El regalo de cumpleaños

Se acercaba mi cumpleaños  y, solamente yo sabía cual quería que fuese mi regalo. Habría de ser un regalo muy especial, no como el de todos mis amigos, no. A mí, ese tipo de regalos no me gustaba; más bien, ni siquiera me interesaba. Yo quería algo más, un regalo que sí mereciese la pena.

Mi idea era clara, pero mi parcial mutismo, en referencia a él, hacía que todos los de mi alrededor me estuviesen preguntando sin parar:

-¿Te gustaría un videojuego?-me preguntaba Papá incesantemente-¿El de tu primo Pablo?

-No-el mismo monosílabo procedía de mi boca una y otra vez ante mis abuelos, amigos y resto de familiares. Lo que no conseguía entender era por qué todo el mundo solamente se fijaba en las tiendas de electrónica.

-¿Una bicicleta nueva, cariño?-se interesaba Mamá.

Y mi respuesta: otra vez no.

¿Pero tan difícil resultaba hallar mi regalo? ¡Pues no sería por lugares especializados en la ciudad! Porque había bastantes… A mi entender no era nada difícil. Y es que nadie había caído en que  lo que a mí me gustaba era especialmente lo que ellos parecían haber olvidado.

Lo único que yo quería era: ni más ni menos que un libro.

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