Inmoral cap 20 por Elena Siles

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Capítulo 20

Jung había visto como masacraban a las personas en la calle, acusándolas de ser inmorales y arrojándolas a la fosa común. Su odio era tan intenso y profundo que eran incapaces ver nada más. Entonces Jung comprendió que todas aquellas leyes, eran para controlar a la población. Se le daba algo con lo que plasmar su ira que había sido provocada por las injusticias de la vida para que no lo usasen en contra del reino.

Era tan… patético… tan repugnante que apenas encontraba las palabas para describir lo que sentía. Sobre su cama descansaba su amada esposa, después de las revueltas no quiso arriesgarse más. Quién sabe si un día no irían a por él para intentar arrebatarle sus negocios y le acusaban de inmoral, o peor aún iba tras Clarisa. Así que tras una boda rápida y una luna de miel que había terminado aquel mismo día habían decidido hacer algo al respecto.

Jung sabía que ni la desaparecida Aelle ni Johan plantarían cara a Horlk II. Estaba asustado, Kauko ya había intentado derribar a Horlk II y no había terminado nada bien. Sin embargo, no podía seguir allí cruzado de brazos. Debía matar a Horlk II y para ello necesitaba un plan sino quería terminar en la horca.

Una voz conocida le sacó de sus pensamientos — Cariño ha llegado una carta para ti, es de palacio — Clarisa abrió la carta — Nos invitan a la boda de Horlk II.

— ¿Qué? ¿Y por qué? — preguntó asustado Jung.

— Es por las alfombras que les vendiste.

Jung asintió, pero en realidad ya sabía porqué le invitaban — Iré pues.

Armian y Laeda se encontraban a escondidas. A pesar de que Kern ya sabía la situación de su madre, no quería ser vistos aún juntos. Con todo lo que había pasado con Aelle, era demasiado arriesgado. Muchas personas habían sido acusadas en falso de ser inmorales para así poder matarlas sin sufrir su merecido castigo por ello. Las revueltas no habían hecho más que empeorar la situación y todo el mundo sabía que aquello provocaría más derramamiento de sangre. Así se veían en los aposentos de Armian, Laeda iba a verle vestida como una simple sirvienta y así nadie sospechaba de ella. Laeda entró en los aposentos de Armian y él la recibió con gratificante abrazo.

— ¿Cómo estás? — preguntó Armian.

— Pues no lo sé. Mi hijo está destrozado y me siento mal por estar feliz a tu lado — confesó Laeda — Ahora las nobles no quieren estar con alguien que se ha acostado con una inmoral. Temo que vaya a pasarse el resto de su vida solo.

Armian la besó en los labios — No te preocupes, empezaremos de nuevo en otro lugar. Uno dónde nuestros nombres no sean nada, sólo así podremos ser felices.

— ¿Quieres huir del reino como lo hizo Aelle?

— ¿Acaso no lo has pensado? Sé cuándo un reino está a punto de desmoronarse y a este le queda poco para derruirse del todo. Debemos huir sino queremos vernos incluidos en su destrucción. Huiremos durante el banquete y para que nadie note nuestra ausencia lo haremos mientras bailan Irina y Horlk II — explicó Armian.

Laeda asintió — Lo sé. Es que estoy asustada.

— Pase lo que pase, os protegeré a ambos con mi vida. Lo prometo.

Laeda besó a Armian en los labios y comenzó a llorar. Había esperado demasiado tiempo para todo aquello y ni si quiera sabía por qué. El miedo le había impedido ser feliz durante muchos años, no pensaba volver a estar asustada nunca más.

Irina había dejado a Horlk II a solas con sus soldados durante aquellos días. Desde que le anunciaron que su hija había escapado había estado insoportable. Se le había escapado de las manos todo aquello. Ahora ya no podría controlar a Horlk II y todo parecía hundirse.

Irina había terminado por llamar a Jarld, todo aquello era inmensamente peligroso. Sin embargo, merecía la pena. ¿Qué más podía hacer? Necesitaba a Jarld para acabar con Horlk II, era el único en quién podía confiar. Además, todos los demás planeaban huir el día de su boda después de la ceremonia. Si Jarld no volvía con la confianza de Svein y los hombres de Armian, estaban acabados. Jarld entró en la habitación y cerró la puerta tras sí. Irina se lanzó sobre su torso. Ambos se besaron apasionadamente y luego se separaron.

— ¿Y bien cómo ha ido? — preguntó Irina.

— Svein al saber que hasta su hijo había dado por perdido el reino y quería marcharse nos ha prometido su lealtad. Llegado el momento dejará entrar a los ciudadanos en vuestra boda, los familiares de los asesinados en las revueltas. Los hombres de Armian matarán a los fieles al rey antes de la ceremonia y los suplantarán. También me ha llegado información importante. Tuviste una idea brillante en darle la información del bastardo de Horlk II y colgarle a él el supuesto golpe de estado.

Irina suspiró algo más aliviada — Ahora sólo tenemos que asegurarnos de que los soldados le vean en la boda como uno más de los invitados y entonces todo saldrá perfecto. He esperado este momento durante tanto tiempo…

Jarld la besó en los labios — Lo sé amor mío. Además, ahora tenemos el resto del día juntos ya que Horlk II estará ocupado con Svein. Es un favor personal que le pedí.

Irina sonrió pícaramente — ¿Y a qué estamos esperando?

Jarld cogió a Irina en volandas y la llevó hasta la cama mientras la besaba con pasión. Poco a poco fue desnudándola y ella le desnudaba a él. Jarld comenzó a jugar con sus pechos y ella tocaba su sexo para humedecerse. Entonces Jarld se empalmó y comenzó a penetrar a Irina, primero con cuidado y poco a poco tomó un ritmo que tenía subidas y bajadas y a ambos les estremecía. Sus cuerpos se unieron el sexo como si fuera una sólo, compenetrándose a la perfección.

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