Humo por Javier García

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Lorenzo no estaba en su mejor momento, era un mal enfermo, le ponía pegas a todo. Y esa semana, en la que estaba en cama con una gripe de las buenas, era peor aún. Se estaba cansando de tener que estar en casa todo el día, y durante tantos días, con la misma cantinela, bajo dos mantas, y con una cara de película de terror.
Esa noche, le daba la sensación de que había humo en la habitación, lo que le hacía respirar aun más trabajosamente. Percibía algo raro, una especie de ambiente cargado cuya procedencia desconocía. Muy extraño, porque hacía días que a causa de la gripe no se atrevía a fumar, quizá es que el hecho de estar enfermo le hacía hipersensible y quisquilloso en extremo.
Le dio vueltas a la cabeza a varias ideas, revolviendo su mente, hasta que el sueño le pudo, un sueño que duró toda la noche, sin ser interrumpido por un ataque de tos.
tras un sueño reparador, Lorenzo se notó bastante mejor que en los días anteriores, después de haber estado casi sin poder moverse. Se levantó de la cama, y se puso una chaqueta, no quería recaer, había que ser prudente y no andar cogiendo frío tontamente.
Miró a su alrededor notando la misma sensación de los últimos días, la habitación parecía estar llena de un ligero humo.
Algo escamada, recorrió despacio toda la casa, buscando la procedencia de aquel inusual suceso, ya que se acordaba perfectamente de que en más de una semana, no se había fumado un mal cigarro, no teniendo ni siquiera tabaco a su alcance.
Examinó minuciosamente la cocina, por si se hubiera dejado algo encendido sin darse cuenta, pero no, allí tampoco había rastro alguno de humo, ni nada que pudiera producirlo.
Volvió a la habitación, donde le pareció que el humo se había hecho más denso que antes.
El misterioso humo sólo estaba en la habitación, y la cosa empezaba a ser tan molesta como extraña, la respiración se le hacía pesada, y la visibilidad era ya limitada.
Abrió el armario, y saco de él un ventilador de suelo, que colocó en el centro de la habitación. Cerro la puerta del cuarto, para que el humo no se introdujera en el resto de la casa, y enchufó y accionó el ventilador. Mientras el aparato cumplía con su función, Lorenzo, abrió la persiana por completo, descubriendo una soleada mañana. Era un atípico día de noviembre, en el que incluso hacía un poco de calor, calor que notaba a través del cristal.
El humo parecía moverse, pero no desvanecerse. Lorenzo subió la velocidad del ventilador y acto seguido, abrió la ventana, asomándose a ella para contemplar el exterior.
En ese momento, se sintió bien por completo, como nunca había estado en su vida, como si no jamás ningún mal hubiera mancillado su cuerpo. Cerró los ojos, y notó como el humo salía por la ventana. Sintió como él se disipaba, en forma de humo, uniendose en su viaje al que salía de su habitación, y dejando que el viento le llevase a descubrir otros lugares.

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1 comentario

  1. Hola Javier. Si te parece bien, te hago una pequeña crítica constructiva del relato. Me ha gustado mucho este relato, está muy bien escrito y expresado, en pocas líneas le has dado bastante profundidad al personaje para que nos hagamos una idea de cómo es. Sin embargo el final no me ha convencido mucho, ha sido un poco precipitado en mi opinión, y además hay una frase que no me encaja mucho; “como si no jamás ningún mal hubiera mancillado su cuerpo”. Al margen de esto, es una buena historia y una forma diferente de ver el paso de un estado a otro. Un saludo y mucha suerte ^^

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