La Luna

Vino la luna a perderse en las sombras
a llevarse suspiros de las mañanas a solas,
y no encontró nada,
porque nada más llegar al alféizar de la ventana,
se encontró, se encontró que no había nada,
y estando sola en tu cuarto
se posó en tus sábanas
y oliendo tu perfume en la almohada
decidió que de allí no se iría,
y oculta bajo las mantas
recordó que solo desde la lejanía podía ser observada,
y así, desnuda y asustada,
huyó de tu cuarto y las caricias de tus sábanas,
y así la encuentras cada noche,
con su blanca piel bañada por los reflejos del sol,
sonrojada se da la vuelta para no ver a su amor,
y cuando te despiertas huye
para que no la veas morir de dolor.

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