“La casa” por Fran Rubio

La casa…., podría estar horas hablando de ella, y ciertamente algo hablare sobre ello….Era una vieja mansión que había estado por generaciones ocupada por mi familia, mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, mi madre, y finalmente yo, estaba edificada sobre un promontorio desde donde se divisaba el pueblo entero y gran parte del contorno y si de día a la luz del sol ya intimidaba, no os quiero contar las noches de tormenta, cuando los relámpagos cimbreaban las sombras de sus ángulos,….hasta los más pérfidos demonios hubiesen temblado a sus puertas, oyéndola crujir al compás del granizo y la lluvia, si, ciertamente podríamos decir que tenía un aire tétrico y misterioso., La verdad era que nos gustaba así, nos gustaba que su sola presencia nos librara de curiosos y gente entrometida. Las gentes del pueblo siempre nos habían tratado de brujos y hechiceros….casi queman a uno de mis antepasados, pero se libro….jajajaja y esa es una historia para otro día, hoy no le corresponde, hoy quiero hablaros del paraíso, más concretamente de sus puertas….y de su guardián, sí, habéis acertado, de mí, el guardián de las puertas del paraíso, y que mejor forma de ocultarla que disfrazándola de oscuridad?.
No cualquier miembro de mi familia podía serlo, y desde luego yo no lo había elegido, era la propia puerta quién elegía a su guardián, atrayéndolo hacía ella….y sólo entonces era introducido en sus misterios, misterios que por otra parte no debería de contaros y hoy no lo haré, pero quien sabe…tal vez pronto haya de abrir la puerta….

Todo el mundo piensa que las puertas del paraíso están en el cielo, o al final de un arcoiris, pero no, nada de eso, nada más lejos de la realidad, yo lo descubrí la noche que me llamaron ante ellas, serían las tres de la mañana y dormitaba en un profundo sueño, con seis años casi todos los sueños son profundos, una voz comenzó a sonar en mi semiinconsciencia, me decia;
– Sebastián….Sebastián, ven, no temas, te necesitamos…ven a nosotras,-.
-Sebastián….querido muchacho, tú eres de la sangre del guardián, ven a nosotras, te mostraremos y enseñaremos, vennn, ya es la hora….-
Bien ya habréis adivinado que me llamo Sebastián y las primeras noches solo consiguieron hacerme retorcer intranquilo en mi cama. Mientras oía la llamada, en mi mente empezaron a mostrarse infinidad de imagenes, primero borrosas y distorsionadas, después, cada vez mas claras…hasta que aparecieron ante mí, majestuosas, inmensas, brillando como gemas llenas de luz , luz que destacaban en aquella oscuridad que las rodeaba, y ellas seguian llamandome…
-Sebastiannn, , ya es la hora, tus ancestros antes de ti, tu abuelo, tu madre, también eran especiales, como tú, en cada generación de tu familia, si…portáis la marca, Sebastian ya es la hora has de venir , vennn…-
Y una noche, mientras la luna llena se mostraba en mi ventana, abrí los ojos,
me incorpore, mi muñeca izquierda me escocía intensamente y para mi sorpresa había una figura geométrica y brillante que entrelazaba sus lineas de manera increiblemente bella y que yo jamas había visto antes, ….

Aquella marca además de escocer endiabladamente, tiraba de mi, tanto que me hizo levantar y empezar a caminar sumido en un estado casi de hipnosis. A pesar de ser de madrugada y estar en la quietud de la noche, todo parecía mas ralentizado, era como si el tiempo estuviera parado, todo menos mis pies, salí de mi habitación y baje por las escaleras, mis pasos me encaminaron hacia la puerta que daba al sótano, ese que siempre me había dado tantísimo miedo, y al que mi madre siempre me había prohibido bajar con diferentes pretextos. Ante mi se abrió la vieja puerta de roble silenciosa, y era muy curioso, todas las puertas de la vieja mansión chirriaban estruendosamente, menos esa, que se abría como una brisa suave que corre entre los sauces…bajé los escalones, uno a uno, y finalmente entré al desván, no era especialmente particular ni diferente a otros sótanos, llenos de viejos trastos cubiertos de polvo y medio carcomidos. Mi brazo seguía tirando de mi, encaminando mis pasos hacia un viejo rincón mas oscuro de lo normal, una vez allí me detuve, frente a mi había un cuadro, cubierto con una sabana tan polvorienta como todo lo demás, aquella sabana fue resbalando hasta descubrir el cuadro , el cuadro mostraba la entrada de una gruta al pie de una montaña, levante mi brazo y la figura aumento su fulgor hasta envolverme en una cegadora luz , en ese momento el cuadro se agrando hasta engullirme dentro de él, a mi y a todo la luz que me rodeaba,, me vi allí, ante la entrada de la gruta, que ahora era enorme, la voz comenzó de nuevo.
– Sebastian, Sebastian…., no temas , sigue adelante,.tu luz te protege ….has de cruzar este infierno….porque tras él están las puertas que has de guardar..

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