Inmoral cap 4 por Elena Siles

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Capítulo 4

Jarld caminaba por las calles de la capital de Rausvai, Rox, decidió a dar muerte a aquella mujer siguiendo las órdenes de su superior; como había hecho siempre. Jarld jamás se había cuestionado las órdenes de sus superiores por muy extrañas o ilegales que pudieran ser siempre las cumplía a rajatabla. Aquello le había otorgado una fama de asesino conocida por todos en Rausvai, sus iguales le miraban con respecto e incluso con envidia, pero los ciudadanos de Rausvai le miraban con miedo. La mayoría de las mujeres no querían tener relaciones con él al saber quién era, sólo las mujeres de la noche seguían a su lado. Gastaba más en mujeres que un marquesa en joyas; pero no le importaba con tal de mantener su reputación.
Jarld llegó a la casa de su objetivo y sacó su cuchillo de su cinturón. Jarld forzó la cerradura de la puerta de la casa y entró dentro. Se dirigió hasta la habitación y escuchó ruidos, estaba teniendo relaciones con un hombre. Aquello complicaba las cosas, tendría que esperar a que la pareja terminase para poder entrar y matarla.

El rey Horlk II gritaba de placer mientras penetraba a Irina-¡Oh, sí!.
Los pechos de Irina botaban de atrás adelante en el sentido de la penetración que estaba haciendo el rey mientras éste gritaba como un animal. Por último el rey puso a Irina encima de él y le ordenó que le cabalgase. Irina obedeció mostrando su cara de viciosa y de placer, entrenada gracias a su carrera como actriz, para que aquel encuentro sexual durase lo menos posible. Aquello puso aún más al rey e Irina lo sabía con perfección así que en pocos minutos el rey se corrió encima de Irina y comenzó a reírse hasta quedar profundamente dormido pocos segundos después.

Irina se puso su ropa interior inferior y observó al rey sudoroso en su lecho intentando no vomitar del asco-Descansa mi rey.
Entonces Jarld entró en la habitación empuñando su cuchillo. Irina le escuchó y se apartó justo a tiempo. Jarld entonces observó al rey tumbado en el lecho de aquella mujer y se puso pálido. Si le descubría podía considerarse hombre muerto. Mientras Jarld estaba distraído mirando al rey Irina consiguió taparse con una bata de seda.
Jarld seguía distraído intentado pensar qué hacer a continuación cuando Irina le arrebató el cuchillo de una patada, por suerte para Irina Jarld seguía bloqueado y no estaba atento- ¿Quién eres?- susurró Irina.
Jarld se dio cuenta entonces que si hacía algún ruido más fuerte de lo normal el rey despertaría- Ya sabes quién soy y a qué he venido.
– ¿Quién te ha enviado? Dímelo o despierto al rey y entonces ya te puedes considerar hombre muerto- le intimidó Irina.
Jarld se mostró desafiante hasta que Irina se acercó al rey, ése se revolvió entre las sábanas, estuvo a punto de despertarse- De acuerdo te lo diré. Kauko.
– Bien, ahora márchate y no vuelvas de lo contrario le contaré al rey lo que ha sucedido aquí esta noche, y ya sabes lo que pasará si se lo cuento- Irina bajó el cuchillo- Vamos vete antes de que el rey se despierte.

Irina observó como el joven soldado se iba de la habitación, en cuanto estuvo segura de que se había marchado escondió el cuchillo en el cajón de su mesita de noche. Pensó en lo que acababa de pasar y le entró miedo en el cuerpo sino fuera porque el rey estaba durmiendo en su lecho ahora lo más probable es que estuviese muerta. Volverían a intentar matarla, tenía que buscar la manera de que eso no volviera a suceder. Tenía que casarse de inmediato con el rey.
La única manera de que se lo propusiera es que temiera perder a Irina, tenía pensado en esperar un tiempo para que no hubiese tantas sospechas sobre sus verdadera intenciones amorosas con el rey, pero después de lo de aquella noche no podía arriesgarse. Pero para que la trampa tuviese una razón el rey debía de cometer un error… entonces pensó en Shire. Era su mejor amiga de la infancia, a igual que ella había perdido a seres queridos por culpa de la ley inmoral, seguro que la ayudaba. Ya sabía como hacer que el rey cayese en su trampa.

Armian y Johan se fueron de la taberna poco después del incidente para declarar sobre Knut y Maverick. Kauko que ya por fin había conseguido conciliar el sueño llamaron a la puerta. Kauko cabreado abrió la puerta y se encontró a Johan y a Armian que aunque era evidente que estaban borrachos parecían al mismo tiempo muy serios. Había sucedido algo, ¿pero el qué?

– ¿Qué os pasa chicos- preguntó Kauko.
– ¡Inmorales!- gritó Armian.
– ¿Pero de qué estás hablando Armian?- dijo confuso Kauko.
– Hemos visto a Knut con otro hombre señor- le informó Johan.
– ¡Inmorales!- volvió a gritar Armian.
Kauko se quedó de piedra- Está bien, informaré a una patrulla para que vaya tras ellos. No os preocupéis, les cogeremos.

Knut y Maverick estuvieron cabalgando toda la noche y durante el siguiente día hasta que se hizo de noche, sólo paraban para cambiar de caballos y seguir cabalgando; estaban siendo perseguidos por la justicia.

Cuando los soldados volvieron hasta Kauko reconocieron que los inmorales habían conseguido escapar. Kauko se puso furioso, pero ya no podían hacer nada para remediarlo. Ordenó a Johan y a Armian regresar a palacio, mañana enviaría una carta al puerto y allí los interceptarían. No se iban a escapar tan fácilmente.

Los soldados les pisaban los talones a Knut y a Maverick. Cuando llegaron hasta el puerto un sentimiento de nostalgia los invadió. Estaban huyendo de su país, lo dejaban todo, pero era la única forma de sobrevivir. Cuando zarparon y llegaron hasta Cirne ya era demasiado tarde para echarse atrás. Además en Cirne no tendrían que esconderse nunca más. Knut se prometió a sí mismo que si volvía a Rausvai era para derrocar la ley inmoral.

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