El Legado de los César cp3. Elena Saavedra Siles

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Capítulo 3

Eros– Lo siento Leandro. Tenía que dar una tapadera, es lo único que se me ha ocurrido.

Leandro– No te preocupes, me han dicho cosas peores, estoy acostumbrado

Eros– Pues no deberías. Leandro eres un hombre libre, tu hermano lo conocí en la guerra era mi compañero de pelotón. Él me salvó la vida. Erais hermanos gemelos, él se llamaba Agmadeón, tenía 22 años cuando murió rescatándote del fuego del enemigo.

Leandro– ¿Cómo sabes todo eso? ¿Quién eres?

Eros– Soy Eros Valverdi, yo peleé junto a tu hermano. Emprendí una guerra para ir en tu busca porque mi compañero me acababa de salvar la vida y él únicamente me pedía que abriera una verja, pero todo salió mal.

Leandro–  ¿Estuviste con mi hermano?

Eros– Sí, fue un gran hombre, un gran compañero y un gran soldado.

Leandro– Ahora me acuerdo, sí. ¿Y porqué no me sacan de aquí si soy un hombre libre?

Eros– Porque el César te quiere muerto, quiere muerto a todos los esclavos porque lo considera escoria. A pesar de que me haya nombrado miembro del consejo aún no tengo confianza con él y no puedo convencerle sin pruebas de que eres quién eres a pesar de mi testimonio. Todo el mundo rumorea que estoy de parte de los esclavos y eso sólo me está causando problemas para mi causa.

Leandro– Entiendo. ¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a renunciar para vivir tu vida?

Eros– Mi vida está también en las cadenas que llevas puestas.

Leandro– No puedes ir en contra del todo el mundo porque te matarán y eres mi única esperanza para salir vivo. Ya ni siquiera quiero ser ciudadano de Roma.

Eros– Yo tampoco quiero ser ciudadano de Roma, yo quiero ser la propia Roma.

Leandro– No te entiendo

Eros– Quier quedar marcado en cada página de la historia, quiero que todo esto algún día se lo cuenten unos hombres a otros y se rían pensando lo estúpidos e insensibles que éramos por tener esclavos, y por amar a personas que se supone que no amamos.

Leandro– ¿Y qué vas a hacer? No puedes conseguirlo tú sólo

Eros– Voy a sustituirte en el ruedo.

Leandro– ¿Cómo dices?

Eros– Soy un gran luchador, sé como dejar inconsciente a alguien sin tener que matarle.

Leandro– Puedes enseñarme, no tienes porqué arriesgarte.

Eros– Leandro tú no eres un guerrero, por una vez has tenido suerte, pero puede que la próxima no sea así.

Leandro– ¿Y se supone que me tengo que quedar cruzados de brazos?

Eros– El César quiere que ganes, pero también quiere que mueran los demás prisioneros. Tú construirás un túnel que conducirá hasta un establo que tengo no muy lejos del ruedo a unos 100 metros hacia el sur. He puesto a hombres de mi mejor confianza para que traigan cuerpos sustitutos cada día. Cogeremos cuerpos de los enfermos y vagabundos para suplantaros. Los soldados no se darán ni cuenta porque no se fijan en los esclavos.

Leandro– Pero yo seré el protagonista del ruedo, me han visto la cara. ¿Cómo me vas a sustituir? Estos soldados querrán matarme cada día. ¿Crees que no se fijarán en mi rostro?

Eros– Por suerte tenemos un buen sustituto.

Leandro– No, ni hablar. Por encima de mi cadáver, no usaré a mi hermano

Eros– No me refería a él.

Leandro– ¿Y a quién? ¿Me encontraste a otro hermano gemelo?

Eros– Me refería a mí.

Leandro– Estás loco

Eros– Estoy enfermo. Los médicos no saben lo que tengo, no se puede transmitir a ninguna otra persona pero me está comiendo por dentro. Leandro no vas a ser tú quien luche en el ruedo, sino yo. Sin mi ropa ni mis apariencias no me reconocerán

Leandro– Pero te matarán. No pienso dejar que maten a nadie por mi culpa

Eros– Yo ya estoy muerto Leandro. No sé si quiera si podré cambiarme contigo en todos los ruedos. Es posible que antes del ruedo final ya esté muerto. En ese caso usa mi cuerpo para escapar y ve por el pasadizo, como los demás esclavos hasta el establo. Una vez allí encontraréis algunas provisiones, ropa, comida, agua, vino, pan y algunas armas pequeñas

Leandro– ¿Y cómo estás tan seguro de que vas a morir?

Eros– Porque yo tendría que haber muerto en la guerra Leandro, yo tendría que haber muerto en lugar de tu hermano. La muerte me recuperará tarde o temprano y como a tu hermano no lo pudo salvar te salvará a ti. Por eso ha de ser así.

Leandro– Entiendo. ¿Y no hay nada que pueda hacer para cambiar tu opinión?

Eros– No. Verás yo no tengo esperanza alguna para mí. La única cosa que podría, en un momento como éste, darme esperanza sería enamorarme y que esa persona me quisiera, pero la probabilidad es bastante baja teniendo en cuenta que ningún hombre que se precie se arriesgaría a algo así en los tiempos que tenemos. Y jamás admitirían sus sentimientos.

Leandro– ¿Es lo único?

Eros– Sí

Leandro– ¿Y este momento no amas a nadie?

Eros– No. Yo sólo saldo una deuda que tenía con tu hermano.

Leandro– No te vayas aún. No quiero quedarme sólo

Eros– Ya no estás sólo, por lo menos no lo estarás mientras esté yo para apoyarte

Leandro– ¿Y a dónde te marchas ahora?

Eros– A entrenar, porque dentro de dos días tengo un ruedo.

Leandro– Por favor no te marches- (Leandro se levanta y con las manos encadenadas para a Eros antes de que se marche)- Te prometo que construiré ese túnel, pero quédate un rato más

Eros– El vigilante está apunto de venir, tú estate de rodillas y finge que te he dado una paliza.

Leandro– De acuerdo. ¿Vas a volver? – (Eros asiente)- ¿Cuándo?

Eros– Cuando haya el ruedo, vendré para intercambiarme contigo.

Leandro– Una vez un hombre muy sabio me dijo que pensaba luchar por todo lo que amaba, pues no pienso quedarme atrás – (Se acerca a Eros y lo abraza) – Adiós.

Eros – Adiós amigo mío – (Eros se separa)- Espero que el túnel esté listo para cuando regrese. ¿Vale? Es lo único que te pido

Leandro– Me pides mucho más

Eros– ¿Cómo dices?

Leandro– Me pides que renuncie a ti y eso sí que no puedo.

Eros– Adiós Leandro, nos veremos el día del ruedo.

Leandro– Adiós.

[Eros y Leandro salen de escena. Entra en escena Michelle y Atlanta. Decorado de cantante]

Atlanta– Necesito un favor Michelle.

Michelle– Pero tranquilidad, pasa siéntate ¿Qué se te ofrece querida?

(Atlanta se sienta en un sillón)- Necesito tu ayuda para que yo pueda estar con la persona a la que amo. Necesito que hagas que se te enamore de ti una persona, la pareja de la persona a la que amo y necesito que la deje tan tirada que no tenga más remedio que acudir a mí

Michelle– ¿De quién se trata? ¿A quién debo engatusar?

Atlanta– Al César.

Michelle– ¿Amas a Priscila? ¿Amas a una mujer? Qué curioso, la estirada Atlanta ama a una mujer en vez de a un hombre. ¿Y qué me ofrecerías a cambio?

Atlanta– ¿Qué es lo que deseas? Pídelo y lo tendrás. Tengo mucho dinero y amigos importantes. Si quieres actuar en el mismísimo anfiteatro.

Michelle– Sería un auténtico bombazo, pero eso lo puedo conseguir del César, en cuanto caiga en mis brazos lo moldearé a mi gusto. Mi petición es sólo una: Eros Valverdi

Atlanta– ¿Mi hermano? ¿Qué quieres de mi hermano?

Michelle– Todo. Es un gran hombre. Defiende lo que tiene que defender a pesar de que lo oculte para seguir vivo. Es un hombre de principios, valiente, sin miedo a nada. Es un hombre mujeriego con lo que tiene experiencia y es tremendamente sexy que sea coronel

Atlanta– ¿Y lo quieres como amante? ¿O como pareja, amigo o esposo?

Michelle– Yo jamás podría casarme… Sí. Es la tapadera perfecta. Yo me caso con él para estar al lado del César, entre tu hermano y yo moldeando al César podríamos cambiar Roma.

Atlanta– ¿Para eso quieres a  mi hermano para cambiar Roma?

Michelle– Quiero a tu hermano para eso y para poder actuar sin tener miedo de que me puedan violar o matar, de estar segura, de tener un techo siempre y no hotel. De tener a alguien que sea un hombre bueno y noble.

Atlanta– Pero tú no le amas

Michelle– Mi único amor en toda mi vida ha muerto y ahora sólo me queda mi otro gran amor. Lo único que hace que me olvide mi prometido es la música.

Atlanta– ¿Me ayudarás entonces?

Michelle– Por supuesto, pero tu hermano tiene que casarse conmigo antes de que termine el año. Sino les contaré a todos la verdad sobre ti y te desterrarán.

Atlanta– Trato hecho. Ha sido un placer conoceros.

Michelle– Me disgusta no poder decir lo mismo

[Atlanta sale de escena con pasos grandes, evidentemente enfadada. Michelle esboza una gran sonrisa y se dirige a un espejo. Entra en escena Augusto]

Augusto– Me acaban de decir un mensajero que venías buscándome

Michelle– Verás querido, ninguno de mis trabajos son gratis.

Augusto– ¿Cuánto pides por tus servicios en mi fiesta?

Michelle– Deberá dárseme el placer de cantar en el propio coliseo. La entrada será libre siempre y cuando se pague su precio. Daré un gran espectáculo y toda Roma estará enterada de ello. El dinero que consiga con ese espectáculo será exclusivamente mío y no tendré que volver a pagar impuestos. Al menos que prefieras pagar mis honorarios.

Augusto– Que deduzco será mucho más caro que el resto.

Michelle– Por supuesto, además mi espectáculo traerá dinero a la zona, lo cuál te traerá dinero a ti. Pero si me pagas sólo pierdes.

Augusto– Estoy de acuerdo, pero sino está el foro lleno suspenderé tu espectáculo.

Michelle– De acuerdo. Pero no te he hecho llamar sólo por eso.

Augusto– ¿Y qué más es lo que desea?

Michelle– A Eros Valverdi, como mi esposo.

Augusto– ¿Y sólo deseáis a ese hombre?

Michelle– ¿Y vos sólo deseáis a vuestra esposa?

Augusto– Entiendo hasta que no reconozca lo que siento por vos no vas a dejar de persistir en una boda con mi querido coronel.

Michelle– No, pienso casarme de todas formas. Piénsalo bien mi querido César. ¿Cuál sería la forma más cómoda de estar juntos sin que nadie se enterase? ¿Qué mejor forma que ser esposa de tu mano derecha? ¿Quién sospecharía? Nadie, ni siquiera vuestra esposa. Yo tendría un futuro bien forjado, un buen marido, un gran amante y una gran profesión como es la de ser cantante. Y vos tendríais a vuestra esposa, a mí como amante, a un gran siervo como lo es Eros Valverdi y ni un solo rumor de amantes. Pues conmigo, creerme César, tendréis más que suficiente. No podréis engañarme, haré que sólo yo sea vuestra amante.

Augusto– Sabéis bien que os deseo muchísimo, pero no puedo engañar a mi esposa

Michelle– La engañaste, pero no sólo conmigo. Con las criadas, con su propia hermana, con la mujer de vuestro antiguo coronel e incluso con una humilde campesina.

Augusto– Todos esos son rumores, sólo poseéis pruebas de una infidelidad y ello os convertiría en una ramera. Y todos sabemos lo que pasa con las rameras

Michelle– Hay ya mucha gente que piensa eso de mí, me da igual lo que piensa la gente, yo no vivo aquí. Simplemente porque aún no tengo marido aquí. Quiero casarme con Eros Valverdi, sinceramente sino soy vuestra amante engañaréis a vuestra esposa igualmente y no con una mujer sino con varias. Si yo soy vuestra amante no podré decir nada, no me convendría y además tendríais la certeza de no engañarla con nadie más.

Augusto– ¿Cuándo querrías casarte? ¿Y durante cuanto tiempo tendría que ser vuestro amante? ¿No podría decidir acaso ser fiel a mi esposa?

Michelle– Podrías intentar ser fiel, pero todos sabemos que el amor del César jamás será para una sola mujer en concreto. Intente serle fiel, usted organice mi boda. En menos de lo que se espera volverá a serle infiel con muchas más mujeres a su esposa y entonces la gente hablará y se verá obligado a acudir a mí. Antes o después estaremos destinados a estar juntos.

Augusto– Yo soy el César y yo hablo sobre mi propio destino.

Michelle– Yo solo estoy para servirle mi amo. ¿No fue vos quién me pidió mi mano?

Augusto– Sí. Eso fue antes de conocer a Priscila

Michelle– Que debo de recordaros que conocisteis gracias a mí. ¿Y no volviste a mi César aún después de haberos casado tan felizmente para ser mi amante poco después?

Augusto– Sí, pero habíamos discutido porque Priscila no había tenido hijos aún.

Michelle– ¿Y no fuisteis vos quien me pidió un hijo bastardo para tener seguro un heredero?

Augusto– Así es, estaba por aquél convencido de que mi esposa era yerma.

Michelle– Por una causa u otra hemos estado unidos siempre. Y ahora que le doy la oportunidad de cumplir todo lo que siempre quiso se niega porque piensa que será feliz con una única mujer. Le diré una cosa, usted organice mi boda y saldaremos nuestra deuda. Si por casualidad viniera a mí en busca de saciar su sed de pasión le diré que no, puesto que seré una mujer felizmente casada. Quiero casarme antes de que termine el año sino es así deberá pagarme el doble de mis honorarios y no volveré a cantar para Roma.

Augusto– Eres ciudadana de Roma. Sólo puedes cantar para Roma.

Michelle– No querido. Yo no soy de Roma, yo no soy de nadie no hasta que me case.

Augusto– La boda se celebrará en primavera lleve un elegante vestido blanco y avise a sus invitados. Yo me ocuparé del resto. Pero no seremos amantes.

Michelle– No claro que no. Pronto seré la mujer de Eros Valverdi.

Augusto– ¿Ya no deseáis ser mi amante?

Michelle– Yo solo le daba una escapatoria para no acudir a campesinas, pero si usted prefiere a amar a los plebeyos en vez de a una mujer de verdad. ¿Quién soy yo para cuestionarlo?

Augusto– ¿Tan seguro estás de que voy a traicionarla?

Michelle– Por supuesto que no, usted es un gran hombre seguro que será fiel, pero solo por si acaso le ofrecía mis servicios, como estoy obligada a hacer.

Augusto– Tienes razón, cumplías la ley.

Michelle– Sí, durante este tiempo no he podido decírselo porque no estaba viviendo en Roma oficialmente. Pero ahora que soy famosa me he establecido en la mejor ciudad del mundo, aunque no podré servir a Roma totalmente como ciudadana hasta que me case.

Augusto– Entonces debo serle fiel a mi esposa. Gracias, pensaba que me había vuelto loco

Michelle– Claro que debe serle fiel, es el mejor regalo que le puede hacer a su esposa y a Roma. Pero no se olvide de mi boda.

Augusto– No lo olvidaré. Ahora mismo iré a hablar con Eros Valverdi.

Michelle– Gracias mi gran César

Augusto– No es nada, te lo debo. Por cierto, enhorabuena por la boda.

Michelle– Gracias, una última cosa. Que le quede claro que deberá de pedírmelo en condiciones, no quiero que parezca que este desesperada, solo quiero tener una buena boda y ser oficialmente ciudadana de Roma. Creo que me merezco un buen marido.

Augusto– Sin duda, además has elegido fantásticamente y antes que elegir a uno de mis otros viejos consejeros prefieres al joven encantador.

Michelle– Soy bastante más inteligente de lo que aparento, no sé porqué a los hombres os gustan las mujeres sexys, guapas, pero irremediablemente imbéciles, solamente a unos cuantos os gustan inteligentes, por lo menos siempre os gusta que sean menos inteligentes que vosotros, pero eso en el caso de la mujeres es bastante poco probable. Verás mi querido César a pesar de no tener una educación como la tienen los hombres, tenemos algo que nunca tendrán ellos instinto y sobre todo sabemos usar nuestras capacidades.

Augusto– He conocido a muchas mujeres simplemente incorregibles por así decirlo.

Michelle– Querido hay de todo, como también muchos hombres inteligente mucho más que la mujeres. Sólo digo que algunas mujeres como yo, nos hacemos las tontas, pero de tontas querido mío; no tenemos nada. Sólo es un engaño más para que los hombres acudan a nosotras, solo se le debe negar a un hombre algo para que precisamente lo quiera

Augusto– Eso es mentira.

Michelle– Pues entonces será mejor que no te vayas para avisar a Eros de su próxima tarea, es decir, de nuestra boda. Cuanto más te quedes mejor.

Augusto– Será mejor que me marche ya, mi esposa me estará esperando.

[Augusto se marcha con prisas. Parece estar algo preocupado]

Michelle– Hombres, son bastante predecibles. ¿No tengo razón?

 

I can wash out 44 pairs of socks and have ‘em hangin out on the line
I can starch & iron 2 dozens shirts ‘fore you can count from 1 to 9
I can scoop up a great big dipper full of lard from the drippins can
Throw it in the skillet, go out & do my shopping, be back before it melts in the pan
‘Cause I’m a woman! W-O-M-A-N, I’ll say it again
I can rub & scrub this old house til it’s shinin like a dime
Feed the baby, grease the car, & powder my face at the same time
Get all dressed up, go out and swing til 4 a.m. and then
Lay down at 5, jump up at 6, and start all over again
‘Cause I’m a woman! W-O-M-A-N, I’ll say it again
If you come to me sickly you know I’m gonna make you well
If you come to me all hexed up you know I’m gonna break the spell
If you come to me hungry you know I’m gonna fill you full of grits
If it’s lovin you’re likin, I’ll kiss you and give you the shiverin’ fits
‘Cause I’m a woman! W-O-M-A-N, I’ll say it again
I can stretch! a green black dollar bill from here to kindom come!
I can play the numbers pay the bills and still end up with some!
I got a twenty-dollar gold piece says there ain’t nothing I can’t do
I can make a dress out of a feed bag and I can make a man out of you
‘Cause I’m a woman! W-O-M-A-N, I’ll say it again
‘Cause I’m a woman! W-O-M-A-N, and that’s all.

 

[Termina la canción  I’m a woman- Peggy Lee]

[Michelle mira al público y con un guiño se marcha del escenario. Aparecen en escena Atlanta y Eros. Están en la casa de Eros de nuevo. Cambio de decorado]

 

Atlanta– Eros debo pedirte un gran favor. Es la única manera de seguir con la persona a la que amo y aún sigo sin saber porqué debe ser así.

Eros– ¿Qué debería de hacer?

Atlanta– Casarte.

Eros– ¿Casarme? ¿Estás majareta? ¿Eros Valverdi casado con una mujer?

Atlanta– Es Michelle, la cantante. Tendrás que casarte con Michelle o me desterrarán.

Eros– Gracias por la gran noticia hermana y yo que tenía la ilusión de elegir a la persona con la que me iba a casar.

Atlanta– No puedo decirte mucho más

[Augusto entra en escena dando pasos grandes]

Augusto– Pero yo sí. Eros debes de casarte con Michelle

Eros– ¿Pero qué quiere esa mujer de mí?

Augusto– Tu fama. Ella te necesita para ser ciudadana de Roma oficialmente y para ser conocida en toda la Roma, eres el nuevo miembro del consejo y además eres joven, todo el mundo sabe de tu nombre y mucho más por tus aventuras. Te quiere a ti como esposo

Eros– ¿Y si no acepto?

Augusto– Deberás pagar de tu bolsillo sus honorarios de la fiesta, porque yo no pienso pagar nada. Oye esa es una gran mujer, es guapa, inteligente, canta bien y te quiere. No puedes pedir mucho más, además estaré en deuda contigo y te escucharé a partir de hoy en lo que quieras. Lo prometo, pero mi amada está embaraza, me quedaría si pudiera y te lo explicaría todo con más detalle si pudiera, de verdad Eros, pero no puedo. Sólo estoy aquí para notificarte que te vas a casar antes de que acabe el año y tú tendrás que pedirle su mano en matrimonio. Es la única manera de que sigas perteneciendo al consejo de Roma.

Eros– Entiendo. Pues si voy a casarme quiero hablar con usted lo más pronto posible, usted va a escucharme. Necesito que se reduzca la seguridad alrededor de mis propiedades, algunos insurgentes están pegando a los soldados y me han venido con quejas.

Augusto– Les indicaré que ataquen contra los insurgentes y se separen de la zona.

Eros– Gracias, pero sigo requiriendo de su presencia.

Augusto– Tendrá que ser para la próxima semana.

Eros– Por supuesto. ¡Ave César!

Augusto– ¿Estás de acuerdo?

Eros– ¿Quién podría ser mejor esposa que ella?

Augusto– Me alegra que cambiaras de opinión.

Eros– Yo siempre opiné igual, es sólo que me cogió algo desprevenido.

Augusto– Un hombre jamás esta prevenido para el matrimonio, mi gran amigo.

Eros– Sí, es lo más probable. Yo desde luego no estoy preparado para casarme

Augusto– Nadie lo está, una vez casado te acostumbras

Eros– Está usted invitado a mi boda, que se celebrará en primavera.

Augusto– Ella también me pidió que se realizara en primavera, eso es dentro de dos meses.

Eros– Mejor pronto y así me conciencio.

Augusto– Será un placer acudir a vuestra boda, ahora debo de marcharme con mi esposa.

Eros– Que tenga un buen día. ¡Ave César!

Atlanta– ¡Ave César!

[Augusto sale del escenario con prisas]

Eros– Voy a casarme

Atlanta– Te lo advertí y ya que yo te lo dije antes, por favor. ¿Podría ser yo vuestra dama de honor? Me haría muchísima ilusión

Eros– Por supuesto ahora si me disculpas tengo cambiarme de ropa porque tengo una cita para pedir la mano de mi futura esposa.

Atlanta– Suerte hermano.

Eros– Me es necesaria. Gracias hermana, ahora ve a por la persona a la que amas, por cierto Héctor te estaba buscando. Es soldado también, de la guardia del césar.

Atlanta– Dile que puede venir a verme cuando quiera, voy a mandar a los criados con sus funciones respecto a la cena.

Eros– ¿Es Héctor tu amor secreto hermano?

Atlanta– Si te dijera quién es mi amor secreto ya no sería un secreto.

Eros– Desde luego. Ahora si me disculpas debo de pedirle la mano a mi futura esposa

[Eros sale de la escena y entra en escena Héctor]

Héctor– Hola mi querida Atlanta, estáis más hermosa que nunca

Atlanta– Es de mala educación mentir.

Héctor– Tenéis razón, vos siempre estáis hermosa, pero no miento. Eres preciosa

Atlanta– ¿A qué habéis venido Héctor?

Héctor– ¿No puedo hacerle una visita a una mujer hermosa?

Atlanta– Para ti, hay muchas mujeres hermosas. ¿Para qué habéis venido?

Héctor– Quería estar a solas con una mujer guapa y me acordé de vos

Atlanta– Héctor, os conozco desde hace tiempo y siempre vuestra visita es justificada

Héctor– Vengo a pediros que salgáis una noche conmigo, pensaba ser algo más romántico, pero veo que soy bastante anticuado

Atlanta– Estáis de broma, apenas eres un desconocido para mí

Héctor– Con más razón, así me conocerás

Atlanta– No sé si me merece la pena.

Héctor– Déjame al menos que intente conquistaros

Atlanta– No sé puede conquistar algo que no está a vuestro alcance.

Héctor– Eso es lo que pensaba yo, pero me dije que a veces hay que intentar las cosas, sobre todo si lo que amas puede marcharse para siempre. Un gran hombre me dijo una vez que siempre se ha de luchar por lo que más se quiere y eso intento, pero vos debéis darme permiso sino, no podré si quiera acercarme a vos.

Atlanta– Esperaré sentada a un milagro

Héctor– Eres la persona de la que me he enamorado locamente- (Héctor coge la mano de Atlanta y la mira con dulzura) – No quiero vivir sino es contigo

Atlanta– ¿De verdad?

Héctor– Por supuesto. Quiero cantarte algo – (Héctor comienza a cantar)

There’s no time for us
There’s no place for us
What is this thing that builds our dreams yet slips away from us

Who wants to live forever
Who wants to live forever….?

There’s no chance for us
It’s all decided for us
This world has only one sweet moment set aside for us
Who wants to live forever
Who wants to live forever?

Who dares to love forever?
When love must die

But touch my tears with your lips
Touch my world with your fingertips
And we can have forever
And we can love forever
Forever is our today
Who wants to live forever
Who wants to live forever?
Forever is our today

Who waits forever anyway?

[Termina la canción. Who wants to love forever? – Queen]

Atlanta- Esa es una canción preciosa.

Héctor– Pero no tanto como tú

Atlanta– Acepto esa cita, pero espero que sea la mejor de mi vida

Héctor– No te arrepentirás, lo prometo. Como también me prometí a mí mismo decirte lo que siento y lo he cumplido. Y ahora te prometo quererte cada día, un poco más que ayer, pero no más que mañana. Cada día te quiero más. Levántate, te voy a llevar a tu cita

(Atlanta se levanta de la silla y se acerca a Héctor) – ¿Ya estás contento?

Héctor– No, aún no. Sólo falta un pequeño detalle.

Atlanta– ¿Y qué falta exactamente?

Héctor– Esto- (Héctor besa en los labios a Atlanta)

[Se apagan las luces. Salen de Escena Héctor y Atlanta]

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