El último juego de niños cap 59 por Rain Cross

Capítulo 59

apocalypse-510961_960_720Matt caminaba sin rumbo fijo. Las palabras de su hermana plasmadas en aquella nota se repetían una y otra vez en su cabeza. «No puede ser —pensó—. ¿Cómo pudo enamorarse con ese gilipollas.»

Negó con la cabeza, con su pistola en la mano. Vio a una chica desconocida delante de él. Llevaba una ballesta en la mano y tosía sin cesar. Matt se acercó a ella lentamente. Guardó la pistola y sacó un cuchillo de caza. Al estar a tan solo unos centímetros de distancia, la agarró fuertemente por la espalda y la degolló. La sangre salió como un río del cuello, manchando todo a su alrededor. Un alarido sonó a lo lejos.

—¿Me echabas de menos? —Katty apareció de golpe a su lado, contoneándose.

Matt sonrió. Ella era lo único que le quedaba ahora.

—Digamos que no me desagrada volver a verte.

Katty se acercó a él y se fundieron en un beso apasionado. La chica introdujo su lengua, juguetona, en la boca de Matt y el chico la recibió sin poner resistencia.

—¿Cómo ha ido? —preguntó cuando sus labios se separaron.

—Digamos que más o menos —La chica le sacó la lengua—. Jack fue hacia el grito. Seguro que piensa que uno de sus queridos amigos está en peligro —dijo con voz burlona—. Ah, y la beata ha muerto.

—¿Quién? —preguntó Matt extrañado.

—Mi mascota —Katty entornó lo ojos al ver que Matt no sabía aún de quien se trataba—. La que en la ciudad cuidaba de los huérfanos y siempre iba con el andrajoso de Bob. —Matt asintió y Katty sonrió divertida—. Ahora descansará con su querido creador. Aunque, francamente, creo que se habrá dado cuenta de que tanto rezar no sirve de una mierda.

—Seguramente —La miró—. ¿Sabes qué era ese grito?

—No, y como te he dicho antes, creo que Jack pensó que sería uno de los suyos. ¿Por qué lo preguntas?

—Creo que sería buena idea averiguar qué pasa.

—Qué más da, Matt. Habrán atacado a alguno de esos capullos. Uno menos de lo que preocuparse.

—Parece que olvidad a la adulta —dijo Matt secamente—. Si estamos aquí es por ella. Para encontrar la cura.

—Joder, lo había olvidado.

—Y se nota —Matt la rodeó con sus brazos—. Si quieres que vivamos más de dieciocho años, cariño, debemos ir a ver qué ocurre.

—Está bien —dijo Katty a regañadientes.

Empezaron a caminar hacia el grito con rapidez. Por el camino, se encontraron a dos chicos del sheriff. Matt le clavó el cuchillo directamente en el corazón. Katty cogió una navaja rosa con su nombre que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón y destripó al otro en un baño de sangre. Después, lamió el abdomen del muerto y le escupió en la boca.

«Está loca —pensó Matt al ver la escena—. Pero es lo único que me queda.»

Siguieron su camino hacia los gritos. En la mente de Matt aparecía el cuerpo mutilado de Jack. «Me las pagarás. Aunque sea lo último que haga.»

***

Jack buscaba a sus amigos entre la niebla. Había sido buena idea ir hacia el humo. Katty se encontraba a su lado, y Lilith caminaba unos pasos más atrás.

De repente un chico joven con un peto tejano les atacó, clavando una hoz a Lilith en el pecho. La chica cayó de rodillas; una cascada escarlata empezó a brotar de la herida.

—¡Joder! —Katty sacó sus pistolas y disparó al chico.

—¡Lilith! —Jack corrió hacia su amiga—. No, Lilith…

Puso sus manos sobre el cuello de su amiga, pero era inútil. La chica se desangraba ante él. En un último esfuerzo le cogió del hombro y le acercó la boca al oído. Jack no opuso resistencia.

—Cu-cuida de Bob por mí —susurró con voz gangosa—. Que Di-dios os ayude…

Le soltó y dejó caer su cabeza hacia atrás. Jack negó con la cabeza; había muerto.

Con cuidado, apoyó el cuerpo de la chica en el suelo. Sus ojos miraban al cielo, inexpresivos.

—Si hubiera tenido a mis niñas a punto esto no habría pasado —dijo Katty besando sus pistolas—. Siento… bueno, en verdad no lo siento. Vámonos antes de que esos paletos intenten matarnos de nuevo.

Jack no dijo nada. Miró por última vez a Lilith y se alejó de ella.

Cogió la pistola que tenía en la cinturilla del pantalón. «Espero que Melissa y Tommy estén bien. Por favor, que estén bien.»

Estaba muy preocupado por su novia y su amigo. Esos chicos eran peligrosos y sabía que Melissa, en su estado, era una presa fácil.

—¡Aaaaahh!

Un gritó sonó a lo lejos y Jack corrió hacia él. Esquivó a varios chicos que quisieron atraparle y mató de un disparo a uno de ellos. La pistola le resbaló de las manos, pero no podía detenerse; uno de sus amigos estaba en peligro.

Al llegar al lugar de donde procedía el sonido vio al hijo del sheriff sobre Bob. Su amigo estaba malherido.

—¡Apártate de él! —gritó.

—Hombre, al fin has tenido los cojones de aparecer. —Clay se levantó y lo miró desafiante—. Tú sabes mi nombre, ¿podrías decirme el tuyo? Me gusta llevar la cuenta de mis trofeos de casa.

—Soy Jack —contestó—. Y a no ser que quieras morir, te aconsejo que te largues y nos dejes en paz.

Sabía que estaba en desventaja, pero no podía permitir que matara a su amigo.

—Chaval, soy el sheriff de este pueblo. Un niñato como tú no me da órdenes. —Clay hizo una pausa—. Veo que vienes preparado para la batalla. Despídete de tu vida.

Jack abrió mucho los ojos. Recordó que no tenía arma y empezó a asustarse. «Mierda. —pensó—. Me va a matar. »

El hijo del sheriff le apuntó y Jack se quedó inmóvil. No pensaba suplicar por su vida. «Lo que más lamento es no poder despedirme de Melissa.» Suspiró, esperando que una bala le destrozara. Clay disparó; pero no pasó nada.

—¿Pero qué demonios…? —Empezó a decir, y Jack, aprovechando la distracción se lanzó sobre él.

Empezó a pegarle en la cara. Clay tardó unos segundos en devolver los golpes.

Los dos jóvenes se envolvieron en una lluvia de golpes. Jack le dio un puñetazo en la nariz, rompiéndola en mil pedazos. Clay, en la barbilla, haciendo que Jack sintiera un dolor intenso.

Los dos cayeron al suelo con el rostro ensangrentado. Clay aprovechó un descuido y cogió una rama de árbol que se encontraba tirada en el suelo. Le dio a Jack con ella en la cabeza que hizo que le retumbara el cerebro.

El chico, aturdido, intentó apoyarse en un tronco, y Clay le propinó otro golpe certero.

—¡No!

Jack miró hacia la voz. Melissa le miraba con los ojos llenos de lágrimas. Tommy la sujetaba, asustado, junto a Merlyn. Vio a Maggie arrodillada junto a Bob, y a Matt mirándole fijamente. Jack juraría que el chico estaba disfrutando con su suerte. Katty apareció poco después y abrazó a Matt por la espalda. Sonreía, con todo el rostro bañado en sangre. «Seguro que ha encontrado a alguno de los esbirros del sheriff y le ha dado su merecido.»

Clay se acercó a Jack.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo cogiendo la rama como si fuera un bate de baseball—. ¿Esa del bombo no es tu novia? —La miró y se relamió el labio—. Sí que lo es —Miró a Jack a los ojos—. Después de acabar contigo, me divertiré con tu putita. Oh, vaya si me voy a divertir. Y después, dejaré que todos mis hombres se la follen —Sonrió—. Para cuando acaben con ella estará tan destrozada que no podrá ni moverse. ¿Y sabes? La convertiré en mi puta particular.

El rostro de Jack se llenó de furia. Tanteó en el suelo y dio con algo duro y frío. Lo aferró fuertemente con la mano y le dio un fuerte golpe con él. La piedra acertó de lleno en el cráneo de Clay. El sheriff cayó al suelo y Jack, lleno de rabia, se puso sobre él dándole golpes sin cesar. Machacó la cabeza del sheriff una y otra vez hasta dejarla irreconocible. La sangre le empapó entero, pero Jack no se daba cuenta.

Solo quería matar a Clay y evitar que hiciera daño a Melissa.

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