiendo]

Priscila– Es extraño, pero el esclavo no se parece sospechosamente a Eros

Atlanta– Mi hermano está herido, jamás podría combatir. Tiene una cicatriz en todo el brazo izquierdo que le impide coger ese tipo de armas. Hasta dentro de unos 4 meses no podrá volver a combatir. No como antes. Mirad a al esclavo, se mueve con mucha agilidad. Utiliza ambos brazos, mi hermano es diestro. No puede ser mi hermano

Augusto– ¿Y el contrincante? Está totalmente abatido.

Atlanta– Dijiste que debería de ganar el esclavo. Pues eso ha hecho.

Priscila– ¿Ya ha terminado? El esclavo no ha muerto

Atlanta– En cuanto se rinde se acaba la pelea, además el esclavo va directamente a los leones. ¿No? Pues indiferentemente sigue siendo un combate a muerte.

Augusto– Pero el pueblo no ve la sangre, no sé si esto ha sido una buena idea.

Priscila– A mí me gusta, ya no me dan arcadas porque no hay tanta sangre. Además todos esos hombres luchando y todo el ruido me estresa y más si hay sangre. No puedo permitirme eso en el estado en cual me encuentro actualmente.

Augusto– ¿Esto te dificulta el embarazo?

Priscila– No es por quejarme, me gustan estos espectáculos tanto como a cualquier romano de verdad, pero es que no soporto la sangre. Me revuelve las tripas y me estreso con estas peleas. Me provoca cansancio y me duele el vientre.

Augusto– Amor mío, habérmelo dicho antes. Ahora mismo te llevo al palacio.

Atlanta– He quedado con mi nuevo pretendiente, os dejo solos.

Augusto– Mucha suerte con ese hombre, y dile de mi parte que es muy afortunado

Atlanta– Gracias César. Adiós César. ¡Ave César!

[Salen de escena Augusto, Priscila, Atlanta, Eros y el contrincante. Cambio de decorado. Entran en escena Leonardo, el contrincante y Eros]

Contrincante– Gracias por salvarme de los leones Leandro. Buena vida, he de marcharme.

Leandro- Nada más llegar al otro lado del túnel debes de huir.

Contrincante– De acuerdo.

[Contrincante se va de la escena y Leandro vacía la bolsa que llevaba en el suelo]

Eros– Veo que ya has dejado todo para que nadie sospeche. Me alegro

Leandro– Sí. Has tenido una gran idea.

Eros– Todo gracias a ti.

Leandro– He visto que te han dado en el brazo. ¿Estás bien?

Eros– Sí. No es nada, ni siquiera sangra. Estoy bien.

Leandro– No quiero que te hagan daño por mi culpa.

Eros– Estoy dispuesto a lo que sea con tal de seguir a tu lado

Leandro– No quiero que hagas locuras, por favor.

Eros– Esta bien, te lo prometo

Leandro– Me alegro de que hayas vuelto, por un momento pensé que te había perdido

Eros– Jamás me perderás, estaré a tu lado pase lo que pase hasta que de mi última gota de sangre, hasta que agote mi último suspiro de aire.

Leandro– No quiero jamás que llegue ese día. Quiero estar a tu lado por siempre

Eros– Lo mismo te digo. – (Eros besa a Leandro en los labios)

Leandro– Ojala se parara el tiempo y nos quedáramos así para siempre

Eros– ¿Besándonos?

Leandro– Juntos

Eros– Yo también deseo estar a vuestro lado

Leandro– Pues no os marchéis, no aún… – (Leandro besa a Eros y le quita la armadura)

Eros– Ahora lo entiendo. Queréis llegar hasta el final

Leandro– He esperado mucho este día

Eros– Yo también

[Se cierra telón. Cambio de decorado. Restaurante. Aparecen en escena Atlanta y Héctor]

Héctor– ¿Te gusta el restaurante al que te he llevado?

Atlanta– Es precioso y la cena ha sido deliciosa.

Héctor– ¿Deseas algún postre o una copa de vino?

Atlanta– No gracias, me he quedado completamente llena.

Héctor– Pues espero que aún no estés totalmente satisfecha

Atlanta– Jajajajaja. Por supuesto que no. Estaré preparada para ti en cinco minutos.

Héctor– ¿En los servicios del restaurante? ¿Hablas en serio?

Atlanta– Sí, porqué no. Dará mucho morbo.

Héctor– ¿Y a qué esperamos? Entra tu primero ahora te sigo.

Atlanta– Esta bien, pero no tardes- (Atlanta besa a Héctor)

[Sale de escena Atlanta. Aparece en escena Augusto]

Augusto– Espere Héctor. Debo de decirlo una cosa

Héctor– A su servicio César

Augusto– Verás necesito que a partir de mañana controle con el resto de soldados el ruedo. Me han soplado que se han escapado esclavos, pero han aparecido tantos cadáveres junto a los leones como esclavos vencidos hubo. Quiero saber lo ocurrido con detalle, si resulta sólo un rumor deberá usted informarme igualmente.

Héctor– Por supuesto. Ahora si me disculpa, he de marcharme. Tengo prisa

Augusto– ¿Y eso?

Héctor– Me espera mi amada.

Augusto– Enhorabuena. Vaya, no tiene que darme más explicaciones

Héctor– Adiós César. ¡Ave César!

[Héctor y Augusto salen de escena. Cambio de decorado. Es la casa de Michelle. Aparecen en escena Michelle y una bailarina]

Iris

Bailarina– Está radiante con su vestido blanco, sin duda será una gran novia

Michelle– Gracias Iris, siempre tan amable.

Iris– No sólo nombro la realidad. ¿Quién es él?

Michelle– Mi marido será Eros Valverdi. ¿Descabellado no?

Iris– Sí he oído hablar de él. Mi hermano sirvió con él en el ejército.

Michelle– Me dijo que sólo él y unos pocos se salvaron. Siento si he…

Iris– Mi hermano sobrevivió

Michelle– Menos mal. Temía haber metido bien la pata

Iris– Yo fui una de las amantes de Eros Valverdi. Jamás pensé que pudiera amar a una sola mujer y serle fiel, pero por lo visto existe una mujer con el suficiente coraje como para que sea así. Me alegro por ti, porque Eros es un gran hombre.

Michelle– Y un gran amante. Sin duda se nota su experiencia.

Iris– Sí. Me lo vas a decir a mí. Estuve un año a su lado, hasta que se marchó al campo de batalla junto a mi hermano.

Michelle– ¿Un año?

Iris– Sí, aunque por supuesto no en exclusividad. De hecho yo fui una de esas mujeres con las cuál Eros era infiel a sus parejas hasta que decidimos estar juntos. En total fueron tres años juntos. Jamás me olvidaré de ese hombre.

Michelle– Jamás me dijiste nada

Iris– Jamás pensé que os fuerais a casar con él.

Michelle– En cierto modo tiene sentido. Yo también tuve mis amantes y jamás dije nada a nadie. Lo siento, pero ahora que me voy a casar con él… No quiero competencia

Iris– Es todo tuyo. Yo ya me olvidé de él, no me conviene. Algún día conoceré a un hombre que quiera casarse conmigo, como tú con Eros. Es todo un logro mantenerle retenido

Michelle– Tengo experiencia con hombres infieles

Iris– Supongo. Estás preciosa, en cuanto Eros te vea vestida de novia así, se va a quedar de piedra. Ya seguro que lo enamoras por completo.

Michelle– Es todo un halago ser la mujer que hizo sentar la cabeza a Eros Valverdi

Iris– De eso no tengo duda. Bueno he de marcharme ya. Debo de ensayar con el resto de bailarinas. Tenemos una función dentro de 2 días.

Michelle– Es cierto, la feria de Siena. Mi pueblo natal. Me gustaría ir con vosotras

Iris– Pero te retiene la próxima boda. ¿No es cierto?

Michelle– Sí. Me caso en Mayo.

Iris– Que temprano.

Michelle– Cuanto antes mejor porque Eros es un hombre escurridizo.

Iris– Es una gran idea sin duda. Puede que te haya pedido la mano, pero un rebelde nunca se cura, más vale agarrarle antes de que sea tarde.

Michelle– Sí. Oye, te sonará como un disparate. Pero. ¿Te gustaría ser mi tercera dama?

Iris– ¿En vuestra boda? ¿En serio? Por supuesto que sí, acudiré encantada.

Michelle– Ahora voy a ver a mi futuro esposo.

Iris– Enhorabuena. Adiós Michelle.

[Se cierra telón. Aparece en escena Eros llegando a su casa. Cambio de decorado]

Eros– No me puedo creer lo que acabo de hacer. Sin duda he encontrado por fin el amor verdadero. Jamás pensé que pudiera ser tan pasional, estoy perdidamente enamorado de…

[Llaman a la puerta. Eros abre la puerta. Michelle entra en escena]

Michelle– ¿Me has echado de menos amor mío?

Eros– Muchísimo. ¿Te ha gustado el ruedo de hoy?

Michelle– No lo he visto. He estado preparando una actuación para otra fiesta, esta vez en la feria de Siena. Una familia rica quiere que actúe en su palacio.

Eros– Me alegro por ti.

Michelle– Y dentro de semana actúo para los Montecarlo en Florencia.

Eros– Estarás ocupada, entonces

Michelle– Sí, porque entre eso y la boda voy a estar agobiadísima

Eros– Tómate un descaso de trabajo hasta que se celebre la boda.

Michelle– No sé. Ya lo pensaré. ¿Qué tal tu día?

Eros– Hace poco acaba de mejorar

Michelle– Mi día acaba de hacerse perfecto

[Llaman a la puerta. Héctor y Atlanta aparecen en escena]

Héctor– Hola Eros. Hola Michelle. Eros debo de hablar contigo.

Atlanta– Michelle, nosotras nos quedaremos en el salón charlando de cosas de mujeres

Michelle– Suena bien.

(Héctor se lleva a Eros a parte) – Eros debo de hablar contigo

Eros– ¿De qué se trata?

Héctor– Trata de Leandro, el esclavo que es tu protegido.

Eros– Sé perfectamente quién es. Dime qué ha ocurrido

Héctor– El César sospecha porque piensa que los verdaderos esclavos han escapado.

Eros– Debo de decirte que es eso lo que precisamente ha ocurrido

Héctor– Eros estás loco. ¡Te matarán!

Eros– Estoy arto de cumplir las órdenes de los demás. Por una vez en mi vida he tomado una decisión por mí mismo y es liberar a esos pobres hombres.

Héctor– Eros. Me han puesto al mando de la investigación. Hay bastantes pruebas de que se han escapado. ¿Qué debo de hacer?

Eros– Eso lo debes de decidir tú, no yo.

Héctor– No quiero entregarte, estás luchando por cambiar todo esto. Además eres el hermano de Atlanta y su protector si te entregaría, la entregaría a ella y no puedo permitir eso

Eros– ¿Amas a mi hermana?

Héctor– Más que a mi vida

Eros– No debes de tomar ninguna decisión por ello

Héctor– Lo sé, pero quiero ayudarte.

Eros– Entonces haz lo que lo debas hacer. No pienso darte órdenes precisamente yo

Héctor– No voy a entregarte. Pero necesito ayuda. ¿Qué hago con la investigación?

Eros– Que la lleve otra persona

Héctor– Te descubrirían y te matarían.

Eros– Me da igual morir. Pero sino entregas nada sospecharán de ti y te matarán a ti. Ningún hombre debería de dar la vida por mí. Y mucho menos el amante de mi hermana, le haría daño también a ella. No quiero nada de eso. Si tienes que entregarme hazlo

Héctor– No lo haré.

Eros– Eso dice mucho de ti. ¿En qué puedo ayudarte?

Héctor– Necesito algo que aleje todas las sospechas de ti.

Eros– Dilo así. Manda a investigadores privados que informen al César de que los rumores no son ciertos. Todos los cadáveres de los soldados están. No hay ningún tipo de salida. Los leones están saciados de comida y no han sido alimentados antes por lo que se deduce que los esqueletos de la celda son efectivamente los de los esclavos

Héctor– ¿Y el problema de la ropa?

Eros– Se la quitaron los guardias.

Héctor– Está bien

Eros– Gracias por tu decisión.

Héctor– Es lo mínimo por mi coronel

Eros– No me llames así, parezco viejo

Héctor– Bueno, ya no eres tan joven

Eros– Ni se te ocurra insinuarlo.

Héctor– Admítelo, estás en baja forma. Ya no puedes luchar como antes

Eros– Yo fui quien saltó al ruedo.

Héctor– Me estás tomando el pelo, eso tendrás que demostrármelo

Eros– ¿Me estás retando?

Héctor– Por supuesto.

Eros– ¿Y cuál es el premio si puede saberse?

Héctor– El honor.

Eros– No tengo tiempo para este tipo de tonterías.

Héctor– Gallina- (Héctor realiza sonidos de gallina) – Miedica

Eros– No pienso picarme. Ya no tengo 15 años.

Héctor– Eso es porque tienes miedo de que te gane

Eros– Eso es absurdo

Héctor– Gallina- (Héctor realiza sonidos de gallina) – Miedica

Eros– Dime una buena razón.

Héctor– Quién pierda deberá lanzarse en medio de la plaza totalmente desnudo

Eros– ¿Algo más?

Héctor– Y cantar

Eros– Jajajajaja. Me encanta la idea. Acepto. Pero si entera mi hermana me mata.

Héctor– Tranquilo, el enfrentamiento sólo se hará hasta la rendición del otro.

Eros– ¿Desarmado?

Héctor– Eso también vale.

Eros– Si alguno de los dos hiere al otro con gravedad habrá perdido la persona que reciba el golpe. Es decir los cortes no podrán ser mayores que un rasguño para poder seguir peleando

Héctor– Sí, no vaya a ser que ahora te haga otra cicatriz.

Eros– No hables antes de tiempo, porque te voy a vencer

Héctor– Eso ya se verá. Bueno regresemos con las chicas

(Eros y Héctor vuelven con las chicas) – Ya estamos de vuelta.

Atlanta– ¿Qué pasó?

Eros y Héctor– Nada

Michelle– Esto me da mala espina

Eros y Héctor– Nooooo que va. Para nada

Atlanta y Michelle– Hombres.

Atlanta– Sin duda alguna trastada habréis planeado, bueno será mejor que me lleve a Héctor.

Héctor– Y yo me iré contigo con mucho gusto

Eros– ¿Vas a quedarte en la casa de Héctor, hermana?

Atlanta– Probablemente. Mañana regresaré, no te preocupes

Michelle– Yo tengo que irme a ensayar

Eros– Bueno amor. Nos veremos mañana

Michelle– Hasta mañana – (Michelle besa a Eros)

Atlanta, Héctor y Michelle- Adiós.

Eros– Adiós

[Salen de la escena Atlanta, Héctor y Michelle]

Eros– Será mejor que me ponga a entrar si quiero vencer a Héctor, algo de razón si que tiene cuando dice que me estoy haciendo mayor.

[Eros coge una espada y realiza algunos movimientos]

Eros– No estoy tan viejo como dice Héctor. Será mejor que descanse, mañana tengo un duelo

[Sale de la escena Eros. Se cierra telón. Se abre telón. Entran en escena Iris y Michelle. Decorado de la casa de Michelle]

Michelle – Menudo espectáculo. Estoy muy cansada.

Iris– ¿Descansará mañana?

Michelle– Qué remedio.

Iris–  Pues a mí me toca ir a por la compra mañana

Michelle– Estupendo. ¿Con quién irás?

Iris– Con tu próxima dama de honor, Atlanta.

Michelle– ¿Y eso?

Iris– El amante de Atlanta, Héctor, y su hermano Eros, se van a batir en duelo

Michelle– ¿Y porqué?

Iris– Sinceramente no lo sé. Cosas de hombres. Ella quiere ir a verles y yo necesito ir a comprar así que nos coge bien a ambas, el duelo será en la plaza mayor.

Michelle– Espero que a mi futuro esposo no le suceda nada…. Ahora estoy preocupada.

Iris– No se preocupe, usted descanse. El duelo es a medio día si tiene tiempo puede ir a verlo.

Michelle–  Pero si se hacen daño pararán, no es un duelo serio. ¿No?

Iris– Por supuesto que no, son amigos. Es cosa del honor o algo así. Una demostración de hombría. Pero también saben que si les pasa algo con las tonterías tú te encargarás de ello. Bueno tú y Atlanta. Sobre todo Atlanta. Imagínate tu hermano y tu amante peleando

Michelle– Estaría histérica. Pobre Atlanta.

Iris– Si bueno, con esos dos hombres a su lado de tonta no tiene nada

Michelle– Uno de ellos me pertenece a mí

Iris– Querida Eros Valverdi jamás pertenecerá a ninguna mujer, por mucho que se case seguirá siendo un galán, eso no se pierde.

Michelle– Me dijo que me quería ser fiel.

Iris– Yo sólo digo que no te hagas ilusiones con respecto a ello.

Michelle– Yo sé contralar a los hombres infieles. A todos

Iris– Bueno cambiemos de tema. ¿Vas a ir a verle?

Michelle– ¿Luchar en el duelo? La verdad es que no lo sé.

Iris– ¿Demasiado ocupada o cansada para ver luchar a vuestro marido?

Michelle– ¿Qué insinúas? Yo soy muy capaz con mi esposo

Iris– De algo que es seguro es que tienes experiencia con los hombres.

Michelle– Márchate ahora mismo. Mañana si no estoy indispuesta vendrás a recogerme,  te mandaré una carta para que vengas si no te llega es que no puedo salir de mi casa. Ahora si no te importa me gustaría estar a solas. Márchate.

Iris– Como usted mande.

[Iris sale de la escena con paso decidido]

Michelle– ¿Qué se habrá creído esa? Yo le enseñé todo lo que sabe sobre el arte y ahora me insulta. Ha estado toda su vida a mi lado y ni una palabra, y ahora, ahora se comporta como si lo supiera todo sobre mí. Ha insinuado incluso que soy una prostituta, pues ella lo fue y de verdad. Yo no vendo mi cuerpo, yo vendo mi voz, mi arte. Yo soy una artista, una estrella y ella no es nada más que una bailarina de poca monta. Es porque está celosa de mí, yo me voy a casar con el hombre que ella siempre amó y ahora intenta arrebatármelo. Pues no voy a permitir que eso ocurra, me ha costado mucho que Eros Valverdi se casara conmigo y no pienso echarme para atrás. Mañana mismo me presento en la plaza mayor y realicé el mayor espectáculo que se haya podido ver jamás. Y haré callar a esa Iris.

[Se cierra telón. Cambio de decorado. La plaza mayor del pueblo. Una fuente en medio y un banco para el abuelo.  Sale en escena Eros y Héctor. El abuelo y un joven están entre los espectadores. También están Atlanta e Iris como espectadores]

Abuelo– ¿Va a ver una pelea? Qué hombres tan guapos.

Joven– ¡Silencio! Empieza el duelo.

Abuelo– Cuándo yo fui joven también realicé algunos duelos. Siempre ganaba hasta que un día me harté y decidí dejarme vencer. Pero mi contrincante se percató y se retiró.

Joven– Y volviste a ganar.

Abuelo– Conseguí un trofeo de 30 monedas de plata. Pero me las gasté todas. Me temo que de aquella época sólo me quedan mis recuerdos.

Joven– ¿Y qué te las gastaste? Era mucho dinero

Abuelo– En mi boda con tu abuela. No la había visto nunca tan feliz hasta que nacieron nuestros hijos. Entre ellos tu padre. Era un gran niño y se ha convertido en un gran padre.

Joven– Yo también le echo de menos

Abuelo– Es el destino Jorge. Cuando tu padre se marchó con su coche sentí en el más fondo de mi corazón que no regresaría. Y lamento cada día que se cumpliera.

Joven– Nadie tuvo la culpa, fue un accidente.

Abuelo– Lo sé. Pero a veces e pregunto que habría pasado si yo hubiera ido a su lado

Joven– Que no podríamos disfrutar juntos de este gran duelo.

Abuelo– ¿Una pelea? Ya veo a los dos hombres, sí. Están muy fornidos. Cuándo yo era joven era igual de fuerte y cuándo tú seas mayor te pondrás así también o eso espero.

Joven– Jajajajaja. Está bien abuelo. Para ya, vamos a disfrutar del duelo.

Héctor – ¿Tienes miedo?

Eros– Más quisieras. ¿Estás acaso incómodo?

Héctor– Yo propuse el duelo. No me voy a echar para atrás

Eros– Espero que estés preparado para bañarte en la ducha.

Héctor– Deja de hablar y ataca. Voy a hacer que te tragues tus palabras.

Eros– No esperaba menos de ti. ¡Vas a morder el polvo!

Héctor– Eres un viejo

Eros– Niñato, sin experiencia.

[Héctor y Eros comienzan con  su duelo con espadas. Todo el mundo estaba en vilo. La tensión reinaba en el ambiente]

Héctor– Eres un abuelo – (Ataca y roza a Eros)

Abuelo– ¿Quién me ha llamado?

Joven– Nadie. Era una expresión

Abuelo– Y a mí que me hacía ilusión enfrentarme contra ellos

Joven– No tendrías posibilidades

Abuelo– Pero estaría al lado de dos hombres fornidos. ¿Qué mujer puede decir eso?

Joven– Pero es que no eres una mujer.

Abuelo– Yo me siento muy hombre, y muy mujer al mismo tiempo.

Eros– Tú eres un niño- (Eros ataca y roza a Héctor)

Abuelo– Jorge creo que ahora están hablando de ti. Corre junto a ellos antes de que se marchen. Son dos buenos hombres. ¡Sedúcelos cómo nunca hizo ninguna mujer!

Joven– Yo tampoco soy mujer y no soy gay. Me gustan las mujeres

Abuelo– No tienes porqué negar nada. Yo te comprendo.

Joven– No escondo nada.

Abuelo– Está bien. Mira está ganando el mayor.

Eros– ¡No soy mayor!

Héctor– Hasta el público está en tu contra.

Eros– No me provoques, que no me has ganado aún.

Héctor– Eres demasiado charlatán (Héctor ataca a Eros, pero no le da)

Eros– Mira, el que decía que yo era lento (Eros hace varios movimientos y arrebata el arma a Héctor) – ¿Y ahora quién es el que está viejo?

Héctor– Me rindo. Eres un gran guerrero.

Atlanta– Has luchado genial, pero mi hermano es un soldado.

Iris– Rectifico, coronel.

Eros– Sí. Bueno ha sido un placer  luchar contra ti y creo que me debes algo.

Héctor– El baño en la fuente.

Eros– Exacto (Eros empuja a Héctor a la fuente)

Héctor– Genial ahora estoy empapado.

Atlanta– No te preocupes yo te llevaré a casa para cambiarte.

Eros– Bueno entonces mejor quito lo de la ropa y la peluca. No quiero ponerte más en ridículo. Eres mi amigo y has peleado genial.

Iris– Tuvo sin duda un gran maestro.

Héctor– Bueno nosotros dos nos marchamos porque tengo que cambiarme.

Atlanta– Como es obvio.

Eros– Adiós yo llevaré ahora a Iris a su casa. Tened cuidado; y tú Héctor, no te hagas el hombre y abrígate o cogerás una pulmonía.

Héctor– Hasta luego.

Atlanta– Adiós hermano. Iris ni se te ocurra separarte de él hasta llegar a casa

Eros– Tranquila no dejaré que le suceda nada.

Iris– Me quedo mucho más tranquila ahora que sé que tengo un caballero para acompañarme a casa y más todavía si se trata de Eros Valverdi.

Eros– Gracias, eso me halaga.

Iris– Sólo dije que eres un gran guerrero, eso es solamente la pura realidad.

Eros– Y usted es una gran mujer, sólo digo la más pura realidad.

Héctor– Será mejor que nos marchemos. Adiós.

[Atlanta y Héctor (aún mojado) salen de la escena]

Iris– A veces echo de menos aquellas tarde en el establo.

Eros– Iris me voy a casar con tu mejor amiga.

Iris– Ambos sabemos perfectamente que no podrá nunca una mujer controlarte ni siquiera Michelle. No sé que te han dicho para que te cases con ella pero lo que sí sé es que estamos solos y yo te necesito más que nunca.

Eros– Iris, no me hagas esto…

Iris– Pero si yo no hice nada… todavía.

[Entonces aparece Michelle en escena con un gran taconazo. Lleva puesto un traje corto bastante sexy y un bastón]

Michelle– ¡Eh tú! Quita las manos de encima de mi hombre.

Eros– Michelle… estás… estás increíble.

Michelle– Lo sé- (Michelle se acerca a Eros y le besa)

[Iris se marcha de la escena triste y rabiosa]

Michelle–  Quédate un segundo quiero que te enteres.

I’m his lover not his mother
Why you staring’ at each other?
What’s your problem?
I’m not his keeper, I’m his teacher
Ho, ‘n it goes deeper; what’s your problem?

I can’t control these feelings I have inside
I had to let go, let go of my pride
Age is a number
Don’t steal my thunder
Can’t love no other, other, other

You’re my boy,
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
My boy, my boy!

Where’s the blame, where’s the shame?
We’re just two hearts come together
what’s your problem?
He’s not a boy, not a toy
He’s man enough to understand
what’s your problem?

I can’t control these feelings I have inside
I had to let go, let go of my prize
Age is a number
Don’t steal my thunder
I can’t love no other, other, other

You’re my boy,
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
My boy, my boy!

Don’t mind telling’ you baby, she says he’s my boy
My boy, my boy
Yes, you’re my boy,
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
Keeping’ you inside so they don’t see that you’re my boy
My boy, my boy!

[Termina la canción. My boy-Duffy]

Eros– Ha sido increíble

Michelle– Lo sé.  Si eres mi hombre dilo, sino date media vuelta

Eros– Soy tu hombre

[Salen de escena Michelle y Eros]

Abuelo– ¡Qué bonito! ¡Eso sí que es una mujer!

Joven– ¿te gustó su canción?

Abuelo– Y el vestido era precioso

Joven– Será mejor que nos marchemos

[El público se marcha del escenario: Abuelo y Joven]

[Se cierra telón. Cambio de decorado. Casa de Eros. Aparecen en escena Atlanta y Héctor. Héctor ya tiene ropa seca, Atlanta le está secando el pelo]

Héctor– Hay que ver lo mucho que me mimas

Atlanta– No quiero que te resfríes.

Héctor– No me va a pasar nada. Soy fuerte como un roble, no tienes de qué preocuparte siempre que te tenga a mi lado para curarme – (Héctor coge la toalla y la deja en el sofá. Abraza a Atlanta y la besa en los labios) – No puedo estar mejor en mi vida si es contigo. Cuando estoy a tu lado soy feliz de verdad. He esperado mucho para estar a tu lado y ahora que por fin se ha cumplido me parece todo un sueño. No he podido decírtelo hasta ahora pero quiero que sepas que te quiero. Que eres lo mejor que me haya podido pasar nunca en mi vida, que eres la mujer de mi vida y que lo significas todo para mí. Jamás había conocido con tanta certeza lo que era estar realmente enamorado hasta que te conocí. Te quiero- (Héctor besa a Atlanta en los labios)

Atlanta– Eso es lo más bonito que hayan dicho nunca

Héctor– Tú te mereces mucho más. No sé porqué me elegiste pero gracias por darme esta oportunidad, no la pienso desperdiciar.

Atlanta– Yo tampoco pienso desperdiciar ni un solo segundo no estando a tu lado.

Héctor– Me alegra por fin escuchar tales palabras de tus labios.

Atlanta– Hablando de labios verás yo…

(Héctor no la dejó seguir, la besó)- No hace falta que me pidas nada estoy a tu entera disposición. Soy todo tuyo.  Hasta el último pelo de mi cabeza.

Atlanta– Jajajaja. No era eso lo que quería decir, pero me ha encantado

Héctor– Entonces. ¿A qué te referías?

Atlanta– A que como voy a ser la dama de honor de mi hermano, me preguntaba si estarías dispuesto a besar mis labios de nuevo, pero esta vez en la boda de mi hermano.

Héctor– ¿Quieres que sea tu acompañante?

Atlanta– Por supuesto.

Héctor– Iré encantado. ¿Lo sabe tu hermano?

Atlanta– Me lo propuso él. Dijo que quería invitarte pero como ahora eres mi pareja estaría bien que fuéramos juntos.

Héctor– Ya tienes acompañante para la boda y para esta noche, y la el día siguiente y para la noche siguiente… No quiero separarme nunca de ti.

Atlanta– ¿Estás insinuando algo?

Héctor– Tal vez sí y tal vez no.

Atlanta– ¿Te estás volviendo misterioso conmigo?

Héctor– Tal vez sí y tal vez no.

Atlanta– Quizás ya no quieras que pase algo más.

Héctor– No digas tonterías, siempre quiero que pase algo más ¿Por qué dices eso?

Atlanta– No sé. Quizás te lo diga o quizás no

Héctor– Diablilla- (Héctor besa a Atlanta)- Te quiero mi vida

[Llaman a la puerta. Entra en escena Augusto]

Héctor y Atlanta– ¡Ave César!

Augusto– Muy buenas Héctor y Atlanta.

Héctor– ¿A qué debo el honor de vuestra visita?

Augusto– Vengo para aclarar algunos sucesos. Me han dicho que tuviste una pelea

Héctor– Fue un duelo sin importancia

Augusto– Has perdido contra un esclavo. Algunos testigos han asegurado que es el predilecto del ruedo.

Atlanta– ¿Se está refiriendo a Iris por casualidad?  Ella está celosa de Michelle, acusaría a mi hermano por envidia. No se crea nada de lo que le contara César.

Augusto– No fue Iris, la conozco bien. ¿Fue Eros quién lucho contra usted Héctor?

Héctor– Así es me desarmó. Es un gran guerrero, sin duda.

Augusto– Explíqueme cómo es que la forma de lucha es idéntica al del esclavo

Héctor– Quizás porque Eros es el profesor de lucha del esclavo.

Atlanta– Conozco a mi hermano, insiste que todo se haga a su manera y mucho tratándose de la lucha.

Augusto– ¿Cómo puede una escoria de esclavo luchar igual de bien que mi mejor soldado?

Atlanta– Seguramente el esclavo ya sabía luchar de antes y además mi hermano es un gran maestro. No hagáis caso de los rumores César. Quieren acabar con la carrera de mi hermano por envidia. Ya no saben que inventarse para ello.

Augusto– Esto es mucho más grave. Voy por la calle y todo el mundo susurra que tu hermano es el esclavo y que todo es una farsa para limpiar mi imagen. Si descubrieran que es cierto; todo lo que hice no servirá de nada y si yo caigo entonces vosotros también. Mañana lucha el esclavo predilecto, y el esclavo esta vez deberá ir sin casco para siempre. Además Eros deberá acudir a todos los ruedo del esclavo. Esas son mis órdenes. Si  no se cumplen seréis todos expulsados y eso te incluye a ti también Héctor.

[Augusto sale de escena dando un portazo]

Atlanta– ¿Y ahora qué? Van a matar al esclavo

Héctor– Tu hermano es bueno luchando y como profesor. El esclavo ganará. Tranquila todo saldrá bien, no tienes nada de que preocuparte.

Atlanta-Si sucede algo. ¿Qué haremos?

Héctor– Huiremos juntos. Tú y yo.

Atlanta– ¿A dónde? No tenemos hacia dónde ir. Roma gobierna en medio mundo.

Héctor– Pues iremos hacia el otro medio

Atlanta– Tengo miedo.

Héctor– No permitiré que te suceda nada malo. Bueno será mejor de que avisemos a Eros de lo sucedido.

[Llaman a la puerta. Entran en escena Eros y Michelle]

Eros– Hola. Acabo de verme con el César. ¿Qué ha sucedido?

Atlanta– Augusto sospecha de que eres el esclavo Eros. Te ha ordenado que acudas a todos los ruedos y que el esclavo deberá ir para siempre sin casco.

Héctor– Alguien le ha dado un soplo, pero le preguntamos por Iris y negó en rotundo su implicación. Aunque no es totalmente seguro, es una acorazonada que tenemos

Michelle– Tendría que habérmelo imaginado. Esa Iris es una traidora.

Eros– Aún no sabemos si fue ella. Seguramente sea sólo un rumor.

Michelle– ¿Por qué la defiendes? ¡¿Tienes una aventura con ella?! ¿Acaso ya no me amas? No te quedes mirándome pasmado. ¡Responde!

Eros– Tuve una relación con ella. No la amo, pero la conozco muy bien. Jamás haría algo así a pesar de ser celosa y ago histérica

Michelle– Estás mintiendo. Hay otra razón. La puedo ver en tus ojos. ¡Dilo!

Eros– ¡La defiendo porque es la madre de mi hijo!

Atlanta– ¿Qué hijo? ¿De qué hablas?

Eros– Cometí un error e Iris se quedó embarazada

Michelle– ¿Y dónde está el niño ahora?

Eros– Con su madre. Supuestamente es su hermano pero no es así. Yo le doy algo de dinero para el niño. Ambos nos callamos  lo del niño por el bien de Iris y de Ciros. Los matarían o algo peor.

Michelle– ¿Y ella te perdonaba todas tus aventuras?

Eros– No éramos ni somos pareja. Debido al niño nos vimos obligados a cortar la relación para que creyeran la cuartada de Iris. Por eso confío en ella. Es la madre de mi hijo, jamás le haría nada al padre su hijo, porque sería como romper parte de su propio hijo. Y ambos amamos a Ciros más que a nada en el mundo

Héctor– ¿Desde cuándo no ves a tu hijo?

Eros– Desde que nació. Hace una semana cumplió dos años. Siento haberlo ocultado todo este tiempo. Pero era la única manera de que no apedrearan a Iris.

Michelle– Eres un… Ahora éramos felices. ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué me has engañado de esta manera? ¿Qué hice mal? Yo sólo quería tener un futuro contigo. Será mejor que me marche.

Eros– Michelle por favor. No puedes dejarme. Me matarán, a mí, a Iris y a Ciros. Mi vida me es igual; pero no permitiré que le toquen ni un pelo a Ciros.

Michelle– Necesito pensar. No sé si volveré

Eros– Entonces no te dejaré marchar- (Eros agarra a Michelle)

Michelle– ¡Suéltame! Tú jamás me has amado.

Eros– Michelle… Siento no poder decirte lo contrario. Te estaría mintiendo.

Michelle– Tranquilo, siempre lo supe en el fondo. Ahora me voy a casa. Suéltame

Eros– No digas nada Michelle. No por mí, sino por Ciros. Él no te hizo nada, es tan sólo un bebé. Lo matarán si se enteran- (Eros suelta a Michelle)- Por favor, no digas nada

Michelle– No diré nada. Me marcho.

[Michelle sale de escena. Llaman a la puerta. Entra Iris en escena. Lleva en brazos un bebé. Eros abre la puerta]

 

Eros-  Pasa Iris.

Iris – Te juro que no dije nada.

Eros– Lo sé. ¿Y Ciros?

Iris–  Está conmigo- (Iris muestra a Eros el bebé que lleva en brazos)

Eros– Que grande está no lo creía desde que nació

Iris– Cada vez que lo miro me recuerda a ti

Eros– Sí, pero tiene los ojos de su madre

Atlanta– Hola Iris. Este debe de ser mi sobrino. Es muy guapo

Iris– Pues como su padre. Tengo que decirte que siento haber tenido que ocultarlo todo este tiempo, pero era lo único que evitaba que no me desterrasen o algo peor. Augusto no está seguro pero tiene sus sospechas sobre tu identidad y la del esclavo. Son sólo rumores, si te ve en los ruedos del esclavo se marcharán.

Eros– ¿Y entonces porqué has venido?

Iris– Mis padres han sido asesinados por traición. El César acaba de ahorcarlos en la plaza. Por lo visto alguien les dio un chivatazo, aunque no se sabe muy bien los detalles.

Eros– ¿Quién les dio el soplo?

Iris– No lo sé con certeza, pero creo que se quién podría ser. Aparte de Michelle, también está Fabricio.

Eros– ¿Quién es Fabricio?

Iris– Alguien que intenta cortejarme desde hace meses.

Eros– ¿Por qué no me dijiste nada?

Iris– No podía verte por la historia que teníamos respecto a Ciros, pero ahora ya no tengo a dónde ir, no me queda nada más.

Atlanta– No te preocupes por eso, te puedes quedar aquí.

Iris– Gracias. Por cierto Eros. ¿Qué vas a hacer respecto a Michelle?

Eros– El César me obligó a casarme con ella, ahora no sé si querrá casarse conmigo. De todas maneras después de las noticias de boda por todo el pueblo, dudo que lo cancele.  Sobre todo después de saber lo de Iris. Ahora que lo pienso. Es posible que vengan a por Iris. Aquí no estás a salvo. Tenemos que buscarte otro sitio.

Atlanta– ¿Por qué no puede quedarse aquí?

Eros– ¿Dónde será el primer lugar dónde la busquen?

Iris– Tiene razón Atlanta. No puedo quedarme. ¿A dónde iré?

Eros– ¿Y la casa de Fabricio? ¿Es segura?

Iris– Prefiero que me capturen.

Atlanta– El esclavo, Leandro. ¿No era un hombre libre antes? Seguirá teniendo la casa aunque esté abandonada. El César jamás iría a buscarla allí.

Héctor– Mandaré a mis hombres a casa de Fabricio

Atlanta– Haremos creer que Iris está en casa de Fabricio. Yo podría disfrazarme y hacerme pasar por ella.

Iris– Yo estoy de acuerdo. ¿Qué dices Eros?

Eros– Te acompañaré a casa de Leandro. Además tendré que hacer algunas reformas a la casa. Al estar tanto tiempo abandonada deberá estar a punto de caerse a pedazos.

Atlanta– Intenta que no se note demasiado. Debe seguir pareciendo estar abandonada para que el César no sospeche.

Héctor– Atlanta amor cámbiate de ropa. Tenemos que hablar con Fabricio. Me debe algunos favores le diremos que es la única manera de que Iris siga viva es cubriéndote. Si te quiere no dudará en hacerte la coartada.

[Atlanta sale de escena. Iris se pone una capa]

Eros– Nosotros pediremos después de vosotros. Asegúrate de que te siguen los soldados del César, Héctor; pero disimula. No pueden sospechar nada

Héctor– Puedes confiar en mí. Me encargaré personalmente

[Atlanta entra en escena. Va vestida igual que Iris lleva también una capa]

Atlanta– Ya estoy lista

Héctor– Esperad unos minutos y coger el caballo. Dirigíos directamente a casa de Leandro. Aseguraros de que no os siguen.

Eros– Héctor te cojo tu caballo marrón, es algo menos llamativo que el mío de pura raza negro. ¿No te importa no?

Héctor– Tranquilo. Nos reuniremos más tarde aquí.

Eros– Cuida bien de mi hermana Héctor

Atlanta– Y tú de mi cuñada y mi sobrino.

Eros– Lo haré. Tened cuidado, y gracias por todo

[Héctor y Atlanta salen de escena]

Eros– Iris. No he podido decírtelo antes pero lamento mucho tu pérdida.

Iris– Y yo siento costarte algo más que un café

Eros– No eres ninguna molestia. Eres mi alegría. Me has traído a mi hijo. ¿Qué más podría pedirte? ¿Me dejas tenerlo en brazos un rato?

Iris– Claro- (Iris le da el bebé a Eros)

(Eros sonríe y coge al bebé. Luego abraza al bebé) – Te quiero mi pequeño Ciros

Iris– Dámelo. Nos tenemos que marchar ya sino queremos que vengan a buscarme. Vamos a por el caballo y nos marchamos.

Eros- Tienes razón. Vámonos ya. ¿Estás lista?

Iris– Sí. Tengo todas las cosas en ese macuto

Eros– Yo lo llevaré- (Eros coge el macuto)- ¿Ya está? Pues marchémonos

[Eros, Iris y el bebé salen de escena. Se cierra el telón. Sale a escena Michelle]

MichelleThis is a man’s world, this is a man’s world.  But it wouldn’t be nothing, nothing without a woman or a girl. This is a man’s world,

You see, man made the cars to take us over the road
Man made the trains to carry heavy loads
Man made electric light to take us out of the dark
Man made the boat for the water, like Noah made the ark

This is a man’s, a man’s, a man’s world
But it wouldn’t be nothing, nothing without a woman or a girl

Man thinks about a little baby girls and a baby boys
Man makes then happy ‘cause man makes them toys
And after man has made everything, everything he can
You know that man makes money to buy from other man
This is a man’s world
But it wouldn’t be nothing, nothing without a woman or a girl

He’s lost in the wilderness
He’s lost in bitterness

This is a man’s world

[Termina la canción. A man’s World- James Brown]

Siguiente capítulo: http://youarewriter.es/el-legado-de-los-cesar-cp6-elena-saavedra-siles/

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