Inmoral cap 17 por Elena Siles

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Capítulo 17

Aelle llegó corriendo hasta el barco de Lydia después de haberse despedido de su hermano y de haber dejado una nota a su prometido Kern, deshaciendo el compromiso. A pesar de todo, había vencido a sus miedos y ahora estaba dispuesta a arriesgarse a lo que les esperase en Cirne junto a Lydia. Lydia con lágrimas en los ojos no pudo evitar brincar de alegría al ver a Aelle con su ondulante pelo rubio corriendo hacia el barco.

Al subir al barco, Aelle fue recibida con un gran abrazo por parte de Lydia, ambas emocionadas se miraron a los ojos, no hacía falta decir nada más. Lydia indicó al capitán que el barco zarpara y él la obedeció. Mientras se alejaban de Rausvai, Aelle observó como todo aquello que conocía se quedaba atrás. Lydia besó a Aelle en los labios y la llevó hasta su camarote emocionada, estaba deseando tenerla en sus brazos. Al llegar al camarote, Lydia cerró la puerta y volvió a besar a Aelle en los labios.

— ¡Estoy tan contenta porque hayas venido! — dijo emocionada Lydia — ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

— Cuando te marchaste, se lo conté a mi hermano. Él me dio la fuerza que me faltaba para irme contigo.

Lydia acarició su rostro y sonrió — Sé que para ti es muy difícil dejar atrás todo aquello que has conocido, sobre todo por su hermano; pero aquí tendrías que vivir una vida llena de mentiras y engaños como has hecho hasta ahora.

Aelle asintió algo cansada — Lo sé. Perdóname, tenía miedo de aceptar lo que soy… tenía miedo de quedarme, pero sobre todo de irme… Estaba muy confusa… En Rausvai te odian, te hacen el vacío y hasta te matan. Nos enseñan y nos inculcan que es antinatural, que es pecado… Sin embargo, no podemos evitar ser lo que somos, yo he querido ocultarlo durante demasiado tiempo. ¿Por qué durante todos estos años me han estado enseñado a odiar a rechazar a personas continuamente? Ya sea por su condición social, por su raza o por ser….

— ¿Homosexuales? — finalizó Lydia.

— ¿Esa es la palabra correcta? — Lydia asintió — ¿Y por qué aquí nos llaman entonces inmorales? ¿Cómo es posible que vuestro reino sea tan diferente las cosas?

— ¿Cómo se le puede negar a alguien amar a otra persona únicamente por ser del mismo sexo? ¿Por qué ese rechazo y ese odio irracional? ¿Por qué nos intentan cambiar aquellos que somos? Nosotros no lo hemos elegido, al igual que no hemos elegido nacer en Rausvai o ser ricos o pobres.

— Yo, durante mucho tiempo lo acepté sin más, simplemente porque otros me decían que debía aceptarlo sin más; pero ahora… lo veo tan… absurdo…tan odioso.

— No sé por qué sigue habiendo personas en este mundo que nos odian simplemente por nuestra condición sexual. Al igual que hay personas que odian a otros por su sexo, su condición social, por sus creencias, por su raza o color de piel. Siempre van a ver personas que odien a otras sin motivo ninguno. La mayoría son personas que al igual que tú fueron inculcada para ello — explicó Lydia.

— Pero yo a pesar de todo cambié mi forma de pensar. En realidad, sólo tenía miedo.

— Lo sé, pero todos pensarán que lo hiciste porque tú eres homosexual. Porque te afecta a ti, en persona y no tuviste ninguna otra opción — respondió Lydia.

— Tuve la opción de seguir en mi reino y no de arriesgarme, tuve la opción de seguir fingiendo y seguir siendo infeliz autoengañándome. Mi hermano no es homosexual y él también cambió su forma de pensar a pesar de que le inculcaron lo mismo que a mí.

Lydia la abrazó — Yo no digo lo contrario, yo creo en ti. Pero para la sociedad jamás será suficiente. Siempre esperarán más de ti, te exigirán más y hagas lo que hagas te criticarán.

— ¿Por ser mujer o por ser homosexual?

— Un poco por ambas cosas — reconoció Lydia — Pero sobre todo porque siempre habrá gente que te critique. No puedes agradar a todo el mundo, es imposible. La única opinión que debe importante es la que tú tienes de ti misma. Las únicas personas que merecen tu preocupación y tu amor son aquellas que te quieran tal y como eres, incluso con todos tus defectos.

Aelle abrazó a Lydia — ¿Crees que existirá un día en el que las personas nos aceptemos mutuamente tal y como somos? ¿Crees que llegará el día en el que dejemos de matarnos unos a otros sin motivo? ¿El día el que dejemos de odiar y empecemos a amar?

Lydia se encogió de hombros — No lo sé, parece un futuro muy idílico. Sin embargo, espero que llegue el día en el que la gente deje de odiarnos y rechazarnos por nuestra condición sexual; independientemente de allá a dónde vayamos.

Aelle la miró alegre — Yo también lo espero.

Lydia comenzó a besarla y a desnudarla lentamente. Y Mientras el vaivén de las olas golpeaba el barco ellas se abandonaron a la pasión. La atracción que sentían la una por la otra no era meramente físico, sino que también era amor. Ambas desnudas se tumbaron sobre la cama y empezaron a besarse. Lydia comenzó a manosear los pechos de Aelle mientras jugaba con su sexo. Aelle metió sus dedos en la vagina de Lydia mientras disfrutaba de cómo lamían sus pezones. Unieron sus caderas como si fueran una solo y se fundieron en un sexo desenfrenado que terminó con ambas jadeando de placer sobre la cama y mirándose con deseo.

Kauko llegó hasta la plaza encadenado y con varios guardias acompañándolos. A pesar de la reciente desaparición de la princesa no habían aplazado su ejecución. Su hermano Horlk II necesitaba aquello para evadirse de la realidad nefasta que invadía actualmente su vida. Al llegar a la plaza varios pueblerinos le lanzaron tomates e incluso piedras, le gritaron y le insultaron hasta llegar a la horca en mitad de la plaza. Los soldados le obligaron a subir hasta el escenario dónde habían puesto la horca, en medio de la plaza. Enfrente de él estaba Horlk II junto a Irina ambos sentados en dos elegantes sillas, no había rastro del príncipe Johan ni del traidor que le había costado que estuviera en esa situación, Jarld. El soldado le puso la soga al cuello de Kauko y tras la señal de Horlk II abrió una compuerta debajo de los pies de Kauko y este cayó, y mientras moría ahorcado buscó desesperado a su esposa y a su hijo, pero no estaban. El pueblo aplaudió victorioso ante la muerte del traidor y Horlk II satisfecho ordenó a los soldados a quitar el cuerpo inerte de su hermano de la horca para que fuera enterrado en una fosa común, como los demás traidores a la corona.

Horlk II se levantó y todo el pueblo le hizo una reverencia y se quedó en silencio. Él invitó a su prometida también a levantarse — El traidor ha muerto y ahora por fin nuestro reino está a salvo — el pueblo se levantó a la indicación del rey — Sin embargo, mi amada hija no ha vuelto a casa dejando a su prometido y a su reino por una inmoral — todo el pueblo abucheó y Horlk II les calmó — Por ello he decido firmar un decreto quitando a la princesa Aelle sus derechos a la corona. Mientras yo siga siendo rey no tendré piedad con ningún inmoral. Todo el pueblo aplaudió enloquecido e Irina interpretó una de sus mejores sonrisas, en sus pensamientos tenía la venganza muy cerca.

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