Impacto letal por Javier García

Si te disparan, sangras. Eso lo supo Julián de la peor forma. Cuando te disparan, sangras, y duele. Julián sentía en su cuerpo como los huesos se le astillaban en millares de pequeños fragmentos, casi convirtiéndose en polvo. Sintió como si su pecho explotara, por efecto de ese pedazo de metal que se le clavó a gran velocidad.

Entró en shock, le dio la impresión, e incluso creyó verlo, que la vida se le escapaba en forma de humo por ese agujero que le habían hecho, ese antinatural orificio que acababan de abrirle. Se siente muy jodido, no sólo por el dolor que padece, como si una gélida garra metálica estrujara todos sus órganos. Se siente jodido por los planes que tenía, las cosas que quería hacer, la gente a la que deseaba volver a ver… todo se esfumaba ante sus ojos, todo se iba por el retrete, irrecuperable, mientras mira con temor como la sangre que mana de si mismo, va tiñendo la ropa, y el suelo en donde está tirado, la sangre que se le escapa, vaciándole de vida.

Siente frío, aunque sea una noche de verano, un frío que le atenaza, combinado con el miedo que le agarrota, y no hay nadie a quien pedir auxilio. No puede coger el teléfono móvil, tiene los brazos entumecidos y apenas puede moverse. Está aterradoramente sólo, por allí no pasa nadie, no hay nadie más, solamente está la persona que le disparó, a quien no pudo ver con claridad, nadie que le pueda ayudar. Tan sólo pudo vislumbrar una pequeña sombra de formas femeninas. No fue por dinero, su cartera estaba intacta. Disparó sin mediar palabra, nada más verlo. Y allí estaba, contemplándolo en su agonía, viéndolo morir poco a poco.

-Te dije que te cogería. Te advertí que acabaría contigo, hijo de la gran puta. Y tú, sólo eres el primero de los muchos bastardos de tu calaña que caerán.

Julián reconoció la voz. En ese momento supo quién había sido. Jamás creyó que una persona tan insignificante pudiera alcanzar a un hombre de su posición, un empresario de éxito con una cadena de tiendas en todo el país. En ese momento, notando su cuerpo anormalmente frío, tosiendo sangre, sollozó presa del terror, ante lo que vendría a continuación

Se oyó una nueva detonación, un nuevo disparo en la solitaria calle, y una chica se alejó ágilmente, fundiéndose entre las sombras, dejando un cuerpo inerte entre contenedores de basura.

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