Fuga en el Museo del Prado. Cap 10. Cristina Gómez

Por la mañana, la casa parecía un cuartel del ejército. Cuando se levantó Rodolfo comenzó a llamar habitación por habitación para que se levantaran todos. Eran tan solo las seis y media, pero en tan solo una hora tanto Cadia como él se iban a atrabajar por lo que preferían dejar todo colocado y organizado antes de marchar.

Los niños aunque algo perezosos se levantaron rápido, se vistieron, se lavaron la cara y fueron a desayunar. Sin embargo, los reyes no se despertaban, Rodolfo les chilló al oído, pero ni se inmutaron parecía que estuviera chillando a una pared. Entonces Cadia, que estaba harta ya de tanta tontería y tantos señoritismos por parte de los reyes fue al cuarto y optó por la solución más rápida: les volcó el colchón. No sé de donde sacó las fuerzas si de la rabia o de las ganas de terminar, pero el caso era que el colchón se giró como si de una chapa se tratara.

Los dos reyes acabaron en el suelo gritándose y quejándose por el trato recibido y por la tempranera con la que habían sido despertado. Sin embargo, Cadia no estaba para cuentos, les hizo caso omiso, les advirtió que si en diez minutos no estaban vestidos desayunando podría ser otra cosa la que saliera por los aires en vez del colchón y salió pegando un portazo.

En exactamente ocho minutos y cuarenta minutos salieron los dos de la habitación con la cabeza gacha. Se sentaron junto a los dos niños que estaban terminando de desayunar las galletas con caritas sonrientes que Cadia y Rodolfo habían preparado la noche anterior antes de irse a dormir.

Una vez que se marcharon los niños la cocina quedó en completa paz y tranquilidad lo único que perturbó aquel silencio fueron las vértebras de Rodolfo que al arquear la espalda hacia delante, crujió desde la primera hasta la última con un ruido hueco: “crac, crac, crac”. El haber jugado al voleibol durante más de quince años le había dejado molida la espalda y el llevar dos días durmiendo en el suelo, pues no entraba en el sofá, tampoco ayudaba mucho.

Cuando tuvieron que marchar Cadia y Rodolfo reunieron a toda la “familia” para dar las instrucciones sobre como se desarrollaría el día: ellos no volvían a comer así que estarían solos hasta que llegara Rodolfo a las siete de la tarde, pues CAdia llegaría como muy pronto a las nueve. Sin embargo, ya tenían toda la comida hecha y preparada, solo había que calentarla en el microondas y como estaría Jaime a la hora de la comida él sería el encargado de prepararla. Por último, les estaba terminantemente prohibido salir de la casa durante todo el día pues no podía verles ningún vecino.

Así, una vez comprendidas estas simples reglas Cadia y Rodolfo fueron a trabajar deseando que no pasara nada en su ausencia: “por favor, hoy no, por favor”.

Entonces, Jaime se puso a ver la tele como todas las mañanas hasta las ocho que tenía que marchar a clase. Mientras tanto, Margarita seguía jugando en el ordenador y además Jaime le había cargado una página de dibujos animados que la había gustado mucho, así que tenía entretenimiento para toda la mañana o incluso para todo el día. Ahora el problema eran los reyes, esperaba conseguir entretenerlos con la televisión o con algún programa de ordenador, pero nada les convencía, todo era muy aburrido o demasiado complicado,  pues con la primera tecla que tocaron reiniciaron el ordenador de sus padres.

Sin embargo, cuando ya lo estaba dando por perdido vio unos libros de su madre sobre la época en la que vivió Felipe IV y su mujer Mariana. Era la saga del Capitán Alatriste que contaba las diversas aventuras de este “capitán” y su ayudante, Iñigo de Balboa, en el ejército español o como asesino a sueldo. Se los dio como último recurso con tan buena suerte que les gustaron así que podrían leer durante bastante tiempo. La colección constaba de  diez libros y además había dejado preparado el DVD con la película dentro por si se hartaban de estudiar.

Ahora ya pudo seguir viendo la tele sin sonido pues molestaba a los reyes y además el prefería ver las noticias y escuchar música al mismo tiempo, pues pensaba que las noticias ya son lo suficientemente duras y crueles con las imágenes que no es necesario escucharlas y así, con música, se hace más llevadero.

Antes de marcharse volvió a darse un paseo por su habitación para comprobar que no se había olvidado nada y lo que era más importante que Margarita no tuviera ningún problema con el ordenador, pues la verdad es que no tenía mucha confianza en dejarla toda la mañana a ella sola con el ordenador. Podía pasarle cualquier cosa sin que sus padres se enterar al estar cerrada en la habitación en la otra punta de la casa o podría estropearse el ordenador y que al no saber lo que había pensado se pudiera nerviosa pensando que lo había roto y comenzara a llorar, aunque pensándolo bien este sería el menor de los males.

Por ello, cuando fue a la habitación y vio que todo estaba en orden se puso a hablar con Margarita para decirle que si le pasaba algo al ordenador que no se preocupara que seguro que no era nada y ya lo arreglaría el cuando volviera y, viendo la negrura del cielo, que si por alguno casualidad había tormenta durante la mañana que dejara el ordenador como estaba y fuera al salón a sentarse con sus padres.

Ésta asintió rápidamente pues haría siempre lo que Jaime le dijera, pues él era quien les había ayudado en aquel mundo tan extraño sin pedirles nada a cambio. Además, él había remado con ella en el lago donde se lo había pasado tan bien y no había tenido miedo en ningún momento, así que tenía total confianza en él.

Después, cuando Jaime estuvo a punto de marchar, Margarita le abrazó y le pidió que por favor volviera pronto que no le gustaba nada estar en esa casa tan diferente a la suya sola con sus padres durante tanto tiempo. Jaime le revolvió el pelo como siempre y se lo prometió deseando al igal que ella que nada raro pasara.

Sus súplicas y rezos parecieron ser escuchados, pues toda la mañana transcurrió con total normalidad, unos leyendo y otra jugando y viendo dibujos animados, sin ninguna incidencia a diferencia de lo que le esperaba a Cadia y a Rodolfo en el trabajo.

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