La lluvia por J.D. Arias

Corría en medio de la tormenta, estaba completamente empapado y con cada paso que daba sus pies se mojaban a un más, sentía que sus zapatos habían dejado de ser lo que eran para convertirse en agua. Al poco tiempo pudo resguardarse bajo techo. Las gotas persistían en su cara debido a su pelo mojado, sentía frío, mucho frío.

Veía como el agua llegaba desde la calle a su derecha que se elevaba un poco, se salía de las canaletas a sus lados. La calle parecía un riachuelo, el agua avanzaba por cualquier lugar, encontraba un obstáculo, se arremolinaba y continuaba por su paso a lo largo de la calle.

El cielo se había convertido en no más que una masa grisácea, todo donde miraba estaba gris acompañado del incesante sonido de la lluvia, que golpeaba los tejados y las ventanas de las casas a su alrededor, el líquido discurría por estos y bajaba a la calle para sumarse al camino.

El viento era un silbido incesante, que se llevaba las partículas de agua y lo continuaban mojando aun estando bajo techo. ¿Cómo era posible que tal tormenta se generara de la nada? Se peguntaba. Su cuerpo temblaba incesantemente, le dolían las rodillas y el pecho. Y justo hoy no traje un paraguas se dijo, tal fue su asombro al verlo, que comenzó a dudar de la verosimilitud de la escena.

De pronto, desde lo alto de la calle, en medio de los matorrales, la corriente traía consigo un reluciente paraguas amarillo, el objeto chocaba con las demás cosas traídas por el agua, se arremolinaba con esta y daba vueltas sin cesar. Era un paraguas grande, con él dos personas podrían resguardarse de la lluvia sin problema alguno.

Bajó dando tumbos por la colina y fue arrastrado por la corriente de las canaletas, pasó por el estacionamiento en frente de él. Pareció atascarse en una de las aberturas del desagüe, pero el agua se acumuló bajo el y lo llevó de nuevo al cauce.

Sin embargo, fue cerca de donde la calle se conectaba con otra que se paró, la punta se había atascado en un agujero, en medio de la calle, y allí quedo, girando por la fuerza de la corriente. Con el mango perfectamente centrado, señalando el cielo.

¡cógelo!  Dijo su mente. ¡vamos Jack, no seas estúpido, ve y recogelo y podremos llegar de una jodida vez a casa!

            Jack caminó hacia el paraguas y una vez que estaba por salir de su refugio, paró, dudó de lo que estaba haciendo. ¿no es extraño? Preguntó la parte racional de su mente. ¿A quién le importa? ¿quieres llegar o no? Se respondió. Sacó la mano para comprobar la fuerza de la lluvia, no paso mucho tiempo para que su mano estuviera completamente empapada. El agua estaba fría y con ello ahora le dolía doblar los dedos. El viento había empeorado, ahora le agitaba el cabello y la ropa, era tal su fuerza que no podía resistirse y hacia que se moviera lentamente.

Esto no está bien. Aunque tratara de resistirse no podía, se veía forzado a dar zancadas para no caer al agua. Regresa. La cantidad de agua había aumentado, ahora le llegaba hasta la mitad de su pantorrilla. La movilidad se había dificultado, pero lo que le parecía más raro era que el paraguas se mantenía en su lugar, flotando a pesar del poder del agua y del viento, con el mango viendo a cielo en todo momento. ¿Cómo puede pasar eso? Regresa, vamos regresa. Hasta que sintió que ya no tenía apoyo.

Su pie se había atorado en un agujero, trató de sacarlo. No pudo. Una masa viscosa había anclado su pie. Luego su otro pie se hundió en el asfalto.

No podía escapar, le dolía las piernas por la fuerza de la corriente, la lluvia le golpeaba fuerte en la cara y en los hombros, respiraba rápidamente, tengo miedo. Aun así, con todo lo que sufría, no podía ver otra cosa. El mango curvo del paraguas seguía rotando lentamente. Imperturbable.

Fue cuando lo miraba que sucedió lo impensable.

Esto no está pasando. Se dijo. ¿Cómo que no está pasando? Míralo, está sucediendo como la lluvia, como que estas atrapado en medio de la calle mientras el agua te llega a media pantorrilla. Se respondió. Por más irreal que fuera toda la situación, por más rara que fuera esa lluvia, las cosas no pueden ir tan lejos, ¿verdad?

Al principio vio una pequeña mancha en el mango, era imposible no verla a pesar de su tamaño, relucía en contraste con el revestimiento de madera. El rojo, una mancha de sangre en medio de un paraguas que apareció de la nada, un paraguas que flota y no se mueve pase lo que pase. La suma de los términos daba un objeto horroroso, y luego…

El paraguas se sumergió un poco dentro de la corriente, parecía que sostenía el peso de algo, aun así, ese peso no era el suficiente para encadenarlo de nuevo a la calle. Poco a poco se fue llenando, haciendo que la luz que hacía ver ese reluciente amarillo ahora lo hiciera ver opaco. Pensaba que era el agua, oscura por todos los residuos que llevaba consigo desde la ladera. No podía estar más equivocado… El objeto se agitó, el repentino movimiento lo sobresaltó, movió sus pies desesperadamente. ¡Esto no está bien, vamos, vamos, corre! Seguía anclado, era imposible escapar.

El líquido se movió con el objeto, mostrando la horrible verdad. El rojo ascendía por la varilla principal, tiñéndola, llegó hasta el mango y este paso de su color natural a un rojo oscuro, viscoso, que caía lentamente desde el final de la curva. La sangre cayó y se desbordó, salía desde la tela para unirse con el agua, desvaneciéndose luego de un tramó. Más y más sangre brotaba del paraguas siguiendo el mismo movimiento.

SAL, SAL DE ESTE MALDITO LUGAR. Trataba se alzar su pie, pero la masa viscosa lo detenía, trató de ayudarse con sus manos, sin embargo, el dolor producido era demasiado, sentía como si su pierna se estuviera dividiendo, como si al tratar de sacarla se estaba haciendo daño en los huesos.

  • AYUDA, AYUDA, por favor que alguien me ayude. –imploraba, sin embargo, en lo que llevaba allí, no había visto persona alguna. –AYU… -lo que continuó le cortó la respiración.

Una mano se aferró a la tela, una extremidad putrefacta, con la piel enmohecida, llena de todos verdes, violetas y (como es obvio) de la sangre. Era una mano que no podía pertenecer a ningún ser humano y que continuara funcionando. Los dedos se torcían extrañamente, algunos no estaban cubiertos de piel, se veía como los músculos y los tendones trataban de sostener las falanges de aquellos dedos destrozados.

El hombre palideció, se le había ido el aliento y su corazón parecía a punto de salirse. Veía el paraguas sin poder moverse por el miedo.

Pronto supo que dominaba esa mano.

Luego salió un brazo, en las mismas condiciones, en esencia parecía humano, pero ningún ser humano podía moverse con esas lesiones. Su antebrazo estaba completamente descubierto, se podía ver la abertura entre los dos huesos y luego se avanzaba por el brazo, con la piel muerta, entre gris y verde.

La criatura continuó ascendiendo, le vio la cabeza, indudablemente era la cabeza de un humano, con la quijada desencajada, el lado derecho de la cara completamente deshecho, se podía ver el musculo destrozado y el hueso del pómulo completamente blanco. Por ultimo tenía el cráneo abierto, se veía a leguas el gran boquete que se había formado en el lado derecho cabeza. De allí manaba sangre, en un hilo aparentemente infinito.

El torso no desentonaba con la apariencia grotesca del ser, se le podían ver las costillas recubiertas por unos pocos retazos de carne, y estas hacían las veces de grotescos y afilados dientes para la boca vertical que era esa parte de su cuerpo. Cada vez que esa cosa respiraba (trabajosamente, con un silbido) la boca se habría y se cerraba, hambrienta.

Pero qué demonios. Fue lo único que su mente pudo pensar antes de que las cosas se aceleraran a un ritmo vertiginoso.

La criatura salió del paraguas y tocaba las partes del agua imbuidas en sangre como si fuera el propio suelo. Se arrastró por esta inverosímil superficie, lentamente, cargando sus piernas atrofiadas.

QUE SALGAS DE UNA MALDITA VEZ, VETE, ¡VETE! El aliento había regresado, y la conciencia con este. Miró a los lados y los vio. A lado y lado de la calle se concentraban las personas, todas con ojos vacíos, con la boca completamente abierta, un gesto aterrador. Pronto todos se volvieron hacia él, posaron esas cuencas vacías en su silueta, comenzaron a emitir sonidos y a señalarlo. La criatura estaba aún más cerca, faltaba poco para que pudiera tocarlo, para comerlo con esa siniestra boca.

Él halaba su pierna con fuerza, sentía como el músculo se estiraba y la piel con este, como de a poco se iba rompiendo, desgarrando. Emitió un grito desgarrador, dejó de intentarlo y volvió a mirar a la criatura que continuaba arrastrándose. De pronto paró en seco, se estiró hacia atrás abriendo la horrenda boca y el sonido que emitía era aterrador, ensordecedor, parecía el claxon de un auto completamente siniestro, venido del propio infierno. El sonido del claxon… se volvió.

Bajando la colina, se acercaba a toda marcha, tal era su velocidad que apartaba toda el agua que se había acumulado, a los lados del vehículo solo se lanzaba agua.

SAL DE UNA MALDITA VEZ DE AQUÍ. ¡VAS A MORIR!

lo último que pudo ver fue la parte delantera de aquel auto. Tan cerca que salvarse de ser arrollado era imposible.

 

 

Entonces la oscuridad llegó.

 

 

Se despertó al alba, gritando, tardó un tiempo en comprender que todo lo que había visto, (sentido) no era más que un sueño. Le costaba hacerlo, eso no fue un sueño ordinario, para nada. Nunca en su vida había tenido una pesadilla de tal magnitud. Su piel estaba completamente brillante por el sudor, parecía que había pasado toda la noche sudando, cosa que revelaba la humedad en las sabanas. Le dolía la cabeza como un demonio y el alarido de la alarma no hacía más que empeorarlo. Se le olvidó reprogramarla la noche anterior, de hecho, había olvidado más que eso, no recordaba cómo llegó a casa ni a qué horas y tratar de recordarlo no hacía más que empeorar su jaqueca.

Volvió a tenderse sobre la cama, mirando fijamente el techo. ¿Qué había sucedido? No lo recordaba. No recordaba nada en absoluto, luego a su mente volvió la viva imagen del paraguas, un paraguas amarillo en medio de la lluvia. La imagen vino acompañada de una punzada de dolor, cerró los ojos e hizo una mueca. Fue cuando sintió las náuseas y corrió hacia el cuarto del baño, allí vomitó. Se lavó la boca y tomó dos pastillas para su dolor de cabeza, se preparó el desayuno y volvió a la cama, trató de volverse a dormir, pero no pudo, la imagen de ese cadáver viviente volvía a su cabeza cada vez que cerraba los ojos.

En últimas, prendió el televisor, reguló el volumen para que fuera poco perceptible y allí se quedó toda la mañana.

En un momento dado su programa se había terminado, y en su incesante cambio de canal, terminó en el noticiero local.

 

… es impensable que haya personas que hagan estas cosas. –dijo la reportera. –en otras noticias, con la gran tormenta que se vivió en la noche de ayer se han evidenciado incontables daños a viviendas. Realmente parecía que el cielo estaba a punto de caerse y esto no es lo único, además de la tragedia vivida en esta calle, se presentó un aparatoso accidente protagonizado por un auto familiar, por fortuna tres de los ocupantes solo presentaron lesiones menores, sin embargo, el más pequeño, Zac, de tan solo seis años, se desconoce por completo su paradero…

Al cabo de un rato se aburrió y continuó pasando los canales.

 

 

Paso su día en cama, tranquilo, pero cuando a medio día comenzó a llover dentro de si se movió algo, no sabía que era, no sabía porque le provocaba eso, aun así, su cuerpo había desarrollado una un desagrado mortal a la lluvia, ¿fue el sueño? No, un sueño no puede crear una fobia de la noche a la mañana. Nada puede crear tanto pavor en tan corto tiempo. ¿o sí?

Comenzaba a sentir que las cosas no estaban bien. ¿había algo de lo que no se daba cuenta? Talvez. Eso era lo que creía y, peor, creía que estaba tan al frente suyo que era imposible verlo. Pensar hacia que el dolor creciera, le volvieron a dar náuseas y en su mente se formó la idea. No vuelvo a tomar. Sabía que era mentira, que lo próxima vez que estuvieran las copas servidas, los amigos animados y la fiesta en su punto más alto ¿Qué importaba? ¿No era el pensamiento de esta era el disfrutarse el presente?

Fue así como comenzó todo en aquella fiesta luego de la graduación, donde lo alentaron como nunca antes, haciendo que tomara como si estuviera en medio del desierto y la deshidratación estuviera a la vuelta de la esquina. La amnesia, el malestar y el dolor de cabeza era tal al día siguiente que fue la primera vez que se forjó ese pensamiento, no vuelvo a beber, vaya mentira pútrida y asquerosa, ¿Cuántas veces lo había dicho en estos diez años? Tantas, que se hacía imposible llevar un registro, eso es de locos.

Tomó otra dosis de medicamentos y volvió a dormirse…

 

 

Habían pasado horas, tantas que el sol se había puesto hace un par. Ahora la habitación estaba sumida en la eterna oscuridad. De vez en cuando se escuchaba como un auto pasaba por la carretera contigua a su casa. Como esas ruedas aporreaban el asfalto ante el frenado repentino, Jack podía jurar que lo había escuchado más de una vez esa noche, es imposible o ¿todos frenan ante su casa?

Se despertó a media noche. El despertador destellaba en la mesa de noche mostrando los números, incesantes. Adormilado se levantó para ir a orinar, sus pasos producían ecos en la casa desolada, donde nada se movía y nada sonaba. Pero él lo sabía, sentía una incesante inquietud, aun así, no tenía nada a que atribuirlo. Sentía la mirada acusadora, incesante como si el universo lo culpara de algo, se volvió mirando el pasillo, largo, estrecho, imperturbable, terminado en esa puerta con una franja roja en medio iluminada por una lámpara del alumbrado público cercana a su casa. Veía esa puerta cada día, sin embargo, en esos momentos parecía algo completamente distinto. La miraba fijamente, esperando que algo pasara, algo que corroborará su hipótesis.

La puerta se mantuvo impasible, como siempre.

Te estas volviendo loco, se dijo una vez que terminó de orinar y volvió a la cama.

Justo cuando estaba bajo las sabanas de nuevo, lo escuchó, alguien llamaba a la puerta, desesperadamente, como si su vida dependiera de eso, se movió rápidamente, tanto que no miro que el despertador se había apagado por completo.

Llegó al pasillo, con el corazón retumbando en su pecho. Tras la franja roja se podía ver la sombra de una persona.

  • Por favor que alguien me ayude. Por favor…AYUDA. –imploraban.

Corrió hacia la puerta y en su apuro se golpeó el pie con un mueble, del impulso cayó sobre la alfombra, golpeándose el rostro. El golpe lo había dejado atontado, su visión se puso borrosa y cuando tomó plena conciencia de su cuerpo, ya nadie gritaba por su vida, en cambio le dolía el pie como un demonio. En realidad, te estas volviendo loco.

Volvió a tumbarse sobre la cama con el sentido de intranquilidad latente. El despertador volvía a funcionar, no paso demasiado tiempo para que Morfeo se lo llevara.

 

Pero su locura no se limitaba escuchar cosas y pronto se volvería peor…

 

En la mañana del domingo, producto de su mejoría, salió, como de costumbre a trotar un kilómetro. El aire mañanero lo revitalizaba, aunque, aquel día hiciera un poco de frio, no dejaría que eso lo retrasará, así como no dejó que el dolor en el pie lo hiciera. Cosa que fue un aparente error, luego de un tiempo comenzó a dolerle y un poco más allá tuvo que parar cuando el dolor era insoportable. Se sentó a las afueras de una tienda, se quitó los audífonos y se tocó la pierna, trató de quitarse el zapato, pero le dolía en demasía cualquier movimiento, sin embargo, la desesperación producto de la herida lo superaba. Sentía como de su pie supuraba algo, ¿sangre? ¿pus? es ilógico, ese golpe no pudo provocar esto. Y al verlo, la desesperación creció, su pie ya no era más que una masa sanguinolenta, pútrida, se había tornado grisácea y donde las falanges se unían se observaban moretones amarillentos y verdosos. Pero eso no era lo peor, no. ¡oh por dios no! En el pie había pequeños hoyos y de estos se escurrían y movían, mordiendo y desgarrando. Gusanos amarillentos, regordetes por la carne que habían ingerido y continuaban ingiriendo.

Su pie se había convertido en un nido para la podredumbre.

Movió las manos por el desagrado, le dieron náuseas y por poco vomitó la acera.

El grito alertó a las personas. El encargado de la tienda llegó rápidamente, estaba de los nervios. ¿Qué le pasaba a ese hombre? Gritaba con su pie extendido, pero nada más. Le pregunto con insistencia, sin embargo, no obtenía respuesta, ahora el hombre miraba a lo lejos con la mirada fija y con el cuerpo moviéndose espasmódicamente.

Jack lo veía, es una ilusión, ¿cierto? Debe de serlo. Trataba de conversarse. Pero lo que veía acercarse desde la esquina era tan real y al tiempo tan inverosímil como la situación de su pie. Desde lo lejos un hombre con una gabardina negra se acercaba, lentamente, parecía que levitaba sobre la acera, sin embargo, eso no era lo extraño, era ese paraguas amarillo que hacía que, dentro de este, solo bajo el paraguas, lloviera sangre.

 

 

Una vez más… se dejó llevar por la oscuridad…

 

 

Y luego de la oscuridad vino la visión borrosa, se sentía adormilado en medio de esa sala blanca, llena de pitidos, gemidos y gritos de dolor. Ya no le dolía el pie y la putrefacción se había ido, estás viendo cosas Jackie. La bata estaba sudada. Se levantó de la camilla, cogió la varilla en la que reposaba el suero, corrió la cortina y salió un poco. No muy lejos estaba una doctora que al verlo se dirigió hacia él.

  • Bueno, por fin has despertado. –dijo tocándole la frente. –la fiebre ya bajó, así que solo queda esperar a que se acabe el suero y puedes irte.

Realmente estas imaginando cosas Jackie.

Volvió a la camilla mientras el suero recorría lentamente la pequeña manguera hasta internarse en su brazo. Luego de un rato fue inevitable para él no pensar en lo sucedido, trató de calmarse. Debe de ser el licor, debió ser de los baratos. Pensaba.

Al poco tiempo la doctora volvió con dos policías.

  • Tengo que trabajar, así que si quiere hablarme tiene que hacerlo mientras trabajo. –dijo entrando en la habitación.
  • ¿ha entrado en urgencias alguien producto de un accidente de tránsito?
  • Señor, esto es urgencias. ¿me quiere tomar el pelo? Un día en el que no entre alguien por un accidente es un milagro. Tiene que ser más específico. –dijo mientras terminaba de verificar las condiciones de Jack.
  • ¿alguno alicorado en los últimos dos días?
  • Miren, señores no creo que pueda ayudarlos. –manifestó sacando la aguja del brazo de Jack. –muy bien, puedes irte a tu casa. Ah y allí está tu ropa.

La doctora volvió a correr la cortina y salió acompañada de los dos policías.

La policía está buscando un culpable Jack, ¿sabes algo?

Se vistió para luego salir del hospital.

 

Volvió a su casa y se olvidó de lo que buscaban los policías, hasta que…

 

En la tarde el sol brillaba como nunca antes, se moría de calor dentro de su casa, pero era la oportunidad perfecta para lavar su carro a un lado de la calle. Fue entonces cuando volvió a sentirse disgustado, allí en medio del pasillo con la mano aferrando el pomo de la puerta, su espalda se volvió fría y el vello de sus brazos se erizó. Miro el pasillo, la puerta del final relucía como nunca antes, la luz del sol hacia resplandecer el rojo en la sala. Parpadeó y cuando volvió a mirar la criatura de sus sueños, flotaba en medio del pasillo, cubierto de sangre, goteando una mezcla entre sangre, agua y fango. Movió su brazo, sus articulaciones sonaban como bisagras viejas, un sonido chirriante que hería los tímpanos y ponía todo el cuerpo en tensión. Esas cuencas vacías lo acusaban. La mano se puso en frente de la boca deshecha con el índice extendido (o lo que quedaba de índice). Después emitió el sonido.

SSSSSSSSSHHHHHHHHH

Y el calor abrazador desapareció, dejando el frio helado. El hombre cerró los ojos, los brazos y las piernas le temblaban. Tenía la quijada tensa. ¡Vete, vete! ¡VETE, POR FAVOR VETE!  cuando volvió a ver los ojos, no había nada, absolutamente nada, solo la luz roja de esa puerta.

Cálmate Jack, estas paranoico, no es más que tu imaginación. Es como decía mamá, tengo una imaginación muy hiperactiva, si, si, es solo eso, nada más.

Entonces, giró el pomo y abrió la puerta.

 

… ¿Por qué lo hiciste Jackie?…

 

Y lo que vio, ¡oh dios! Lo que vio fue mucho más aterrador que su pie… no es más que una ilusión, tienes que calmarte, cierra los ojos, respira lento y todo pasará. Pero esta vez, cuando abrió los ojos, el monstruo seguía allí, plácidamente, inmóvil por completo, mostrando esa abolladura que lo deformaba.

Su auto estaba en medio de la cochera, con una abolladura en la parte delantera, con el parabrisas astillado, y como cereza en el pastel. La sangre. Por todas partes, manchas de sangre que con el tiempo se habían puesto duras y oscuras, se habían sumado a la pintura del auto.

Le sudaban las manos y se movían espasmódicamente, temblaban como si sufriera de la enfermedad de Parkinson, se llevó el pulgar izquierdo a la boca y lo mordió.  Esto NO es real. Las náuseas volvieron y su ansiedad alcanzaba niveles estratosféricos.

¿Qué hiciste Jackie? Preguntaba su mente… “¿ha entrado en urgencias alguien producto de un accidente de tránsito?” había dicho el policía. ¡QUE CARAJOS HICISTE JACK! “¿alguno alicorado en los últimos dos días?” ¡no, no, no, esto no es posible, esto no es real, Jack despierta! No volviste de esa fiesta en tu auto ¿cierto?

Entonces el recuerdo volvió a él. Era imposible ver con esa lluvia…

Por dios, ¡por dios! Jack ¿qué vas a hacer? Te están buscando, lo están haciendo y cuando lo vean… oh Jack cuando lo vean… nos llevarán y quien sabe que harán con nosotros.

Su desesperación era total, no sabía qué hacer, podía limpiar la sangre, pero ¿y el parabrisas? Si lo cambiaba se haría raro, el que se lo vendiera sospecharía, ¿y la abolladura?  Repararla seria costoso y también preguntarían y con los comentarios lo entregarían. Él no podía estar en una cárcel, no, no claro que no. ¿Qué hacer? ¿qué hacer?

 Sintió el frio en el cuello, esa boca pútrida y desencajada estaba exhalando en su nuca, con un leve sonido y emanando un olor hediondo que le invadió la nariz y le regresó las náuseas.

  • –dijo la voz fantasmal.

Jack se volteó con miedo, y volvió a verlo. Entonces la boca de su pecho se abrió y de esta mano sangre, espesa y brillante, cubriéndolo completamente, asqueándolo. Trató de correr, pero se resbaló con la sangre y terminó arrastrándose sobre esta, tratando de llegar hasta la puerta. Luego escuchó el portazo, se volvió y esa cosa se arrastraba detrás de él.

  • Confiesa Jack, ¿Por qué lo hiciste Jack? Te pedí ayuda, no estaba enojado contigo solo quería que me ayudaras. –de esa boca desencajada salían palabras a la vez que manaba sangre. –y me dejante en la carretera como un perro. Como un asqueroso perro.

La criatura se acercaba más y más. Se posó sobre él y volvió a vomitar. Pero esta vez no fue solo sangre, los órganos en descomposición caían sobre Jack y resbalaban hasta el suelo.

  • ¡para, para, PARA, POR FAVOR PARA!

Cuando volvió a abrir los ojos la criatura no estaba. Solo quedaba él, el auto y la pútrida sangre. Esa sangre. La lavó más de tres veces y aun podía verla, aun podía sentirla, tan viscosa, tan pegajosa y caliente. Y todavía el olor a podredumbre llenaba la cochera, aun lo sentía en su piel.

Esa noche no pudo dormir, estaba en un completo shock, solo se sentó en su cama abrazando sus piernas, viendo fijamente la puerta de la cochera. Lo descubrirán, no demoran en llevar, entonces lo verán y te van a llevar para que te pudras en una celda, solo y demacrado.

Entonces el despertador dejó de funcionar.

La habitación quedó a oscuras, en la casa solo se veía la luz que se hacía por la franja de la puerta, roja como la sangre.

 

… confiesa…

 

El aire se tornó frio y de esa puerta salió una mano, con la carne colgándole, con los huesos a la vista, manando sangre, moviéndose lentamente para aferrarse al marco de la puerta, chirriando como bisagras viejas.

  • CONFIESA JACKIE. –gritó la voz fantasmal.
  • VETE, VETE Y DEJAME EN PAZ. –dijo cerrando fuertemente los ojos.

Cuando los abrió, la mano ya no estaba, se movió un poco para ver el pasillo, mientras que su corazón golpeaba tan duro su pecho que pensaba que en cualquier momento le daría un paro. Allá, bajo la puerta estaba el paraguas amarillo, bañado en la luz roja. Con el mango curvo hacia arriba, un tanto ladeado, y de su interior salía más sangre, que bañaba poco a poco la alfombra.

Y los nervios lo descontrolaron, cogió las llaves de su auto y corrió hasta la cochera. Se sentó en el asiento del piloto. ¿qué estás haciendo Jack? Aceleró sin importarle que la cochera estuviera cerrada. Se chocó contra ella y su cuello traqueó, aun así, continuó acelerando hasta que el auto pudo salir. Condujo a gran velocidad por la carretera hasta llegar al lago, el auto siguió andando por el puerto de madera hasta que dio a parar en el agua. El choqué estremeció su cuerpo, ¿dos? No, tres costillas se quebraron, junto con su brazo derecho.

Mientras su cuerpo luchaba por oxígeno, esa cosa volvió a aparecer. Le sostenía del cuello, con ira, sabía que así era, aunque esas cuencas no lo demostraran.

 

…luego, volvió la oscuridad…

 

…Pero esta oscuridad no duró tanto como esperaba…

 

Lo encontraron flotando en el lago, pensaban que estaba muero, sin embargo, a veces ocurren milagros y este hombre tuvo muy buena suerte (¿no es así?).

Los doctores le diagnosticaron esquizofrenia. El monstruo nunca se fue. “confiesa” decía por las noches, aun así, aunque lo deseara con todo su corazón, aunque lo dijera. Un loco no dice la verdad y las pruebas estaban en el fondo de un enorme lago.

Fue así como Jack Roberts terminó en la celda cuarenta del psiquiátrico Ashford, gritando en medio de las noches, cuando su amigo del paraguas amarillo venía a visitarle.

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