Hirviente guerra fría cap 2 por Javier García

Capítulo 2

Sonia, una chica muy rubia, y muy atractiva, aunque no tanto como ella se creía. Era todo lo que creía necesitar, la belleza exterior, despreciando lo demás. Con 32 años, que no aparentaba en absoluto, se consideraba afortunada, teniendo todo lo que deseaba en esta vida, independencia, un lugar donde vivir, y donde retozar con sus conquistas de una noche, y sobre todo, lo que más le había preocupado, un trabajo estable, desde hacía unos dos años, como cajera/reponedora en la cadena de supermercados DonMarket, en donde había comenzado su andadura como chica de la limpieza eventual, haciendo méritos para poder alcanzar un contrato indefinido, de modo que no tuvo reparos en hacer de ojos y oídos de sus queridos jefes, para de ese modo, procurarse un hueco, y un puesto estable en la empresa, algo de lo que jamás se arrepentía, considerando el nivel de desempleo al que se había llegado, desempleados a los que consideraba inferiores, que no trabajaban porque no querían, pensaba. Igual que Nuria, su hermana, a la que consideraba una persona inadaptada y conflictiva. Nuria había trabajado en la empresa con ella brevemente, pero las cosas acabaron mal entre las dos, por las diferentes formas de entender el trabajo. Se marchó de la empresa, no sin antes organizar varios tumultos. El alborotó que organizó Nuria, se mantuvo durante un tiempo después de su marcha, marcha de la que fue la primera en alegrarse, a pesar de su parentesco.
La dedicación de Sonia a la empresa no tenía fisura alguna, siempre se afanaba en la buena marcha de su querida empresa, haciendo horas extras no remuneradas, trabajando festivos, aguantando jornadas con gripe, lo que satisfacía enormemente a sus superiores, los que la habían nombrado empleada del mes por quinta vez consecutiva. Últimamente flaqueaban un poco sus fuerzas, aunque lo compensaba doblando el ahínco en su trabajo diario.
Así transcurría el tiempo, y la vida, en orden, sin contratiempos, todo le iba bien. Hasta el fatídico día que Jaime se le acercó para hablarle. Jaime tenía 35 años, aunque nadie lo diría, era moreno y bien parecido, aunque tenía una mirada que parecía verlo todo, incluso las intenciones, lo que intranquilizaba a Sonia. Jaime tan sólo llevaba poco más de cuatro meses en la empresa, pero era el enlace sindical de la U.O.I (Unión Obrera Intersectorial, un legado envenenado de su hermana, que aún persistía tras su marcha.) Lo que le propuso a Sonia, casi la dejó sin aliento:
-En dos días habrá huelga general, te unes a ella, verdad?
Sonia no daba crédito a lo que estaba oyendo, le estaban proponiendo que traicionara a su querida empresa, era inconcebible y no podía permitirlo.
-Pues….pues no, mira, Jaime, nuestro deber es venir a trabajar, ese día la empresa ha decidido abrir, y yo no seré menos, así que deja de buscar bronca y a trabajar más, y protestar menos, que es lo que debes hacer.
-Muy bien, yo ya te he comunicado lo que debía, y creo que harías bien en secundar la huelga, ya tienes suficientemente crispados a tus compañeros con tanto arrastrarte por el fango ante tus queridos jefecillos. Estamos un poco hartos de tu actitud de buen esclavo.
– … Déjame en paz, tengo que trabajar.
No quería admitirlo, pero Jaime la había irritado de verdad. Nadie tenía la capacidad de pincharle como el, con su actitud insurrecta, por lo que la directiva lo tenía desde hace tiempo en el punto de mira. Era cuestión de tiempo el que tuviera que irse de la empresa. Sonia se intentaba concentrar en sus tareas, pero notaba el calor en su cara de lo furiosa que se había puesto. Como se atrevía a decirle eso a ella, que era  una empleada modelo? Lo mejor, era ponerlo en conocimiento del coordinador, Adrián, un simpático y rubio hombre al borde de los cuarenta, con el que de vez en cuando se desfogaba. Su único aliado en la empresa, el único que no envidiaba su privilegiada posición de trabajadora ejemplar, debía saberlo por el bien de la empresa, por el bien de todos.
Se dirigió hacia donde estaba el coordinador, y le abordó directamente, no había tiempo para rodeos, y además había confianza.
-Adrián, tienes un momentito? He de decirte una cosa urgente.
-Sí, dime, que es lo que sucede?
-Ya sabrás lo de la huelga a estas alturas, no? es pasado mañana, parecen todos revueltos…no sé si…
-Lo sé, tu tranquila, nosotros vamos a abrir, es un día laborable como otro cualquiera. Esperemos que entren en razón y acudan al trabajo.
-Me lo ha dicho Jaime, que es el peor, es un agitador, que los ha puesto a todos a bailar al son que toca.
-Tú no te preocupes, que lo tenemos todo bajo control, solo ocúpate de lo habitual, y lo demás déjalo de nuestra cuenta. Pero gracias por el gesto.
-Muy bien, es que mi deber como empleada, era comunicarlo a la empresa en cuanto lo supiera.

Sonia volvió a su puesto, más calmada, sabiendo cumplido su deber, sin más preocupación que el etiquetar productos envasados.
El día de la huelga general, cuando la tienda abrió sus puertas, a la hora habitual, con Sonia en primera línea, y bajo la supervisión de Adrián, ambos comprobaron con una estupefacción rayana en el horror, que casi todos los trabajadores del centro se habían adherido a la jornada de huelga, y no acudían a trabajar, por lo que tan sólo ellos dos, junto con dos empleados nuevos remitidos por una ETT, y el vigilante de seguridad. Tras el shock inicial, se incorporaron cada cual a su puesto, ignorando a los piquetes apostados en la entrada, cuyo cabecilla era Jaime.
La huelga se extendió varios días más, de modo que Sonia, Adrián, y los dos trabajadores temporales hubieron de trabajar por cuatro, cada uno de ellos, hasta que los huelguistas, a través de Jaime, intentaron reclamar las  reivindicaciones por las que se sumaron a la huelga: Derecho a baja sanitaria por la seguridad social, y no por la mutua, que jamás concedía baja alguna, flexibilidad horaria, y aumento salarial. Lo que la directiva hizo fue realizar un despido masivo de los 32 trabajadores que se sumaron a la huelga, alegando pérdidas de la empresa por absentismo laboral continuado. Sonia, al saberlo, estalló en una vengativa alegría, y no pudo evitar decirles:
-Os lo tenéis merecido, rojos sindicaleros, por andar armando jaleo contra los que mandan!
Los siguientes días tuvo que continuar redoblando esfuerzos hasta que fueron incorporándose a la empresa trabajadores para cubrir los puestos que habían quedado, trabajadores con contrato temporal, para asegurar su docilidad. Mientras esperaba ansiosamente esas nuevas incorporaciones, Sonia notaba como le mermaban las fuerzas, comenzó a sentir dolores y notaba se encontraba cada día peor, hasta el punto de que a ratos, se le nublaba la vista, y le daban náuseas. Se lo comunicó  a Adrián  una y otra vez, pero siempre le respondía igual:
-Espera, ten paciencia, que los de arriba me han dicho que los nuevos empleados están a punto de llegar.
La mutua de la empresa no le facilitaba ninguna solución tampoco, solo se le inyectaba Nolotil, y a seguir funcionando. Pero seguía doliéndose. Al final, no pudiendo aguantar más acudió a su médico de cabecera, que le diagnosticó Tenosinovitis, en los tendones, además de agotamiento nervioso, extendiéndole un periodo de baja de unos diez días, que comunicó a su coordinador de la empresa por teléfono, en este caso Adrián, que le dijo:
-Tu tranquila, que lo tenemos todo cubierto.
De modo que dejo pasar los diez días, aprovechando para descansar y recuperarse. Cuando llegó el día indicado, recogió el parte de alta, y se dirigió a su empresa, dispuesta a reincorporarse a su puesto, para lo que buscó a Adrián con la mirada para entregarle el impreso, para que lo remitiese a su tramitación. Enseguida le encontró, alegrándose de volver a ver una cara conocida,  se le acercó y se dirigió a el:
-Hola Adrián, aquí estoy de nuevo.
-Hum…te esperábamos, tenemos una cosa para ti.
-Ah, sí? qué es? dime
No sabía por qué, pero no podía evitar alegrarse de volver a la empresa de sus amores, por la que había sudado, y se había esforzado tanto, por encima de lo que fuese.
-Ven, Sonia, acompáñame a la oficina.
Sonia le siguió los pasos hasta la oficina, y una vez allí, Adrián le extendió un sobre que contenía un papel. Al abrirlo y leerlo, la expresión se le cambió abruptamente:
-Qué coño es esto, Adrián?
-Esto es tu carta de cese, o despido, no te hagas la sorprendida, ni creas ser imprescindible, ya has sido sustituida por una persona menos problemática que tú.
-Me despedís, después de todo lo que he tenido que aguantar aquí sin rechistar, de mirar siempre por los intereses de la empresa?
-No grites, ni dramatices, ya conoces las políticas de la empresa, no debiste coger la baja, para ello tenemos los médicos de empresa. Además, tu deficiente rendimiento de las últimas semanas, ha causado perjuicios económicos a la empresa, esos son los motivos de tu despido.
-Sois unos hijos de puta todos, sabes las horas extras que le he dedicado a la empresa, los días de fiesta, me he dejado la piel aquí, y ahora me arrojáis a la calle?
-Tranquilízate, baja el tono, y no seas histérica, has fallado a la empresa y aquí concluye tu labor con nosotros, eso es todo.
Sonia no podía contenerse un segundo más, entre lágrimas, estallaron dos años de frustraciones y humillaciones continuadas, que le recorrieron el cuerpo entero y le impulsaron a coger a Adrián por el cuello de la camisa.
-Eso…eso es todo? os he hecho de espía, he puesto en mi contra a toda la plantilla por vosotros, he dado la cara por los de arriba ante el sindicato, esto me lo tenéis que compensar, esto me lo tenéis que pagar…malditos bastardos, cabrones, hijos de perra…
-Seguridad, me están agrediendo, seguridad!
El vigilante de seguridad llegó en un instante, pareciera estar apostado en la puerta de la oficina, y sacó a rastras, y con muy malos modos, del establecimiento a Sonia, que pudo oír lo que le decía Adrián:
-Asegúrese de que ésta loca, al igual que el resto de ex-empleados rencorosos, no vuelva a pisar este local jamás.
Horas después Sonia, sentada en un banco de la estación de autobuses, continuaba llorando, arrepintiéndose de las decisiones, palabras y acciones de los últimos años, de no haber sido más solidaria con los que la rodeaban, por actuar por interés, un interés que no era el suyo, y que nunca la benefició en nada, de las zancadillas puestas a compañeros, de los chivatazos, y de perder horas y días de su vida por una pandilla de explotadores, explotadores, esa palabra que Jaime siempre utilizaba, Jaime, pensaba, si tan sólo hubiera apoyado la huelga, si se hubiera afiliado al sindicato, quizá estaría en el paro igualmente, pero tendría más apoyo, y más oportunidades… Ahora sólo tenía la rabia y la certeza de que había sido exprimida hasta que dejo de ser útil. Ahora solo tenía una lesión permanente, que le impediría desempeñar un trabajo con normalidad, la Tenosinovitis, un tipo de artritis, cortesía de supermercados DonMarket.

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