Inmoral cap 14 por Elena Siles

Capitulo anterior: http://youarewriter.es/inmoral-cap-13-por-elena-siles-2/

Capitulo 14

Jung, un joven de piel blanca y estructura flacucha paseaba inquieto por su habitación mientras su amada, Clarisa le observaba. Jung tenía los ojos verdes; el pelo castaño, corto y lacio; y las facciones duras y rectas. Jung llevaba puesto un jubón de color rojo con decoraciones doradas, un pantalón negro largo y unos zapatos a juego. Clarisa tenía el pelo pelirrojo, largo y rizado, los ojos claros y la piel blanca con algunas pecas sobre sus facciones redondas. Clarisa tenía una constitución normal con curvas, lo mejor de su cuerpo eran sus prominentes pechos. Llevaba puesto un vestido de color verde oscuro de mangas largas con escote de barca y pliegues altos, y unos zapatos a juego.

— Cariño, si andas más vas a gastar la suela de los zapatos. ¿Qué te reconcome?

Jung le enseñó un pergamino, era lo único que tenía de su padre biológico. Su madre le había contado que era un noble adinerado y que al estar casado con otra mujer no podía estar con ellos, pero les había estado manteniendo durante todos aquellos años en secreto. Su madre murió seis meses atrás y había tenido que encargarse crear un negocio con el dinero que poseía, había empezado de cero y ahora era uno de los mayores empresarios del reino. Conoció a Clarisa la hija de un burgués que hacía negocios con él hacía ya dos meses. Nada más conocerla supo que se casaría con ella algún día, y estaba pensando en pedírselo hasta que el otro día recibió una carta de su padre biológico. Al saber quién era lo comprendió todo y ahora estaba furioso porque él no quería tener nada que ver con su padre biológico, y en la carta le prometía que algún día se conocerían.

Clarisa terminó de leer la carta y exclamó sorprendida — ¡No puede ser!

— ¡Pues lo es! — exclamó Jung — Me acabo de enterar. ¿Cómo te crees que me siento? Nos ha mantenido en secreto, dándonos todos los lujos posibles, pero no su compañía y ahora entiendo el porqué. Sin embargo, yo no quiero saber nada de él. Ha tenido 24 años para conocerme… ¿Y ahora me envía una carta? ¡¿Y justo después de haber muerto mi madre?! ¿Y de verdad piensa que voy a querer conocerle?

Clarisa se acercó hasta él y le abrazó — Amor mío, tranquilízate.

Jung respiró hondo la miró agradecido — Gracias — Jung la besó en los labios y ella le correspondió — Nunca ha querido a mi madre, eso lo supe enseguida, pero creía que al menos sería un hombre algo decente. Me parezco mucho a él, ahora que lo pienso…

Clarisa negó y le dio un beso en la frente — Tú eres cariñoso, noble, fiel, honrado, trabajador y te preocupas por los demás. No te pareces ni lo más mínimo a él.

Jung sonrió — Tienes razón. ¿Y qué se supone que debo hacer ahora?

— ¿Tú que quieres?

— No quiero ser el hijo bastardo del rey Horlk II — contestó Jung.

Clarisa sonrió — Hablo en serio.

— Lo único que quiero ahora es casarme contigo y olvidar todo esto.

Clarisa se sonrojó — ¿Hablas en serio?

— Sí. Ya he hablado con tu padre y me ha dado sus bendiciones. Si eso lo que quieres, claro — Clarisa asintió y Jung la besó en los labios, después rompió el pergamino en varios pedazos y sonrió — Tú eres ahora toda mi familia y toda mi vida. Te quiero.

Clarisa se le abalanzó dándole besos sobre sus labios y su cuello. Jung la cogió en brazos y la tumbó encima de la cama de su habitación. Comenzó a desnudarla lentamente mientras la besaba y la acariciaba y ella le correspondía también. Ambos se miraron mutuamente desnudos y sonrieron. Jung besó los senos de su amada mientras ella le acariciaba la espalda y después empezó a jugar con su sexo. Pronto notó como su miembro se empalmaba, así que la penetró lentamente mientras jugaba con su sexo y la besaba. Sus caderas quedaron unidas y pronto la pasión les poseyó. Clarisa abrió un poco más las piernas para que Jung le pudiera coger el culo mientras la penetraba y gimió de placer. Estuvieron disfrutando el uno del otro de sus sexos hasta que, un buen rato después, tuvieron un orgasmo unísono, cayeron el uno al lado del otro con una sonrisa en los labios y ambos se quedaron dormidos abrazados el uno al otro.

Armian había llegado al castillo acompañado por sus hombres con Kauko y sus hombres arrestados. Nunca hubiera pensado que hubiera podido hacer algo así. Al llegar a su habitación se encontró con Laeda, la viuda de Borg y se saludaron mutuamente. Hace muchos años ambos tuvieron una aventura, pero había terminado cuando Laeda se quedó embarazada de Borg. Ahora se miraban y viejos recuerdos saltaban.

 

— ¿Tú lo sabías? — preguntó de pronto Armian y Laeda asintió — ¿Le has dicho ya a Neim que Borg no era su verdadero padre?

Laeda derramó una lágrima y se encogió de hombros — ¿Qué podía decirle? Ya demasiado tiene con que su padre fuera un inmoral. Yo le quería, pero es evidente que él no me correspondía igual. Yo lo supe casi por instinto, pero no podía hacer nada. Mi padre me obligó a casarme con él y yo era ya algo mayor y pensé que no encontraría nada mejor. Iba a tener una buena vida y me convencí a mí misma que me acostumbraría a lo que él era, a que no me amase y a ser sólo una conveniencia. Era mejor que estar sola, me dije a mí misma y si no lo hacía mi padre perdería muchos negocios… Yo sabía que era mi obligación y la acometí más o menos bien hasta que…

— Hasta que me conociste y comenzamos aquella aventura juntos.

Laeda asintió — Quería pararla por obligación, pero era muy egoísta. Quería que por una vez un hombre me amara y entonces me quedé embarazada. Pensé en lo que te haría Borg si se enteraba así que le emborraché y me acosté con él para que las cuentas más o menos le cuadraran llegado el momento. El bebé nació “un mes antes de lo previsto”, pero el médico le convenció de que a veces era normal. Por suerte su hermana tuvo hace poco un hijo que había nacido también antes de lo previsto, así que nadie sospechó. Tenía miedo de Borg, de lo que pudiera hacerte a ti o a mi hijo, si se enteraba que no era suyo… Quién sabe lo que hubiera hecho. Así que hice lo que tenía que hacer.

Armian la abrazó — Debes decírselo a tu hijo. Ahora ya Borg no puede hacerle daño. Lo comprenderá y te perdonará si lo haces ahora.

Laeda asintió — Lo haré. ¿Me perdonas tú?

Armian la miró confuso — ¿Por qué?

— Por haber sido una cobarde y cortar nuestra magnífica relación, y después no haberte dejado formar parte de la vida de Neim.

— Lo hiciste para proteger a tu hijo y para protegerme a mí. No fuiste cobarde, sólo sensata. Lo comprendí desde el principio y por eso he estado aquí siempre para ti, esperando a que pudiéramos estar juntos de nuevo — Armian la besó en los labios.

Laeda con lágrimas en los ojos se apartó de él — ¿Y me has estado esperando todo este tiempo? — Armian asintió y Laeda sonrió — Gracias.

— Ve a hablar con Neim, yo te esperaré en mi habitación. Quizás podamos recordar viejos tiempos. ¿Qué me dices?

— Hoy será ha sido un día largo para ambos, mañana — Armian asintió y miró como Laeda se marchaba con su andar grácil.

Esto puede interesarte también

Deja un comentario