Inmoral cap 8 por Elena Saavedra

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Capítulo 8 

Shire estaba preparada para su concierto, vestida con sus mejores prendas, aquella tarde habían ajusticiado a alguien por inmoral y muchos de los pueblerinos estaban deseando beber y celebrar aquella sentencia. La taberna estaba llena, sobre todo de plebeyos, pero habían algunos nobles rodeando a Johan. Shire con la mirada buscó por la habitación, pero no estaba el rey, tampoco es que se sorprendiera aquello hubiera sido demasiado pedir; aún así estaba Johan y varios nobles.

Shire estaba muy nerviosa, pero sabía que su actuación haría ganar muchos clientes a Greta y Hash, después de todo lo que habían hecho por ella era lo mínimo que podían hacer. Desde luego no quería volver con Irina a ser bailarina y tener que sobar a clientes o incluso acostarse con algunos de ellos. Irina al final cosiguió que las liberaran de sus contratos, todo gracias a su nuevo amante: el rey Holk II. Irina había tenido muchos amantes, todos ellos habían sido viejos ricos con una condición social muy poderosa; pero sin duda aquella vez había cogido al pez más grande del reino. Y por su libertad sólo le había pedido una cosa: conseguir que Johan se enamorara de ella. Cuando Johan se casara con una plebeya tendría que dejar que Aelle fuese la heredera del trono, lo cuál significaría la avolición de la ley Inmoral y por fin ambas podrían ser libres de verdad. No era la primera vez que se casaría por dinero o por ordenes de Irina. Todos sus esposos habían terminado arruinados y muertos; aunque debía admitir que en esta ocasión Johan no sería fácil de matar.

Shire miro a Johan y después cogió su guitarra. “Te amo Irina y ahora te lo demostraré” pensó Shire.

Talia miraba a Lydia, ella era tan hermosa. La amaba y sin embargo sabía que ahora Lydia ya no la amaba a ella sino a la princesa Aelle. Lydia siempre había sido así, caprichosa y enamoradiza. Lydia se giró para ver a Talia y de pronto vio a Aelle.

“Debes olvidarla Lydia” eliminó aquella idea de su mente y miró a Talia. Con ella tenía algo serio desde hacía tiempo, y a pesar de lo que había pasado allí seguía a su lado. Pero no podía parar de pensar en Aelle, de hecho comenzó a exitarse al mirar a Talia como si fuera Aelle. “Necesito hacerle el amor o me volveré loca” pensó Lydia.

Lydia comenzó a besar a Talia con pasió mientras le arrebataba la ropa, no podía parar de pensar en Aelle. Comenzó a tocar sus hermosos senos mientras metía sus dedos en la vagina de Talia. No podía parar, la pasión la consumía. Ambas mujeres se unieron desnudas haciendo el amor. Sus caderas se unían mientras jugaban con sus manos con la vagina de la otra mujer. Lydia haciendo círculos consiguió correrse y Talia al final hizo lo mismo. Ambas se tumbaron juntas mirándose la una a la otra.

– Ve a por ella. En esta ocasión veo que es algo más que un capricho le dijo Talia.

– Lo siento- dijo Lydia.

– El corazón no es algo que se pueda dominar, yo desearía no amarte pero no puedo dejar de hacerlo. Sin embargo quiero que seas feliz y si es ella la que te hace feliz entonces debes luchar por estar con ella- Talia se marchó de la habitación seria.

Irina miró a Jarld, estaba furioso, le consumía la impotencia. Él había ido allí para matarla y ahora estaba bajo sus órdenes. Su vida estaba en su manos y aquello la exitaba. Pero no podía abusar, sabía que llegado el momento sus palabras no bastarían para detenerle. Así pues le encomendaría una misión sencilla, le bañaría en alagos, le daría una mejor posición. Al final se daría cuenta que Kauko sólo era un machista misógino que quería arrebatar al poder a su hermano. Ella sólo deseaba abolir esa dichosa ley, el resto le daba igual. Así conseguería cumplir la venganza que le prometió a su padre. Abolir el régimen, terminar con la ley inmoral y asegurar un nuevo gobierno de paz. Aunque aveces para conseguir la paz hay que matar.

– Mi querido Jarld. Kauko os envió a matarme por una simple razón, soy lo único que se interpone ahora para arrebatarle el poder a su hermano llegado el momento. No deseo el poder y no deseo ser reina; pero amo al rey, y por ello debo asumir ciertas obligaciones que no son de mi agrado. ¿Crees que estaría con alguien que me dobla la edad y que me obliga a dejar todo aquello que me importa sino le amara? Yo era bailarina y es cierto que mi vida nunca ha sido fácil, pero era mía. Hice cosas que estuvieron mal, lo admito. Todos cometemos errores Jarld. Tú mejor que nadie deberías saber que las cosas no son siempre como te la cuentan- explicó Irina.

– ¿De verdad piensas que me voy a creer que le amas? ¿Al rey Horlk II?

– No te lo creas. Al igual que los miembros de tu ejército jamás creyeron que tú no mataste a tu hermano- contestó Irina.

– ¿Cómo sabes eso?- preguntó Jarld.

– Querido sino lo supiera todo sobre todo el mundo, ¿cómo podría proteger a Horlk II? ¿Sabes porqué te he obligado a servirme? No quiero que mueras Jarld y sabía que sino te amenazaba jamás me escucharías. Ahora tendrás una vida mejor a mi lado, una mejor posición, más oro y te prometo que te libraré de toda sospecha sobre el asesinato de tu hermano. Te prometería arrestar al culpable de su muerte, pero no hago promesas que no pueda cumplir- respondió Irina.

Jarld suspiró, al principio Irina había sido despiadada y ahora era amable cuando perfectamente podría destruirle. “¿Es esta la mujer de la que Kauko me advrtió? ¿o sólo me ha usado como tantas otras veces? Aún así la estaré vigilando, no puedo confiar en ella tan rápido” pensó Jarld- Te daré una oportunidad. Dime ¿cuál es mi primera misión?

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