La cabaña por J. D. Arias

Escribo esto mientras mi corazón retumba dentro de mi tórax. Tengo miedo de esa cosa. Sé que no estoy loco, eso me persigue a cada momento y me ha agobiado tanto que ni siquiera puedo escribir esto sin mirar, a cada momento, la puerta y la ventana. Sé que se está acercando, no lo puedo soportar más, por eso quiero que tú sepas lo que me está ocurriendo y así por lo menos alguien no me recordará como el loco encerrado en su casa, donde ni siquiera allí está seguro.

Todo comenzó hace unos meses, cuando por fin habían llegado mis anheladas vacaciones. Me habían ofrecido un viaje a la región costera del país, un viaje con todos los compañeros de trabajo. No me lo pensé demasiado, odio los climas calurosos, el simple hecho de tener demasiado calor por culpa del ambiente, siempre me vuelve iracundo. Además no quería pasar todo mi tiempo con esas personas, ya era suficiente verlos la mayoría del año. Con lo que termine eligiendo el lugar de siempre, mi cabaña en las montañas, rodeada por un hermoso bosque y justo en frente de ella se halla una laguna; me encantaba ese lugar, el silencio y el paisaje rural, me otorgaba todo lo necesario para escribir y leer tranquilamente. En síntesis unas vacaciones perfectas.

Sin embargo, con lo ocurrido, hubiera preferido mil veces irme a soportar el maldito calor de la playa.

Los sucesos extraños comenzaron días después de mi llegada. Estaba en medio de mis bloqueos de escritor, así que, para buscar inspiración me aventure en el bosque, la naturaleza me calmaba, con lo que me mantuve caminando mucho tiempo, hasta llegar a un claro, donde estaba un precioso ciervo tomando agua, este me vio y sin importarle mi presencia siguió bebiendo agua, al parecer estaba acostumbrado a la presencia de humanos. Luego el animal escuchó algo, algo que le produjo tanto pánico que decidió salir corriendo de allí. Varias aves tenían la misma actitud, salieron revoloteando desde las copas de los árboles. desconcertado por el extraño comportamiento de los animales, la maldita tentación mortal del conocimiento invadió mi cuerpo, camine en dirección contraria a la del ciervo, pocos pasos después, escuche el gemido de un animal moribundo con lo que me seguí acercando más y más (estúpida curiosidad, creo que aquello fue lo que me condenó, aquello me matará) luego, de entre los matorrales apareció un ciervo, malherido, tenía rasguños en el lomo y el cuello, grandes y profundos, entre sus lesiones destacaba un gran mordisco de un extraño animal (o lo que sea esa cosa). El ciervo cayó ante mí y su agonía se fue apaciguando poco a poco, hasta que la muerte llegó. Me levante y justo en ese momento lo vi por primera vez. En medio de la vegetación, iluminado con una tenue luz, estaba esa cosa. Parece humano, pero se nota a leguas que no lo es, su altura se acerca a los dos metros, demasiado escuálido, de piel grisácea que parecen más bien sus músculos, con las piernas articuladas como las patas traseras de un perro, cuatro cuernos en su cabeza, dos en la frente y dos en la parte trasera, y con brazos que se bifurcan en sus codos, dándole dos manos en cada brazo. En aquella ocasión en el bosque no lo puede divisar bien, pero con su presencia constante, mi mente se grabó su apariencia.

Mi miedo a esa cosa desconocida me hizo correr como nunca antes lo había hecho y mientras lo hacía, escuchaba el sonido de las hojas secas siendo pisadas, pero sabía que no era producido por mis pasos, eran los pasos de esa criatura. Llegué a la cabaña con el pánico en su nivel más alto, cerré todas las vías de acceso y me senté en el suelo se la cocina sosteniendo un cuchillo por si esa cosa entraba. Pase toda la noche en vela esperando un ataque de algo salvaje que nunca llegó.

Días después, mientras tomaba uno de mis descansos para ir a nadar en la laguna. Las aves volvieron a revolotear en el cielo y las plantas se movían por el viento, el ambiente se ensombreció y de repente mi piel se volvió fría. En aquel momento lo vi, se acercaba rápidamente desde el bosque y en pocos segundos llegó a la orilla de la laguna, paró y emitió un grito que infundía un miedo indescriptible, hice hasta lo imposible para llegar en cuestión de segundos a la cabaña. Volví a coger el cuchillo y a esperar su llegada, una vez más, no se atrevió a entrar, sentía que esa cosa se estaba burlando de mí y si era así, apostaría a que se ha divertido demasiado.

Las apariciones continuaron y progresivamente me volvía más paranoico, me daba miedo salir y en ese entonces no podía escribir ni leer en paz, hasta que llegó el momento en el que me hizo salir de allí.

Una noche, cerca de la 1:00am mi sueño se vio interrumpido, sentí como mi vejiga me obligaba a levantarme a ir al baño. Me levante y escuche como los utensilios de cocina emitían sonidos al chocar entre ellos, tenía pánico de salir y encontrar a la criatura, sin embargo mi organismo no soportaría la retención de líquido si me quedaba en la habitación, por lo que, agarre bien el cuchillo (que desde entonces siempre llevaba conmigo) y tome el coraje suficiente como para salir.

El baño se encontraba al final de un largo pasillo a cuyo costado se encontraba la cocina, camine lo más rápido que pude sin llegar a correr y en poco tiempo llegue al baño, vacié mi vejiga y con ello llegó ese placer aflorado en aquellas situaciones, que duro relativamente poco, puesto que los utensilios de cocina seguían moviéndose y la madera se estremecía ante el peso de algo vivo. Me senté en el frío suelo, mientras mi frecuencia cardíaca ascendía a causa de los múltiples ruidos a lo largo de la cabaña, que se acercaban cada vez más y más al baño.

Hasta que mi corazón se paró por un segundo, cuando eso rasguñó la puerta y luego comenzó a golpearla, sostuve el cuchillo con todas mis fuerzas, listo para atacar, luego la puerta cedió.

La criatura entro rápidamente, se chocó contra la pared de enfrente y se movió por esta hasta lanzarse sobre mí, con sus fauces abiertas. No recuerdo como puede apuñalarlo antes de que me matara. Esa cosa cayó al suelo, adolorida y yo con varios rasguños, unos más graves que otros. Salí lo más rápido que pude, fui al estudio y cogí las lleves del auto y lo poco que había escrito. Atravesé la ventana del estudio y me dirigí hacia el auto, mi piel sentía el frío del ambiente, ya que en aquel momento solo llevaba mi ropa interior. Entre al auto y cuando lo encendí, esa cosa ataco el costado del coche, había roto el cristal y continuó rasguñándome mientras trataba de morderme el cuello, me hería en los brazos y en un momento cortó varios dedos de mi mano izquierda. Estaba completamente desesperado, cogí uno de los cristales rotos y lo incruste en la cara de la criatura, ella se retorció y cayó, de inmediato aceleré y deje atrás a esa estúpida cabaña y esa maldita cosa. O por lo menos eso pensé.

Mientras volvía a la ciudad, me percaté de que tarde o temprano terminaría desangrándome. Luego de un rato llegué al hospital, sin fuerzas; una vez que salí del auto no pude sostenerme y caí, entonces todo se oscureció.

Desperté varias horas después, en una cama del hospital y sin tres dedos de mi mano izquierda, además de varias lesiones a lo largo de todo el cuerpo. Pero en ese preciso momento me sentí a salvo. Los días pasaron y las lesiones se curaron, sin embargo las heridas psicológicas seguían allí, y siempre estarán allí.

Varias semanas transcurrieron después de que salí del hospital, semanas en las que me había olvidado por completo de la maldita cosa que me quito los dedos y me había atormentado tanto, que me había hecho sentir como un niño indefenso. Aun así pronto volvería para vengarse de lo que le hice con ese cuchillo.

Un día, volviendo del trabajo, lo volví a ver entre los matorrales, esa cosa me estaba viendo atentamente, estaba seguro de que era eso y no una ilusión producida por mi cabeza, esa cosa es real. Me había encontrado y no me dejaría ir. Mi paranoia regresó, hice todo lo posible para refugiarme bien en mi casa, cambie las puertas y ventanas, poniendo unas con materiales más resistentes. Adopte un perro y me compre un arma. Me convertí en un ermitaño asustadizo que se resguarda en su casa.

Cada vez que salía a trabajar, lo veía, esperando, acercándose poco a poco, aguardando el momento en que sus fauces mordieran mi cuerpo y se deleitaran con mi sangre y mi carne.

Llegué hasta el punto en el que ni siquiera salía de mi casa, hacia mi trabajo a través del ordenador así que era indiferente estar en la oficina o en mi casa. Mis vecinos se preocupaban por mi condición, pero nunca les he dicho lo que me pasa, así que tú (quien sea el que lea esto) serás la única persona que sepa la verdad, la única que sepa que esa criatura es real y tarde o temprano, cuando acabe conmigo buscara otra presa a la cual acosar. ojalá no seas tú.

Hace unas noches que el perro ladra como loco, se está acercando, ese monstruo le produce miedo, tanto que luego de ladrar se pone a llorar desconsoladamente. Tengo miedo, siempre mantengo el arma conmigo, está muy cerca y tal vez hoy, tal vez mañana decida venir y matarme. Y si no puedo contra eso, deseo tener una bala para mí.

 

Esta carta fue encontrada en el escritorio del señor Andrew Roth, luego de que la casa fuera inspeccionada por el departamento de policía, debido al llamado de varios vecinos al ver que la casa parecía inhabitada. En la casa además de la carta se encontraron varios rastros de sangre, casquillos de balas y el cadáver de un perro. El departamento de policía inicio la búsqueda del señor Andrew a lo que varias semanas después fue encontrado en el bosque cerca de su cabaña. El cuerpo presentaba graves daños, la gran mayoría de sus músculos ya no estaban y varios huesos estaban astillados. Parecía que un oso lo hubiera atacado, sin embargo, era extraño ver osos en ese lugar y mucho menos en esa época del año, las autoridades continuaran su investigación, descartan que lo que se lo comió fuera la criatura que describió en la carta, por su evidente trastorno mental.
Años después, el terrible depredador de origen desconocido continúa viviendo en el bosque. Puesto que no se encontró la explicación de que mató a Andrew, el caso se cerró. Ahora la cabaña ha quedado sin dueño y aquel monstruo espera pacientemente al desafortunado que decida pasar tiempo a solas en medio del bosque, en una hermosa cabaña, con una laguna enfrente y una hermosa vista.

Esto puede interesarte también

Deja un comentario