Inmoral cap 5 por Elena Saavedra

Capítulo anterior: http://youarewriter.es/inmoral-cap-4-por-elena-saavedra/

Capítulo 5

Aelle había pasado la noche pensando en Lydia y no había podido pegar ojo. ¿Por qué le atraía tanto aquella mujer? Aquello era inmoral e impensable y sin embargo no podía apartar las dudas de su cabeza. ¿Sería ella una inmoral? ¿Lo habría heredado de su madre? Tenía que encontrar la forma de olvidar a aquella mujer, quizás su prometido pudiera ayudarla en ese aspecto. No es que se sintiera atraída por él especialmente, pero era un buen hombre y Aelle sabía que sería un gran marido para ella en el futuro. Estaba apunto de dormirse cuando escuchó un gran alboroto fuera de palacio. Aelle curiosa se levantó y abrió las ventanas.

– ¡Inmorales!- gritaban algunos soldados en las calles- Han huido dos inmorales de Rausvai. Ayúdenos a atraparles, ¡rápido!.
Sorprendentemente una gran multitud fue a ayudar a los soldados a buscar los dos inmorales que habían conseguido escapar de la justicia- ¡Muerte a los inmorales!

Aelle cerró las ventanas y se tumbó de nuevo en la cama, pero siguió sin poder dormir en toda la noche. Al día siguiente Aelle se levantó de la cama con el primer rayo de luz que entró en su habitación. Se visitó rápido y procedió a ir a despedirse de todos los invitados al velatorio de su madre. Por el camino se encontró con su padre que la estaba esperando para despedirse del resto de los invitados.

– Buenos días padre- le saludó a Aelle.
– Buenos días hija, me temo que la princesa de Cirne ya se ha marchado- informó Horlk II- Pero aún estás a tiempo de despedirte de los reyes de Erde.
– Gracias por venir al velatorio de mi madre a pesar de las circunstancias de su muerte- dijo cortésmente Aelle.
– Ha sido un placer. Hemos disfrutado mucho del viaje y de la hospitalidad de su reino. Esperamos volver muy pronto- se despidió la reina.
– Que tengan un buen viaje- se despidió Horlk II. En cuanto los reyes se marcharon el rey miró fijamente a Aelle- Dime hija, ¿te enteraste de algo de lo que sucedió ayer?
Los próximos reyes llegaron hasta ellos radiantes, Aelle y su padre se despidieron de ellos con un apretón de manos- Tendrás que ser más concreto padre.
Horlk II hablaba mientras se despedía de los demás reyes que iban llegando con el típico apretón de manos- Pues verás. Ayer descubrieron a dos inmorales y consiguieron escapar, pero nuestros soldados salieron tras ellos con varios ciudadanos. Casi todo el mundo se ofreció a ayudar a cazar a los inmorales. Es obvio que los ciudadanos jamás aceptarán aun ser tan antinatural como son los inmorales.
– ¿Te sorprendió la iniciativa de tu pueblo padre?
– En parte sí, pero en otra parte me enorgulleció. El pueblo desea la muerte de los inmorales. Así que deberías tener más cuidado con quien eres vista hija mía. Yo sé bien que no eres una inmoral, pero después de lo de tu madre es posible que otras personas sospechen de ti y si encontrasen, por mínima que fuese, alguna prueba del atroz delito me temo que las consecuencias serían las mismas que las que sufrió tu madre. Y no me refiero tan sólo a la muerte, no. Me refiero al rechazo social por completo, al odio y a la deshonra de tu nombre para siempre- explicó Horlk II.
– Lo sé padre. Pero debía acudir junto a nuestra invitada aunque fuese una inmoral, después de todo nuestras relaciones con esos reinos es muy tensa. Si una de sus princesas muriese bajo nuestra tutela lo más probable es que se produjera una guerra, y eso es algo que debemos evitar a toda costa. Además tengo el método perfecto para restablecer mi popularidad entre nuestros ciudadanos.
– No me digas- se mostró interesado Horlk II- ¿Y de qué se trata?
– Voy a dejar que me vean con mi prometido, así se darán cuenta de que me han prejuzgado y que no soy ni por asomo una inmoral- respondió Aelle.
– No bastará. Tendrás que o bien planificar tu boda de una vez por todas o bien hacer el acto con el que será tu próximo marido.
– Pero entonces la gente pensará que soy una puta.
– Mejor que piensen que eres puta a que piensen que eres inmoral. Además vas a terminar casándote con él. ¿no?- Aelle asintió- Pues entonces no pasará nada.
– ¿Y de verdad crees que verán con buenos ojos que su princesa tenga relaciones antes del matrimonio padre?- preguntó Aelle.
– Hoy en día casi todos los nobles tienen relaciones antes del matrimonio. Casi todo el mundo las tiene. Lo comprenderán siempre y cuando adelantes la boda.
Aelle se quedó pensativa- ¿Qué tal Agosto?
– Es una buena elección. Aslaug se ocupará de todo esté listo.
– Voy a buscar a mi prometido pues-dijo Aelle un poco seria.
Horlk II la paró antes de que se marchara- Quiero que sepas que has demostrado una gran valentía al sacrificar tu imagen y poner en juego tu vida por el bien de este reino. Sinceramente yo estaba tan cabreado por lo sucedido que no había visto venir lo que sucedió en el velatorio.
– Adiós padre- Aelle abrazó a su padre y se marchó con paso decidido

“Por tu bien hija mía, espero que no hayas heredado la enfermedad de tu madre y seas uno de ellos, y de verdad lo que me cuentas sea cierto, porque de no ser así… entonces…” pensó el rey Horlk II, pero no pudo completar la frase ni siquiera dentro de su cabeza. Ella era su hija, no era como su esposa que cometía el delito deliberadamente sino que era causa de la genética de su madre. Había heredado la enfermedad y por lo tanto no era culpable de los sentimientos que ella poseía aunque fuesen inmorales. Además Aelle hacía todo lo posible para no ser una inmoral, estaba luchando contra su enfermedad. Ojalá hubiese una cura para esa despreciable enfermedad, pero no la había. Tan sólo podías matar dignamente a una persona antes de que la matasen a palos los radicales de la ley, era lo único que podías hacer; y el rey no quería tener que matar a su hija; pero si la descubrían o Aelle dejase de luchar contra su enfermedad entonces no podría hacer nada salvo darle una muerte digna y una merecida despedida. Él creía en la ley inmoral y sabía que llegado el momento, aunque su corazón sufriera mucho, condenaría sin dudarlo a su propia hija si incumpliese la ley porque ningún inmoral, por muy rico o influyente que fuese, merecía vivir.

Aelle llegó hasta los aposentos de su prometido, Kern. Llamó a la puerta y Kern le abrió. Parecía bastante sorprendido, después de los rumores que había oído en palacio no se esperaba aquella visita. Aelle nunca le había visitado, siempre habían quedado delante de la corte o de los ciudadanos, nunca a solas.

– Hola Aelle- Aelle entró en la habitación y Kern cerró la puerta- Menuda sorpresa.
– Supongo que ya sabrás lo que se rumorea en palacio, pero sólo hice lo que hice para evitar una guerra. Yo la rechacé públicamente, pero debía evitar que la matasen. Eso lo entiendes, ¿verdad?- Kern asintió como respuesta- Bien, pero hay gente que no y es natural que así sea. Así que para recuperar mi imagen y evitar que me maten quiero que a partir de ahora hagamos el acto.
– Pero aún no estamos casados.
– Lo sé, pero no es inmoral ni es ilegal. Está socialmente aceptado si te casas con esa persona poco después, y eso es lo que haremos. He adelantado la boda a Agosto.
– Pero no quiero hacer esto por esos motivos Aelle. Yo quiero que tu estés conmigo porque me quieres no por miedo a morir- protestó Kern.
– Te quiero Kern. Pero sino tengo relaciones con un hombre pronto me matarán. Sé que es un poco forzado; a mí también me gustaría que fuese de otra forma pero las circunstancias son las que son, y si pudiera cambiarlas lo haría; pero no puedo. No tuve elección Kern- explicó alicaída Aelle- Ojalá fuese todo diferente…
Kern abrazó a Aelle y ella empezó a llorar- Eh, no pasa nada.
– Sí que pasa. Estoy enferma Kern. Como mi madre. Puedo elegir no actuar, pero la gente lo ve y… tengo miedo- reconoció Aelle.
Kern suspiró- Yo te ayudaré Aelle. Conmigo nadie podrá hacerte daño. Y te daré tanto amor que curaré esa espantosa enfermedad. Ya lo verás.
Aelle se limpió las lágrimas y sonrió. Ahora miraba a Kern y sentía una sensación de calor y alivio que no había sentido antes con él- Gracias.
– No tienes que darme las gracias. Hago esto porque te quiero.
– Yo también te quiero Kern- y Aelle lo decía de verdad.

Ella le quería, aunque no sintiese lo que había sentido por Lydia cuando la conoció, le quería de forma romántica. ¿Podía una persona querer a dos personas al mismo tiempo? Apenas había conocido a Lydia y había sentido una gran atracción por ella. Algo magnético y apasionado; pero con Kern era diferente. A él le quería por todo el tiempo que había estado a su lado. Le quería con menos pasión, pero de igual o incluso superior manera. Quizás Lydia sólo fuese una atracción inevitable por su enfermedad y Kern sin embargo la elección definitiva. Así pues no tenía que pensar demasiado para darse cuenta de que pronto podría por fin estar a su lado para siempre como marido y mujer. Y entonces se curaría, estaba convencida.
Kern besó a Aelle en los labios con pasión y ella le correspondió. Poco a poco sin darse cuenta entre ellos surgió la pasión. Aelle no se lo podía creer. Sí que había pasión entre Kern y ella, ya no podía tener dudas en su cabeza. Amaba a Kern.
Kern le quitó lentamente el vestido mientras la besaba con pasión. Aelle ayudó a desvestir a Kern y viceversa. Ambos estaban desnudos uno enfrente del otro.
Ambos eran inexpertos, pero el impulso natural les guiaba a través de las caricias y de los besos. Pronto el miembro erecto de Kern se introdujo en la vagina de Aelle.
Ambos jadeaban de placer mientras Kern movía sus caderas contra las de Aelle hacia delante y hacia detrás. Aelle rodeó con sus piernas el cuerpo de Kern que era muy esbelto y atlético, mientras movía sus caderas al mismo tiempo que Kern.
Kern sujetó el trasero de Aelle y comenzó a penetrarla con más rapidez. Ambos disfrutaban del contacto de ambos cuerpos sudorosos y ardientes, hambrientos de pasión seguían devorándose el uno al otro hasta que inevitablemente Kern cayó abatido sobre el cuerpo de Aelle. Al ser su primera vez Aelle había sangrado un poco, pero eso no le quitaba placer, Kern a pesar de ser inexperto había resultado ser un excelente amante en la cama. Ambos se miraron mutuamente y sonrieron satisfechos con el gran resultado de su primer encuentro sexual.

– Ha sido increíble- reconoció Aelle.
– ¿No te a parecido demasiado corto? – preguntó preocupado Kern.
– Bueno… siempre podemos repetir- insinuó Aelle y Kern la besó como respuesta

Siguiente capítulo: http://youarewriter.es/inmoral-cap-6-por-elena-saavedra/

Esto puede interesarte también

1 comentario

Deja un comentario