La Prueba cap 11 por Elena Siles

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Capítulo 11

Isabelle se levantó temprano al día siguiente y llamó con insistencia a la puerta de Diane. Frustrada tuvo que esperar un buen rato, y volvió a llamar sin respuesta.
Eran las 7 de la mañana y Diane estaba aún dormida cuando llamaron a su puerta. Diane irritada se despertó; era demasiado temprano para que llamasen a su puerta. Diane caminó hasta la puerta cuando volvieron a llamar…

El sonido del timbre le taladró los oídos y eso la enfadó— ¡Ya voy!— Diane abrió la puerta y se encontró de nuevo con Isabelle.
— ¿Qué sucede Isabelle? — preguntó Diane.
— Tenemos que ir de compras— respondió ella seria.
— ¿De compras? Es un poco temprano para eso…Además ¿para qué vamos a ir de compras? Me lo vas a tener que explicar.
Isabelle suspiró cansada— Esta noche tenemos un cóctel para celebrar las ganancias obtenidas con la Prueba y necesitas algo más elegante si quieres poder pasar. Para el público es sólo un acto social más de los ricos, pero para nosotros es algo muy reivindicativo. Vamos a dar a conocer a nuestros iguales nuestro nuevo juego y es posible que haya muchas apuestas. Vamos a vender los participantes a los postores. Es decir, que si gana el propietario del jugador que sobreviva a la prueba recibirá todo el dinero recaudado con las apuestas.
— Eso es mucho dinero— intervino asustada Diane.
— Sí que lo es, y además vas a apostar con mi dinero así que más te vale estar lista para esta noche— respondió Isabelle.

Diane dejó entrar a Isabelle en su casa, y posteriormente se fue con prisas a su habitación. Isabelle observó la casa de Diane con asco, estaba llena de moho y suciedad. Tenía todas las cosas desperdigadas y por el suelo. Casi no parecía una casa, no entendía muy bien como alguien podía vivir allí. Diane volvió poco después vestida con una camisa y unos vaqueros descoloridos y viejos.

Isabelle la miró de arriba abajo— Sí, definitivamente te hace falta un cambio de armario. Vamos, si queremos llegar a Los Ángeles a tiempo tenemos que salir ya o perderemos el vuelo.
— No me has dicho que nos íbamos de viaje, tengo que coger algo para cambiarme— se quejó Diane.
— No— intervino Isabelle— Cuando lleguemos allí te compraré toda la ropa que necesites, para que puedas tirar esa a la basura que es el lugar que le corresponde.
— ¡Eh! Que no sea de marca no significa que sea fea.
— Es fea y vieja. Si quieres infiltrarte como uno de los nuestro tendrás que vestirte y comportarte como nosotros— afirmó Isabelle.
— Vale, está bien— contestó a regañadientes Diane.
Ambas mujeres salieron de la casa y se dirigieron en la limosina de Isabelle con dirección a los Ángeles. Mientras, de lejos observando, estaba el agente Mills siguiendo todos los pasos de la periodista.

Benson colgó la llamada y llamó a otro número— Hola Simon, tengo una nueva misión para ti.
— ¿De qué se trata? — preguntó Simon.
— Tienes que infiltrarte en uno de los juegos de Buffet, es en una isla y traer al mayor número de supervivientes que puedas, pero sobre todo no puedes dejar que maten a uno de los jugadores. Te envío su foto.
Simon recibió la foto y se quedó blanco— Señor…esta es…
— Sí, es mi hija Cat. Ella no te conoce, ni debe conocerte. No debe saber nunca quién eres porque es muy orgullosa y no querrá que la ayudes si sabe quién eres. Pero por favor, no dejes que la maten.
—Cuenta con ello, jefe— Simón colgó y decidió llamar a su buen amigo informático— Necesito que me cueles entre los participantes de la Prueba.
— Hola Simon, qué de tiempo. Siempre exigiendo. Bueno amigo, está bien, por ti lo que sea. Pero ten cuidado, los demás concursantes te matarán si es preciso.
— Sé a lo que me enfrento Mathew— respondió a la defensiva Simon.
— Entonces aquí tienes el pase, tienes que estar en la sala 123 de mi edificio dentro de media hora, ellos irán a por ti así que nada de armas, y estate preparado para cualquier cosa Simon. Este juego de la Prueba es algo totalmente distinto a todo lo demás que nos hayamos enfrentado. Es un juego de supervivencia en el cuál lo tendrás todo en tu contra— explicó Mathew.
— Estoy preparado— afirmó Simon.
— Pues que empiece el juego.

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