Hirviente guerra fría cap 5 por Javier García

Capítulo 5

Removía el café como si la cucharilla pesase una tonelada, como si fuera cemento lo que estaba removiendo. Eloy, ese día, se había levantado pronto, como hacía tiempo que no se levantaba. No conseguía dormir bien, no recordaba desde hacía cuanto tiempo.

Ese día, simplemente se despertó temprano, y sin saber porqué, se levantó. Estuvo diez minutos ante el espejo del baño, desnudo, examinando su propio rostro, advirtiendo cierto parecido con Freddie Mercury, pelo corto negro, y extenso bigote, además de unas facciones, no exactas, pero si parecidas. Pero ahí comenzaban y terminaban las similitudes, carecía de la fama, el patrimonio, y las cualidades vocales de las que había disfrutado el cantante cuando estaba vivo.

Había sido funcionario en la administración pública, pero lo dejó para perseguir su sueño, su verdadera vocación, el arte. Y lo consiguió, sus aptitudes y conocimientos del medio le sirvieron para abrirse paso en el mundo de la ilustración. Durante un tiempo, fue un dibujante que prometía ser una figura que brillara con luz propia. Sus obras se veían en diversos medios, comics, posters, revistas, etc, pero no duró demasiado, los sueños no duran siempre, y acabas por despertar. Una nueva crisis que azotó el sector, hizo naufragar sus planes, y ahora tenía que hacer frente a la inhóspita realidad, una realidad que lo forzaba a malvivir de trabajos esporádicos, cuando los había.

Sin saber como se vistió, y salió a la calle, se sentía prisionero en su propia casa, necesitaba espacio para no ahogarse en su propia vida. Vida que databa de unos 37 años atrás, pero a veces sentía que estaba en las últimas etapas. Vagó por la ciudad bajo una fina lluvia, recorrió las calles hasta que se cansó de andar, de mojarse, y de sentir frío, ese frío que nunca lo soltaba del todo. Se metió en el primer bar abierto que encontró, en busca de mitigar ese frío, para sentarse a solas con sus pensamientos.

Estaba en una cafetería pequeña, pero luminosa, limpia y con buena distribución del espacio, con discretos elementos decorativos que destacaban entre el color blanco que allí predominaba, atendía la barra una joven agradable y diligente. Pidió un café bien cargado, y se dispuso a coger uno de los periódicos que se amontonaban a una esquina del mostrador, cuando se fijó en una chica que acababa de entrar, y examinaba el entorno. Esa mirada inquisitiva a través de esos ojos verdes, ese piercing negro en la nariz, el pelo corto y castaño, y esa forma de moverse…era ella, no podía ser otra que su amiga Nuria. Nuria, la revolucionaria, como el la llamaba. En otros tiempos habían compartido tiempo y militancia.

Aún no lo había visto, estaba aún examinando el local, ella siempre estaba alerta. No sabía si acercarse a decirle algo, hacía muchos meses que no se veían, cada uno de ellos había tirado por una trayectoria distinta, desde aquel suceso, hacía tiempo atrás, cuando a la pobre Cristina le había sucedido aquello. En una manifestación pacífica, una sentada, cree recordar, los antidisturbios entraron en tromba, y arrasaron con todo, y con todos. Cristina, pacifista convencida, creía en la resistencia pacífica, pero se negó a levantarse, creía totalmente en la justicia de su protesta. Los antidisturbios no dieron tregua, la emprendieron a golpes contra todos, y ella se llevó la peor parte, él lo vio todo, fue de los primeros en socorrerla. Nuria también lo vio, pero no compartía ni el pacifismo de Cristina, ni la moderación de Eloy. Se resistió como un pequeño diablo, repartió empujones, patadas, codazos, y hasta mordiscos contra todo lo que tuviera uniforme. Así era ella. Después de aquello, de aquella noche, los tres cambiaron. Cristina se fue curando de sus lesiones, aunque le dejara ciertas secuelas en forma de leve cojera. Eloy se centro en asuntos personales de su vida, dejando un poco de lado todas esas actividades de protesta social. Pero Nuria no, Nuria nunca lo dejó correr, incluso a raíz de aquello se radicalizó un poco más.

Eloy decidió acercarse al fin, para saludarle, y decirle algo. Quería saber que tal le iba, de modo que se plantó ante ella y le dijo:

– Hola Nuria, que tal te va todo?

– Oh, Eloy, hace siglos que no te veo, todo bien, en que agujero te has escondido? (sonríe)

– (Se ríe) El agujero del desempleo crónico, me temo.

– Bueno, los trabajos esporádicos tampoco son una maravilla, yo estoy trabajando temporalmente en una cafetería. No es gran cosa, pero…

– No, es más de lo que muchos tenemos ahora mismo.Me alegro de que alguien del grupo haya conseguido un trabajo sin tener que emigrar al extranjero.

– Bueno, tengo entendido que allí está igual de jodido todo. Hace poco vi a Cristina, que estuvo en Alemania unos meses, hasta que no pudo más, me dijo que allí les explotan en jornadas interminables por un sueldo tan mierda o más que los de aquí.

– Ah, Cristina, hace tiempo que no la veo, que tal se encuentra?

– Casi tan hasta el coño como yo, los dolores no le dejan dormir, y tiene que tomar pastillas durante todo el día, no se le termina de pasar, sigue con la cojera, esos hijos de puta se ensañaron bien con ella. Y además creo que está cogiendo depresión.

– Joder, después de tanto tiempo, imaginé que estaría mejor. Esta tarde pasaré a hacerle una visita, a ver si consigo que se anime un poco.

– Si, ve a verla, se alegrará. (terminándose el café) Bueno, me he de ir, que se acerca la hora de entrar a trabajar, los explotadores odian la falta de puntualidad. Por cierto, te llamaré muy pronto, tengo un asunto entre manos, un tema que podría funcionar a la hora de hacer valer nuestros derechos, y me interesaría que tu estuvieras dentro. Ya se han animado casi todos los del grupo, y otros muchos más se embarcarán.

– De acuerdo, aunque no se si entrar en esos asuntos ya…

– Bueno, yo te llamo igual, y te cuento, quizá cuando te cuente todo, sí que te interese.  Esta ronda la pago yo. Me voy volando, nos vemos, Eloy. (Sale del local)

– Hasta pronto, Nuria, y gracias.

Eloy la vio salir a toda prisa, mientras pensaba en que diablos estaría metida esta vez, y que además la cafeína la afectaba demasiado. Le agradó volverla a ver, tras tan largo tiempo, pero aunque ella tuviera un plan, él también lo tenía, un plan para romper de ese callejón sin salida en el que se encontraba. Un plan definitivo que acabase con el sinvivir que le reconcomía silenciosamente. Esperó unos minutos y salió del local, dirigiéndose hacia el piso de Cristina, el cual no estaba lejos.

Cuando llegó frente a la puerta de Cristina, se pensó si debía haberla llamado antes para avisarle de su visita, pero ya que estaba allí, sería una tontería marcharse. Pulsó el timbre, y esperó. Tardaba un poco, y Eloy empezaba a pensar que quizá no estuviera en casa. Cuando estaba a punto de dar media vuelta, la puerta se abrió, y la vio. La vio casi igual que estaba siempre,con su pelo largo y rubio, con dos finas trenzas a los lados, y con sus ojos azules hinchados, de llorar, probablemente.Llevaba un desgastado pijama cuyo color original se le antojaba casi imposible de descifrar. Le saludó.

– Hola Cristina, que tal estás?

– No demasiado bien, Eloy, como puedes ver, espero que tú estés mejor que yo, pasa.

– Gracias, pues yo no ando mucho mejor, realmente. Como ha ido tu experiencia alemana?

– Pues…no ha ido, simplemente. Ha sido de pesadilla, son los mismos negreros que aquí, pero hablando otro idioma, mucho trabajo, para un sueldo microscópico, no se lo deseo a nadie, la verdad.

– Vaya, esperaba otra cosa, no queda lugar a donde ir, por cierto, vengo en mal momento?

– No, no te preocupes, estaba sumergida en mi sesión autocompasiva diaria, quieres un té? me estaba preparando uno ( va hacia la cocina a coger su taza)

– No gracias, ya he tomado café hace un momento ( La mira caminar, advirtiendo su cojera, y viendo como se apoya en paredes y muebles)

– Hoy me he encontrado con Nuria, hacía mucho tiempo que no la veía, sigue con sus ideas de siempre.

– Ah, la veo de vez en cuando, me da ánimos y eso… a su brusca manera, claro.

-Debe de estar en medio de uno de sus locos proyectos porque me ha dicho que estaba metida en algo, pero no me ha dicho que.

– Si, a mi también, está reuniéndose con gente de sindicatos, movimientos sociales y otras organizaciones, pero no sé que trama, puede estar bien. Sea lo que sea, yo me he ofrecido a colaborar.

– Si? no se… yo me lo voy a pensar, no sería la primera vez que los manejos de Nuria causan problemas a otros, no me gustaría acabar entre rejas.

– Bueno, no todo son problemas, la Plataforma por el Desarrollo Social sigue funcionando, y fue una de sus ideas.

– Ya… pero no estamos en el mejor momento para luchar contra molinos de viento. Oye, si me disculpas, he de ir a una entrevista de trabajo. Volveré para verte, y si me necesitas, llámame, mi número es el de siempre.

– Lo haré, tenemos muchas cosas que contar, son meses de vivencias con las que ponernos al día. Voy a echarme un rato, estos calmantes me dejan k.o. Cuídate, Eloy.

– Nos vemos, Cristina.

Eloy cerró la puerta tras él, no tenía ninguna entrevista de trabajo, pero tampoco tenía ganas de enzarzarse con Cristina en una discusión sobre los métodos de Nuria, Nuria tenía muy buenas intenciones, sí, pero sus métodos eran ilegales, y ya la habían llevado más de una vez a dormir en un calabozo. Eloy no quería eso para él, ni lo quería para Cristina, y menos tal y como estaba ahora, medio lisiada, y con la moral por los suelos. Aunque la suya tampoco era como para montar una fiesta, era mejor dejar estar las cosas. Verla así le hacía sentir como su tuviera una gran losa sobre los hombros, una losa que iba a asfixiarle. Se dirigió a su casa rápidamente, como si alguien le persiguiera.

En su casa, intentó evadirse de todo, con una copa de vino, y un libro. Pero el género de novela negra, no era muy reconfortante en ese momento, de modo que dejó el libro, y tomó el vino de un trago. Tenía que concentrarse, y ver las cosas como eran, objetivamente, por mal que se sintiera consigo mismo, y con su situación, Cristina estaba peor, y él no podía rendirse tan fácilmente. Había que hacer algo.

Repasó sus opciones, le quedaba una semana en aquel piso, no tenía dinero para otro mes completo, al menos él solo, de modo que le tocaba mudarse al piso de su irritante hermano, aunque quizá Cristina tuviera un hueco. Podría no resultar mala idea del todo, podían animarse mutuamente, y reflotar.

En cuanto al asunto de Nuria, había intentado centrarse en los asuntos más espinosos y negativos de su personalidad, y de su comportamiento, pero verdaderamente, ella siempre estaba ahí, echando un cable a los demás, aunque le costara un par de golpes, una noche en el calabozo, o lo que fuera. Además, la muy cabrona siempre conseguía salirse con la suya, aunque hiciera las cosas del modo más difícil, y con la sutileza de un terremoto. Era capaz de hacer lo que sea por los suyos, incluso sufrir físicamente, con tal de proteger a su gente.

De repente, la incertidumbre se apagó, ya bastaba de tanta queja, si la vida era una mierda, la limpiaría, y dejaría de serlo, o al menos lo intentaría. El sólo no podía hacer mucho, lo sabía muy bien, pero no estaba sólo, sacó el móvil, y tras buscar un número concreto, dio a llamada sin pensarlo dos veces, sólo tuvo que esperar un tono.

– Dime.

– Nuria, soy yo… Tengo curiosidad en lo que me dijiste antes… Cuéntame en que has pensado… Quizá pueda echar una mano.

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