Fragancias de Oriente por Maria H.L.

Fragancias de Oriente

Seducida por la inalterable fragancia
a azahar y azafrán
de esta fantasía oriental,
bajo una crepuscular noche,
sobrevolando, la misma,
mis alas desplegadas,
el cielo de Oriente.
Te adentras en mi imaginación,
tapizada de deseo y ensoñación.
Cubierto tu rostro,
ataviado con turbante,
enrollado en tus presagios.
Tu mirada,
encarcelada en mis entrañas,
madrina de mi fantasía.
Desde más allá de la oscuridad,
me susurra con destellante centellear.
Me envuelve, me abrasa.
Código candente indescifrable.

Nuestras ígneas ánimas
oriundas del averno,
se adentran en la lengua
de las fragancias orientales.
Levitando en sus mercados
al igual que sus vaporosos aromas
y esencias.
En el aire una amalgama
de cantos y ritmos de ecos bereberes
e hispano musulmanes.
Embeleso de mis vaticinios.
Imbuida de inspiración,
de colores, de tradición.
Elevada en la granate alfombra mágica,
imagino el encanto
de la beldad de su cerámica,
de sus joyas, de su bronce,
de sus tallas en madera…

Mi esencia enfrascada en tu cuerpo
tal un fresco perfume.
Efluvios de aromas enramados.
Inconsciente espejismo,
las pinturas y tallados
de los paneles.
Los azulejos me fascinan,
sus cenefas revisten mi alma cautiva,
oculta ora en su madrasa
ora en su mansión.
Vigilante del devenir de la callejuela,
a través de las mashrabiyya,
al igual que una estampa
de Las mil y una noches,
labrada de visires, odaliscas
y harenes.

Desvanecidos en La Medina de Fez.
Su zoco, enmarañado laberinto
de sabores y olores.
Me prendo del azul de su cerámica,
al igual que de los verdes,
amarillos y marrones
de la de Safi.
Allende los sueños, bordados de seda
sobre lino y algodón
y los trabajos con hilo de oro
y velas de satén.
La cestería más allá,
siendo el junco su lección,
creando argumentos
de lámparas y sombreros.
Sobrevuelo sobre el lomo de cuero
de ese libro,
calzada con esas babuchas de Oriente.
Ensartada en el aliento de mi mirada,
una pulsera de oro, plata
y piedras preciosas.

El cuerpo del deseo me ofrenda
un puñal curvado bereber
en plata y azul,
baldón de su lealtad.
Sayo de olores, colores y sabores
engalanan mi semblante.
.
Extracto de ciprés.
Vibra mi numen.
La mano de Fátima,
laureola bendecida.

Azafrán puro.
Jadeos que barnizan
los velos de las túnicas.

Son de regateo
y toma de té con limón,
ritual sagrado,
acostumbrado.

Hechizo mortal,
encierra tu yilaba.
Ecos de rezos
llaman a la oración.
La mezquita, asilo
de tu credo.

Afluencia del gentío al hamman
para impregnarse de sus vapores
y purificar su memoria.
Henna, leche y dátiles,
talismanes de nuestra felicidad,
amuletos de prosperidad.
Las telas de seda nos ocultan
en el fuego de las tinieblas.
Más allá el eco de los que acuden
a la caza del león.

El paladar de tu harén
solar de sabores.
Tajín de cordero y dátiles
con el aroma del agua de rosas
y azahar.
Las almendras tostadas,
patria de mi linaje.
Mis pies descalzos,
sin mancilla de lo sagrado.
El último traje de ceremonia,
blanco, con un ramo de flores
en mi mano.
Azúcar y flores en tu mirada.

Purifico con henna
mis manos y pies
para que no me lacere
el desencanto.

Festejo de boda.
La música de tarab
y su velo de seda
ondeando al compás de sus notas.
Mujer de ébano,
balanceo trenzado
en oscilante cadencia,
contoneo de caderas,
monedas titilantes
cubren su pañuelo.
El conjunto bautiza
la bella danza oriental.

En el corazón del desierto,
la haima, coraza protectora.
Jadeos de dunas,
enfrascados en oscuro silencio.
Las flores esparcidas,
las sortijas de la alianza,
sello del infinito.

Ensoñación de los sentidos
en Oriente.
Delacroix, sus pinturas y lienzos,
salpicados de leones,
mercados y harenes.
Su paleta estigma
de los aromas del desierto.

El esplendor de su exotismo
tiene atrapados en el celuloide,
al fantasma de Humphrey Bogart,
galán de “Casablanca,”
Marlene Dietrich,
“Cautiva en Marruecos”
y Peter O´Toole
en el desierto
con “Laurence de Arabia”.

¡Fragancias de Oriente
en las fantasías
del joven occidental..!

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