Inmoral cap 16 por Elena Siles

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Capítulo 16

Shire se levantó cansada debido a que la otra noche apenas había dormido pensando en lo que le había comentado Irina. Sí, sus nuevos sentimientos la hacían sentir miedo y confusión. Había instalado en su corazón un odio inculcado por su propia experiencia y por su dolor, pero ahora parecía que esos sentimientos estaban siendo remplazados por un amor que no comprendía. Ni si quiera tenía una relación, pero la atención de Johan y su carisma se había abierto poco a poco en su corazón. Shire se vistió con desgana, tenía bastante sueño y a continuación desayunó en su habitación. Al terminar unos ruidos afuera de la taberna llamó su atención, así que abrió su ventana y vio una multitud fuera gritando. Intrigada bajó y allí se encontró con Johan esperándola.

 

— ¿Johan? — preguntó Shire.

— Buenos días Shire. Me preguntaba si querrías dar un paseo conmigo en esta maravillosa mañana y después invitarte a comer. Quiero compensarte por no poder haberme quedado durante tu concierto y así conocerte mejor. ¿Qué me dices?

Hank que estaba en la barra asintió alegre y Shire suspiró — Déjame ponerme un vestido más adecuado para la ocasión, enseguida bajo — Shire subió de nuevo a su habitación y allí se cambió de ropa, cuando volvió a bajar vio a Johan con una sonrisa en los labios y no pudo evitar sonreír también – Ya estoy lista, vámonos.

 

Ambos se marcharon cogidos de la mano y comenzaron a hablar por el camino, el paseo por los jardines de palacio fue maravilloso y la comida aún más. Al final por la tarde fueron a un prado dónde Shire pudo cantarle algo a Johan, haciendo que el joven quedara totalmente prendado de la joven. Al final del día Johan la acompañó hasta la taberna y se despidió de ella con un apasionado beso en los labios.

 

Marga acudió junto a su hijo a la cárcel para ver a su esposo Kauko que sería ajusticiado al día siguiente y quería enseñarle a su hijo se despidiera de su padre antes de morir. Al final Kauko sería recordado como un traidor del reino. Todos sus planes para ser rey se habían esfumado de repente y todo por culpa de esa tal Irina. Marga tenía algo claro, una vez hubiera terminado todo aquello pensaba vengarse de ella.

 

— Hola hijo — saludó Kauko a Neim y luego miró a Marga emocionado — Hola esposa, querida mía… Perdóname… He cometido tantos errores…

— Fuiste confiado y descuidado y ahora por tu culpa seremos unos parias para siempre.

— Lo siento… yo…

— ¿Lo sientes? El compromiso de Kern con Aelle se ha roto. Ahora no tenemos nada y todo ha sido por tu culpa. Yo era feliz con nuestra vida Kauko, pero tú tenías que ir a por más, ¿verdad? — explotó Marga.

— Padre, tú lo eras todo para mí. Pase lo que pase yo siempre te querré.

Kauko sonrió con una lágrima en su rostro — Y yo a vosotros.

Marga comenzó a llorar, pero se tranquilizó al recibir un abrazo de su hijo. Entonces un guardia apareció — Debéis marcharos, se acabó la visita.

Kern asintió emocionado — Vamos, mamá.

 

Los tres se marcharon de la celda emocionados y destrozados. Todo había cambiado y ya no había vuelta atrás. Horlk II terminó de desayunar y vio a Irina medio desnuda delante de él. Horlk II cogió a Irina por detrás y la agarró contra la pared.

 

— Cuando me contaron lo que te había pasado pensé que te había perdido para siempre y casi se me rompe el corazón — Horlk II acarició su culo con suavidad — No vuelvas a asustarme así, ¿de acuerdo?

Irina impidió que una lágrima saliera de su rostro, no podía mostrar lo que sentía delante de Horlk II — No te preocupes pronto estaremos casados, vamos a estar juntos para siempre. ¿Recuerdas?

Horlk II asintió y agarró su culo con fuerza — Sí, pero no te olvides nunca que eres mía desde que te vi. Eres mía ahora y lo serás para siempre. Y te lo voy a demostrar ahora mismo — Horlk II desnudó a Irina y comenzó a penetrarla por detrás.

 

Horlk II agarraba tan fuerte las manos de Irina que dejó marcas en su blanca piel. Ella intentaba controlar su dolor y rabia con seriedad. A Horlk II le daba igual lo que ella sintiera sólo quería satisfacer sus deseos sexuales latentes. Rompió el vestido de Irina y cogió sus tetas y comenzó a manosearla. Ella aprovechó para forzarle y darse la vuelta, no quería que la siguiera tratando así. Así que a pesar de que sabía que se arriesgaba muchísimo se implantó y luchó por sí misma.

 

— ¡Basta! Me haces daño Horlk II — gritó Irina.

Horlk le dio un bofetón — No olvides quién eres y que estás aquí gracias a mí. Podría matarte ahora si me diera la gana, no eres nadie.

Irina asintió y su mejor actuación dio lugar. Irina comenzó a llorar y se apartó del lado de Horlk II — Yo creía que me amabas… Ahora me tratas como si yo no te hubiera satisfecho en todos los sentidos y más. Me hacías daño… me prometiste que nunca me harías daño. Quiero disfrutar contigo, como siempre hemos hecho siempre. ¿No quieres tener de nuevo esas tardes exhaustivas juntos? — Irina se puso una bata y se tapó con lágrimas con los ojos, dándole la espalda a Horlk II — Un día me dijiste que ya no era sólo tu amante, que me querías y que nunca me harías el daño que me hicieron otros…

 

Horlk II era cruel e impasible, pero al ver los ojos azules de Irina inundados en lágrimas y las marcas violetas de sus muñecas una parte de su corazón se rompió. Ella iba a ser su esposa, una buena esposa a pesar de su pasado. Incluso con ese pasado sería mucho mejor esposa que su mujer muerta. Ella le volvía loco, le apasionaba, le satisfacía totalmente; era la primera mujer que no le había tenido nunca miedo y ahora estaba temblando delante de él. Comprendió que había abierto heridas forzándola así. Quería demostrar que ella era suya, que no se confiara; pero eso ya lo había demostrado. El otro día había sido demasiado para él y ahora esto… Horlk II se vistió y se marchó. Estaba cansado, se pasaría el día alejado de todo aquello. Entonces llamaron a la puerta, era un soldado. Irina se marchó a otra habitación y Horlk II abrió la puerta.

— ¿Qué sucede? — preguntó él contundentemente.

El soldado, temblando ni se atrevía a mirarle a los ojos — Es la princesa Aelle, señor. Ha dejado una carta anulando su compromiso y no aparece. Se ha escapado de Rausvai.

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