Hiviente guerra fría cap 8 por Javier García

Capítulo 8 

Sonia, como de costumbre en los últimos tiempos, estaba tirada en un bar, bebiéndose la prestación por desempleo para mitigar sus dolores. Exhibiéndo sus atributos y acostándose con desconocidos para olvidar la penosa existencia que era su vida cotidiana, intentando olvidar una vida que le era desagradable.

En casa se tumbaba en la cama, medio borracha y entumecida, con los ojos abiertos, mirando al techo e intentando evocar una mejor existencia, más agradable, pero fracasando siempre en sus intentonas, para acabar una vez más por ser invadida por el desasosiego.

De vez en cuando, su vegetar en la cama era interrumpido por angustiosas y recurrentes vomitonas, originadas por su generosa ingestión de alcohol, sumadas a su ruinoso estado de ánimo. Vomitonas en las que expulsaba lo que a Sonia se le antojaba gran parte de su estéril y desperdiciada vida.

En ocasiones, en su ebrio deambular por las calles, se detenía frente a la puerta de su antigua empresa, DonMarket, deseando entrar sin atreverse, mientras veía a los miembros de la plantilla, a los que obsequiaba con numerosos balbuceos, que pretendían ser insultos y amenazas, tras lo que volvía a emprender su marcha sin rumbo. Un día, se atrevería a entrar, para decirles a la cara lo que pensaba de ellos, y escupirles su resentimiento a la cara.
Cuando la pequeña expedición regresó al viejo hotel, Asier estaba en la oficina, a oscuras, sin asomo de sueño, pensando en lo que Nuria podía desencadenar. Le ponía nervioso, a veces esa chica no tenía medida. La tensión por lo que podía acarrear para todos, le quitaba el sueño, pero por mucho que lo intentase no podía impedir que ella hiciese lo que quisiera.

El equipo de Nuria había tenido que dejar en sus casas a cinco de las seis chicas que se habían llevado del Olimpo, ante la insistencia de las mismas. Tan sólo una, que no tenía hijos ni familiares a su cargo, había querido quedarse, Inés, una chica alta y morena, que tenía ganas de desquitarse de las vejaciones de las que había sido objeto.

Nada más llegar, la misma Nuria, tras quitarle la venda, le puso al corriente de las actividades de debería llevar a cabo. Le explicó los métodos y los objetivos.

-Esto es lo que queremos, y nuestro modo de llegar a ello. Estas completamente segura de querer participar con nosotros, Inés?

-Si, quiero quedarme con vosotros. Llevo años deseando algo así. Estoy segura.

-Muy bien. Tu entrenamiento comienza desde ya!

En aquel mismo instante, en medio de la noche, y bajo la mirada de Asier, desde su ventana, Inés inició su insurgente aprendizaje.

Al cabo de un rato, Nuria alzó la vista y vió a Asier a través del cristal, haciéndole señas para que subiera al despacho. Dejó a Inés bajo la supervisión de Clara, una chica de pelo rubio muy corto, y con los ojos de colores diferentes, uno verde, el otro azul. Clara era la más vieja amiga de Nuria, y con una trayectoria similar a la suya, siendo muchas veces compañera en sus batallas. Las dejó allí, y subió a ver que quería ahora Asier.

-Que pasa ahora, Asier? No se suponía que no ibas a hacer preguntas sobre mis actividades fuera de estas paredes?

-No es eso, es que no puedes traerte a toda la gente que te apetezca e instalarla aquí, no somos millonarios, los recursos son limitados.

-Estamos para eso. Se supone que la asociación se organizó para ayudar a los que no tienen nada.

-Pero para un número limitado de personas, no puedes llenar esto, sólo porque quieras un ejército. La capacidad de este lugar es grande, si, pero no infinita. Y las personas comen, sabes? Aquí nos gastamos la mayoría del presupuesto en eso. Que les vamos a dar cuando se acabe el dinero de las subvenciones, piedras?

-Si el problema es ese, no te sulfures por ello. Me encargaré yo cuando llegue el momento.

-Eso no me tranquiliza en absoluto, tus métodos no son los más refinados…

-Tú sólo déjalo de mi cuenta, y no te preocupes más del tema, no habrá problemas.

-Es que los problemas suelen caminar a tu lado, y normalmente salpican a los demás. Lo que tú hagas, puede repercutir en la asociación, y puede deshacer todo el bien que intentamos hacer desde aquí, además de que puede llevarnos directamente a la cárcel a algunos. El riesgo es demasiado grande.

-Tranquilizate, quieres? Te repito que no hay peligro. Aunque esos cabrones investigaran, no pueden relacionar la asociación conmigo. No hay ninguna conexión, no figuro en ningún documento, legalmente sólo soy una transeúnte más, refugiada aquí. No hay forma de que te salpique la mierda, ni a ti , ni al proyecto, así que deja de joder con tanta queja!

-Sólo ten cuidado con las cosas que haces, y cómo las haces. No quiero que las cosas se pongan mal para nadie.

-Ah, pero es que las cosas están bien?

-Bueno, yo ya te he avisado. Si tus tejemanejes te estallan en la cara, ya es cosa tuya.

-Ya lo se. Eso es lo que quería que entendieras, joder! No le des más vueltas, yo asumo la responsabilidad, aunque no lo creas.

-Espero que si, por el bien de todos… Es tarde, es mejor que nos vayamos todos a dormir…

Asier dio la conversación por terminada, y salieron de la oficina, que cerró con llave, tras lo que se retiró a su cuarto. Nuria interrumpió el entrenamiento de Inés, y dijo que se fueran a dormir, que continuarían al día siguiente. Todos fueron a descansar, tras un día de intensas experiencias y emociones.

Esto puede interesarte también

Deja un comentario