Inmoral cap 10 por Elena Siles

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Capítulo 10

Lydia se puso uno de sus mejores vestidos y fue a buscar a su padre en el comedor, pero no estaba allí. Tras desayunar Lydia decidió buscar a su padre en a arrugada por el paso de los años. Su pelo era pelirrojo, corto y rizado, y su rostro poseía una gran nariz de cerdo y facciones redondas. Oberyn al ver entrar a Lydia en su despacho supo inmediatamente que buscaba su consejo.

— ¿Qué sucede hija?

— Talia ha finalizado su relación conmigo porque mi corazón ha empezado a sentir algo hacia otra mujer y no sé qué hacer. Dicha mujer es la princesa Aelle.

— Entiendo… Bueno hija, la princesa Aelle es de Rausvai. Sabes perfectamente lo que eso significa. Aunque ella te correspondiera, cosa que dudo, os matarían a ambas. Hasta puede que provoquéis una guerra por dicha relación. No merece la pena y más teniendo en cuenta que tú nunca has querido comprometerte — explicó el Oberyn.

— Ya pero padre, en esta ocasión es diferente.

— No voy a mandar hombres a una muerte segura por un capricho tuyo, ya te he consentido suficiente. Además, ni siquiera sabes si ella te corresponde. No quieres comprometerte, bien, pero no voy a provocar una guerra sólo por uno más de tus caprichos. ¿Ha quedado claro?

— Pues entonces dejarme al menos ir a Rausvai, necesito saber si ella me corresponde para poder pasar página.

— ¡Ja! — se rió sarcásticamente Oberyn — ¡Pasarás página en cuanto aparezca otra!

— ¿Ese es el concepto de mí?

— ¿Es que acaso me has demostrado lo contrario? — Lydia no respondió— ¡Exacto! — Oberyn suspiró y se calmó. Tocó una campanilla que había en la mesa de su despacho y los guardias trajeron a dos mujeres. La primera era una hermosa joven de piel morena, alta, delgada y ojos castaños. La segunda era una rubia, estatura normal, grandes pechos y ojos grises — Lydia te presento a Deborah — Oberyn señaló a la mujer morena —y a Candace. Ellas… te ayudarán a pasar página. Ahora demuéstrame que me equivoco y recházalas — La lujuria de Lydia se apoderó de ella y simplemente no pudo responder, Oberyn sonrió algo triste — Llevad a mi hija a su habitación, allí estaréis más cómodas.

 

Candace y Deborah se cogieron cada una a un brazo de Lydia y juntas las tres caminaron de vuelta a la habitación de Lydia. Una vez allí la lujuria se apoderó de las tres mujeres. Candace comenzó a desnudarse mientras Deborah hacía lo mismo con Lydia y posteriormente consigo misma. Lydia observaba el impresionante cuerpo de Candace y no pudo resistirse. Comenzó a besar sus labios mientras tocaba sus enormes pechos; por detrás sintió como alguien jugaba con su sexo, era Deborah. Las tres mujeres acabaron la cama haciendo el amor mutuamente, jugaban las unas con las otras con sus sexos y acabaron rendidas sobre Lydia con un gran orgasmo múltiple.

 

Shire con cada canción había conseguido enamorar más y más al príncipe que no se había perdido ninguna de sus actuaciones. Todo el mundo aplaudió y Shire bajó del escenario dejando a la banda tocar mientras ella descansaba. El local estaba lleno y era todo gracias a Shire. Greta y Hash incluso habían contratado a dos camareras más para la ocasión.

Johan se acercó hasta Shire y le entregó una jarra de cerveza bien fría que ella agradeció de sumo grado con una gran sonrisa.

 

— Tienes la voz más increíble que he escuchado nunca — aseguró Johan.

Shire terminó de beber y sonrió — Es todo un halago, seguramente habrás conocido a muchos artistas.

— Tal vez, pero no he conocido a nadie como vos — Shire no pudo evitar sonrojarse y sonreír — Sé que es un poco precipitado, pero me preguntaba si algún día estarías dispuesta a invitarte a una cena.

Shire le miró a los ojos — Te doy las gracias por haber llenado el local y por tus halagos, pero yo no soy como las mujeres con las que estás acostumbrado tratar.

Johan la miró indignado y sonrió — Claro que no, lo volveré a intentar. Bueno yo he de irme al baile de máscaras. Ya nos veremos.

Shire al ver como se iba a l príncipe subió al escenario y comenzó de nuevo a tocar. Cuando terminó el concierto Shire por fin pudo descansar. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en Johan, sólo quería dormir.

Lydia se despertó ya casi entrada la noche, las dos hermosas mujeres ya se habían marchado. Estaba sola y entonces comprendió de que tal vez su padre tuviera razón, pero que aún así debía averiguar que sentía Aelle por ella. Así pues, volvió a vestirse en esta ocasión como un vestido de plebeya y cogió una gran bolsa llena de oro. Así pasaría desapercibida entre la multitud. Lydia salió de su habitación y con mucha cautela consiguió evitar a los soldados. Tras salir de palacio fue directa al puerto y tomó el barco que se dirigía a Rausvai con el único pensamiento de poder volver a Aelle de nuevo, y quizás conseguir su amor.

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