Inmoral cap 1 por Elena Saavedra

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Capítulo 1

Aelle había salido corriendo detrás de Lydia con la esperanza de poder pedirle perdón, pero cuando por fin a encontró deseó inmediatamente no haberla seguido pues estaba siendo apaleada por un grupo de soldados liderados por Svein- el capitán de la guardia real-, que por suerte para Lydia era bastante reducido.

– ¿Pero qué se supone que estáis haciendo? – les acusó Aelle.
– Le estamos dado su merecido a esta inmoral princesa- contestó orgulloso uno de los soldados- Sino fuera porque es una princesa extranjera la estrangularía aquí mismo por inmoral.
– No entiendo porqué os enfadáis princesa- intervino Svein- vos misma habéis discutido con esta inmoral y os habéis marchado con el corazón roto por culpa de los insultos hacia vuestra persona de esta joven.
– Eso no os da derecho a pegarle, puede que sea una inmoral pero no podemos tratar así a nuestro invitados. Me fui corriendo no porque me hubieses herido sino para ir detrás de ella para intentar aplacar lo que podría significar un conflicto de estado entre ambos reinos- le contestó Aelle- Además os recuerdo que no podemos juzgar ni castigar a los extranjero por nuestras leyes en nuestro reino, si ha de responder ante su descaro será en su reino y no aquí.
– Vuestro padre me dio permiso explícito, princesa- le aseguró Svein.
– Mi padre aún está dolido por la traición de mi madre, todas las órdenes que de hoy sobre precisamente este tema estarán claramente influidas por la rabia que sentimos todos por culpa del comportamiento de mi madre. Así que me da igual que el rey lo haya autorizado yo lo desautorizo por el bien de este reino y dar gracias a que no informe de esto al consejo real; apuesto a que ellos opinarán igual que yo.
– Pero princesa…esta joven es una inmoral- se quejó uno de los soldados.
– ¡Callate insensato! La princesa tiene razón, nos hemos dejado llevar por nuestra ira y hemos cometido un gran error- reconoció Svein- No sé cómo no he podido darme cuenta de que no debería de haber obedecido esta orden del rey. Él es el que más ha sufrido por culpa de los inmorales, y esta orden era inaceptable- Svein ayudó a Lydia a levantarse- Lamentamos muchísimo lo sucedido princesa Lydia.
– Si se ocurre volver a tocarme por ser como soy estad seguros de que mi padre tomará represalias contra vosotros. Puede que aquí lo veáis como algo antinatural y lo castigues con la muerte, pero de donde vengo es algo totalmente normal y además es un derecho fundamental de todos los ciudadanos de Lynedland. La única a la que debo pedir perdón es a la princesa pues yo pensé que ella era igual que yo y que por tanto podía mostrarle la naturaleza de mi sexualidad. Ahora sé que no estuvo bien, que ella no posee dicha naturaleza sexual y que además mostrándole mi interés en una situación tan poco apropiada no era lo correcto- Lydia se giró hacia Aelle conmocionada- Pero todos cometemos errores y por eso voy a dejar pasar este altercado, pero no podrá volver a repetirse.

Los hombres asintieron arrepentidnos, pero aún llenos de odio. Pues no se arrepentían de haber pegado a una inmoral sino de que dicha inmoral fuese una princesa extranjera y que podrían haber provocado un conflicto entre ambos reinos por haber dejado a rienda suelta a su ira. Aelle les indicó que ya se podía marchar y cuando estuvieron los suficientemente lejos Aelle se acercó hasta Lydia preocupada.

– Yo lamento muchísimo lo sucedido- aseguró Aelle.

Lydia sonrió dolorida, tenía moratones por todo el cuerpo. Los labios partidos y llenos de sangre, y probablemente tuviese una costilla rota. Pero Lydia sabía que lo que había hecho estaba mal y aquella respuesta era lo mínimo que se esperaba después del enfrentamiento que había tenido con la princesa. Pero es que jamás había sentido con otra mujer lo que había sentido al conocer a Aelle; y ella pensó que habían conectado; por eso se había arriesgado tanto. En ese momento se dio cuenta que había cometido un gran error y que todo en realidad Aelle jamás le había dado indicios para que pensase si quiera que podría corresponderla. Además en aquel reino alejado de la mano de los dioses ser homosexual era visto como algo antinatural, y no sólo no lo aceptaban sino que además podían matarte por ello. Aquella idea tan ancestral estaba demasiado arraigada en la mente de todas aquellas personas, tanto que incluso habían matado a su propia reina por ello.

Lydia entonces recordó a su fiel compañera Talia, bien es cierto que por ella jamás había sentido la pasión que había sentido al conocer a Aelle, pero la quería y ella le correspondía. Tenía que regresar a su lado y pedirle disculpas por todo lo que había hecho hoy. ¿Pero en qué estaría pensando? Era demasiado impulsiva en el amor, debía de tener más cuidado si quería poder seguir estando con Talia. Se marcharía inmediatamente a sus habitaciones dónde la esperaba Talia, y le pediría perdón un millón de veces si era necesario. No quería perderla, y mucho menos por una mujer con la mente arraigada a la exclusión del ser humano pro su propia naturaleza sexual; y que además por muy bella que fuese no le correspondía ni jamás lo haría.

Durante todo ese tiempo que Lydia había estado inmersa en sus propios pensamientos Aelle se había disculpado oficialmente en nombre de todo el reino de Rausvai y ahora le ofrecía sus servicios- Seguro que nuestro curandero podrá aliviar el dolor de esos moratones y golpes.
– Oh, no gracias. Prefiero que me trate uno de mis médicos- afirmó Lydia.
– De igual manera me pasaré mañana para ver cómo se encuentra- y dicho esto Aelle dio la conversación por zanjada y se marchó con paso decidido a su habitación.

Ella hubiese deseado poder quedarse y confesarle que ella también veía a Lydia de forma romántica, pero no podía hablar de un tema así en un sitio público. Mientras la ley contra la inmoralidad siguiera vigente ella se comportaría como todos esperaban que se comportara. Había visto con sus propios ojos lo que pasaba sino era así y no quería terminar como su madre. Se había dejado llevar por la pasión al seguir a Lydia para confesarle que ella también la veía como algo más, pero entonces vio a Svein y a sus hombre pegar a Lydia y pensó que si hacían eso con alguien que tenía poder para derrotar todo el reino, ¿qué no le harían a ella? No, no podía arriesgarse, esperaría todo el tiempo que hiciese falta para poder ser quien de verdad era, pero mientras tanto se mantendría oculta y a salvo.

Lydia llegó hasta su habitación aún dolorida y se encontró con Talia esperándola enfadada; pero en cuanto la vio se mostró preocupada. Talia sin decir nada abrazó a Lydia y la ayudó a sentarse en su cama. Posteriormente hizo llamar al médico real y esperó a que terminase de curar a Lydia para dirigirse a ella. Lydia nunca la había engañado con otra mujer, y ahora aunque no hubiese pasado nada ella se había planteado engañarla y aquello le había roto el corazón.
Talia se había enterado de lo sucedido y enseguida supo porqué había pasado lo que había pasado. ¿Cómo se le había ocurrido a Lydia hacer algo así? Estaban en un reino que castigaba con la muerte a los homosexuales, no le extrañaba que hubiese vuelto herida como estaba ahora. Pero lo peor de todo es que lo había hecho en el trascurso de un funeral, Lydia no había tenido ningún sentido común, y aquello no era propio en ella. Talia sabía que Lydia era muy impulsiva con el amor, pero jamás se le hubiese ocurrido actuar como había actuado hoy sino fuera porque de verdad hubiese sentido una pasión inimaginable por la otra mujer; una pasión que Talia sabía Lydia jamás sentiría por ella; y aquello le dolía más que nada.
Talia amaba a Lydia con toda su alma, pero parecía que ella jamás podría sentir lo mismo que sentía ella por Lydia. Debía hablar con ella y dejar las cosas claras de una vez. No podía volver a repetirse lo de hoy, si siquiera se volvía a pensar en engañarla entonces su romance terminaría. Ella amaba a Lydia y sabía que jamás la olvidaría, pero no podía permitir que la pisoteara. Ya había tenido una relación en la cual Talia le permitía todo a la otra persona, y no salió nada bien. Había aprendido a amarse así misma y a darse a respetar, y si Lydia no la amaba entonces encontraría a otra persona que pudiese amarla. Pero a medida que pasaba el tiempo Talia iba perdiendo el enfado por Lydia, ya había sufrido bastante por su error y seguro que se arrepentía muchísimo; no la macharía demasiado, tan sólo dejaría las cosas claras. Lydia por fin se recuperó, por suerte no se había roto nada, tan solo tenías unos poco moratones; y pudo ver a Talia delante de ella mirándola emocionada.

– Talia…Menos mal que estás aquí. Supongo que ya sabes porqué estoy así- Talia asintió algo dolida- Lo siento. Se me fue la cabeza. Sabes que esto no es propio de mí, yo jamás te engañaría; pero no era consciente de mis actos.
– Me has hecho mucho daño Lydia. Yo pensaba que me querías.
Lydia acarició el rostro de Talia- Y te quiero. Tengo lo que me merezco y lo sé, por eso no me he quejado ni una sola vez, y te prometo que nunca jamás volverá a repetirse lo de hoy.
– Si ella hubiese dicho que sí, me habrías engañado.
– La otra no es nadie para mí Talia, sólo se me fue la cabeza y le sonreí. Nada más, no pasó nada más y ni habría pasado nada más. Después cuando vino hacia mí, yo sabía que era porque era y tú también lo sabes. Aún así no fui detrás de ella porque no podía parar de pensar en ti. Cometí un gran error, sé que te costará perdonarme, pero espero sinceramente que lo hagas porque no quiero perderte.
Talia miró profundamente a los ojos de Lydia y supo que lo que decía era verdad, y entonces supo que ya la había perdonado- Está bien te perdono, pero si me vuelves a hacer algo así no sé si podré volver a perdonarte ni a confiar de nuevo en ti.
– Lo sé. Yo misma me daría de bruces contra la pared por cometer el mismo error cuando te tengo a ti a mi lado. Te prometo que nunca jamás volverá a suceder, y sabes que yo nunca rompo mis promesas- Lydia tendió su mano a Talia ya esta la aceptó algo emocionada- Ven túmbate a mi lado, quiero demostrarte que tú lo eres todo para mí mi amada, y que nadie más podrá remplazar el lugar que tú ocupas.

Talia se tumbó al lado de Lydia y la besó en los labios con pasión. Ahora que estaban abrazadas y mirándose profundamente la una a la otra Talia suspiró aliviada, pues notaba como el corazón de Lydia se aceleraba junto a ella. Lydia la amaba como ella amaba a Lydia, ahora estaba segura.
Talia perdonaría a Lydia como Lydia la había perdonado por otras cosas, quizás no iguales, pero Talia sabía que ahora podía confiar en que jamás pasaría nada entre Lydia y otra mujer.
Lydia correspondió a Talia con otro beso, esta vez más apasionado; y fueron lentamente besándose cada vez más fervientemente hasta que Lydia arrancó el vestido de Talia; entonces supieron que aquella noche consumarían por fin su realción a través del sexo. Talia no había tenido sexo antes así que estaba muy confusa, pero Lydia si se había estrenado antes con otra mujer y sabía perfectamente cómo guiar a Talia durante el acto carnal. Comenzaron manoseándose los pezones mutuamente y besándose en los labios hasta que estuvieron tan excitadas que Lydia comenzó a bajar su mano hacia los genitales de Talia. Talia sintió una introducción extraña, pero no le importó; estaba disfrutando de aquella experiencia tan ardiente.
Después de introducir varias veces los dedos en la vagina de Talia, Lydia condujo la mano de Talia hacia la su vagina para que ésta también le diese placer a Lydia. Talia imitó el movimiento circular y constante de Lydia, y ambas comenzaron a jadear de placer. Estaban como locas mientras sus pechos desnudos se rozaban entre sí y sus labios no paraban de encontrarse una y otra vez.
Talia bajó minuciosamente hacia los pechos de Lydia y comenzó a besarlos hasta que supo que debía lamerlos y succionarlos mientras continuaba con el movimiento circular de dedos en la vagina de Lydia.
Lydia lanzó un grito de placer y entonces comenzó a rozar el clítoris de Talia con sus dedos mientras ella seguía con el movimiento circular. Talia se montó encima de Lydia y comenzaron a darse placer mutuamente mientras movían sus caderas y sus manos al unísono. Los pechos de Talia botaban de arriba abajo mientras galopaba a Lydia y ambas vaginas se encontraban mutuamente. Dejaron las manos a un lado y decidieron utilizar únicamente el roce de ambas vaginas, clítoris con clítoris. Aquel placer era indescriptible. Lydia volvió a introducir los dedos en la vagina de Talia, poniéndose esta vez ella encima de Talia; y Talia le correspondió de igual manera.
Entonces mientras ambas caderas se movían en perfecta armonía y ambas mujeres succionaban los pechos de la otra lanzaron un último grito de placer como un orgasmo mutuo había terminado aquél apasionante encuentro entre las dos mujeres.
Talia se tumbó sobre los pechos sudorosos de Lydia y ambas se quedaron dormidas enseguida, pues aquella noche habían satisfecho al completo sus necesidades la una a la otra y tan sólo podían disfrutar de un sueño placentero antes del próximo encuentro sexual, que presentían sería aún más apasionado.

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